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En nuestros análisis sobre el resultado de las elecciones políticas [1], estábamos centrados, en particular, en aquello que los medios de comunicación definieron como “estancamiento institucional” y, que nosotros, preferimos llamar por su verdadero nombre: parálisis. Un escenario que, a la burguesía aterrorizada y empantanada, “en el pantano de la impotencia”, le hace recordar la situación que se produce en la república de Weimar [2]

Incluso, por esto, la patronal, por boca del presidente de Confindustria, Giorgio Squinzi, ha expresado su contrariedad en las  elecciones anticipadas, solicitando la política de “actuar rápido” y formar enseguida un gobierno que centre su acción sobre la economía (obviamente, en los intereses de las empresas), denunciando, incluso, el temor que pueda estallar la violencia social.

Los expedientes de la burguesía
 
El hecho es que el resultado electoral, combinado con la congestión institucional del semestre blanco, obliga a los partidos de la burguesía, a la imposibilidad de alcanzar una mayoría coherente para conformar el nuevo ejecutivo, a recorrer, primero, el camino para la elección del nuevo jefe de Estado (que ha sido reelecto – ndt]. Por otro lado, de ir a las nuevas elecciones -se podría dar la posibilidad de disolver las Cámaras-, ninguno lo quiere, realmente: ni el Partido Demócrata (PD), que quiere sacar provecho de la inmensa mayoría adquirida en la Cámara, gracias al premio de la ley electoral; ni el PDL (Il Popolo Della Libertá), que teme no poder repetir el “milagro” de contener, en términos aceptables, la derrota en las elecciones de febrero, además de querer garantizar la impunidad de su líder – Berlusconi; e, incluso, el M5S, de Grillo, sea porque prevé que tiene mucho que ganar de la posible “confusión” de Bersani-Berlusconi, sea por evitar eventuales nuevas elecciones, bajo el fuego cruzado de la acusación de haber bloqueado al país y de tener de rehén a la Cámara recién elegida.

Esto es así porque, en el fondo, todos han estado – aunque con diferentes acentos y más allá de las escaramuzas con las cuales las diversas fuerzas políticas han mostrado su contrariedad [3] – contentos de la solución de la nominación de los “diez sabios” salidos del entorno de Napolitano: se trata de una maniobra para ganar tiempo, como él no ha dejado de señalar a la prensa financiera internacional: Wall Street Journal, New York Times y Financial Times, que ha evidenciado que el recurso solo hará transferir al sucesor de Napolitano la papa caliente de la formación del gobierno, mientras no se encuentra una solución diferente, desde el momento en que la renuncia del presidente de la República (que fue ventilada en cierto momento) sería vista, desde las cancillerías europeas y los mercados, como un evento extremamente negativo y una señal de fuerte debilidad del sistema [4].

Así que, por nuestra parte, no podemos dejar de remarcar – y sin querer, mínimamente, aventurarse en un argumento legal – es el hecho que la burguesía tiene una increíble capacidad de subvertir sus propias reglas, desde que las normas de rango constitucional delinean un camino diverso: esto se evidencia por el hecho que otros sectores de la mismísima burguesía hablan, incluso, de “golpe”.

Cierto, la inutilidad de esta pletórica comisión ha sido, paradójicamente, contrastada por uno de sus propios componentes, tan poco “sabio” que ha caído en una broma telefónica, organizada por un programa radial: en el transcurso de la llamada con una falsa Margherita Hack, Valerio Onida, ex presidente de la Corte Constitucional, en un arrebato de honestidad, ha definido de “inútil” el trabajo de los sabios.

¿Hacia un “nuevo” gobierno a ciegas en la oscuridad?
 
Mientras tanto, el pobre Bersani continua su trabajo, en el difícil intento de consolidar el resultado electoral, para hacerlo valer tan pronto se presenten las condiciones. El problema es que su camino está minado de diversos “enemigos internos”.

Primero, como de costumbre, el alcalde de Firenze, Matteo Renzi, que ve avecinarse su momento y ha entablado un duelo personal para socavar al secretario de su partido y, finalmente, proponerse como “el nuevo que avanza”. El otro enemigo es el propio Giorgio Napolitano -presidente de la república, cuyo mandato termina el 15 de mayo-, quien no ha perdido ocasión para recordar, al secretario del PD, los “acuerdos amplios” que llevaran al compromiso histórico entre el PCI y la DC, claramente preparando el camino para el intento de formar el gobierno, a saber, con Berlusconi, que Bersani habría querido evitar como la peste, pero que, a la inversa, ha debido comenzar a practicar para no ser forzado a meterse contra el Colle. Un primer encuentro, entre ambos, se ha realizado y, oficialmente, se ha hablado solo de los criterios para la elección del próximo inquilino del Palacio Quirinal (residencia oficial del Presidente). Está claro, todavía, que las dos cuestiones -presidente de la República y gobierno- están íntimamente ligadas y en grado de influir una a la otra.

La crisis del régimen y la necesidad de otro gobierno
 
La parálisis parece, a este punto, mantenerse no se sabe por cuánto tiempo. Indudablemente, la crisis capitalista y, en el caso italiano, la crisis política y del régimen, representan un momento de fuerte debilidad del sistema que las clases subalternas deberían usar para madurar la conciencia – que hasta el momento lo expresan sólo parcialmente e inorgánicamente, en algunas importantes luchas radicales – que no hay salida en el capitalismo. Y, sin embargo, mientras la burguesía está presa de sus volteretas de vals para asegurarse un gobierno que pueda imponer a los trabajadores otro estadio de violentas medidas de austeridad, continuando a acumular madera que espera sólo una chispa para prender fuego.

Mientras tanto, los revolucionarios deben continuar trabajando, cada vez más activamente, porque se desarrolle la conciencia que el gobierno burgués no saldrá de estos bailes, sino que solo otro gobierno, aquel de los trabajadores y para los trabajadores, podrá resolver los problemas inmediatos e históricos de las clases explotadas y oprimidas.

Traducción Laura Sánchez

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[1] “Las elecciones de febrero y la locha de clases”: http://www.alternativacomunista.it/content/view/1785/1/; pero, sobre todo, “La situación política después de las elecciones y la batalla de los comunistas” (Resolución del Consejo Nacional del PdAC, del 9-10 marzo del 2013): http://www.alternativacomunista.it/content/view/1800/1/.

[2] Exactamente, en estos términos, Stefano Folli, “Dietro le inutili polemicas sui ‘saggi’ si prepara la battaglia del Quirinale”, Il Sole 24 Ore, 2/4/2013.

[3] Es cierto que Grillo ha calificado a los diez sabios como “guardianes de la democracia” pero, es también verdad que el M5S ha saludado con fervor la decisión del jefe del Estado con la motivación que eso confirma la tesis de los grillinis sobre la prórroga del gobierno de Monti, lo que contradice toda la propia campaña electoral contra el premier saliente: evidentemente, para el cómico genovés; la Pascua tiene el efecto no solo de resucitar a Jesucristo, sino también de hacer salir al jefe del gobierno de su… “¡rigor Montis!”.

[4] Las crónicas dan cuenta de una “dramática” llamada telefónica entre Giorgio Napolitano y el número uno de la BCE, Mario Draghi: llamada, por otro lado, que no fue desmentida por el propio Draghi, que ha intentado redimensionar el episodio.