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Buen resultado de la huelga: ahora, ¡recomenzar la movilización contra el Jobs Act, La Ley de Estabilidad y el Acuerdo de la Vergüenza!

El 14 de noviembre fue una fecha importante de la jornada de lucha contra las medidas anti-obreras del gobierno Renzi. Centenas de miles de trabajadores y estudiantes están movilizados en las plazas, en todas las ciudades de Italia.

Una jornada que nació como movilización de los sindicatos de base y de los estudiantes, denominada “huelga social” por algunos sectores del movimiento. Un ascenso que tiene fundamentalmente un valor positivo, si la intención fuera la de involucrar en una acción de lucha unitaria a los sectores estudiantiles, los desempleados, del llamado “popolo delle partite iva”[1] –que no tiene, técnicamente, la posibilidad de hacer huelga (en el sentido específico del término)–, situación que provocó algunas polémicas abstractas sobre la utilización de la expresión “huelga social” en lugar de “huelga general” (no por casualidad se da el avance de los sectores políticos que tendencialmente recurren a las burocracias de la CGIL y de la FIOM). Además de los estudiantes existen, de hecho, amplios sectores de la pequeña burguesía pauperizada que es necesario involucrar en una acción de unidad con la base trabajadora, también para intentar disminuir los alardes del inter-sindicalismo racista y populista (bien encarnado por el grillismo o por movimientos de dirección pequeñoburguesas como aquella de los forconi, que hoy tanto reaparece).

La jornada de lucha del 14 de noviembre ocurrió junto con la FIOM, que proclamó un día de huelga general de los metalúrgicos, también en las regiones del norte: en el sur, por el contrario, [estuvo] prevista una huelga el 21 de noviembre, por una decisión poco comprensible de la dirección de los metalúrgicos de la CGIL, que así optó, una vez más, por debilitar y fragmentar el frente de lucha.

Se habla mucho sobre ese famoso Acuerdo –más conocido como Texto sobre la Representación– firmado el 10 de enero de 2014 por la Confindustria (después Confcooperativas), CGIL, CISL y UIL. Sin embargo, este es un elemento fundamental del ataque hecho por los patrones y por el gobierno contra la clase trabajadora.

A través de este acuerdo, que el gobierno pretende transformar rápidamente en ley, se intenta debilitar o destruir al sindicalismo combativo, extendiendo el modelo Marchionne, ya en vigencia en la Fiat, a todo el mundo del trabajo. Se trata de una medida al mismo tiempo preventiva y represiva: los patrones están viéndose frente a una violenta crisis social, con el riesgo de protestas de masa.

En este momento de crisis económica los patrones no están dispuestos a conceder ninguna migaja a la clase trabajadora. Por eso, la usual función conciliadora de los aparatos sindicales colaboracionistas (CGIL, CISL y UIL) está inevitablemente comprometida: la única cosa que esos sindicatos pueden ofrecer hoy a los trabajadores es alguna promesa vacía, o la resignación.

El episodio del Jobs Act es uno de los ejemplos: mientras centenas de miles de trabajadores llenan las plazas con la CGIL para decir no al Jobs Act, Camusso y Landini se preparan para la rendición, demostrando que están dispuestos a una “revisión” de la ley fortaleciendo el sistema como un todo.

La función del famoso Acuerdo de la Vergüenza es la de obligar a los sindicatos a renunciar a casi todas las acciones de lucha, limitándose a desarrollar un papel de “prestadores de servicios”, útiles sólo para ratificar las decisiones de los patrones (eventualmente con alguna acción de huelga o de lucha meramente ritual). Es un acuerdo que no fue firmado sólo por la CGIL, CISL y UIL, también la FIOM lo firmó, a pesar de mostrar verbalmente su oposición, o está firmándolo en ocasión de las renovaciones de sus RSU – representantes de base. No sólo eso: algunos sectores del sindicalismo “de base” capitularon, como el Snater y los Cobas Trabajo Privado que firmaron el acuerdo (aunque con la presentación de una cláusula de salvaguarda, rechazada en contrapartida y por los otros sindicatos firmantes).

Fortalecer el frente de lucha contra el acuerdo es muy importante, porque si ese acuerdo se va a tornar ley el sindicalismo combativo quedará fuertemente debilitado y las políticas del gobierno y los ataques de los patrones se tornarán los menores obstáculos de nuestra lucha. Luchar contra el Jobs Act significa también combatir para destruir el Acuerdo de la Vergüenza: por eso consideramos fundamental la campaña contra el acuerdo (organizada por la Coordinación No Austerity junto con muchos sectores sindicales y de lucha). La asamblea de Firenze representó un extraordinario paso al frente en la construcción de un frente amplio y unitario: un camino que debemos continuar y fortalecer.

… y después del 14 de noviembre

Muchas personas participaron de las manifestaciones en ocasión de la huelga general del 14 de noviembre. Una jornada que podría haber sido aún más combativa e incisiva si algunas direcciones sindicales hubiesen hecho otra elección: citamos el caso de la dirección de la FIOM, que decidió dividir la huelga de los metalúrgicos en dos jornadas diferentes (14 de noviembre en el norte y 21 de noviembre en el sur del país); similar fue la decisión de la dirección de la USB, que prefirió organizar una huelga solitaria el 24 de octubre debilitando, de hecho, la jornada del 14 de noviembre (aunque haya convocado a huelga de cuatro horas ese día).

No obstante esas limitaciones, la huelga indudablemente se dio. Las plazas estaban llenas y combativas, a pesar de que algunas situaciones hayan sido de excesiva fragmentación de la marcha y de las manifestaciones. Es emblemático el caso de Milán, donde se articularon tres marchas por la ciudad: una de la FIOM (con una amplia expresión de la Si.Cobas), otra de los sindicatos de base (CUB, USI, USB, Conf. Cobas) y, finalmente, una de estudiantes (que sufrió una fuerte represión policial, hecho por el cual [los estudiantes] fueron llamados de irresponsables por la prensa de masas, con el objetivo de ocultar las razones de la huelga y la protesta).

Los militantes del PdAC estaban presentes en las diversas plazas de protesta: de Milán (en todas las marchas) a Bari (con una columna del partido), de Palermo a Campania, etc. En las plazas y en las marchas, los comunistas deben estar al lado de los trabajadores, también cuando son llamados a manifestarse por las direcciones burocráticas de la FIOM y de la CGIL, pero, al mismo tiempo, la tarea de los comunistas es decir a los trabajadores que no deben confiar en esas direcciones, incluso cuando hoy parezcan a miles de trabajadores, desempleados, estudiantes, el punto de referencia alternativa a los planes del gobierno (en este sentido, es emblemática la figura de Landini). En realidad, ni Camusso ni Landini ofrecen a los trabajadores una alternativa a este sistema económico y social, porque su único fin es el de defender sus propios intereses de aparato. La comprobación está en el hecho de que Landini y Camusso ya están negociando con Renzi una simple revisión del Jobs Act.

Una respuesta real a la exigencia de la clase trabajadora, de los desempleados y de los estudiantes sólo puede venir de la construcción de otra dirección de las luchas y de las huelgas; aún no tenemos esa dirección: una dirección política revolucionaria, que ponga a la orden del día la caída del gobierno Renzi y luche por la perspectiva de un gobierno de los trabajadores y para los trabajadores. La construcción de una dirección en escala internacional es el objetivo que se plantea el PdAC y las secciones de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT): un objetivo no proclamado en abstracto sino que queremos y debemos construir en la vida y en las luchas junto con la vanguardia combativa que anima las huelgas, los piquetes, las manifestaciones.

Artículo publicado en www.altenativacomunista.org

Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada

[1] Trabajadores autónomos, precarizados, profesionales liberales.

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