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¡Que los patrones paguen la crisis! 

El gobierno Renzi continúa e intensifica su ataque al mundo del trabajo. La aprobación definitiva del Jobs Act realizada en el Parlamento es, al momento, el punto más alto de ese ataque bajo todos los aspectos.

 

Se abolió el artículo 18 para los nuevos contratados, se permitió la posibilidad de despidos de acuerdo con la voluntad de los patrones, se introdujo la posibilidad de controlar a distancia a los trabajadores. Todo eso, sin considerar también el acuerdo sobre la representación sindical del 10 de enero, que impone un control cada vez más férreo en los lugares de trabajo y un aumento de la explotación capitalista.

No obstante, los planes del gobierno y los patrones no están ocurriendo como desearían. Este otoño fue caracterizado por un aumento de las huelgas y de las manifestaciones contra las políticas de austeridad y anti-obreras apoyadas por Renzi y por la Confindustria: huelga de la logística el 16 de octubre (también huelga de la CGIL y de la FIOM en Emilia Romagna), huelga de la USB el 24 de octubre, manifestación nacional de la CGIL el 25 de octubre, huelga social el 14 de noviembre, que fue saldada con la huelga de la FIOM el mismo día en el norte del país (mientras que en el sur de Italia la FIOM eligió hacer huelga el 21 de noviembre), para no hablar de las varias manifestaciones locales que ocurrieron, la más importante de las cuales fue la huelga por tiempo indeterminado proclamada por los obreros de la AST de Terni, y que ahora terminó con un acuerdo traidor firmado también por la FIOM.

En ese cuadro, las burocracias sindicales se ven obligadas a levantar el tono de la polémica que, ya sea para evitar ser derrocadas por el descontento popular cada vez mayor o por causa del rechazo del gobierno a reabrir una fase de conciliación, no deja otra vía.

No se trata de un giro por parte de las burocracias. El haber convocado a huelga general a más de un mes de la inmensa manifestación del 25 de octubre, y el haberlo hecho después que el Jobs Act fue aprobado, demuestra cuánto aún hoy las burocracias de la CGIL y de la FIOM no quieren de forma alguna radicalizar el conflicto de clase. Y continúan apelando al gobierno para no exacerbar el conflicto, demostrando así cómo Camusso y Landini temen una explosión social que escape de su control.

Si estas son las intenciones de las burocracias, es totalmente diferente el espíritu con el cual hoy millones de trabajadores van para las plazas. Es el espíritu de quien no se resigna, de quien no está más dispuesto a aceptar sacrificios cuando, al mismo tiempo, el sistema capitalista demuestra toda su corrupción y voracidad. El escándalo de la Mafia Capital es el símbolo de un sistema, aquel capitalista, y de sus políticos, podridos hasta la médula.

La huelga del 12 de diciembre llamada por CGIL y UIL, en la cual participan de diversas formas Si.Cobas, Adl Cobas y estudiantes, así como los sindicatos de los transportes, incluso Cub Transportes, Cat y USB, puede y debe abrir el camino a un ascenso general de los trabajadores, de los estudiantes, de las mujeres, de los inmigrantes, contra el gobierno de los patrones y de la Troika.

No a la austeridad, por el derrocamiento de gobierno Renzi, por una política económica y social realmente de los trabajadores; esas son las consignas que deben caracterizar estas jornadas de movilizaciones.

La lucha debe continuar con un objetivo común: ¡que los patrones paguen la crisis!

Fuente: http://www.partitodialternativacomunista.org/

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Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada.

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