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Con la huelga del 15 mayo, crece la lucha ejemplar de los trabajadores de las cooperativas.


Después de los hechos de la precedente huelga nacional del 22 marzo, la huelga de los trabajadores de logística y del trasporte de carga del 15 de mayo, proclamado por los sindicatos de base (Si.Cobas, Adl Cobas y Cobas), por la renovación del CCNL (Contrato Colectivo Nacional de Trabajo)  ha permitido, a la lucha, dar nuevos pasos adelante. Las ciudades comprometidas en la huelga fueron muchas más de aquellas precedentes, que ya habían sido exitosas en la huelga nacional, con una extensión de la lucha en nuevas regiones. Sobre todo, la adhesión a la huelga -allá en las empresas donde los sindicatos están presentes-, ha sido altísima, en muchos casos casi al 100%.

Una lucha impulsada por los inmigrantes
 
Son muchas las luchas que recorren nuestro País. Son luchas -piquetes permanentes delante de las empresas, huelgas prolongadas, ocupaciones de fábricas- olvidadas por los medios de comunicación y que, hasta hoy, a veces quedan aisladas, sea por la voluntad de los patrones y de las burocracia sindicales (de la CISL, UIL y CGIL), sea por la falta de estructuras de coordinación, al grado de unificarlas. Entre todas estas luchas, creemos que la lucha de los trabajadores de las cooperativas de sectores de logística y del trasporte de carga, merecen una atención particular.

Primero de todo, es una lucha impulsada por trabajadores inmigrantes, o sea, por aquellos sectores de la clase trabajadora que sufren las peores condiciones de explotación y opresión. Son obreros mantenidos bajo chantaje a causa de una ley -la Bossi-Fini- que vincula su permanencia sobre suelo italiano a tener un contrato de trabajo. Un trabajador inmigrante, privado de contrato, se convierte automáticamente en clandestino y, en consecuencia, en riesgo de reclusión en los CIE –Centro de Identificación y Expulsión (conocido como un campo de concentración, en el que están encerrados inmigrantes sin permiso de residencia)- y después la expulsión. Esta condición de chantaje de la mano de obra inmigrante es convertida en una ocasión de ganancia, para centenas de patrones y propietarios, que han aprovechado para imponer condiciones de trabajo esclavas y pisotear vidas humanas.

¿Es usted un inmigrante y quiere trabajar? Bueno, entonces acepta aquello que se le propone y no murmure. Y es con este razonamiento, que ha inducido a muchos patroncitos a crear las «cooperativas», en armonía con los clientes en la búsqueda de ahorrar costos (de la TNT a la SDA, de la GLS a la UPS (empresas de embalaje y transporte de mercancías), etc.), que se ha instituido una variante de trabajo esclavizado en el siglo XXI.

Antes de la extraordinaria temporada de luchas de los trabajadores de las cooperativas (iniciada en Esselunga, en Pioltello y en Garticol Scarl Baseano, hace dos años, expandida a Ikea, de Piacenza y hoy difundida a todo el territorio nacional), para estos patrones la vida era muy fácil: las empresas clientes evitaban la «sarna» de asumir empleados, limitándose a subcontratar el servicio a una cooperativa; la cooperativa empleaba mano de obra inmigrante, dispuesta a todo por el trabajo. ¿Las condiciones de trabajo? Pago en “negro” (con nómina de cero euros, que dejan los socios de la cooperativa en perenne expectativa, como en la TNT de Piacenza), salarios miserables, ritmos de trabajo extenuantes, sin límites de horario, recortes al mismo Contrato Colectivo Nacional de Trabajo. Estos patrones y propietarios podrían contar con un aliado incondicional: la burocracia de los sindicatos concertadores (CGIL a la cabeza) que, como siempre hacen, invitan a los trabajadores a la renuncia («en tiempos de crisis ya es mucho tener trabajo»: un estribillo repetido que escuchamos, a menudo, a los burócratas de la CGIL).

Las cosas para los patrones están yendo bien, aunque estos trabajadores han comenzado a organizarse en sindicatos de lucha (como el Si.Cobas): demostrando una gran unidad y determinación, han dado vida a una época de luchas -hacen huelgas prolongadas, piquetes cotidianos ante las empresas y en los centros de clasificación, manifestaciones de protesta- que han permitido comenzar a revertir la relación de fuerzas. Las cooperativas han sido, en muchos casos, obligadas a reconocer los derechos negados antes, a conceder aumentos salariales y a reintegrar a trabajadores ilegalmente despedidos.

No es con los compromisos que se arrancan victorias

Estos trabajadores inmigrantes estan dando una importante lección a toda la clase trabajadora en Italia: no es con los compromisos que rebajan, o bajando la cabeza ante los patrones, que se obtiene resultados, al contrario, es con la lucha dura. Y aquella de los obreros de logística no se curva incluso frente a una represión brutal. En Esselunga (Pioltello) fueron utilizadas cuadrillas de esquiroles y personas pagadas por la empresa para agredir al piquete de los huelguistas; ha habido numerosos ataques de la policía, de la de Baseano, Piacenza y Boloña. Muchos trabajadores, que han dado su vida en las acciones de lucha, han sido despedidos, a los que Si.Cobas ha definido con justicia «despidos políticos»: desde los despidos de trabajadores de Pioltello y Baseano a los trabajadores de Ikea (luego reintegrados a la empresa gracias al éxito de la huelga indefinida), o los recientes despidos en la base boloñesa. En donde no se producen despidos, llueven medidas disciplinarias, suspensiones, en algunos casos (como en Granarolo), solo por haber hecho declaraciones «lesivas a la imagen de la empresa» (¡sic!), en una entrevista-video de youtube. No solo eso: el coordinador nacional del Si.Cobas, Aldo Milani, ha recibido de la policía di Piacenza una orden de expulsión de la ciudad. Una medida fascista que, utilizada contra un dirigente sindical, da la señal del temor de los patrones y los aparatos represivos del Estado burgués a esta movilización.

Justamente, en estos días, la Comisión de Garantía para las Huelgas –en el evidente intento de cortar la lucha- ha declarado ilegales las huelgas de las cooperativas que trabajan para Granarolo y la Central Adriática (que distribuye leche y suministran a los supermercados COOP), definiendo la distribución de estas mercaderías de «servicios públicos esenciales». Esto significa que, según el Estado de los patrones, de ahora en adelante si quieren hacer huelga, los trabajadores deberán respetar la Ley 146, de 1990, que prevé la obligación de preaviso e impide la huelga indefinida. Es una ley que ha sido promovida y aprobada por la CGIL  (más allá de la CISL y de la UIL) y que hoy los patrones emplean para impedir, aunque en privado, el ejercicio del derecho de huelga. Al igual que en el sector público, los trabajadores que no respeten el preaviso, reciben sanciones penales y, en caso de despido, no tienen el derecho de hacer denuncia.

Una lucha contra el capitalismo
 
En este conflicto no sólo está en juego la defensa del puesto de trabajo, la renovación del Contrato Colectivo de los sectores. Como los principales exponentes de esta lucha han vuelto a declarar: es una lucha contra el sistema capitalista. Un sistema que, incluso más en la actual fase de crisis, se basa sobre  la explotación del trabajo asalariado: cuanto menos gana el obrero, tanto más el patrón se enriquece. Es por esto que de esta lucha pensamos que pueda nacer, incluso en Italia, una movilización importante, al punto de revertir la actual correlación de fuerza y comenzar, finalmente, a marcar las victorias para la clase trabajadora, en la perspectiva de abatir este sistema económico y social.

Es una lucha que se contrapone a los aparatos burocráticos sindicales conciliadores y de la cual los patrones (y el Estado que los defiende) tienen un gran miedo. Los burócratas de los sindicatos conciliadores les explican a los trabajadores que «para lograr resultados, se necesita reducir el nivel de confrontación». Pero, los trabajadores de las cooperativas conocen, en cambio, otra lección: sólo sin reducir el nivel del conflicto y estando unidos en la lucha, sin aceptar compromisos a las rebajas, es posible defender el puesto de trabajo y vencer a los patrones. Incluso, el intento de imponer la caja de integración ordinaria (instrumento a menudo usado por los patrones para disminuir las compensaciones, despotenciar el arma de la huelga y aislar a los trabajadores) ha sido rechazado en Ikea, de Piacenza.

No será fácil para los patrones doblarle la espina a los trabajadores, que están delante del ejemplo de las revoluciones en curso, en su país de origen: del Norte de Africa al Medio Oriente. Y, no es casualidad, que una de las consignas más gritadas durante las manifestaciones de los cargadores sea: «¡Incluso aquí, hay plaza Tahrir!». Y es así: estos trabajadores tienen su plaza Tahrir, que la están conquistando con la lucha.

¡Extender la lucha y la solidaridad!
 
Alrededor de la lucha de los obreros de logística y del trasporte de carga se ha creado una importante red de solidaridad. Son innúmeros los trabajadores, precarios, estudiantes, activistas políticos y sindicales, ubicados en diferentes lugares, que han llevado solidaridad concreta a las huelgas y a las luchas de los trabajadores de logística y, entre ellos, con gran convicción, los militantes del Partito de Alternativa Comunista. Pensamos que esto no basta. Esta batalla podrá ser ganada solo si se expande ulteriormente el frente de la lucha. Es necesario que la lucha de los trabajadores de logística se una a aquellas de los otros sectores de trabajadores, del sector público y del privado; es necesario que sean siempre más numeras las organizaciones sindicales, políticas y de movimientos llamados a llevar su solidaridad a los piquetes y a las huelgas; es necesario que, desde aquí, parta una movilización de masas, de todo el mundo del trabajo, para rechazar las medidas de austeridad del gobierno y repudiar la ley racista Bossi-Fini.

Creemos que es importante el hecho que los trabajadores de logística formen parte de las iniciativas de la Coordinadora No Austerity: esto es un modo para alargar la red de solidaridad activa, alrededor de su lucha y construir un andamiaje concreto con las luchas de otros trabajadores. Sobre todo, es importante que los trabajadores de logística hayan aportado su experiencia de lucha en el Encuentro Internacional di Paris, del cual ha nacido la Red Sindical de Solidaridad y de Lucha (a la cual, incluso, el Si.Cobas ha adherido): ahora su lucha es una lucha conocida en el plano internacional. El capitalismo es un sistema de explotación internacional: por esto, aunque la lucha para destruirlo requiera de instrumentos de lucha y de organizaciones internacionales.

Traducción Laura Sánchez
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