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La revelación de las imágenes de la agresión de la Policía de Seguridad Pública (PSP) a habitantes del barrio de Jamaica y la ola de indignación y revuelta que ellas sembraron ha suscitado un excitado debate. Este se centra en dos cuestiones. Primero, saber si la PSP usó o no violencia excesiva; segundo, si el acto que las imágenes retratan son o no un comportamiento racista. Pero creemos que antes de intentar ir a estas respuestas, debemos responder las cuestiones anteriores: ¿hay o no racismo en Portugal?

Por: Em Luta

El racismo latente que nos divide y nos explota

El racismo es el aprovechamiento de una diferencia natural para generar una diferencia social. Lamentablemente, no hay datos en Portugal sobre las cuestiones étnico-raciales, lo que ya nos dificulta comprobar cuánto los negros están en situación de desigualdad. Pero es notorio que en Portugal hay una desigualdad en las condiciones de vida de los negros. Normalmente, están localizados en trabajos más precarios, en barrios sin condiciones y tienen un nivel de escolaridad inferior, porque por las condiciones materiales de la familia precisan ir rápidamente a trabajar. Aquellos que tienen nacionalidad de los PALOP [Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa] están tres veces más presentes en las profesiones de menores salarios y menos calificadas, según datos de 2009 de los Cuadros de Personal del Ministerio del Empleo y Seguridad Social. Y el Instituto Nacional de Estadística (INE) evidencia que los mismos tienen una probabilidad siete veces mayor de vivir en habitaciones definidas como rudimentarias.

Un reciente estudio (noviembre de 2018) demuestra algunos elementos del racismo sufrido por la población negra en la Unión Europea (UE).

Sobre este estudio, el diario Expresso afirma: “Son sobre todo insinuaciones no verbales, comentarios ofensivos o amenazadores y amenazas de violencia las agresiones más comunes. En los cinco años anteriores a la realización del informe, cerca de 30% de los encuestados manifestaron haber pasado por intimidaciones de tenor racista y cerca de 21% tuvo esta experiencia por lo menos en los doce meses siguientes. (…) Entre otras, las cuestiones analizadas incluyen abordajes policiales, discriminación y conciencia de derechos, educación y empleo, así como habitación e inclusión social”. Y Portugal no está fuera de esta realidad.

Todo esto está justificado por un discurso de inferiorización contra los negros. Los medios de comunicación social, las escuelas, el Estado, las instituciones en general, reproducen e incentivan el racismo para dividirnos. Para que miremos a nuestro colega de al lado como inferior o como un competidor. Esta división solo ayuda a los patrones, pues a la hora de luchar por nuestros derechos estaremos divididos por el racismo.

Es de esa ideología de la división y del odio que se saca la justificación de la precariedad y de los bajos salarios de los negros, que solo sirve para chantajear a los trabajadores de conjunto, permitiendo que en el futuro utilicen estas malas condiciones para rebajar las condiciones de todos.

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Es en este contexto de racismo estructural que vivimos que ocurrieron las agresiones en el barrio de Jamaica, y a partir de ahí es que tenemos que responder a las cuestiones que tanto dividieron a Portugal la última semana.

Primera cuestión: ¿fue o no excesiva la respuesta de la policía?

Las imágenes demuestran que hay un enorme contradicción entre la actuación de la policía y el respeto escrupuloso por las leyes a que cualquier agente de la autoridad está obligado; agredir a personas desarmadas que no ofrecen resistencia hiere el principio de presunción de inocencia consagrado por la Constitución, según el cual toda persona es inocente hasta haber sido condenada en tribunal. Las fuerzas policiales no son tribunales y la ley no permite el uso de la violencia física para punir a presumibles autores de crímenes. Siendo, por lo tanto, completamente injustificadas las acciones de la policía en el barrio de Jamaica, el 20 de enero.

Amnistía Internacional ha hecho repetidas denuncias visando el comportamiento de la policía. Recientemente, el diario Público, en su edición del 26 de enero, reproduce declaraciones de Julia Kozma, representante del Comité Antitortura del Consejo de Europa, según las cuales la agresión de la policía en el barrio de Jamaica «parece completamente innecesaria». Por otro lado, la Inspección General de la Administración Interna (IGAI), una especie de policía de las policías, registró en 2018 un número récord de denuncias en siete años (860), 55% solo en la PSP, la mayoría de estas por agresión física. Ocurre que, de todas las quejas declaradas, muy pocas fueron blanco de abertura de investigación, y de estas solo 0,4% resultaron en condenas.

Al no punir ejemplarmente estos actos, el Estado portugués se demuestra cómplice frente a la brutalidad policial y revela desinterés por la defensa de los derechos humanos de los ciudadanos que dice querer proteger.

Segunda cuestión: ¿fue violencia policial racista?

Algunos de los que concuerdan con que fue violencia policial, dicen que el hecho de haber ocurrido contra negros es mera casualidad.

Las imágenes a que asistimos no son un caso único y, por eso, se insertan en un padrón de comportamiento de la policía que afecta con mayor intensidad a los trabajadores y a la juventud negra e inmigrante. Sobre ellos, su agresividad es agravada por el uso de discursos y prácticas racistas y xenófobas. Solo así se comprende, por ejemplo, el disparo de balas de goma sobre manifestantes negros que desfilaban pacíficamente por la Avenida de la Libertad, algo nunca visto en manifestaciones realizadas en aquel lugar en los últimos cuarenta años. O las agresiones e insultos racistas de que fueron víctimas los jóvenes de la Cova da Moura en el interior de la comisaría de Alfragide, en febrero de 2015, y cuyo caso está para ser juzgado en tribunal. O la muerte de jóvenes negros que envuelven a agentes de la policía y que quedaron impunes. Casos como estos se han sucedido a lo largo de los últimos años. Por lo tanto, no es casualidad que sean negros, es una repetición constante y una política de Estado, que no trata de forma igual a negros y blancos, tal como no trata de forma igual a los trabajadores pobres y a los ricos de este país.

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La misma presunción de inocencia que ha sido negada a negros, inmigrantes y miembros de la comunidad gitana ha protegido a Ricardo Salgado, Oliveira e Costa, José Sócrates, Miguel Relvas o Miguel Macedo, siendo que algunas de estas figuras están profundamente involucradas en el robo del país, en la gestión fraudulenta, y en la implosión de bancos.

La violencia de Estado alcanza a todos los trabajadores

La violencia y los abusos de la policía, practicados bajo la tutela de un gobierno el Partido Socialista (PSP), apoyado por el PCP (Partido Comunista) y por el Bloco de Esquerda (BE), no afectan exclusivamente a los negros y negras que viven en Portugal. Ella incide igualmente sobre los trabajadores no negros, en particular cuando encabezan procesos de lucha por mejores salarios y mejores condiciones de vida, a ejemplo de lo que ocurrió recientemente con los estibadores de Setúbal. Fue así durante el Estado Nuevo cuando en la década del ’40 los obreros de la margen sur salieron a la calle en protesta contra el hambre, habiendo obtenido como respuesta la represión llevada a cabo por la Guardia Nacional Republicana (GNR). Mientras tanto, en África, las poblaciones negras de los territorios ocupados por Portugal eran víctimas constantes de castigos físicos y, con el advenimiento de las luchas anticoloniales, los sospechosos de pertenecer a las organizaciones nacionalistas eran presos, torturados y muertos por la Policía Internacional y de Defensa del Estado (PIDE/DGS).

El pos 25 de Abril conoció también sus episodios de infracción de las fuerzas de seguridad contra trabajadores en lucha. La represión llevada a cabo por la GNR cuando el bloqueo del puente 25 de Abril en 1994 o la violenta carga policial sobre los trabajadores de la fábrica Manuel Pereira Roldão en Marinha Grande en 1995, ambos episodios ocurridos en pleno cavaquismo [gobierno de Cavaco Silva, del Partido Socialdemócrata de Portugal], son testimonio de eso. Más recientemente, durante la intervención de la troika, la policía de choque cargó sobre manifestantes concentrados frente al parlamento durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Además, hay una secular persecución que es movida contra la comunidad gitana, a quien el Estado portugués niega el derecho de habitación.

Estos casos son demostrativos de que en nombre de la defensa del supuesto Estado de Derecho, el Estado niega derechos a los más pobres y a las víctimas de discriminación, en defensa del derecho “sagrado” de los patrones al lucro. Es en este sentido que se torna incomprensible la toma de posición del PCP, que defiende al PSP y se refiere a hechos como el del barrio de Jamaica como hechos puntuales.

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Nosotros, de Em Luta, defendemos que los responsables por las agresiones sean ejemplarmente punidos. Incluso, los propios policías no racistas deben combatir el racismo dentro de la institución. Los elementos racistas y fascistas que están en la policía deben ser expulsados. Pero eso solo no basta, es preciso cambiar el funcionamiento de la propia policía, que es construida para reprimirnos y para estar distante de las comunidades y los trabajadores. Es posible democratizar su funcionamiento a partir de la elección de los jefes en las comunidades, y construir una policía controlada por el conjunto de los trabajadores.

Juntos, trabajadores negros y blancos, en lucha contra el racismo y contra la explotación

Todos los días, explotación y discriminación racial son usadas por los capitalistas para lucrar el máximo posible por encima de las negras y los negros trabajadores. Aumentando así la explotación de los trabajadores de conjunto.

Por eso mismo, la lucha contra el racismo no debe oponer a negros y blancos. Debe juntar a trabajadores negros y blancos contra el Estado que practica el racismo y contra los patrones, aquellos que más lucran con el racismo.

Es tarea del conjunto de la clase trabajadora combatir y derribar el racismo, el machismo, la LGBTfobia y la xenofobia, yendo hasta la raíz de esas opresiones: la explotación capitalista. Así, combatimos desde ya el racismo, teniendo como norte la transformación del conjunto de la sociedad para acabar entonces con la opresión y la explotación.

Artículo publicado en: https://emluta.net/

Traducción: Natalia Estrada.