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Entre Prodi y Berlusconi, vence la burguesía

Una caricatura muy significativa, publicada en el periódico The Independent después de las elecciones italianas del 9 y 10 de abril, muestra a Romano Prodi en condiciones deplorables como si hubiese sufrido un accidente callejero, con su ropa destrozaday una pierna enyesada con la forma de la península italiana, pero que, parándose trabajasomente sobre los bastones, todavía tiene fuerzas para levantar los brazos y para hacer la señal de la victoria.


El resultado de las elecciones fue definido por apenas 25.000 votos de ventaja para la Unión de Prodi en la Cámara de diputados (que así ha podido beneficiarse con un notable «premio de mayoría»); mientras que para el Senado la Casa de la Libertad de Berlusconi ha prevalecido por muy poco en la recuento total. Sin embargo la Unión tendrá una leve mayoría de asientos, como consecuencia de las distorsiones de la ley electoral  aprobada por el propio Berlusconi. El cuadro que las elecciones nos entregan, por lo tanto, es de una relativa solidez de la coalición de centroizquierda sólo en una de las dos ramas del Parlamento, mientras que en la otra el margen sobre la oposición es extremadamente exiguo.


Las primeras encuestas de «boca de urna» parecían confirmar los pronósticos previos que, durante mucho tiempo, dieron un triunfo amplio de la Unión. Sin embargo, a medida que las proyecciones estadísticas avanzaban, la centrodestra se acercaba cada vez más a su adversario y, en en cierto punto, lo superaban. Por horas, las dos coaliciones estuvieron «cabeza a cabeza» y sólo en las últimas horas de la noche se fue perfilando, por muy poco, la victoria de Prodi.


El escenario politico antes del voto


Realmente, nadie hubiera podido imaginar un resultado finalmente tan incierto hasta último momento. Hace más de un año era absolutamente palpable la crisis del gobierno Berlusconi y su alejamiento de la sociedad. En los último meses antes de la votación, los más poderosos (Confindustria, la central de la patronal industrial, y los grandes bancos) ya habían cambiado de  caballo, apostando abiertamente por  la Unión. Tanto que hasta el Corriere della Sera (el diario de la gran burguesía industrial y financiera italiana) se había posicionado abiertamente por Prodi. En resumen, la centroizquierda llegaba a la campaña electoral con un amplio margen de ventaja en los sondeos. El propio Berlusconi, en la primera soporífera confrontación televisiva con su oponente, apareció nervioso, desubicado y a la defensiva. Todos lo daban como perdedor.

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En los últimos días antes de la elección, sin embargo, se modificó radicalmente la actitud pública del primer ministro saliente: se vuelve agresivo y comienza a presionar a su adversario, un terreno que le es mucho más familiar. En otras palabras, Berlusconi rechazó las críticas al balance de sus cinco años de gobierno y a los números de la economía (donden surgían dificultades) y se lanzó a la ofensiva, apelando no a la racionalidad del electorado, sino a su «estómago»: acusó a la Unión de querer introducir nuevos impuestos que golpearían a la clase media y prometió que si era reelecto eliminaría los impuestos municipales a la vivienda única.


Prodi y la Unión, increiblemente, aceptaron este terreno de disputa, en el cual estaban en visible dificultad, y permitieron que el jefe del gobierno le hable directamente a los intereses (al bolsillo) de la pequeña y la pequeñisima burguesía, adaptándose a cubrir el papel de cobradores de impuestos por cuenta de la gran burguesía empresaria. Y así, la ventaja muy amplia de un mes atrás se redujo casi a cero el día de la elección.


En este punto, sin embargo, es necesario es necesario preguntarse si, de verdad, esta afirmación tan arriesgada de la Unión (que por poco no se transforma en una derrota) puede deberse sólo a una campaña electoral equivocad o, por el contrario, es algo que debe hacernos reflexionar que una victoria tan efímera, que no derrotó la influencia real de la centroderecha en el país (por el contrario, creció enormemente: Berlusconi venció en Apulia -gobernada por Véndola del PRC-  y en el Piamonte, atravesado por luchas contra el Tren de Alta Velocidad, en el Valle de Susa), esté demostrando que no es posible combatir a los «liberales reaccionarios» haciendo una alianza con los liberales de la Confindustria sustituyendo aquellos por estos.  La derecha, en realidad, se combate con la lucha, con la autonomía de los trabajadores. Esa es la gran lección que nos acaba de presentar Francia. Es necessaria una alternativa a los dos polos de la burguesía,  basada en un programa obrero para la solución de una crisis que no debe ser pagada por las clases explotadas, sino por los ezplotadores.

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El resultado del PRC: ¿en nombre de una alternativa o de la alternancia burguesa?


El resultado de la votación del Partido Refundación Comunista (en el cual militamos hasta hace pocos días) es contradictorio. Indudablemente, la nueva ley electoral de proporcionalidad ha premiado al PRC, que fue la organización política que más se benefició. A pesar de ello, es necesario interrogarse sobre los diferentes resultado para diputados (2.229.604 de votos, 5,84%) y el Senado (2.518.624 de votos, 7,37%).


El mejor resultado para el Senado se debe, en parte, a los votos independientes provenientes de sectores intelectuales y de pequeño-burgueses de los Demócratas de Izquierda (DS – ex sector mayoritario del PCI, NdR), de algún modo atraídos del proyecto de Bertinotti (dirigente del PRC, NdR) de la «Izquierda Europea» que le ha dado al PRC un perfil muy moderado y aceptable y, en parte, debido también a sectores del electorado que expresan un aspiración más radical que los DS no puede satisfacer. Y esto no es una contradicción: se trata, por el contrario, de la propia línea de extrema ambigüedad con la que Bertinotti contruyó el PRC en estos últimos años. Una ambigüedad que atrae segmentos diferentes del electorado.


A la Cámara de Diputados, por el contrario, con una base de votantes más amplia (cuatro millones más de electores), el voto es más juvenil (las franjas entre 18 y 25 años) que no premia al PRC., mientras que los votos provenientes de los DS disminuyeron, con la hipótesis del «partido democrático», propuesta por la lista unitaria del Olivo (Margherita y DS). 


En este marco, aún cuando hayan sonado las sirenas de una «gran coalición», al estilo alemán, la hipótesis de un gobierno de «unidad nacional» no parece posible, ante el actual estado de cosas, porque Prodi no renunciaría jamás al pacto de fidelidad establecido con Bertinotti que ofrece muchas más garantías que el posible «apoyo infiel» de la centroderecha de la Casa de la Libertad.


Además de eso, el propi Bertinotti presionó mucho (chocando incluso con importantes figuras del partido) para conducir al PRC hacia el ingreso de ministros comunistas a un nuevo gobierno burgués de alternancia.


En efecto, poco después del resultado electoral, los poderosos que apostaron a Prodi, le dictaron su «agenda pública» intimándolo a reducir los gastos públicos, bajar los costos del personal y de la jubilación pública, disminuir las alícuotas fiscales sobre los ingresos medios-altos y las empresas, liberar los servicios y las profesiones, eliminar los costos y los obstáculos para los despidos de mano de obra y rebajar los costos para la apertura y la gestión legal de las empresas (Il Sole 24 Ore, 13/4/2006).

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El propio Bertinotti, en la reunión de la Dirección del PRC del 12 aprile, a fin de maldecir cualquier hipótesis de un gobierno conjunto de Gran Coalición, sostuvo que «para garantizar la alternativa es necesario presidir la alternancia». Es decir, el propio PRC es conciente que el gobierno Prodi es un gobierno de «alternancia burguesa».


Sin embargo, a los comunistas de Italia les compete, por el contrario, la responsabilidad de salvaguardar la oposición de clase al gobierno de la Unión. Por eso, después de haber roto com el PRC, el Proyecto Comunista – Refundar la Oposición de los Trabajadores (PC -ROL) se encuentra abocado a esa tarea y, juntamente com tantos comunistas que no están dispuestos a anularse en una alianza con los liberales, lanzó la propuesta de construir un nuevo partido comunista revolucionario de la clase obrera.


Valerio Torre es dirigente del PC -ROL