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El 25 de abril de 1974, hace ahora 45 años, un levantamiento militar desencadenaba la Revolución Portuguesa, la última hasta la fecha en Europa occidental.

Por Juan P.

El levantamiento militar fue encabezado por un sector del ejército que se oponía a continuar la guerra colonial. En ese momento, Portugal sostenía a Angola, Mozambique y otros países como colonias, a costa de alargar una guerra contra los movimientos de liberación de los países africanos, que consumía buena parte del presupuesto nacional y llenaba la metrópolis de jóvenes soldados muertos o mutilados.

El movimiento comenzó cuando se radió la ya histórica canción “Grândola, vila morena”. Los militares llamaron una y otra vez a la población a permanecer tranquilos en sus hogares, pero el desborde popular era ya un hecho. Tras 48 años de dictadura salazarista, cientos de miles de personas ocupaban las calles, mezclándose con los soldados sublevados, entregándoles claveles. La Revolución comenzaba.

Proceso revolucionario en curso

Tras la caída de la dictadura, se conformó un gobierno militar del Movimento das Forças Armadas (MFA), protagonista del levantamiento. Al calor de la Revolución, amplias libertades democráticas se conquistaron: se acabó con la temida policía política (PIDE), se legalizaron los partidos obreros, etc… La movilización obrera y popular se hacía notar en todas las esferas de la sociedad. Las asambleas de vecinos abordaban los problemas de los barrios y pueblos, jornaleros ocuparon latifundios, surgían comités obreros en las empresas… incluso la tropa se organizaba asamblearia y democráticamente.

Desde el gobierno militar se miraba con profundo recelo esos movimientos. Ellos querían acabar con la guerra colonial para poder dominar de otra manera (por lazos económicos), los países africanos. Pero habían abierto la caja de pandora de la Revolución, que ponía en peligro no sólo a su gobierno, sino el propio capitalismo. Muestra de la inestabilidad del momento, es que desde el 25 de abril de 1974 hasta el 25 de noviembre de 1976, hubo 6 gobiernos provisionales distintos. En ese periodo se declaró oficialmente que se estaba “en transición al socialismo”, y se nacionalizó la banca y la industria estratégica (el 70% del PIB llegó a estar en manos públicas).

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Si los militares consiguieron finalmente encauzar al situación, fue especialmente gracias a la ayuda prestada por el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PC). En enero de 1975, nuestra internacional consiguió fundar un joven partido revolucionario, el PRT. Desde el PRT proponíamos convocar un congreso nacional de comités obreros, vecinales y de soldados. Ese congreso sería expresión del poder obrero y popular, y debería elegir y controlar un nuevo gobierno que diera satisfacción a las reivindicaciones económicas y democráticas que estaban en liza. Ese sí sería realmente un gobierno de transición al socialismo.

Sin embargo, la política del PS y el PC era opuesta por el vértice a la que planteaban nuestros compañeros y compañeras. Ellos querían ayudar al poder militar y burgués a mantenerse, siempre y cuando ellos estuvieran integrado en el reparto de sillones. El PS estaba ligado a la socialdemocracia alemana, parte integral del capitalismo europeo. El PC a la burocracia del Kremlin, que para ese momento ya formaba una casta social asimilable a la propia burguesía. A los jefes del PS y el PC les aterraba tanto la revolución como a los mandos militares o a la burguesía portuguesa.

El 25 de noviembre de 1975, sectores del MFA, apoyados por el PS y el PC, orquestaron una operación militar que tenía como objetivo acabar con el doble poder en las fuerzas armadas. Es el primer golpe a la revolución, garantizando una mayor estabilidad para la burguesía, que va a iniciar un proceso de reacción democrática.

Su influencia sobre España

La Revolución Portuguesa jugó una influencia clave en el proceso de transición española. La muerte del dictador Franco ocurre en plena Revolución, y en España también se desarrollaba un fortísimo ascenso obrero y popular. Los jerifaltes franquistas entendían que si no movían ficha, otra revolución aquí era inevitable. Por ello, para evitar una revolución desde abajo, lanzaron una política de reforma controlada desde arriba. Esa política fue la Transición Española, y también aquí el PSOE y el PCE colaboraron decisivamente para que pudiera dejarse todo “atado y bien atado”.