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Finalmente una fecha para una huelga general. Finalmente una huelga que debe ver unidos, en el mismo día, a obreros, empleados, enfermeros, cargadores, maestros, empleados públicos y privados, todos juntos para parar las fábricas, las escuelas, las guarderías, las oficinas, las cooperativas, cada lugar de trabajo. Una paralización general para rechazar las políticas de austeridad del gobierno.

Una huelga unitaria del sindicalismo de base

Una huelga necesaria y tardía, pero que es importante llevar adelante, organizar, difundir, ampliar. La huelga general es convocada contra las políticas de austeridad delgobierno de Letta; por el aumento de los salarios y pensiones, por la reducción de la jornada de trabajo; por los derechos sociales (ingresos, vivienda, trabajo, salud, educación); por la recuperación de las áreas contaminadas; por el recorte en los gastos militares; por una ley democrática sobre la representación; por derechos iguales para los trabajadores inmigrantes, contra la tasa de permanencia para inmigrantes y el vínculo entre la visa de permanencia y el contrato de trabajo.

La huelga del 18 de octubre ve unidas a varias siglas del sindicalismo de base (CUB, COBAS, USB, SI.COBAS, USI, etc.) y organizaciones de inmigrantes que, proclamando de modo unitario la huelga de todos los sectores públicos y privados, realizan, al menos en esta jornada, la aspiración a la unidad de las luchas, ampliamente sentida por la base de los propios afiliados, siempre más impacientes frente a las “huelgas” de pocas horas y divididos por sectores, que caracterizaron la agenda de las movilizaciones sindicales de los últimos años.

 

Límites y potencialidad

La huelga del 18 de octubre nace, todavía, con un fuerte límite. Aunque sea una vez, se trata de una huelga organizada por los dirigentes de los sindicatos, sin un real compromiso de la base de afiliadosy activistas del sindicalismo de base. Es una huelga, entonces, que corre el riesgo de ser unitaria solamente en la forma, pero no en la realidad (como demuestra, también, la decisión de organizar diversas manifestaciones e iniciativas sin una coordinación, en la jornada del 18 de octubre).

Es así necesario que la huelga del 18 de octubre se transforme en una huelga, no solamente de los afiliados de los sindicatos de base, sino de toda la clase trabajadora. Los burócratas sindicales, de los sindicatos conciliadores CGIL-CISL-UIL y UGL, verdaderos agentes de la patronal al interior de la clase trabajadora, trabajarán arduamente para dividir a los trabajadores y para favorecer la completa paz social, en tanto pasaban las peores medidas gubernamentales (bloque de los contratos, aumento de la edad para la jubilación, privatizaciones, etc.). Es importante que la base de los afiliados de la CGIL-CISL-UIL haga, ella misma, esta huelga y participen de ella, para unir las luchas y dar fuerza a la protesta. Con el fin de que eso pueda suceder, es fundamental la creación de coordinaciones de luchas y de comités, para la construcción de la huelga.

Es importante, por ejemplo, reforzar y ampliar las coordinaciones que, sobre esa base, ya existan y estén agregando a diferentes sectores en lucha, como la Coordinadora de Luchas  No Austerity, que está sumando a la vanguardia de los trabajadores en lucha, pertenecientes a diversas siglas sindicales.

 

La necesidad de una respuesta de clase a los ataques patronales

Los despidos en masa, el bloque de contratos para los empleados públicos, junto con las condiciones de trabajo, cada vez más difíciles, la explotación en el mundo de las cooperativas, los recortes a la educacióny a la salud, el desempleo de los jóvenes, el racismo y la doble explotación, en la situación de los trabajadores inmigrantes, que se concreta no sólo en las condiciones de trabajo, frecuentemente deshumana sino, también, en la relación entre la visa de permanencia y el contrato de trabajo, previsto por la ley Bossi-Fini. Nosotros hablamos de una guerra de clase, que los patrones están perpetrando tranquilamente y con la activa complicidad de sus partidos, de las administraciones locales, de sus gobiernos (centro derecha, centro izquierda, burócratas o de unidad nacional) y de la burocracia sindical de la CGIL, CISL, UIL y UGL.

La barbarie se está esparciendo hacia sectores enteros de la sociedad, el mundo del trabajo es una bomba de tiempo y es para evitar que la rabia se voltee hacia el verdadero responsable; es decir, el capitalismo que, en la realidad de cada día mata de hambre a miles de personas en el mundo, a través de la miseria y de la guerra, que los capitalistas (industriales y banqueros) están descargando la crisis estructural internacional sobre los trabajadoresy las masas populares, tratando, al mismo tiempo, a través de sus poderosos medios de comunicación, de crear miedo y odio entre la clase trabajadora, colocando a viejos contra jóvenes, nativos contra inmigrantes, trabajadores del sector privado contra empleados públicos. Para rechazar todo eso es necesario compartir aquello que, históricamente, se reveló el único instrumento para defenderse del ataque en curso.

No sirve a nadie lamentarse ni maldecir, no sirven los “Vaffa”[1] del comediante millonario Beppe Grillo, sugerido por el empresario Casaleggio (frecuentador de los work-shop [seminarios, talleres], en compañía de ministros, industriales y banqueros) y no sirven los llamados y la convocatoria a la Constitución burguesa, por parte de la izquierda “oficialista” (SEL–Izquierda, Ecología y Libertad, Refundación, etc.). Los capitalistas están salvándose a sí mismos, y están conduciendo su guerra de clase contra el proletariado, o sea, contra todos aquellos que, para vivir, son obligados a vender su fuerza de trabajo, sea esta física o intelectual.

Por su naturaleza, la huelga tiende a poner en discusión toda la base sobre la cual se rige la explotación del sistema. Las letanías de una supuesta izquierda que, en los años pasados, no perdía ocasión para afirmar que la “huelga es un arma contundente” y que toma “formas alternativas”, que ahora renegó de las grandiosas movilizaciones y huelgas generales, que están inflamando las plazas de gran parte de Europa, el norte de Africa y del otro lado del océano, como las recientes manifestaciones de masas en Brasil. La huelga, instrumento actual para la lucha de clase tiene hoy la misma fuerza y los mismos motivos defendidos por los revolucionarios del pasado.

Nos parece útil retomar un trecho de un texto de Lenin, por su evidente actualidad: “cuando el empobrecimiento del pueblo alcanza un punto tal que (…) existen constantemente masas de la población sin trabajo, cuando los empresarios acumulan riquezas inmensas y los pequeños patrones son eliminados por los millonarios, entonces el obrero se vuelve absolutamente impotente frente al capitalista (…). Y así es que, por no dejarse empujar a tal condición extrema, los obreros inician una lucha desesperada. Viendo que cada uno de ellos se aísla, es absolutamente impotente y amenazado por el peligro de morir bajo el yugo del capital, los obreros comienzan a insurgir juntos contra sus patrones (…) En todos los países, la cólera de los obreros comenzó, primeramente, con revueltas aisladas (…), tanto más urgente se convierte la necesidad, para los obreros, de resistir unidos, porque tanto más grave se vuelve el desempleo, tanto más fuerte se convierte la competencia entre capitalistas, que tienden a producir las mercancías lo más baratas posibles (y, por hacerlo, necesitan pagar a los obreros lo menos posible), tanto más fuerte son las oscilaciones en la industria y de la crisis. Cuando la industria prospera, los industriales consiguen grandes ganancias y no piensan, de modo alguno, en dar alguna parte a los obreros; durante la crisis, por el contrario, tratan de hacer que las pérdidas recaigan sobre las espaldas de los obreros (…). Cuando están frente a los ricos capitalistas, los obreros no tienen nada, aislados entre sí, éstos sólo pueden ser completamente subordinados. Cuando, sin embargo, estos obreros sin nada se unen, las cosas cambian (…) Los huelguistas siempre despiertan terror a los capitalistas, porque comienzan a despertar (…) Es el obrero el que pone en movimiento todo ese mecanismo… construyendo las casas, los laboratorios, las ferrovías. Cuando los obreros se rehúsan a trabajar, todo este mecanismo es amenazado de paralizarse. Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos patrones no son ellos, sino los obreros… Cada huelga recuerda a los obreros que su situación no está perdida, que ellos no están solos. (…) Durante la huelga, ellos proclaman, en voz alta, sus propias reivindicaciones, recordándole a los patrones todos sus abusos, proclaman los propios derechos, piensan no sólo en sí mismos y en su pago sino, también, en todos los compañeros que abandonaron el trabajo junto con él (…).La huelga enseña a los obreros a comprender dónde está la fuerza de los patrones y dónde está la fuerza de los obreros, enseñándoles a pensar no sólo a sus patrones y no sólo a sus compañeros más próximos, sino a todos los patrones, a toda la clase de los capitalistas y a toda la clase de los obreros. Cuando un industrial, que se enriqueció estruendosamente sobre el trabajo de algunas generaciones de obreros, no concede ni el más modesto aumento de salario o trata de disminuirlo aún más (…) los obreros ven claramente que toda la clase capitalista es enemiga de toda la clase trabajadora, que los obreros pueden contar sólo consigo mismos, con su propia unión (…) ‘porque detrás de cada huelga se apunta la la idea de la revolución’ (…) cada huelga refuerza y desarrolla en los obreros la conciencia de que el gobierno es su enemigo, que la clase obrera debe prepararse para la lucha contra el gobierno, por los derechos de las masas populares. Las huelgas, así, acostumbran a los obreros a la unión, mostrándoles que sólo unidos, pueden luchar contra los capitalistas, les enseñan a pensar en la lucha de toda la clase obrera, contra toda la clase de los industriales y contra elgobierno (…) De las huelgas aisladas, los obreros pueden y deben pasar (…) a la lucha de toda la clase obrera, por la emancipación de todos los trabajadores” (Extractos del escrito de Lenin Sobre las huelgas – 1899).

Traducción Laura Sánchez


[1]Vaffa es la abreviación de una expresión que es una mala palabra: vaffanculo. Se convirtió en el slogan de la campaña electoral de Beppe Grillo. Como si fuese un modo grosero de “¡Fuera todos!”.