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Entrevista con Fabiana Stefanoni, responsable del trabajo sindical

En vista del IV Congreso del PdAC, nos reunimos y nos entrevistamos hoy con Fabiana Stefanoni, miembro del Ejecutivo Nacional.

Fabiana, usted es responsable de la labor sindical y obrera del PdAC. ¿Qué análisis hace de la organización sindical actual en Italia?

En respuesta a la primera parte de la pregunta y a riesgo de ser repetitiva, porque ya han dicho lo esencial los compañeros que me han precedido en esta ronda de entrevistas [las entrevistas previas a Ricci y Lotito, se pueden leer en el sitio web www.alternativacomunista.org, ed), creo que actualmente es todavía fuerte el control de las direcciones sindicales oportunistas y el ejercicio burocrático sobre la clase obrera. Los aparatos de la CGIL, CISL y UIL dirigen a la gran mayoría de la clase obrera y mantienen por ahora el monopolio de la agitación de las grandes masas proletarias. En particular, la clase obrera industrial, que es la que tiene un papel central en el sistema de producción, por el momento no manifiesta un significativo fenómeno de ruptura con los aparatos tradicionales: basta pensar en el papel de los trabajadores metalúrgicos de la FIOM.

Y, ¿cómo se explica esta capacidad de control de la burocracia sindical sobre la clase obrera?

Este enorme poder del aparato sindical concertador no tiene parangón en el resto de Europa: se trata de un fenómeno que creo tiene raíces históricas precisas. En los años sesenta y setenta, los principales sectores fabriles de la clase obrera, en los grandes centros industriales del país (Piamonte y Lombardía-Véneto), han dado vida a luchas radicales y de masas que, durante años, han escapado totalmente al control de las direcciones de la burocracia sindical. Y es precisamente por esas luchas –a menudo promovidas por organizaciones militantes de la llamada «izquierda»– que la burguesía italiana se ha visto obligada a hacer concesiones significativas en el contexto capitalista: el Estatuto de los Trabajadores (obtenido después de 15 millones de horas de huelga en Mirafiori solo en 1969) para el reconocimiento de los comités de empresa, hasta un número de concesiones en el terreno de los servicios públicos y sociales (educación, salud, vivienda).

Sin embargo, el fracaso de esa época de luchas –debido, en primer lugar, a nuestro juicio, a la falta en Italia de un partido revolucionario e internacionalista con influencia de masas– ha traído una nueva vida a los aparatos tradicionales sindicales, que han sido capaces de tomar ventaja de ello, consolidar su papel mediador entre los empresarios, la clase obrera y los gobiernos burgueses.

Parafraseando a Lenin, estos «agentes de la burguesía en el proletariado» han fortalecido su papel como bomberos. Hoy en día, los efectos de este proceso están a la vista de todos: los patrones están recuperando lo que se habían visto obligados a conceder, desde el Estatuto de los Trabajadores (pensar en la Ley de Empleo) hasta los espacios de representación sindical (Ley sobre la Representación); y las direcciones de la CGIL, CISL y UIL no tienen ninguna intención de elevar el nivel de confrontación.

Habla de la CGIL, CISL y UIL, pero se sabe, y ha sido objeto de una campaña de solidaridad internacional que involucró a cientos de trabajadores, que ha sido expulsada de un sindicato que se dice de «base», USB … ¿Qué recuerda de ese acontecimiento?

Creo que es un caso emblemático, por desgracia. Nos dice que, incluso por fuera de los aparatos de la CGIL, CISL y UIL el cuadro no es color de rosa. Y esto va más allá de mi caso. Que la expulsión era un pretexto para eliminar un componente incómodo dentro de la unión, que condujo a una batalla por la unidad de los sindicatos de base y por la democracia interna, de los cuales yo era una figura reconocida. Pero quiero hacer hincapié en que esta historia remite a un problema que afecta no solo a USB (por cierto, tuve mucha solidaridad de muchos activistas del sindicato); es un problema de gran parte del sindicalismo combativo y de base en Italia.

Los sindicatos “de base” nacieron en la ola de duras luchas auto-organizadas hacia finales de los años setenta y a principios de los noventa. En su inicio, en lo vivo del conflicto, trajeron con ellos todas las características positivas de las luchas que representaban: la discusión democrática en las asambleas, radicalización, unidad de clase. Con el reflujo de la lucha se impuso a menudo la lógica de aparato, ciertamente no comparable a los grandes sindicatos de concertación pero que sigue siendo un obstáculo para el desarrollo de la protesta: el sectarismo y la auto-referencia; la falta de debate democrático y de asambleas o congresos; la ausencia de democracia obrera (es decir, la discusión con los trabajadores sobre las elecciones de los sindicatos, impuesta en cambio desde arriba); sin mandato imperativo para los líderes nacionales de siempre (a veces líderes muy viejos, sin ningún recambio a pesar del paso de décadas…). Todo esto ha contribuido a la fragmentación de las luchas, a menudo con la incapacidad de crear incluso momentos de solidaridad recíprocos y luchas unitarias.

Pinta un cuadro sindical que sin duda no es positivo. ¿No ve elementos positivos, en contraste?

Veo muchos, y creo que sí, que a pesar de todos estos obstáculos, por fin se abrirá un tiempo de lucha y de masas, al final serán los aspectos positivos los que prevalezcan. En primer lugar, la base de los sindicatos –tanto de los conflictivos como de los concertadores– ha demostrado la capacidad de ir más allá de las particularidades de sus líderes nacionales.

Quiero mencionar la extraordinaria experiencia de No Austerity, donde la realidad sindical y la lucha de los diferentes sindicatos se ha unido en la misma coordinación, con principal énfasis en la solidaridad mutua y la construcción de la unidad de las luchas respecto a la lógica sectaria o de aparato. Y también quiero recordar que, en algunas áreas, en particular la logística y las cooperativas, los trabajadores decidieron organizarse con el sindicato de base y combativo, poniendo en jaque no solo a los propietarios y pequeños empresarios (transportistas), sino también a los burócratas de la CGIL, CISL y UIL. Estos trabajadores han animado las luchas más difíciles en los últimos años y, gracias a la coordinación No Austerity, han recibido constantemente la solidaridad de los trabajadores y trabajadoras de otros sindicatos: lado a lado en las luchas contra el enemigo común (los patrones) y independientemente de su afiliación sindical.

Volvamos al próximo IV Congreso de la Alternativa Comunista. A partir de abril comenzarán las asambleas internas y públicas, a continuación, los Congresos locales y luego el Congreso Nacional, convocado para mediados de mayo. Un tema importante será el sindical. ¿Qué balance hace de la intervención sindical del Partido?

Al responder a esta pregunta no puedo dejar de sonreír pensando que una de las acusaciones que nos hacen nuestros detractores es que seríamos “sectarios”. Sonrío porque los militantes del PdAC están siempre presentes en las luchas, en los piquetes, en las manifestaciones, participando activamente en la construcción de la coordinación de la lucha y las movilizaciones, poniendo nuestras energías militantes a disposición para el fortalecimiento de la unidad de la clase obrera. Los trabajadores todos, los precarizados, los inmigrantes, las mujeres, los trabajadores en lucha nos conocen por nuestro compromiso militante a su lado.

Por eso hago un balance positivo de nuestra intervención sindical: probablemente hayamos cometido muchos errores, y los discutiremos a fondo en este Congreso, como lo hacemos siempre, pero estamos siempre del lado de los que luchan, y no solo de palabra. Somos sectarios solo en el sentido de que, a diferencia de tantos otros, somos inflexibles en la defensa de las posiciones que tenemos en la lucha –unidad e independencia de la clase, democracia de los trabajadores, necesidad de una perspectiva socialista– y, por esto, generalmente resultamos molestos a los burócratas, grandes y pequeños, que tienen intereses materiales que defender, y por lo tanto reclaman otras consignas.

No me parece casual el hecho de que a menudo suframos ataques de las direcciones sindicales, con expulsiones, marginación, intervenciones de los organismos dirigentes, etc.: los dirigentes oportunistas nos ven como una amenaza, ya que con nuestras demandas cuestionamos sus pequeños privilegios. Pero los trabajadores y activistas sindicales combativos entienden quién está de su lado: es su juicio el que nos interesa.

Usted es precarizada en la escuela, y en estos días se habla mucho de la «buena escuela» de Renzi. ¿Cuál es su juicio?

Soy una precarizada de la escuela desde hace unos diez años. Se habla muy poco acerca de la condición de los precarizados en Italia. Somos un ejército de alrededor de 300.000, cada año somos despedidos en junio y tenemos que esperar la reincorporación en otoño. La condición de los trabajadores precarios se ha agravado en los últimos años, debido a los fuertes recortes a las escuelas públicas impuestas por los gobiernos de centro-derecha, centro-izquierda y «técnicos». Los puestos para los suplentes se han reducido y los salarios se cobran cada vez más tarde (a veces hasta tres o cuatro meses). Hoy con la «mala escuela» de Renzi la condición de las escuelas públicas es cada vez peor: quieren convertirlas en empresas, lideradas por directores-shériffs que pueden decidir a quién contratar y a quién no, a quién transferir y a quién despedir. Abren ulteriormente las escuelas a la financiación privada, cancelando así la educación pública gratuita. Sobre todo, desde nuestro punto de vista, como precarizados, pasan por contratación de miles de temporarios lo que en cambio significa un despido masivo: si este proyecto de ley pasa, seremos decenas de miles de personas las despedidas y no habrá para nosotros posibilidad de trabajar en la escuela. Pero estamos en pie de guerra y estamos organizando asambleas y manifestaciones en todas las ciudades de Italia: somos aguerridos y estamos convencidos de que con la lucha podremos rechazar este proyecto de ley.

Por último, volvamos a la Alternativa Comunista. ¿Hay algo que le gustaría cambiar del Partido? Pida un deseo…

No somos auto-proclamatorios: sabemos que estamos muy lejos del objetivo de la construcción del partido de la clase obrera que precisamos de inmediato en Italia. Pero somos parte de una organización internacional, la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), que está creciendo y, en otros países –y no de importancia secundaria sino como Brasil, uno de los más grandes del mundo– está dirigiendo importantes procesos de ascenso de las masas. Esto nos anima y nos permite pensar en un marco más amplio, internacional.

Pero, para terminar con una autocrítica constructiva, quiero decir que sí, hay una cosa que cambiaría en mi partido: me gustaría que hubiera más mujeres líderes en nuestros organismos de dirección y en nuestra base. El machismo de la sociedad en que vivimos, que está estrechamente vinculado con la explotación capitalista, aleja a las mujeres de la actividad política y sindical, porque las obliga a priorizar la atención de los niños y de los ancianos (y esto es cada vez más evidente con los recortes públicos), o porque las impulsa a la realización de otras actividades que estima más pertinentes a las mujeres. Es un machismo que, en este contexto de crisis capitalista, se vuelve cada vez más feroz, como lo demuestra la continua violencia contra la mujer y el espectacular aumento de los feminicidios.

Las organizaciones del movimiento obrero no son inmunes, especialmente si no se realiza una intervención específica en este terreno: las compañeras dirigentes o activistas, en los sindicatos así como en las organizaciones políticas, son siempre pocas y a menudo tienen que enfrentarse con las actitudes sexistas, incluso de los compañeros.

Hoy en día, las mujeres del PdAC estamos tratando de organizarnos para construir dentro y fuera del partido una lucha contra el machismo. Una batalla que llevamos hacia afuera, al lado de las Mujeres en Lucha de No Austerity. Y, en lo que respecta al partido, el tema de la lucha de las mujeres será un tema central del IV Congreso.

Incluso aquí, tenemos el ejemplo positivo de otras secciones de nuestra Internacional, la LIT, la cual considera que la lucha contra el machismo es una prioridad. He participado como invitada en el último congreso del PSTU en el Brasil, la sección más grande de nuestra Internacional, y ha sido un motivo de orgullo ver que, gracias a la experiencia de años de lucha organizada contra el machismo, la mayoría de los delegados al Congreso eran mujeres, así como las mujeres constituyen la mayor parte del equipo de dirección. Espero que incluso en Italia pueda ser pronto así, en nuestro partido: no es solo un deseo sino un objetivo al que estamos dedicados, y comprometidos a cumplir.

Traducción: Natalia Estrada.

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