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Se disolvió Izquierda [Sinistra] Crítica [organización italiana ligada al Secretariado Unificado – SU de la IV Internacional]. Sin grandes exclamaciones, en pleno verano, con un simple comunicado publicado en la web del grupo, se da la noticia de la disolución de la organización.

Dejamos para los otros grupos escribir satisfacciones de “cocodrilos y notas fúnebres. A nosotros nos interesa probar, para comprender mejor, el porqué de la clausura de aquella que fue (junto al PdAC y al PCL de Ferrando) una de las tres organizaciones nacidas de la crisis de Refundación Comunista y, al mismo tiempo, una de las tres fuerzas de carácter nacional que han animado a la extrema izquierda italiana, en los últimos años. A pesar de haber caído en el silencio (salvo, repetimos, alguna noticia venenosa en las webs de los grupos competidores),el hecho es importante incluso porque Izquierda Crítica era, para bien y para mal, la heredera, la continuación, del primer grupo trotskista constituido en Italia, con Livio Maitán, en la mitad de los años 1940 (el GCR, que asumió en 1969 el nombre de LCR y, sucesivamente, convirtiéndose en la Asociación Cuarta Internacional, después Bandera Roja y, finalmente, Izquierda Crítica: primero como sector de Refundación, después como organización independiente, desde fines del 2007).

Por nuestra parte, aunque éramos siempre muy lejanos de las posiciones de Izquierda Crítica, posiciones con las cuales hemos polemizado, incluso ásperamente (siempre en términos políticos), reconocemos a Izquierda Crítica y, en particular, a Franco Turigliatto, uno de sus principales dirigentes, aquella rectitud que constituye una cosa anómala en una izquierda y extrema izquierda en las cuales es práctica corriente
 recurrir al insulto y a la calumnia contra las otras organizaciones (si se piensa en el uso metódico, contra nosotros especialmente pero no solamente por parte del PCL).

Como es nuestra costumbre, incluso en este artículo, polemizaremos en términos exclusivamente políticos, con la intención de abrir un diálogo con aquellos compañeros de Izquierda Crítica que hacen un balance distinto de aquel contenido en el acto de clausura de su organización y que no están en disposición de participar en ninguno de los dos proyectos alternativos, dirigidos por cada una de las dos alas en que se divide el liderazgo de SC.

Un balance reticente

Lo que más sobresale en el texto publicado en la web de Izquierda Crítica es el escaso peso dado al balance. Esto produce la contradicción por la cual, de una parte, se anuncia la clausura y, por la otra, se alude a un balance sustancialmente positivo.
Los motivos del final son así reducidos a la crisis general que sacude a toda Europa, "las fuerzas de la izquierda anticapitalista". Según la declaración de Izquierda Crítica, es necesario reconocer una accción en un "terreno privilegiado de las fuerzas orientadas hacia la transformación social ", determinado por el ascenso de la lucha de clases, en tantas partes del mundo, Europa incluida, en un ámbito político que no se refleja en un reforzamiento de las organizaciones de izquierda. Y ningún intento se ha hecho (al menos en este texto), para entender por qué este rezago entre el plano social y el político, reteniendo los autores del texto de la lectura del resto de la declaración, que la causa pueda ser encontrada en la insuficiencia del proyecto político y programático de fuerzas como la suya que, añadimos nosotros, apropiadamente para esto, llegan a derrumbarse. La paradójica conclusión de este balance poco “balanceado es esta: "Seguimos convencidos de que esta experiencia, llevada a cabo en tantos años, o decenas de años, sobre nuestras espaldas, ha sido justa".

El resultado de una larga historia
 
Nosotros pensamos de modo completamente diferente. El balance de la IC no debería ser, por el contrario, de algunas frases rituales para componer un texto. Sus dirigentes deberían realmente mirar hacia atrás, hacia un recorrido que duró décadas (la fecha de inicio es 1949, año de fundación del GCR), produjo una larga cadena de desastres. En otros textos hicimos referencia, más discutidas, sobre las posiciones de aquella corriente: incluso, nuestra corriente internacional (LIT-Cuarta Internacional) nace de un recorrido de décadas de batallas contra las posiciones del Secretariado Unificado (SU, organización internacional a la cual el GRC, la LCR y después, aunque con adhesiones individuales de los militantes, IC tenía como referente) y de una ruptura definitiva, también en términos organizativos, con el SU, en 1979, seguida, en 1982, por el nacimiento de la LIT-Cuarta Internacional.

No tenemos la pretensión de resumir aquí, en algunas líneas, medio siglo de debate histórico: quien estuviera interesado en profundizar el tema, puede encontrar, en nuestra web, varios textos de reconstitución histórica y, en la web de la LIT-CI, una breve síntesis en español, en http://www.litci.org/inicio/quien-somos/historia-de-la-lit.

Aquí nos limitamos, simplemente, a indicar un hilo conductor de toda la historia de la corriente, que resultó en IC hasta su disolución: una constante revisión centrista del marxismo revolucionario (esto es, del trotskismo), que la condujo, progresivamente, a abandonar los pilares programáticos y considerar al trotskismo como, en la mejor de las hipótesis, una “contribución” para llevar a otros proyectos, una especie de complemento alimentario (la vitamina T…). Fue, precisamente, por lo tanto, la lógica consecuente de esta concepción que, en 1968 -esto es, en el momento en que podría haber dado un salto en la construcción- el GCR fueron destruidos, en tanto que varios dirigentes de primera línea, crearon organizaciones concurrentes (Vinci y Gorla fundaron Vanguardia Obrera; Brandirali, Servir al Pueblo, y después, incluso Mineo, Russo, Illuminati, Savelli, etc.).

Y es siempre siguiendo esta concepción (la renuncia a construir un partido basado en el programa marxista, por lo tanto trotskista) que -haciendo ahora un salto de varias décadas-, en toda la vida de Refundación, la corriente de Turigliatto, Maitán y Cannavo procuró primero actuar como “consejero del rey” (y el rey era Bertinotti (1)…). Después, creó una tendencia interna que, permanentemente, oscilaba entre el apoyo crítico y una moderada oposición al bertinottismo. Y, de esta posición oscilante (quintaesencia del centrismo, como decía Trotsky), que los parlamentarios de IC, electos en la cuota de Refundación, votaron muchas veces la confianza al gobierno imperialista de Prodi (encubriendo esa práctica con virtuosismo lingüístico: “una confianza distante”, “somos, tendencialmente, oposición al gobierno”), votando el primer paquete de reformas, conocido como “lágrimas y sangre”; en la misión militar en Afganistán (19 de julio de 2006), etc. Llegando, incluso, al punto de, después de la expulsión de Turigliatto de Refundación, votar los “doce puntos” con los cuales Prodi relanzaba a su gobierno (entre estos puntos, recordemos: la restauración de las misiones militares, la TAV (2), etc.) y el  “no al voto” (que equivale, en el Senado, a un voto a favor, en tanto hizo disminuir el quórum), sobre el paquete del 2007.

Turigliatto incluso tras el rótulo, atribuido a él injustamente por la prensa burguesa (que procede siempre por clichés), de “sepulturero” de Prodi en el Parlamento, en realidad, siempre hizo todo lo posible para no perturbar al gobierno.(1)

Esta actitud no deriva de errores tan graves o de una simple subalternidad a Refundación sino, a la centroizquierda. Izquierda Crítica, revisando (junto con muchas otras partes del programa marxista) el principio fundamental del marxismo de la independencia de clase de los comunistas en relación a la burguesía y sus gobiernos, sustituido con un “posibilismo” respecto de los gobiernos burgueses avalados periódicamente, juega con la intención de dar una contribución marxista al reformismo, terminó, en aquellos años, recibiendo del bertinottismo… su contribución reformista, basada sobre la colaboración de clases.

La bancarrota del “partido anticapitalista”
 
La Izquierda Crítica fuera de Refundación, como organización independiente, prosiguió a lo largo de aquellas antiguas vías, haciendo la experiencia de un proyecto “nuevo”: el llamado “partido anticapitalista”. En los actos de fundación de IC, se podía leer las claras letras de una nostalgia por un alegato del “bertinottismo de sus orígenes”, época en la cual el PRC flirteaba con los movimientos para, enseguida (podemos acreditar), usarlos como trampolín para entrar al gobierno. Es bajo esta perspectiva vaga y confusa que fue construida, en estos últimos años, Izquierda Crítica.

Siguiendo la secuencia del proyecto del NPA (3), su organización hermana en Francia (también está ligada al Secretariado Unificado), IC teorizó la posibilidad de construir partidos basados en la unión entre reformistas y revolucionarios, que abandonasen aquellas precisas delimitaciones programáticas que Lenin y Trotsky pusieron en la base de la construcción de los partidos revolucionarios de vanguardia de la Tercera y la Cuarta Internacional; eliminando, en consecuencia, el objetivo de la “dictadura del proletariado”, o sea, del poder de los trabajadores para avanzar en la abolición de la sociedad dividida en clases, único objetivo justificado para el uso del término “comunista”.

Los resultados de este revisionismo programático y político no necesitan muchas palabras. Este proyecto falló de modo estruendoso en Francia, donde el NPA explotó, perdiendo dos tercios de los miembros iniciales y, ahora, produjo los mismos resultados en Italia, con la lucha entablada en el último año, entre las dos tendencias opuestas en el grupo dirigente de Izquierda Crítica (lucha que nació de la evidente falta de éxito del proyecto constituido) que, al final, resultó en la disolución de la organización.

¿Un nuevo inicio o un nuevo fin?
 
El acto que comunica la conclusión de la experiencia de IC fue titulado “Nuevos inicios”. La referencia es a los dos diferentes proyectos nacidos de los dos grupos dirigentes de IC, salidos de la división producida en la última Conferencia Nacional. 

Un sector (el ligado a Cannavó, Maestri, Malabarba) tiene, según su propia definición,  la intención de realizar, en una óptica de clase, el camino de la promiscuidad entre lo “político” y lo “social”, o sea, podemos intentar traducir: llevar hasta el final la profunda eliminación del marxismo, disolviéndose en una dimensión indefinida, “nueva”, más cultural que política (el principal proyecto desarrollado por Cannavó y los otros es la revista literaria. Revista de literatura e interesantes publicaciones aparte: ¿en qué playas va a aterrizar este proyecto? Es difícil de saber, pero es aún más difícil comprender cómo todo esto podrá desarrollarse (como anuncian los promotores) “en una óptica de clase”, dado que (al tirar por la borda toda la experiencia revolucionaria de Marx en adelante), la óptica de clase tiene sentido sólo en función de la construcción de un partido que permita a la clase tomar el poder por la vía revolucionaria,). Este horizonte parece, sinceramente, otro y está bien sintetizado por el nombre de proyecto: Solidaridad, que parece un regreso de la revolución rusa a la francesa (y más a la del 1789 que a la del 1793… (o sea, a la primera fase, menos radical).

El sector dirigido por Turigliatto, por el contrario, anuncia para setiembre, la constitución de Izquierda Anticapitalista que, si entendemos bien, deberá servir para construir una tendencia en la recién creada organización Roja, en la cual trabaja Giorgio Cremaschi, iniciada ésta en las últimas semanas, con una asamblea nacional (con poca participación) y con una serie de reuniones locales (que, por ahora, reunieron a algunas decenas de personas).

Roja nacerá de las cenizas de Refundación (en la cual es probable una explosión en el próximo congreso, con una parte del grupo dirigente que terminará en el SEL (Izquierda Ecología y Libertad) de Vendola y una parte se dirigirá a Roja. Ya la lista de las figuras públicas y de los grupos que están apoyando este nuevo proyecto son útiles para definir las coordenadas: además de Cremaschi (que en su tiempo lanzó el Comité No a la Deuda, precisamente con el único propósito -como denunciamos en épocas no sospechosas- de usarlo para construir el nuevo partido, que debería haberse presentarse ya en las elecciones pasadas, si no hubiese sido derrotado por la bancarrota de Revolución Cívica del juez Ingoia (lista electoral que Refundación apoyó), formaron parte del grupo dirigente de la nueva (por así decirlo) iniciativa; también los estalinistas de la Red de los Comunistas (Cararo, Papi, Leonardi, etc., que dirigen su regreso, de forma general ignorada, a los mismos activistas sindicales: el sindicato USB). No hay que tener mucha fantasía para entender lo que podrá salir de la amalgama del cremaschismo (un neo-keynesianismo con aire revolucionario), de lo que permanece del ferrismo (o sea, del sector del ex ministro de Solidaridad Social, en el gobierno imperialista de Prodi) y, sobretodo, el fuerte componente de estalinismo inveterado (otras alas de la Red de los Comunistas). Roja también va a atraer a otros agrupamientos del mismo sector cultural; hasta el momento, falta la convocatoria, pero no se sorprendan con la participación también, completa o parcialmente de los CARC, ala oficial del “clandestino” NPCI (4), dado que es la parte más activa del No a la Deuda, de Cremashi.

Se trata, en fin, de la enésima tentativa de rehacer un partido reformista, con el agravante, en este caso, de que el intento llega después de la derrota catastrófica de Refundación. En ese embrollo, Turigliatto y su tendencia (Izquierda Anticapitalista) llevaron una sólida contribución “marxista” (o de aquello que ellos se obstinan, contra todas las evidencias, en llamar “marxismo”), para retomar, a partir de otra entrada, el mismo camino que, después de varias décadas, llevó a la disolución de Izquierda Crítica.

Pero, más que un “nuevo inicio”, para nosotros parece el inicio de un “nuevo fin”. Por eso es una oportunidad para aquellos compañeros de Izquierda Crítica, que hasta ahora no se identificaron ni con Solidaridad ni con Izquierda Anticapitalista, para que puedan decidir ingresar a otro camino diferente.

Existe otro camino

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Quien busca un camino revolucionario e internacionalista podrá encontrar en el PdAC un partido en el cual debatir yen el cual militan compañeros de diversos orígenes, en el cual no hay “socios fundadores” ni “gurús”; el único que hoy en Italia es parte de una real organización internacional: la LIT-Cuarta Internacional. Que hoy es la principal fuerza trotskista a nivel internacional, presente en Europa y en crecimiento en varios continentes, que está en la línea de frente en todas las luchas, tanto aquí, en Italia (donde, en los últimos meses, frecuentemente estamos descubriendo ser el único partido presente en las luchas más radicales, especialmente en aquellas donde no había cámaras, frente a las cuales hacer flamear banderas), como en las plazas de España, Portugal, Turquía y, sobretodo en la nueva ola de luchas de Brasil. Nuestro partido hermano, el PSTU, es reconocido también por muchos adversarios como el mayor partido que se reivindica trotskista actualmente en el mundo y adquirió un papel de primer plano.

Como hemos dicho muchas veces, con sentido de realidad, desde el PdAC (a diferencia de lo que hacen otros) nunca nos consideramos como “el partido revolucionario” que falta y que es el “único” a construir. Pero, con certeza, pensamos que fortalecemos, durante estos años, un instrumento importantísimo en esa perspectiva. Por eso, estamos interesados en debatir fraternalmente con todos aquellos compañeros que, como nosotros, no creen que el capitalismo pueda ser el “fin de la historia”. Por eso, queremos dialogar con aquellos (al contrario de Roja) que no creen que el capitalismo pueda ser reformado o gobernado de modo diferente de lo que es. Con quien comprendió que la colaboración de clases ayuda solamente a la burguesía. Es con quien piensa que el capitalismo debe ser destruido con la revolución y que, para hacerlo, es necesario el crecimiento de las luchas. Algo que si bien es indispensable, no es suficiente. Procuramos el debate y la colaboración, en el respeto mutuo, independiente de las experiencias individuales anteriores. Por eso nos dirigimos también en este artículo, tanto a los compañeros de Refundación que en los próximos meses se encontrarán sin partido, como a los compañeros de la ahora disuelta Izquierda Crítica. A todos ellos les preguntamos: ¿no piensan también ustedes, después de tantas derrotas, que llegó el momento de tratar de encontrar juntos otro camino?

Notas
 
(1) Del lado opuesto, Turigliatto e Izquierda Critica fueron muchas veces acusados por el PCL de Ferrando por sus oscilaciones en relación con el gobierno de Prodi. Todavía, debe ser recordado, como admitió Ferrando en un texto del 18 de junio del 2006, publicado en su manifiesto (y no se trata de una entrevista, así que no fue ninguna manipulación periodística), en caso de ser electo al Parlamento (como Bertinotti le prometió inicialmente y, después, cambió de idea por la presión de Corriere della Sera), Ferrando también avaló cada expediente para no perturbar al gobierno de centroizquierda. Nunca dio un voto de confianza a tal gobierno pero añade “otras soluciones, de carácter excepcionales –incluso mi renuncia al Parlamento- serían posibles apenas en el caso de un carácter determinante en mi único voto”. En otras palabras, en tanto Turiglitto alternaba votos favorables con salidas del plenario y abstenciones, Ferrando, más generosamente, renunciaría al Parlamento para no desagradar al gobierno imperialista con su presencia.

La idea de que se podría en el Parlamento votar (incluso sólo) contra la burguesía, como hacía Karl Liebnecht, es una idea de la cual nunca llegó ni cerca ni de uno ni de otro.

Traducción Laura Sánchez
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Notas
(1) Principal líder de Refundación.
(2) Tren de alta velocidad, que tenía oposición de los movimientos sociales.
(3) NPA – Nuevo Partido Anticapitalista.
(4) NPCI – Nuevo Partido Comunista Italiano.