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El 4 de febrero se cumplió en toda Grecia la tercera huelga general. La participación fue creciendo en los últimos días, anunciando su participación nuevos sectores. En principio fue convocada por la Confederación de Sindicatos de Trabajadores Públicos ADEDY y la central que organiza a los sindicatos del sector privado GSEE. También convoca PAME, Coordinadora de Sindicatos que dirige el Partido Comunista (KKE), aunque marcando marcha y concentración en otro punto. El eje central de la medida de fuerza es el rechazo a la reforma en el sistema jubilatorio y de seguridad social, pero también contra los recortes y las privatizaciones.

Por: Xara Arghiris

La respuesta de los trabajadores comenzó a manifestarse. Durante todo el mes de enero se dieron en Atenas movilizaciones de distintos sectores en contra de la reforma y en contra de los recortes. Una vez más, en contra de un gobierno que está aplicando planes de austeridad mucho más profundos que los anteriores. Han revivido en las protestas, también, la represión de siempre, golpeando a abuelos que protestaban por las pérdidas de sus pensiones.

Alexis Tsipras sostiene que la Reforma del Sistema Jubilatorio es la única opción para que sobreviva el sistema y que hoy se enfrenta al rechazo masivo de todo el pueblo griego, exigiendo en la calle que retiren el proyecto. En su larga lista de promesas incumplidas estaba “la recuperación inmediata de la paga extra”; en cambio, aceptó la cláusula de déficit cero que impuso la troika. Esto significa el compromiso de ahorrar en pensiones el 1% del PIB anual, que equivale a 1.800 millones de euros.

La participación se fue extendiendo a cada vez más sectores: médicos de hospitales públicos y de centros de salud, artesanos y comerciantes, trabajadores municipales, confederación de trabajadores de la energía eléctrica, taxistas, farmacéuticos, el transporte con servicio limitado en metro, tranvía y autobuses. Los trenes y troles, paro total. Asociaciones de profesionales libres y autónomos.

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La Confederación de Marinos decidió parar por 48 hs, ya que vienen luchando por otra promesa incumplida de la lista. En los primeros días de gobierno, Syriza canceló varias ventas en curso, pero apenas firmó el memorando volvió todo atrás. La exigencia es de 50.000 millones de euros en privatizaciones.

Los agropecuarios y ganaderos, así como pequeños campesinos, mantienen desde hace varios días 62 cortes en todo el país. Hoy resolvieron dar paso donde sea necesario para no ser un obstáculo a los que quieran participar de las movilizaciones.

Nada que festejar

El pasado 25 de enero se cumplió un año desde el día en que Syriza y Alexis Tsipras salieron ampliamente victoriosos en las elecciones griegas. Un resultado electoral que había sido expresión de un gran triunfo de los trabajadores y el pueblo griego, en contra de los partidos tradicionales ND y PASOK, ejecutores de la destrucción del país en los últimos cinco años con la aplicación de durísimos ajustes al pueblo, dictados por la Troika.

Tsipras olvidó rápidamente que fue votado por millones en rechazo a la desastrosa situación económica y a los conocidos “planes de austeridad”. Así comienza su transformación. Dejó de lado las luchas que dieron los trabajadores enfrentando cada paquete de medidas, de cada memorando, y las 35 huelgas generales de las que fue partícipe.

Grandes ilusiones y expectativas de la mayoría del pueblo griego, que creyó profundamente en las promesas de la campaña de Tsipras de “recuperar la dignidad nacional”, “vamos a enfrentar los planes de austeridad”. Vieron en el partido Syriza “lo nuevo” y a “la izquierda” por primera vez en el gobierno, con la que lucharían contra Merkel y los acreedores de la Troika.

Syriza, historia de traiciones

La desilusión llegó demasiado rápido. La experiencia del pueblo griego con el “gobierno de izquierda” fue vertiginosa. Pasó a ser, como lo llaman ahora, el gobierno “para nada de izquierda”.

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Syriza dio un lugar prioritario a “la negociación” con el capital financiero, no avanzó con la ruptura con el euro y la Troika. En cambio, aceptó la “renegociación para la deuda”, firmó el tercer memorando y siguió en un camino opuesto a la voluntad popular.

Su política no fue para el rescate de los trabajadores y el pueblo ni para devolver puestos de trabajo, ni por salarios y pensiones dignas, no fue tampoco para devolver el sistema de salud pública y la educación ni por el derecho a la vivienda.

Tsipras traicionó la lucha permanente del pueblo griego de casi seis años en contra de “la austeridad” y las profundas aspiraciones de cambio tres veces en doce meses: 1- Después de las elecciones de enero; 2- Al rotundo triunfo del NO en el plebiscito; y 3- En su reelección el 20 de setiembre 2015.

Se transformó en el ejecutor de las exigencias del memorando, cedió a la intransigencia de la Troika y el imperialismo. Avanza con las medidas exigidas por el tercer rescate, dando continuidad a la política de los gobiernos anteriores, con cada vez más recortes, agravando la crítica situación económica griega. La deuda externa en enero 2015 era de 324.000 millones de euros, hoy llega a 363.000 millones, incluyendo los 86.000 millones del tercer rescate.

Sin embargo, para Tsipras hay motivos para festejar y en su discurso el domingo pasado, entre otras cosas, dijo: “…Podemos cambiar Grecia, podemos cambiar Europa. Podemos derrotar a aquellos que hasta ayer parecían invencibles. Estamos dando la pelea, avanzamos. Un año de Izquierda, un año de batallas, un año de luchas para cambiar nuestras vidas.”

Su mayor preocupación pasó a ser aprobar “el primer examen del rescate” y recibir la aprobación del Eurogrupo y la Comisión [Europea]. Aunque ya recibe palabras complacientes del presidente del Eurogrupo, Jeoren Dijsselbloem, como: “Grecia ha dado pasos decididos. Va en la buena dirección”, pero se le está haciendo muy difícil cerrar la reforma de pensiones, que en este tramo es el punto central.

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Unidad de todas las luchas para luchar contra el ajuste de Tsipras y la troika

Esta tercera huelga general marca un importante salto en la lucha política contra el plan de austeridad que Syriza quiere aplicar; es una respuesta contundente de los trabajadores a las continuas traiciones.

El proceso de resistencia avanza y se hace imprescindible discutir con las Centrales Obreras y las organizaciones de izquierda y sociales, la unificación y coordinación. Es necesario un plan de lucha nacional para darle continuidad a las medidas de fuerza y que no queden solo como un número. La única salida para los trabajadores y el pueblo griego será confiar en sus propias fuerzas, lograr la organización independiente y sin ninguna confianza en el gobierno.