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Desde hace años las clases bajas italianas son obligadas a someterse a los golpes de los paquetes de austeridad económica implementados por varios gobiernos que se suceden en el tiempo, dictados por la Troika, de común acuerdo con las familias de la alta burguesía italiana.

 

También este año ocurre lo mismo: cortes en los servicios sociales, en la salud y en la educación públicas, bloqueo de los aumentos salariales para millones de empleados públicos, aumento de las tasas directas e indirectas sobre los salarios y las jubilaciones, mientras el gran capital continúa beneficiándose con ayudas y facilidades.

Frente a todo esto, parece que los sindicatos confederados, Cgil, Cisl y Uil, tuvieron un suspiro de orgullo, de dignidad, y están finalmente decididos a proclamar una huelga general. No obstante, pensamos que esta decisión no indica una ruptura con la política seguida por la Triplíce [las tres centrales] en los últimos años, sino que es apenas una medida táctica, debido a las necesidades de responder a las presiones de la base sindical que reivindica una propuesta dura y firme frente a los ataques llevados a cabo contra el mundo del trabajo.

No debemos olvidar que, de hecho, se trata de una huelga tardía (la primera después de dos años –la anterior fue anunciada en la época de la reforma Fornero[1], de apenas cuatro horas (excepto la del servicio público que fue de ocho horas, mientras que para la educación la huelga fue de apenas una hora, no obstante tratarse del sector que en los últimos años fue el más golpeado por los cortes en los gastos)–, que en muchos casos no prevé manifestaciones de trabajadores sino sólo campamentos inofensivos frente a los ayuntamientos [comunas].

Es el llamado de esos sindicatos que no hace ni un mes estaban dispuestos a movilizarse para “salvar al gobierno” –en la época bajo el chantaje de Berlusconi y de algunos de sus parlamentarios–, y que el día 31 de mayo firmaron con la Confindustria un pacto (llamado de “representación”) que busca garantizar la paz social en los lugares de trabajo, aun en un período en el cual aumentan de modo exponencial las jubilaciones, los cierres de fábricas, los reclamos a las cajas de reintegros.

Las intenciones de las burocracias sindicales con la huelga no es convocarla contra el gobierno, dirigido por un alto exponente del PD [Partido Democrático] y por este partido, con el apoyo del PDI de Berlusconi y el partido de centro [Elección Cívica], de Monti, sino para procurar controlar la rabia que día tras días aumenta entre millones de trabajadores, siempre más explotados y reducidos a la desesperación por un gobierno que, como los anteriores, quiere hacerles pagar el precio de la crisis.

El Partido de Alternativa Comunista [PdAC], en tanto denuncia esta enésima maniobra de las burocracias sindicales contra los intereses de las clases explotadas, hace un llamado a los trabajadores no sólo para que participen en masa de la huelga sino también para que derroten los planes de quienes quieren que la huelga sea la enésima paralización inútil, y la transforme en el inicio de una lucha generalizada contra el gobierno, los patrones y los burócratas sindicales que, aliados entre ellos, quieren condenarnos a la miseria.

Por eso, creemos que es indispensable que también los sindicatos de base, que ya convocaron a una huelga el pasado 18 de octubre, participen con su programa y sus consignas en las movilizaciones de los próximos días. No dejemos a millones de obreros y trabajadores en las manos de Camusso, Landini, Bonanni, Angeletti[2].

¡Luchar hasta el fin contra el gobierno del capital, la Troika y sus políticas de austeridad! ¡Basta de sacrificios para los trabajadores! ¡Que los patrones paguen por la crisis!

* Alberto Madoglio y Massimiliano Dancelli, dirigentes del PdAC y Dancelli es activista de la Red 28 de Abril, de la Cgil.

[1] La Ley Fornero es la que plantea reformas laborales que permiten el despido de empleados públicos.

[2] Miembros de la dirección de las centrales sindicales Cgil, Cisl y Uil.

Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada

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