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Con ocasión del aniversario del 25 abril, Alternativa Comunista no se une al falso coro de los “memoristas”, pero reivindica la actualidad y la necesidad de la Resistencia Antifascista, por lo tanto, anticapitalista. 

Los patrones de la república “antifascista” han tratado, por más de medio siglo, de hacer del 25 de abril una pacífica jornada de la memoria, despotenciando el contenido conflictivo y transformándolo en un mero ritual compatible con el orden de cosas existente. Nosotros, en cambio, queremos hacer de esta fecha una jornada de lucha: recordar la Resistencia hoy significa, para nosotros, retomarla desde el punto en el cual ha sido interrumpida, desde el momento en el cual el PCI (Partido Comunista Italiano) de Togliatti, conformándose con la política stalinista, ha quebrado la resistencia de las masas trabajadoras y ha pacificado la situación mediante la concesión de aquel pedazo de papel llamado Constitución. La Resistencia fue un proceso revolucionario, traicionado e incompleto, por causa de la dirección stalinista, que favoreció su fin y que aplicó con éxito la restauración del orden capitalista, aquel mismo orden que, meses antes, había sostenido al régimen fascista y que había logrado inmensas ganancias, gracias a la explotación de la clase trabajadora.


Por esto, entendemos que es imposible desligar la lucha antifascista de la lucha anticapitalista. Quien lo hace es un hipócrita y un oportunista. El fascismo ha sido un fenómeno funcional a los intereses del gran capital, ha representado, por una veintena, un ariete que los patrones han utilizado para derrotar a la vanguardia de la clase obrera, un instrumento de destrucción de los partidlos y de los sindicatos del movimiento de los trabajadores.

Hoy, en medio de una devastadora crisis del sistema capitalista, ante un ascenso del conflicto obrero contra las medidas de austeridad y de los ataques a las masas populares, regresa, puntualmente, el peligro fascista, el peligro de una reacción de la clase patronal a las luchas obreras: lo vemos en Grecia, donde la “Aurora Dorada” representa ya un brazo operativo del gobierno contra las organizaciones del movimiento obrero pero, incluso, en muchos otros países, como en Hungría, Holanda y hasta en los “pacíficos” países escandinavos. Hoy, más que nunca, es necesario oponerse a este giro reaccionario de las clases patronales. Pero, para hacerlo, se necesita practicar un antifascismo militante y de clase, que se asocie a la mayor movilización general anticapitalista. El antifascismo “constitucional” y “legal”, pregonado por la señora Boldrini (presidenta de la Cámara de Diputados) y afines, es un modo para esconder el verdadero problema, que se llama capitalismo. En tanto exista un sistema fundado en la explotación y la exclusión social, para la gran mayoría de la población, existirá siempre el peligro fascista, el peligro de una reacción del sistema contra las luchas de aquellos que quieren, justamente, derrotarlo.

El fascismo no está muerto, está dispuesto a resurgir en cualquier momento que tenga la necesidad para el gran capital y para la salvaguarda de sus ganancias. Por esto, la resistencia antifascista no puede no ser una resistencia anticapitalista. Para acabar definitivamente con el fascismo y, para transformarlo en una pieza de museo, es necesario extirparlo desde la raíz. Ello significa que la movilización antifascista puede, realmente, vencer sólo con la revolución socialista, sólo con la destrucción del sistema capitalista y sus perros de guardia. Este es el llamado que lanza Alternativa Comunista, dirigido a todas las organizaciones sinceramente antifascistas, a todos aquellos militantes empeñados al frente de la lucha antifascista: unámonos para enviar a las alcantarillas a la escoria fascista pero, al mismo tiempo, movilicémonos para destruir al sistema que produce a esa escoria.

¡Antifascismo es anticapitalismo!

Traducción Laura Sánchez
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