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Las epidemias hacen parte de la historia social de la humanidad. Las primeras comunidades humanas estaban muy atentas a la prevención de enfermedades y, por lo tanto, a la higiene personal y colectiva, procurando lugares donde el agua era limpia, potable y abundantemente disponible; de ahí la proximidad con las cavernas y grutas. Paradójicamente, en esta era capitalista, todo el ciclo planetario del agua está contaminado y vastas masas de poblaciones, en varios continentes, no tienen agua suficiente ni limpia.

Por: Mario Avossa (médico)

En esta China capitalista, en los mercados se aglomeran masas de pobres que compran y consumen de todo, hasta murciélagos, abundantes en la naturaleza; los animales son vendidos vivos por tradición –y también porque son escasas las cámaras frigoríficas– sin ninguna norma de higiene, y son abatidos en presencia del comprador. El frío, la pobreza, las dificultades, la cohabitación numerosa, los transportes, hicieron el resto.

Pero no todas las epidemias tuvieron el énfasis correcto en los medios. Recordemos las epidemias huérfanas, que luego olvidamos: el Zika en el Brasil, Mers, Sars-1, ébola. Mientras flagelaron a poblaciones pobres, alejadas de los proyectores de los medios capitalistas importantes, ellas fueron observadas con indiferencia, con el debido distanciamiento. Eso también ocurrió en Hu Bei. El gobierno chino fue culpado, primero por omitir y, después, por demorar en aplicar las medidas de salud pública necesarias para contener la epidemia, porque actuaba en camadas de clases más bajas, en poblaciones de regiones continentales pobres y lejanas. Pero cuando el epidemia se extendió y el contagio rápidamente alcanzó las ricas regiones costeras, se hizo evidente a los aparatos del gobierno chino, y despertó la alarma. Pero ya era demasiado tarde, porque el coronavirus ya estaba diseminado en China y rápidamente creó brotes en medio mundo, a través de los transportes internacionales. La situación quedó fuera de control.

Diez mil muertos en Italia, centenas de millares de contagiados

En el momento en que escribimos, contamos más de diez mil muertes en Italia, más que en China, estamos primeros en el mundo.

Actualmente, no existen medicamentos efectivamente eficientes contra el coronavirus ni tendremos vacunas antes de dieciocho meses. El alto número de víctimas de Sars-Covid-19 en Italia se debe al fracaso de las políticas de salud, de contención, y a la discrepancia entre la necesidad y la oferta social de asistencia a la salud, agravada por la velocidad de propagación del contagio.

Independientemente de las razones biológicas y médicas de la pandemia, debemos denunciar las razones políticas de tantas muertes. La cantilena del mejor sistema de salud del mundo fue sustituida por la retórica de los héroes.

Nadie percibió que la salud pública italiana se sostenía con dificultad con un número insuficiente de trabajadores, a los cuales se pedía que compensasen las deficiencias estructurales. Su explotación y sus virtudes profesionales, sin embargo, mal eran suficientes para mantener en pie un sistema que fue desmantelado por más de veinte años con cortes absurdos y falta de contrataciones, hechos por gobiernos burgueses de todos los colores políticos. Era un forma oculta de compensación. Pero, sobre todo, era una explotación de empleados, a los cuales se pedían sacrificios por el bien público.

Este era “el mejor sistema de salud del mundo”. La epidemia causó el colapso del Servicio Nacional de Salud (SSN). No sabemos más donde poner los enfermos, tenemos que escoger a quién entubar y a quién dejar de lado, como en un escenario de guerra. La pasión profesional y la calidad clínica no fueron más suficientes. Todo entró en colapso. Los propios socorristas, las enfermeras, los médicos fueron contagiados en gran número y muchos murieron. Ellos fueron enviados como soldados desarmados para el frente de batalla, sin equipos de protección individual (EPI’s) adecuados, sujetos a turnos muy largos, luego de los cuales es fácil incurrir en pequeñas distracciones fatales. En el momento de la redacción de este artículo, contamos 58 médicos fallecidos y 6.414 profesionales de la salud contagiados, 9% del total de contagios conocidos.

El gobierno enfrentó la epidemia sin ninguna orden específica, en total confusión y en conflicto abierto con los presidentes de los consejos regionales; el brote en el Véneto, en la ciudad de Vo fue circunscripto por un cordón sanitario y se inició un estudio epidemiológico coherente; en la Lombardía ni eso; en ambas regiones, densamente pobladas y altamente industrializadas, los trabajadores fueron forzados por los industriales a continuar trabajando; los miembros de la familia fueron abandonados a su destino, al contagio inevitable. Noticias inquietantes vienen de la provincia de Bérgamo, donde ante las primeras señales de la epidemia los consejos municipales de Alzano Lombardo y Nembro montaron un cordón sanitario y el asilamiento, pero algunos industriales importantes del área (los nombres de Persico, Polini y Pigna son citados extraoficialmente) habrían actuado en los bastidores para obtener la revocación inmediata de la medida y poder continuar empleando mano de obra en la producción industrial. Los brotes se extendieron por toda Italia, de acuerdo con la distribución geopolítica de las concentraciones de producción.

Vimos la inconsistencia entre medidas colectivas rígidas para contener la epidemia (aislamiento, cuarentena, cordón sanitario) y la permisividad en relación con los dictámenes de la burguesía capitalista, representada por el sistema bancario y por la Confindustria. Estos no permitieron que trabajadores y empleados pudiesen cumplir, en el lugar de trabajo, las medidas preventivas básicas. Los trenes suburbanos continuaban llenos, lugar de contagio. Para empeorar la situación, el dramático desastre de Frecciarossa, que llevó a millares de pasajeros de la Lombardía a aglomerarse en los vagones de los trenes sustitutos. Las empresas continúan abiertas, a pesar de las protestas de los trabajadores, obligados a trabajar bajo el riesgo de contagio. Las ganancias de las empresas están antes que la salud de los trabajadores; y eso vimos en muchas circunstancias, no por último la lenta carnicería de los trabajadores de la Ilva en Taranto y de las familias proletarias que residen en el barrio de Tamburi. La protesta “Cuarentena en la casa, contagio en la fábrica” aparece.

El SSN entró en colapso luego de años de cortes violentos

El desastre que estamos viviendo no se debe solo o simplemente a la incapacidad de los aparatos de las clases dominantes, evidentemente de cara a algo mayor que ellos. La ineptitud del gobierno y de sus articulaciones también es revelada por episodios menores y tragicómicos, como el contagio contraído por algunos de sus altos funcionarios. Apelar a la ineptitud, como hacen los reformistas o los chacales de la derecha, es limitativo porque enmascara el hecho, frente a los ojos de todos, de que el desastre consiste en la insuficiencia del Sistema Nacional de Salud en relación con las reales necesidades de la población frente a un contagio en masa. El sistema fue perjudicado por años de cortes de dinero, cierre o redimensionamiento de los hospitales italianos, cortes sin sentido de camas, reducción progresiva de empleados, cancelación de las estructuras de las regiones, ausencia de políticas de prevención, salarios miserables, precariedad, tercerizaciones, y privatizaciones; sobrecargado por un aparato burocrático hipertrófico y generosamente pago, con presentes a la salud privada, hoy opulenta, con comités paritarios estipulados entre los principales dirigentes de las Ooss (Organizaciones Sindicales) y Confindustria en el sector de bienestar corporativo, con beneficios generosos para las aseguradoras privadas. Estas son las consecuencias de las duras aplicaciones de los planes de inspiración neoliberal del capitalismo. Ocurrieron en los años noventa del siglo pasado, cuando el capitalismo las introdujo en etapas sucesivas, a partir de los imperialismos anglosajones, acorralando a la clase trabajadora.

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Esta había arrancado de la burguesía capitalista un sistema de bienestar público más favorable a sus necesidades, luego de años de duras luchas. En la medida en que el ataque capitalista progresaba, bajo la presión de sucesivas crisis económicas internacionales, las Ooss y los partidos de la izquierda reformista retrocedieron, dando a las clases en el poder el terreno para sus pretensiones, con la liquidación de las conquistas de los trabajadores, obtenidas en medio siglo de luchas. Sembraron ilusiones reformistas, postergaciones para un futuro improbable, la mentira de convivir en el mismo barco, forzaron a la clase trabajadora a un abrazo mortal con la burguesía hasta concordar con los patrones sobre las restricciones al derecho de huelga, la abolición del artículo 18, los despidos en masa, la precariedad por tiempo indeterminado. A pesar de los levantamientos ejemplares de resistencia, la clase trabajadora fue entregada a sus carniceros. Eso es la austeridad, es decir, el desmantelamiento progresivo de cualquier conquista social obrera de esos años, incluyendo la del SSN.

¿Cómo hicieron eso?

Fieles a los dictámenes de las instituciones bancarias europeas, los gobiernos italianos se dedicaron al regular y constante desmantelamiento del SSN. Un primer núcleo de vulnerabilidad está contenido en la ley fundadora del SSN, la 833-78, que divide la salud pública en áreas regionales. El Servicio Nacional de Salud nació dividido y organizado en una miríada de pequeñas Unidades de Salud Locales, administradas por comités de gestión en los cuales estaban presentes los delegados de los partidos del entonces “arco constitucional”.

Pero en 1992, en concomitancia con las sangrientas convulsiones que llevaron a los sectores neoliberales de la burguesía al gobierno, el ataque frontal comenzó: las Usl (Unidades de Salud Locales) fueron rápidamente disueltas y fundidas en empresas locales de salud, sujetas a vínculos de productividad y balances, forzando un posicionamiento en sentido neoliberal. Así, comenzaron a retirar fondos del SSN con el objetivo de debilitarlo gradualmente y recaudar recursos a ser desviados para banqueros e industriales, empresas privadas de salud y aseguradoras. Los gobiernos niegan; en los últimos años, los gobiernos y todos los diferentes partidos burgueses que se alternaron en el poder afirmaron que aumentaron los fondos asignados al Servicio Nacional de Salud. ¿Pero es realmente así?

No. De acuerdo con el informe Gimbe 20191, en la década 2010-2019 el financiamiento público del SSN aumentó 8.800 millones de euros en total, creciendo en promedio 0,9% al año. Es una tasa inferior a la tasa media anual de inflación, que es de 1,07%. El aumento de las necesidades nacionales de salud (FSN) en la última década es solo aparente, porque ni siquiera fue suficiente para mantener el poder de compra. En el informe al cual nos referimos, hay una cronología política precisa de las etapas de cortes de financiamiento, que destaca cómo cada gobierno, de cualquier color político, fue responsable por los cortes en la salud pública.

El gobierno Conte-bis nació en 2019 con un programa que no incluye explícitamente la refinanciación del SSN, a pesar de que el nuevo ministro Speranza, en la cuota Leu, se apresuró en poner una nota prometiendo: «Yo ya estoy pidiendo más recursos para salud en el próximo presupuesto». Y la escenificación está hecha.

A partir de los datos divulgados, queda claro que, en la década 2010-2019, entre cortes y ausencia de financiación al SSN, fueron sustraídos aproximadamente 37.000 millones de euros y las FSN (necesidades nacionales de salud) tuvieron un crecimiento de solo 8.800 millones.

Actualmente, la mayor parte del nuevo Lea (niveles esenciales de asistencia) aún no es paga de manera uniforme en todo el territorio nacional, con un serio atraso en las regiones del Sur. El informe no puede mencionar la cuota desviada por la corrupción y por los beneficios millonarios. Con un eufemismo, sin embargo, el informe apunta: “Desperdicios e ineficiencias que se esconden en todos los niveles del SSN continúan corroyendo recursos preciosos”.

La hipertrofia del sector privado afiliado pesa en los gastos con la salud y en las desigualdades sociales, alimenta el consumismo y corre el riesgo de inducir fenómenos de exceso de diagnósticos y exceso de tratamientos, como destacan los vergonzosos [datos] en estos últimos años.

La falta de financiamiento en la salud pública, ahora estructuralmente relacionada a la crisis económica del capitalismo, se transformó en una constante irreversible. En el período 2010-2015, el SSN fuertemente sobrecargado por la crisis, fue usado por los gobiernos de la burguesía como campo de pillaje para canalizar recursos para bancos y empresas. No obstante, una recuperación económica hipotética del país no tendría un efecto correspondiente positivo en los gastos con la salud. De hecho, el análisis del Informe Gimbe de los Def (Documentos de Economía y Finanzas) 2017, 2018 y 2019 muestra que la relación gasto con salud/PIB en el medio plazo es siempre revisada hacia abajo, documentando tanto la tendencia de avanzar en las previsiones (ilusorias) de crecimiento económico como la intención específica de no reproponer el financiamiento de la salud pública.

Esas decisiones de política financiera de largo plazo inequívocamente documentan que la salud pública nunca fue una prioridad política para ningún gobierno burgués en la última década. Como puede verse, cuando la economía está estancada, la salud se transforma en una caja electrónica para ser utilizada indiscriminadamente; por otro lado, en el caso de crecimiento económico, los beneficios para el Servicio Nacional de Salud no son proporcionales, imposibilitando la liberación de cualquier financiamiento público.

A pesar de las maniobras de ocultamiento de los actos económicos, la falta de financiamiento del SSN es visible a partir de una gran cantidad de números, entre financiamiento programados por los Def, fondos asignados por las leyes de Presupuesto, cortes y contribuciones a las finanzas públicas de las regiones[2].

Los planes de recuperación

Otra herramienta, esta vez regional, para infligir cortes en el SSN son los célebres planes de recuperación. Surgirán de la modificación peyorativa del Título V de la Constitución, que atribuye a las regiones la carga de equilibrar el presupuesto de conformidad con la garantía del Lea (niveles esenciales de asistencia) establecidos en nivel estatal. Con el resultado de que los Leas permanecieron ilusiones impiadosas mientras los cortes fueron reales. Ellos operaron con un mecanismo de chantaje semejante, en pequeña escala, al MES (Mecanismo Europeo de Estabilidad).

Citamos una publicación del Banco de Italia, “Cuestiones de la Economía y las Finanzas”, número 427, de marzo de 2018. “La salud en Italia: el difícil equilibrio entre restricciones presupuestarias y calidad de los servicios en regiones con planes de recuperación”: «…

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fueron introducidas en nuestro sistema condiciones de acceso a los recursos de salud, separando y postergando la provisión de una parte del fondo nacional de salud, debido a cada Región (la llamada cuota de recompensa), a la verificación del equilibrio presupuestario»; el chantaje está aquí: “Para facilitar la recuperación también de déficits pasados, la misma ley financiera asignó recursos adicionales, vinculando su desembolsos a la estipulación de un acuerdo específico de la Región con déficit”.[3]

Ese mecanismo fue usado para atribuir vínculos presupuestarios a cada Región y para desplazar grandes cantidades de recursos públicos que derrumbaron estructuras, a empleados, y la funcionalidad de la oferta de asistencia a la salud en todas las Regiones, pero, sobre todo, en las Regiones del Sur, que indirectamente garantizaron, en detrimento de las poblaciones, préstamos a fondo perdido para bancos y empresas.

Vínculos europeos y Regiones del Sur

En el reciente Informe Svimez 20194, el atraso en el desarrollo económico es un atraso italiano, no solo del Sur. Es descrito como un “doble descompás”. El Norte y el Sur del país están bloqueados en el panorama europeo; por lo tanto, todo el complejo económico italiano se aleja de Europa. Al mismo tiempo, los descompases internos no muestran señales de disminución.

El panorama europeo, de acuerdo con el informe Svimez, está caracterizado por un pronunciado proceso de convergencia adoptado por los países del Este europeo, por el alejamiento de los países del sur de Europa, incluyendo a Italia, de los niveles medios del padrón de vida europeo; la tendencia de crecimiento de la renta per cápita en el Norte de Europa; y el mantenimiento de los datos relativos a las economías de Europa Central, incluyendo a Alemania […]. Con la media europea de 100, entre 2006 y 2017, todas las regiones italianas, ninguna excluida, registraron una caída en el PIB por habitante. En otras palabras, el sacrificio de las regiones del Sur no ayudó a salvar la decadencia de las economías productivas de las regiones del Norte.

La economía del Sur está compitiendo, especialmente luego del avance hacia el Este de la Unión Europea (UE), con las economías atrasadas que crecen fuerte y competitivamente. Es con relación a estas economías, a otras regiones europeas, que esas áreas geopolíticas se benefician de los sistemas de cohesión europeos, razón por la cual el Sur perdió terreno, con la presencia de una desventaja ligada a su pertenencia a una economía nacional en la que hay una carga de impuestos muy alta, comparada a la practicada en los países del Este europeo. El capitalismo europeo, en suma, no se interesa por la baja competitividad de las regiones del Sur de la Península.

El regionalismo diferenciado

La disputa sobre los residuos fiscales subyacentes a los pedidos de regionalismo diferenciado, por un lado representa la respuesta histérica de las Regiones productivas que temen un colapso debido a la inminente recesión; por otro lado, no se basan en datos verdaderos, porque los datos provenientes del Tribunal de Cuentas, el sistema de cuentas públicas territoriales (CPT)[5] revelan una distribución regional de ese gasto público en beneficio de las regiones del Norte. Los datos oficiales niegan las declaraciones de propaganda de los presidentes de las Regiones de la Lombardía, el Véneto, y la Emilia Romaña.

El Centro-Sur en la pobreza. «No hay dinero»

Según el informe de Svimez citado, el número más preocupante, en 2018, que señalaba la dinámica territorial divergente, es el estancamiento de los consumos del área (+0,2 contra +0,7 en el resto del país). Mientras el Centro-Norte ya se recuperó y superó los niveles anteriores a la crisis, los consumos del Centro-Sur aún están abajo del nivel de 2008, de -9 puntos porcentuales. Y continúa: pero, sobre todo, faltó la contribución del sector público. El gasto de las administraciones públicas para consumos finales señaló un ulterior -0,6% en 2018, continuando un proceso de contracción que, acumulado en la década 2008-2018, es igual a -8,6%, mientras en el Centro-Norte el crecimiento registrado es de 1,4%. Esa es una de las principales causas, a pesar de los clichés, que explica la dinámica divergente entre las áreas.

En 2018, estima el informe Svimez, fueron invertidos 102 euros per cápita en obras públicas en el Centro-Sur, en comparación con 278 euros en el Centro-Norte (en 1970, eran 677 euros y 452 euros per cápita, respectivamente).

Sobre la base de los datos de Svimez, sabemos que el descompás en el índice de ocupación de empleos es dramático. En el Sur, el empleo en media, en los dos primeros trimestres de 2019, está disminuyendo en Abruzzo, Campania, Calabria y Sicilia. En el mismo período, aumenta la precariedad en el Sur y disminuye en el Centro-Norte: en las áreas del Sur, el peso de las contrataciones temporarias en el total de nuevas contrataciones aumentó en los últimos años y la precariedad fue mayor. En el Sur, la tasa de empleo para jóvenes de 15 a 34 años, aún en 2019, es de cerca de 29%, un número incomparable en Europa.

En 2018, la incidencia de pobreza absoluta aumentó para 8% en el Sur, en 2017 era de 7,2% (5,6% en el Norte y 4,9% en el Centro), con valores dobles en relación con aquellos de 2008; la cuota de familias en pobreza absoluta, con un obrero jefe de familia, aumenta para 14,7% en el Centro-Sur (era de 11,7% en 2017), mientras cae cerca de un punto, para aproximadamente 11%, en el Centro-Norte.

Ningún bienestar en el Sur, salud pública con poca credibilidad

También en el informe Svimez constatamos que en este contexto las poblaciones del Sur tienen dificultades en acceder a los servicios públicos: educación, salud y asistencia. El desequilibrio entre las necesidades y las respuestas recibidas es verificado, por ejemplo, en las familias que tienen un componente con problemas de salud. El informe destaca que donde la demanda es mayor, la respuesta es menor: en el Centro-Sur, 35,6% de las familias gustaría de recibir ayuda, pero solo 12,5% la reciben.

La cantidad y la calidad de los cuidados de salud en el Centro-Sur permanecen significativamente más bajas que en las regiones del Norte. El total de camas por 100.000 habitantes es de 791 en el Centro y Norte y de 363 en el Centro-Sur. Eso genera un flujo abundante de emigración de salud para las regiones del Norte, principalmente para cirugías pero también para alta especialidad. En el Centro-Sur, cerca de 10% del número total de habitantes hospitalizados por enfermedades quirúrgicas se desplazan para otras regiones, en comparación con valores de entre 5% y 6% en las regiones del Centro y del Norte. Y, así, se abre un factor más de endeudamiento directo de las regiones del Sur con las del Norte.

El actual descompás de la salud entre Sur y Norte

En Trentino-Alto Ádige y Valle de Aosta, los habitantes tienen una disponibilidad mucho mayor de instalaciones y de servicios de salud que aquellos ofrecidos en el resto del país. Muy por arriba de la media nacional son las inversiones en la Emilia Romaña, la Toscana y el Véneto. En lugar de eso, un grupo de regiones aparece con niveles de inversión de alrededor de la mitad de la media nacional: Apulia, Molise, Campania y Lacio. Los datos de Calabria son dramáticos: con menos de 16 euros per cápita, tenemos una intensidad de inversión en salud casi doce veces menor que el de la provincia autónoma de Bolzano y casi tres veces menor que la media nacional.

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Covid-19 en el Centro-Sur

En ese contexto, la evidencia de que la epidemia afectó con menos fuerza en el Sur es una consecuencia del hecho de que las poblaciones del Sur fueron dejadas para atrás en todos los aspectos económicos y sociales por una planificación capitalista que adoptó esa estrategia de dominación por décadas, incluyendo la restricción de los cuidados de salud pública al mínimo posible. El Norte del país fue más brutalmente flagelado por el virus porque es allá que se concentran masas activas del proletariado, reunidas en aglomeraciones industriales y sectores productivos. En el Norte, los contagios se desarrollaron entre los trabajadores, como muestra el exterminio de los trabajadores de la salud. El desplazamiento de los trabajadores fue un factor amplificador.

Dadas estas premisas, el gobierno entró en pánico. No temía por la salud de las masas proletarias del Sur, el principal comité de negocios de la burguesía no tiene este tipo de preocupación. Por el contrario, temían las consecuencias, o sea, que el posible contagio masivo de las poblaciones del Sur produjese espectáculos horripilantes en las calles, dada la mínima capacidad relativa del SSN. Se temían revueltas espontáneas, tumultos en las plazas, la terrible organización de una revuelta en la cual los temas de la lucha de clases corrían el riesgo de abrir camino entre las masas aterrorizadas.

No es casualidad que los servicios de seguridad entraron en acción en esas horas para proveer al gobierno informaciones útiles. Se observan acciones en varias regiones del Sur donde pequeños grupos de proletarios asaltan supermercados llevando alimentos; y otros por la desesperación de quedarse sin comida. Los capitalistas no se preocupan con la desesperación del proletariado, a ellos importa que esos sufrimientos no generen protestas de clase, organizadas o no. Esta es la explicación para la decisión precipitada del gobierno de extender la zona roja a todo el país.

El capitalismo falló… debemos librarnos de él

Un puñado de capitalistas detenta el control político, económico, militar y social sobre las clases oprimidas. En el final de los primeros veinte años del siglo XXI, el capitalismo ya conoce tres crisis globales consecutivas. Como Marx previera, cada una de esas crisis es más profunda que la anterior y, a partir de las convulsiones que siguen, solo pueden resultar en un reajuste en los niveles de estabilidad, inferior a los anteriores. Eventos bélicos y guerras comerciales se suceden, pero sin conseguir aplacar la crisis estructural del capitalismo. Los capitalistas están en pánico, conscientes de haber fallado. La salud de las masas proletarias es el menor de sus problemas. La epidemia de Covid-19 entró en el peor momento posible, es decir, en la llegada de una nueva crisis de superproducción peor que la de 1929, hacia la cual los imperialismos del mundo miran con preocupación.

Es por eso que el capitalismo no teme el propio coronavirus sino las consecuencias nocivas en los mercados globales que la epidemia desencadena como una enzima catalizadora. No hay duda de que una vez más el capitalismo descargará todo el costo de su crisis económica sobre las masas obreras y populares; es solo una cuestión de tiempo[6], y esto solo agravará las actuales condiciones de vida del proletariado. Por lo tanto, la respuesta del obrero no debe ser postergada y el único medio de que dispone la clase trabajadora para enfrentar el ataque capitalista es la huelga.

La crisis económica global se intensifica frente a un planeta incendiado, hace apenas unos meses, por las llamas del infierno capitalista, envenenado en sus sistemas biológicos, deturpado en su aspecto natural, en el que todos los elementos –aire, agua, tierra y fuego– están contaminados con agentes cancerígenos. El choque entre las clases, en esas condiciones solo puede polarizarse hasta la conciencia de que los capitalistas son incompatibles con la sobrevivencia de la humanidad, y que toda la humanidad es incompatible con la clase de los capitalistas.

Frente a esto, no tenemos otra manera sino librarnos del capitalismo lo más rápido posible. Las masas proletarias ya tienen la herramienta cierta para conducir esta batalla. Es su partido revolucionario, la criatura que Trotsky creó en años de lucha revolucionaria implacable y lúcida al frente de la clase obrera: la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional, de la cual el Partido de Alternativa Comunista es su expresión en Italia.

¡Socialismo o barbarie!

Notas:

[1] Gimbe, Informe 7/2019. La interrupción de financiamiento 2010-2019 del SSN.

[2] Tribunal de Cuentas. Informe de 2019 sobre la coordinación de las finanzas públicas. Roma, 29 de mayo de 2019, pp. 234-239.

[3] Cuestiones de economía y finanzas, n. 427, marzo de 2018.

[4] Presentación del Informe Svimez de 2019 sobre la economía y la sociedad en el Centro-Sur.

[5] Profesor Gianfranco Viesti, Inversiones públicas en salud en Italia 2000-2017: una reducción acentuada con disparidades territoriales crecientes.

[6] Remitimos al artículo de Alberto Madoglio, “La pandemia es la prueba del fracaso del capitalismo”, publicado en este mismo sitio.

Tengo la obligación de agradecer al profesor Isaia Sales, profesor de Historia del Crimen Organizado en el Centro-Sur de Italia, de la Universidad Suor Orsola Benincasa, Nápoles.

Artículo original publicado en www.alternativacomunista.it
Traducción del original en italiano al portugués: Maria Teresa Albiero.
Traducción del portugués: Natalia Estrada.