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Después del artículo dedicado a analizar las posiciones del Partido Comunista de Marco Rizzo (1), que ha sido leído en nuestro sitio web y en Facebook por miles de personas ya en el primer día de publicación, continuamos nuestro viaje por los “partidos comunistas” examinando las posiciones de Izquierda Clase Revolución [en italiano: Scr, Sinistra Classe Rivoluzione].

Por Francesco Ricci

El propósito de esta serie de artículos es tratar de explicar por qué, en nuestra opinión, la división actual en tantos “partidos comunistas” está motivada por diferencias estratégicas reales sobre “¿qué hacer?”, es decir, qué partido es necesario construir en las luchas de masas que están ardiendo todos los continentes. Lo hacemos de manera fiel a un método: comparar programas y posiciones, evitando contraposiciones estériles basadas en caricaturas e insultos. Siempre respetuosos con el compromiso y los sacrificios de compañeros y compañeras que militan en organizaciones diferentes de la nuestra, siempre dispuestos a la confrontación y también, obviamente, a la unidad en la lucha.

¿No es posible, al menos, unir a los “trotskistas?

Si resulta más simple notar las diferencias entre nuestro proyecto y el del PC de Rizzo, que es directamente estalinista, sin embargo, puede ser menos simple entender a primera vista las diferencias que tenemos entre varias organizaciones que se referencian y provienen del trotskismo.

“¿Por qué no se unen al menos los trotskistas?”, nos preguntan a menudo. En realidad, también en este caso vale el método marxista: no atarse a las definiciones que cualquiera da de sí mismo sino verificar la correspondencia entre el nombre y la cosa, entre la apariencia y la sustancia. Para hacerlo no se puede sino examinar los programas y la acción concreta de cada organización. La cuestión no es proclamarse “más revolucionario” que los otros sino entender cuales son las diferencias de fondo, estimular la confrontación, permitir a cada militante un elección fundamentada. Todo esto en la constatación de que el partido revolucionario con influencia de masa, que es una necesidad urgente (tanto más en esta fase convulsionada), todavía no existe. Ni nosotros tenemos la pretensión, como PdAC y como LIT-Cuarta Internacional, de serlo, aunque estamos convencidos de que somos un instrumento fundamental, y en gran parte único, para tener éxito en una empresa que necesariamente deberá atravesar procesos de fusión entre organizaciones distintas, escisiones, enfrentamientos programáticos. Después de todo, es este el camino que siguió el partido que para nosotros sigue siendo un modelo: el Partido Bolchevique que llevó a la clase obrera a la victoria en Octubre de 1917.

Son cuatro las organizaciones que provienen o se reivindican del trotskismo en Italia (excluyendo los grupos que simplemente animan algunos blog): además del PdAC, Sinistra Anticapitalista, el PCL y SCR. Es de este último que nos ocuparemos en este artículo.

Dos puntos de consonancia con Scr

De las organizaciones citadas, Scr es la única, además de nosotros, que tiene una concepción del partido de militantes y es además la única que forma parte, como Alternativa Comunista, de una organización internacional real, presente en diferentes países, centralizada alrededor de un programa común, con congresos mundiales reales. No son cuestiones comunes o secundarias: tanto que, precisamente, no caracterizan a las otras organizaciones que hemos citado.

Un motivo más para aclarar, desde nuestro punto de vista, las diferencias programáticas principales entre nosotros y Scr. Insistimos: nos referimos no a esta o aquella diferencia de análisis, no a cuestiones secundarias, que no explicarían la existencia de organizaciones distintas. Nos referimos a las diferencias de tipo programáticas y estratégicas, intentando usar como criterio de comparación no nosotros mismos sino las concepciones programáticas de ese trotskismo que, de alguna manera, tanto nosotros como Scr reivindicamos.

El camino para construir el partido: ¿Lenin o Alan Woods?

Scr es hoy un organización de partido independiente: pero esta condición es un hecho relativamente nuevo, que data de los últimos años, después de su salida de Refundación (en 2016). De hecho, de cuando nació en 1986, hace 33 años, Scr (o Falcemartello, el nombre que tenía precedentemente) tuvo una vida por fuera de otro partido solo en los últimos tres años (2).

También el PdAC por años ha hecho “entrismo”, es decir, ha ganado fuerzas dentro de otro partido (Refundación), antes de constituirse como organización independiente. Pero aquello que para nosotros ha sido una táctica (fue Trotsky a elaborarla en los años ’30), para Scr es una estrategia. Es decir, la actual vida “externa” es para Scr una excepción, mientras la norma es construirse dentro de otras organizaciones. Y la excepción actual se debe no a una elección sino a una necesidad: en este momento, después de la crisis vertical de Refundación, Scr no ha encontrado todavía ninguna organización en la cual hacer entrismo. Sin embargo, que la regla para ellos sea la del entrismo lo confirma el hecho de que una gran mayoría de las organizaciones que forman parte de la IMT (International Marxist Tendency, la organización de la cual Scr es la sección italiana) actúan como tendencias dentro de los partidos reformistas, así como Scr ha hecho gran parte de su vida.

Esa que podría parecer una cuestión de táctica en la construcción del partido, tiene en realidad para la IMT motivaciones programáticas. Fue Ted Grant, el fundador de esta corriente internacional (que falleció en 2006), quien definió el entrismo como estrategia de construcción del partido revolucionario en un texto de 1959: “Problems of entrism” [“Problemas del entrismo”] (3) que ha continuado inspirando a la IMT hasta hoy.

El razonamiento de Grant era grosso modo este: tanto en los momentos de ausencia de las luchas como en las primeras fases del resurgimiento de las luchas, las masas están o se dirigen hacia los partidos reformistas porque antes de comprender la necesidad de la revolución deben “hacer la experiencia” con el reformismo. La tarea de los revolucionarios es, por lo tanto, estar en estos partidos reformistas, ser la oposición a la izquierda de estos partidos, y esperar allí adentro a que las masas despierten. Solo en ese momento podrán nacer los partidos revolucionarios: ya sea como evolución de los viejos partidos reformistas, que serán inducidos por la dinámica objetiva a romper con el ala derecha, o como escisión de los marxistas de esos partidos.

El error de este razonamiento –en nuestra opinión– radica en el hecho de que parte de tres premisas equivocadas: primero, que los partidos reformistas son los partidos “naturales” de la clase; segundo, que el reformismo es un estadio inevitable que la clase obrera debe vivir y superar; tercero, que las masas son un bloque homogéneo que madura la propia experiencia a un mismo tiempo.

Se trata de una concepción opuesta a la utilizada por Lenin en la construcción del Partido Bolchevique. Veamos las tres premisas citadas, confrontándolas con el método de Lenin.

Para Lenin, los partidos reformistas eran partidos obrero-burgueses, es decir, partidos con una base obrera, una tradición y una simbología ligada al movimiento obrero, pero una dirección pequeñoburguesa y un programa burgués. Por eso, Lenin (a diferencia de la IMT y de Scr) identificaba el papel de los partidos reformistas como el de “agentes de la burguesía en el movimiento obrero”, es decir, instrumentos conscientes en manos de las burocracias, que venden la fuerza de las luchas de la clase (una fuerza que engañan y desvían hacia el campo muerto de la colaboración de clase, asegurándose que no sobrepasen nunca el umbral de la propiedad privada de los medios de producción) a cambio de privilegios, pequeños y grandes, para su casta.

A partir de esta caracterización, Lenin no consideraba estos partidos como “naturales” expresiones de la clase y no nutría ninguna ilusión sobre una “reforma” de estos partidos o sobre la posibilidad de evolución al interior de una corriente progresiva dirigida por un sector de la burocracia. Por eso, el objetivo de los revolucionarios era para Lenin el de destruir políticamente estos partidos para ganar a la base que, a diferencia de las burocracias, no tiene intereses de clase diferentes de aquellos de los revolucionarios.

James Cannon, que fue el principal dirigente de la Cuarta Internacional en tiempos de Trotsky, agregaba, en respuesta a concepciones similares a las de la IMT y Scr (ya difundidas en su tiempo) que la tarea de los trotskistas no es la de acompañar a las masas en la experiencia reformista. Y explicaba el concepto con esta broma: “si un hombre ingiere un veneno, no hay necesidad de acompañarlo en la experiencia. Es mejor decirle: no es bueno. Y no ofrecerse para probarlo personalmente” (4).

Siempre Cannon (en el mismo texto) respondió a las concepciones del tipo de la IMT de este modo: “Hay quienes creen que el reformismo es un estadio inevitable del desarrollo de la clase. Pero la concepción marxista es otra. Nosotros sostenemos la construcción del partido revolucionario formulando su programa sobre la base de su tarea histórica. Nosotros estamos junto a las masas cuando luchan, pero cuando no luchan y siguen al reformismo nos separamos y decimos: se están equivocando”.

Finalmente, la idea de que las masas son un bloque que hace simultáneamente la misma experiencia en la lucha de clases es la inversión exacta de la concepción sobre la que Lenin (y, antes de él, Marx) basaron su idea de construcción de un partido de vanguardia. Para Marx y Engels, y luego para Lenin y Trotsky, no existen “las masas” sino sectores diferentes que, en momentos diferentes, entran en lucha. Para usar una metáfora empleada por Trotsky: “círculos concéntricos de número creciente y conciencia decreciente”. El círculo más pequeño es la vanguardia que el partido busca organizar, para poder arrastrar en el proceso a los círculos más grandes, de conciencia inferior. Todo esto en un proceso que no es estático sino dialéctico, y es precisamente el proceso de la lucha de clases, con sus flujos y reflujos. Al eliminar la dialéctica del proceso de construcción del partido revolucionario lo que queda es la concepción de Ted Grant, Alan Woods (el actual principal dirigente de la IMT) y de Scr: un proceso de construcción por etapas, evolutivo. Algo que, además de estar muy lejos de la concepción leninista, sobre todo, no ocurrió nunca en la historia.

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Para encontrar una justificación, por así decir “teórica” de esta concepción extraña al leninismo, la IMT y Alan Woods (especialmente en sus libros sobre Historia del bolchevismo, ahora en traducción también al italiano por parte de Scr) presentan una reconstrucción que no corresponde a los hechos históricos. Dado que el crecimiento del bolchevismo como organización de hecho independiente, separada y contrapuesta al menchevismo desde finales de 1903, está objetivamente en contradicción con la teoría del partido de la IMT, Woods argumenta que, “contra una concepción sectaria”, Lenin y el bolchevismo se separaron efectivamente de los mencheviques solo en 1912. En realidad, quien quiera estudiar sobre fuentes primarias la historia del bolchevismo comprobará que esta afirmación es falsa. El primero en negarla fue el propio Lenin en un famoso libro (El ultraizquierdismo, enfermedad infantil del comunismo) cuando afirmó: “El bolchevismo, como corriente de pensamiento político y como partido político, existe desde 1903” (cursiva nuestra). De hecho, es verdad que hubo momentos de parciales unificaciones y que el nacimiento formal del Partido Bolchevique fue solo en 1912, pero ya en el período en el cual los bolcheviques eran todavía formalmente una “fracción” de un mismo partido (el POSDR) con los mencheviques, las dos fracciones funcionaban como partidos distintos, con organismos propios (que se reunían efectivamente, a diferencia de los comunes), una estructura propia, finanzas separadas, prensas separadas. La conexión entre bolcheviques y mencheviques era esencialmente en función de la común pertenencia a la misma Internacional (la Segunda). 

La cuestión del Estado y del poder: un parteaguas

Requiere de menos palabras y es más fácil explicar la otra gran cuestión que nos separa de Scr. No porque sea secundaria: de hecho, es exactamente la cuestión central, que desde la época de Marx define un parteaguas entre las posiciones de los revolucionarios consecuentes y las de los reformistas, y, para usar una expresión de Lenin que luego asumió Trotsky, de los “centristas”, es decir, de aquellos que oscilan entre reformas y revolución, afirmando concepciones revolucionarias pero cayendo luego en una práctica reformista.

La concepción de la IMT y de Scr del Estado es opuesta a la del marxismo, resumida por Lenin en El Estado y la revolución y practicada por los bolcheviques durante 1917. Veamos.

Para Lenin, los comunistas no pueden apoyar de ninguna manera, ni siquiera críticamente, los gobiernos, nacionales o locales, en el capitalismo. Fue gracias a esta posición de principio (que Marx señaló como la lección principal de la Comuna de París de 1871) que los bolcheviques ganaron en 1917 la mayoría en el soviet para la necesidad de derrocar el gobierno “de izquierda”. Fue este el quid de toda la batalla de Lenin en sus “Carta desde lejos” (escritas al grupo dirigente del partido desde Suiza) y luego, a su regreso a Rusia, con las “Tesis de Abril”: “Ningún apoyo al gobierno provisorio”, porque es un gobierno burgués disfrazado. Y es útil recordar que incluso ese gobierno estaba (a diferencia de los ejemplos más recientes) compuesto por partidos de izquierda que habían hecho una revolución (la de Febrero) y tenía el apoyo de la mayoría de los soviets.

Idéntica a la posición de Lenin fue la sostenida (con la vida) en la posterior revolución de 1918-1919 en Alemania, por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Una posición que Rosa condensó en una enseñanza fundamental: los comunistas pueden ir al gobierno solo sobre las ruinas del sistema capitalista, es decir, después de haber “roto” con la revolución la vieja máquina estatal y haberla sustituido con una de tipo completamente diferente: la dictadura del proletariado.

Esta misma posición programática fue luego codificada por la Tercera Internacional en las tesis de sus primeros congresos: antes de la llegada de Stalin que en cambio devolvió al movimiento obrero la colaboración de clases con los gobiernos en el capitalismo, bajo el título de “gobiernos de frentes populares”, una política que tantas derrotas ha provocado en la historia, desde la España de los años treinta hasta el Chile de Allende, etcétera.

Scr y la IMT adoptan la vieja concepción “centrista”: la de “gobiernos en disputa”, que pueden ser condicionados por las masas. Es decir, haciendo oposición a los gobiernos burgueses “ordinarios”, sostienen la posibilidad de que, bajo la presión de las masas, los gobiernos burgueses “de izquierda” puedan evolucionar en una dirección progresiva. Veremos en el próximo capítulo algunos ejemplos concretos.

Las consecuencias prácticas de concepciones teóricas equivocadas

Por cuanto hemos dicho hasta aquí, cualquier lector podría pensar que se trata de cuestiones importantes pero privadas de consecuencias en lo inmediato. Lamentablemente, no es así. Como recordaba Lenin, un error de un centimetro en la teoría se transforma en un error de metros en la práctica.

Veamos cómo esto es verdad al referirnos a las dos cuestiones estratégicas que hemos examinado hasta aquí: la cuestión de partido y la de la actitud de los revolucionarios hacia el Estado burgués y sus gobiernos.

Comencemos con el partido. La concepción de la construcción del partido a través del entrismo permanente (salvo excepciones, como en la situación actual, anómala para la IMT, de la Scr) y la concepción de los partidos reformistas como partidos “naturales” de la clase se han traducido en el pasado y se traducen hoy en políticas desastrosas.

Para limitarnos a un solo caso, tomaremos el ejemplo de la política seguida por la IMT en Gran Bretaña. Se trata de un caso de particular importancia si se considera que esta es la sección dirigida por Alan Woods, principal teórico de la IMT.

En Inglaterra, la corriente de la cual proviene la IMT (el CWI) comenzó hace muchas décadas, bajo la dirección de Ted Grant, el entrismo en el Partido Laborista. Sobre la base de la teoría de Grant de la que ya hablamos, era un entrismo a largo plazo, en espera de una evolución con rupturas de ese partido. Pero la ruptura fue, en 1992, del CWI: porque un ala en la época más a la izquierda (dirigida por Peter Taaffe) propuso después de décadas abandonar el Partido Laborista y retornar a la superficie. Frente a esa posición, una minoría dirigida por Ted Grant y Alan Woods rompe, dando vida a la IMT (con la cual se alineó el grupo italiano, actualmente Scr). La organización inglesa de la IMT permaneció siempre en el Partido Laborista. Se llama Socialist Appeal.

Y hasta ahora estamos hablando de lo que podría ser una cuestión de táctica de construcción de partido. Pero, en plena sintonía con los fundamentos de este entrismo permanente, es decir de acuerdo con la visión no leninista del papel y de la naturaleza de los partidos socialdemócratas o de origen socialdemócrata, la IMT, dirigida por Alan Woods, apoya en el Partido Laborista al actual líder del partido, Jeremy Corbyn, y hasta la perspectiva de su gobierno.

Como se puede leer en docenas de artículos del Socialist Appeal y de Scr, según la IMT, el papel de los revolucionarios en Inglaterra es permanecer en el Partido Laborista para apoyar a Corbyn contra el ala derecha del partido. Estamos hablando –para aquellos que no lo saben– de un partido que, entre otras cosas, de “laborista” tiene ahora solo el nombre y que es el homólogo del PD italiano. Es decir, uno de los dos partidos sobre los cuales se basa la burguesía inglesa para gobernar según la lógica de la alternancia, o de los dos hornos. Ciertamente, con la gestión de Corbyn, el Partido Laborista se ha repintado a la izquierda, lo que lo ha ayudado a salir de la profunda crisis en la cual estaba. Pero, precisamente, se trata solo de pintura.

El manifiesto de Corbyn (“For the many, not the few”) [“Para muchos, no para pocos”] promete una serie de reformas y hasta algunas nacionalizaciones, con indemnización. Todo financiado con una impuesto a los “más ricos”, que sin embargo no pone en discusión ni la propiedad privada de las grandes industrias ni los bancos; que no pone en discusión el régimen burgués ni sus instituciones (ni la OTAN). En otras palabras: un programa con tintes neokeynesianos, preparado por consejeros económicos de Corbyn, como Ann Pettifor o Martin Wolf, partidarios de un resurgimiento de las teorías antimarxistas de Lord Keynes. Un programa que, parafraseando y volviendo a Marx, no se propone “expropiar a los expropiadores” sino solo imponerles un poco de más de impuestos, en nombre de un imposible “capitalismo con rostro humano”: en uno de los principales países imperialistas del mundo…

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Pero la consecuencia de esta posición de la IMT (el famoso metro en la práctica que nace del centímetro de error en la teoría) es aún más grave y nos devuelve al segundo tema estratégico: el del poder.

La sección inglesa de la IMT, dirigida por Woods, está luchando por un gobierno del Partido Laborista de Corbyn “bajo un programa socialista”. (5) Esto escribieron, en esta semana, los compañeros ingleses de la Scr: “Un gobierno Corbyn deberá movilizar a la clase trabajadora en respuesta al sabotaje de las grandes empresas, para poder avanzar en la transformación socialista de la sociedad. Esta es la única respuesta posible a la crisis del capitalismo. Solo de este modo, el Partido Laborista podrá realizar su programa y transformar radicalmente la vida de la mayoría de las personas en Gran Bretaña. Esto es por lo que debemos batallar”. (6). Y el título de otro artículo de este semana rompe el tradicional understatement [eufemismo] británico y proclama incluso: “Es la lucha de nuestra vida: ¡movilicémonos por la victoria de Corbyn!” (7).

Estas posiciones son patrimonio de la IMT y también son plenamente compartidas por Scr.

Scr, por su parte, aplicó estas posiciones en nivel italiano, por ejemplo al sustentar (en la época en que se llamaba Falcemartello) que en Nápoles el consejo del alcalde De Magistris podría haber sido impulsado “por la dinámica” para chocar con los poderes fuertes. Por esto, sugerían a Refundación (de la que en la época formában parte) “combatir una batalla hegemónica incluso a partir de la posición en el gobierno local”, explotando “una posición de ventaja objetiva, como el único partido de izquierda al interior de la alianza de De Magistris”(8). Todo eso mientras De Magistris, detrás de una retórica “de izquierda”, imponía en Nápoles una política de austeridad, con cortes a los servicios públicos.

Incluso después de la salida de Refundación, Scr perseveró en la línea del “apoyo crítico” al consejo municipal burgues de De Magistris: “Apoyamos a De Magistris en su lucha contra la hipótesis especulativa y de saqueo de la ciudad, en su discontinuidad respecto de la lógica del poder producida por el PD, en todas sus disposiciones a favor de las clases desfavorecidas. Pero no suspendemos nuestra crítica en los límites de su experiencia administrativa”(9).

Quizás sea útil en este punto recordar que, aparte del absurdo (para los marxistas) de pensar que una de las más grandes ciudades de Italia puede “escapar” sigilosamente y por una “dinámica objetiva” a la gran burguesía, o lo que es peor, que puede hacerlo uno de los principales países imperialistas de Europa, como es Gran Bretaña, desafortunadamente es necesario señalar que esta teoría sobre gobiernos o Estados “neutros”, condicionables por la dinámica de la lucha de clases (es esto lo que sostiene Scr con la IMT, admitiendo de hecho que “por supuesto Corbyn no es marxista”), no es particularmente nueva y constituye la quintaesencia del reformismo de cada época. Incluso sosteniendo esta teoría, según Lenin, Kautsky buscó transformar a Marx “en un liberal de la docena”, mereciendo por esta razón, de parte de Lenin, el apodo de “renegado del marxismo”.

Ciertamente, no es necesario recordar a los dirigentes de Scr como en 1917 el gobierno Kerensky se presentaba a los ojos del centrismo de la época como “condicionable”. Era (repitámoslo), a diferencia de un eventual gobierno Corbyn, un gobierno nacido en un proceso revolucionario y apoyado por los soviets… Sin embargo, Lenin y Trotsky lo consideraban un gobierno burgués y no pensaron ni siquiera un instante en apoyarlo más o menos críticamente o “condicionarlo”, sino desarrollar una oposición intransigente hasta cuando pudieran derrocarlo para sustituirlo con un gobierno obrero.

Los compañeros interesados en profundizar sobre esta historia –es decir, la verdadera historia del bolchevismo– podrían incluso limitarse a leer las famosas «Tesis de Abril» con las que Lenin en 1917 armó programáticamente al Partido Bolchevique preparándolo para Octubre. La tesis número 3 no deja lugar a malentendidos: “No apoyar de ninguna manera al gobierno provisional; demostrar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo las concernientes a la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno en lugar de ‘reclamar’ –lo que es inadmisible y siembra ilusiones– que el gobierno capitalista deje de ser imperialista”. (10)

Incluso ante el intento de golpe del general Kornilov, Lenin no cambió de posición y, a diferencia de lo que algunos pretenden afirmar, no ofreció ningún apoyo al gobierno. Incluso esta no es una interpretación nuestra: es precisamente, como lo especifica Lenin con su claridad habitual (evitando futuras interpretaciones de ciertos “leninistas”) en una famosa carta del 30 de agosto de 1917 dirigida al Comité Central de su partido: “Y tampoco ahora debemos apoyar el gobierno Kerensky. Seríamos menos fieles a nuestros principios. ¿Cómo, nos preguntaremos, no se debe luchar contra Kornilov? Ciertamente debemos luchar contra él. Pero no es lo mismo. Hay un límite entre las dos posiciones (…). Hacemos y haremos la guerra a Kornilov como las tropas de Kerensky, pero no apoyamos a Kerensky, más bien desenmascaramos su debilidad. Aquí está la diferencia. Es una diferencia bastante sutil, pero esencial y que no se puede olvidar”.

Una diferencia “esencial”, explica Lenin: y define (preventivamente) la posición de la IMT como una ruptura «inadmisible» con los principios básicos del marxismo. Y para aquellos que no entendieron, Lenin aclara aún más: «En cuanto a las frases (…) sobre el frente único de la democracia revolucionaria, sobre el apoyo al gobierno provisional, etc., etc., necesitamos combatirlas implacablemente (…)». (11)

«Implacablemente». Este es Lenin, esta es la verdadera historia del bolchevismo.

Para el bolchevismo (para el marxismo) en el capitalismo pueden existir solo gobiernos burgueses; los gobiernos neutrales o «condicionables» por la dinámica o por las masas son pura fantasía. De ahí el «principio» de la oposición a cualquier gobierno (nacional o local) en el capitalismo: no es un principio abstracto (no hay ninguno en el leninismo) sino la condición indispensable para no “sembrar ilusiones” entre las masas y poder ganar a los trabajadores para la lucha por un gobierno obrero, que podrá construirse solo después de haber derrocado al capitalismo por la vía revolucionaria, es decir, solo después de la «ruptura» de la máquina estatal burguesa.

Embajadores del “socialismo bolivariano”

Orto ejemplo de las graves consecuencias a las que puede llevar la eliminación de la concepción del partido de vanguardia de tipo bolchevique y de la concepción marxista del Estado es la posición de Scr y la IMT sobre Venezuela.

La IMT fue durante todos los años de gobierno Chávez una de las principales organizaciones sostenedoras del régimen dictatorial de Chávez y de su llamado “socialismo del Siglo XXI”.

Alan Woods se presentó orgullosamente por años como consejero de Chávez. Cuando Chávez, en 2004, fundó el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), el grupo simpatizante de la IMT participó y confluyó en el partido único del régimen. La lógica es aquella explicación de Alan Woods en un texto disponible también en traducción italiana en el sitio de Scr: “Tesis sobre la revolución y la contrarrevolución en Venezuela”(12).

No tenemos forma de detenernos en lo que era el régimen de Chávez y lo que Venezuela sigue siendo bajo el talón de su heredero Maduro. Tanto con Chávez, como hoy con Maduro, en Venezuela nunca ha habido una ruptura del Estado burgués ni una expropiación bajo control obrero de empresas y multinacionales ni una ruptura real con el imperialismo (solo fricciones). Incluso en la época de Chávez en los sindicatos controlados por el régimen no eran posibles las elecciones internas. El régimen de este “socialismo bolivariano” no preveía, ni siquiera en la época de Chávez, la organización de los trabajadores en estructuras de tipo consejos (soviets). Nada de qué sorprenderse, dado que la “revolución” de Chávez nunca ha «roto» (como habría dicho Marx) el Estado burgués. Tanto con Chávez como con Maduro, Venezuela continuó siendo estrangulada por el pago de la deuda externa, que ambos siempre han pagado puntualmente (con la sangre de los trabajadores).

Hoy con Maduro y ayer con Chávez, Venezuela es un Estado y un régimen que reprime y aplasta a las masas proletarias. El hambre y la miseria de las que escapan las masas son el resultado de veinte años de “chavismo”, el otro lado de la moneda de una burguesía (la llamada “boliburguesía” o burguesía “bolivariana”) que mientras tanto se enriqueció explotando las reservas petrolíferas del país, socia menor de la burguesía imperialista. Todo esto no tiene nada que ver con el socialismo. Es precisamente contra este régimen (entre los más feroces de América Latina) que se han movilizado las masas incluso en los últimos meses: desafortunadamente, cuando esto ocurrió, la IMT condenó esas movilizaciones, como lo hicieron los estalinistas de todo el mundo, diciendo que eran solo maniobras de la oposición burguesa y del imperialismo.

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Hoy la IMT y Scr, después de haber apoyado por años el “socialismo bolivariano”, haciéndose sus propagandistas en el mundo, son críticos del régimen de Maduro: pero eso solo porque dicen que… de alguna manera habría traicionado a su predecesor Chávez, del que defendieron y difundieron durante años la imagen totalmente fantasiosa de un “luchador por el socialismo”. En cualquier caso, la “crítica” no va tan lejos como para reclamar la destrucción del régimen por parte de las masas para reemplazarlo con un auténtico gobierno obrero.

Entre las centenas de textos publicados por la Scr (que en la época se llamaba Falcemartello) y por la IMT para sostener esta caricatura de socialismo, basta recordar el vergonzoso texto escrito en la muerte del dictador, en 2013, con el título: “Hugo Chávez está muerto: ¡la lucha por el socialismo está viva!”

Permítasenos dar algunos elocuentes pasajes: “Nosotros lloramos por Hugo Chávez pero no debemos dejar que las lágrimas nos cieguen (…) Cuando termine el dolor, la lucha tendrá que continuar. Chávez no esperaría nada menos (…) Estamos comprometidos a continuar e intensificar la lucha para defender la revolución bolivariana. (…) Hugo Chávez murió antes de completar el gran proyecto que se había propuesto: el cumplimiento de la revolución socialista en Venezuela”.

Como si no bastase, la IMT también gastó mucho en el esquivo proyecto de una … Quinta Internacional (no es un error tipográfico: ellos hablan de la Quinta, no de la Cuarta de Trotsky). Leemos en el mismo texto: «En junio de 2010, durante el congreso del PSUV, Chávez proclamó la necesidad urgente de una Quinta Internacional. (…) Dedicó a la cuestión una parte importante de sus discursos porque lo consideraba esencial. Y tenía razón. Murió antes de poder poner en práctica esta idea (…). La IMT se compromete a continuar la lucha por construir esta Internacional revolucionaria de los trabajadores”. (13)

En otras palabras: la IMT y Scr se proponen como fieles ejecutores testamentarios de Chávez, empeñarse en “completar” su “gran proyecto” de una “revolución socialista” en Venezuela, así como su deseo de construir una “Quinta Internacional” y quieren hacerlo siguiendo las enseñanzas de este ex coronel que, en el poder, acumuló con su familia y sus amigos del partido una inmensa fortuna.

Pero, ¿Scr es trotskista?

En las últimas semanas, Alan Woods ha estado en Italia para una serie de conferencias organizadas por Scr, presentando la traducción de su libro sobre la historia del bolchevismo.

Woods es ciertamente un buen orador y un buen conocedor de la historia del movimiento obrero (aunque a veces la adapta, por así decirlo, a las necesidades de su política). También nosotros pensamos que la historia del bolchevismo debe ser estudiada por todos los revolucionarios para extraer de ella valiosas enseñanzas para resolver, como pudieron hacer los bolcheviques, el problema histórico de construir una nueva dirección para el movimiento obrero, una alternativa a los reformistas.

Pero nos preguntamos: ¿se puede conciliar el ejemplo dado por Lenin y Trotsky con las posiciones que describimos en este artículo?

¿Cómo podemos conciliar, preguntamos, las reivindicaciones del bolchevismo con la concepción que Woods, la IMT y Scr tienen sobre la construcción del partido? ¿Con su concepción del reformismo y de las posibles evoluciones de un sector de burocracia? ¿Con la acomodación al reformismo de izquierda en lugar de una batalla a muerte contra todas las corrientes burocráticas? ¿Con su espera de décadas a que surja en el Partido Laborista una “izquierda” que rompa con la “derecha” (ambas fracciones de un partido ahora completamente burgués)? ¿Cómo se concilia el Marx de la dictadura del proletariado y el Lenin de El Estado y la revolución con la teoría sobre la supuesta posibilidad de condicionar gobiernos dentro del capitalismo? ¿O con la invocación de un gobierno Corbyn para Gran Bretaña? ¿O, finalmente, con el apoyo, primero completo, hoy crítico, al brutal régimen nacionalista y populista y anti-obrero de Venezuela? ¿Y qué tiene que ver la Quinta Internacional anunciada por Chávez con la Cuarta Internacional de Trotsky? Y, entendámoslo, no es un problema de “números” sino, como explicaba Trotsky, de programa: el programa de la «revolución bolivariana» de Chávez, ¿qué tiene que ver con el programa del marxismo revolucionario? Y el programa de Scr y la IMT, comprometido con la implementación del proyecto de Chávez, ¿qué relación tiene con el programa trotskista de la revolución permanente?

En otras palabras, como decíamos al inicio, es loable que Scr y la IMT quieran construir un partido de militantes y una Internacional centralizada. Claro. Pero, ¿para hacer qué? ¿Con qué programa?

Con todo el respeto que debemos, especialmente a los jóvenes que están comprometidos con el sacrificio de la militancia en este camino, preguntamos: ¿puede todo esto realmente llamarse “trotskismo”?

Notas

(1) El artículo de Fabiana Stefanoni sobre el PC de Rizzo se puede leer en este enlace: www.alternativacomunista.it/politica/viaggio-tra-i-%E2%80%9Cpartiti-comunisti%E2%80%9D-/-1-puntata-quando-stalinismo-fa-rima-con-opportunismo

(2) Según lo que escribe el autor de un libro sobre el trotskismo, en realidad el grupo de Falcemartello (actual Scr) habría nacido después de una breve experiencia entrista en el Psi de Bettino Craxi a inicios de los años ’80 (un partido que de socialista guardaba solo el nombre, siendo plenamente un partido burgués liberal). El núcleo que luego dio vida a Falcemartello se habría formado en Ferrara como una “corriente marxista del Psi”, dirigida por un dirigente que luego se mudó a Gran Bretaña. No hemos encontrado otras fuentes para confirmar esta noticia: pero ciertamente el hecho, si se confirma, no estaría en contradicción con la lógica general que motiva el entrismo permanente de la IMT y que explicamos en el artículo. El texto en cuestión se puede leer en este enlace:

http://nuovointernazionalismo.blogspot.com/2016/01/falcemartello-abbandona-trentanni-di.html

(3) El texto de Ted Grant, “Problems of entrism”, que funda la estrategia entrista seguida por décadas sucesivas en su corriente, se puede leer en este enlace: www.tedgrant.org/archive/grant/1959/03/entrism.htm

La misma estrategia de construcción del partido se explica en este otro texto de la IMT: “A brief history of the IMT» (Una breve historia de la IMT) que se puede leer en el enlace: https://web.archive.org/web/20120617224628/http://www.marxist.com/history-marxist-tendency.htm

(4) El texto en el que James Cannon responde a concepciones de reformismo similares a las desarrolladas más tarde por la IMT se puede leer en este enlace: www.marxists.org/history/etol/document/swp-us/idb/swp-1946-59/v10n02-1948-ib.pdf

(5) La reivindicación de un gobierno Corbyn está contenido en docenas de artículos y textos, ver por ejemplo, “What we are fighting for”, disponible en: www.socialist.net/socialist-appeal-stands-for.htm

(6) Uno de los artículos más recientes de la sección inglesa de la IMT sobre este tema, titulado «Gran Bretaña, crece la marea Corbyn: podemos vencer», puede leerse en este enlace www.socialist.net/the-corbyn-surge-begins-we -can-win.htm o incluso, en la traducción al italiano, en el sitio de Scr en este enlace: www.rivoluzione.red/gran-bretagna-cresce-la-marea-corbyn-possiamo-vincere/

(7) El artículo está disponible en este enlace: www.socialist.net/we-face-the-fight-of-our-lives-mobilise-for-a-corbyn-victory.htm

(8) Esta posición está expresada en el documento “Por el partido de clase”, presentado por Falcemartello (hoy Scr) al VIII Congreso de Refundación Comunista. El documento puede leerse en este enlace:

http://web.rifondazione.it/viii/wp-content/uploads/2011/10/2011documento2.pdf

(9) Véase el artículo “La candidatura di De Magistris a Napoli: la nostra posizione”, 13/05/2016, en el enlace: www.rivoluzione.red/la-candidatura-di-de-magistris-a-napoli-la-nostra-posizione/

(10) LENIN, V. I. “Tesis de Abril” (1917), en Obras Completas. Editori Riuniti, 1967, volumen 24, p. 10 y sig.

(11) LENIN, V. I. “Al Comité Central del POSDR” (30 de agosto de 1917), en Obras Completas, Editori Riuniti, 1967, volumen 25, p. 273 y sig.

(12) La traducción italiana de la “Tesis sobre revolución y contrarrevolución en Venezuela” está disponible en el sitio de Scr en este enlace: www.marxismo.net/index.php/autori/ted-grant-2/215-tesi-sulla-rivoluzione-e-la-controrivoluzione-in-venezuela-2

En el texto se reconoce que la Venezuela de Chávez es “todavía un Estado burgués”, pero para precisar enseguida después que “es un Estado burgués con características peculiares. La más peculiar es que la burguesía ha perdido –al menos temporariamente– el control de su propio Estado”. (sic)

(13) La declaración de la IMT en la muerte de Hugo Chávez (2013) puede leerse, en la traducción al italiano, en el sitio de Scr, en este enlace:

https://old.marxismo.net/venezuela/america-latina/venezuela/la-dichiarazione-della-tendenza-marxista-internazionale-sulla-morte-di-hugo-chavez