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Un fuerte shock atravesó al Partido laborista, los corbynistas, muchos comentaristas políticos y hasta los conservadores, cuando el 12 de diciembre, Boris Johnson llevó a los conservadores a una victoria aplastante de 365 diputados (43,6%) contra los 203 (32,32 %) de los laboristas, consiguiendo la mayoría más amplia desde la elección de Margaret Thatcher en 1987.

Declaración de la ISL – LIT-CI  ( Inglaterra)

El resultado de la elección revela la profundidad de la bronca contra los laboristas. Un activista laborista dijo: «En el País Negro[1], fue aplastada nuestra decisión de defender un segundo referendo, y perdimos todo West Bromwich, casi todo Wolverhampton y, claro, Dudley North». Corbyn era muy impopular en muchas regiones obreras, que no confiaban más en él para luchar por sus intereses por causa de su historia como líder del Partido Laborista y de los muchos años de traiciones del Laborismo en la lucha contra la austeridad.

Fuera de las grandes ciudades, los trabajadores de las áreas rurales con peso laborista, en el llamado Red Wall (Muro Rojo) en el norte, en el Midlands (centro do país) y en el País de Gales votaron por el Brexit [apoyado por los Conservadores] porque desistieron del Partido Laborista. Esto se dio en las antiguas áreas industriales mineras, fábricas siderúrgicas, metalúrgicas y astilleros. El laborismo perdió porque una aplastante mayoría de la clase trabajadoras de esas áreas, votó en contra de permanecer en la Unión Europea y, el 12 de diciembre de 2019, votó en el único partido que veían capaz de sacar a Gran Bretaña de la UE.

Los trabajadores se sienten cada vez más abandonados desde los días de la Thatcher. Cierre de minas en las décadas de 80 y 90, implementación del Poll Tax por las alcaldías laboristas[2], incluyendo la prisión de los no-pagadores, privatizaciones y PPPs[3]  en los sectores de la salud y educación por el  Primer Ministro laborista Tony Blair, invasión a Irak, aumento del trabajo precario, familias obligadas a elegir entre alimentar sus hijos o calentar sus casas, aumento de la edad para las jubilarse a 67 años, aplicación por los laboristas de los planes de austeridad de los conservadores  con su legado de pobreza endémica. Todo eso provocó la ruptura de los trabajadores con los laboristas, que nunca construyeron una lucha de masas, en las. calles, contra las políticas conservadoras.

Los laboristas dicen que son un partido antiausteridad y los corbynistas aceptan ese rótulo sin críticas. Pero deberían aclarar que son antiausteridad de palabra, pero no en la práctica. Durante muchos años y muchas veces ellos podrían haber construido un movimiento nacional de masas para combatir en las calles la austeridad y derribar a los conservadores, pero ellos no lo hicieron y no lo harán.

John McDonnell, el canciller-sombra[4] laborista, pidió disculpas por perder la elección general. Lo que quiso decir con eso fue que en 2019 él forzó al Partido Laborista a apoyar el 2º referendo [sobre o Brexit]. ¿El motivo?  Creyó que el Partido Laborista perdería miembros si no apoyase un 2º referendo. Durante la elección, él dice que apoyaría la permanencia en la UE, mientras que Corbyn dijo que sería “neutral” en un posible nuevo referendo. Por lo tanto, los dos principales líderes de la izquierda laborista estaban públicamente divididos, pero casi nadie quiere discutir eso.

¡Que manera de liderar a la clase trabajadora! En 2016, muchos trabajadores rompieron con la influencia laborista para votar el Brexit. En el 2017, Corbyn dice que respetaría el resultado del referendo y en  2019 cambió de posición. El Brexit y las contradicciones de los laboristas, su historia de traiciones y su posición antidemocrática fueron los factores decisivos en esta elección. El repudio por la adhesión a la UE alimentó la hostilidad que ya se estaba dando por la situación de la clase trabajadora y la falta de lucha del laborismo.

Así esos dirigentes actuaron en defensa del aparato burocrático del Partido Laborista. Su consigna fue:  “¡diga lo que piense que le va dar votos, no lo que está correcto!” Esos líderes siguen las vejas fórmulas fabianas[5] de que el socialismo debe ser introducido por el Parlamento – porque los líderes saben más. Pero sin la lucha de clases de masas, nada cambiará.

Cuando Jeremy Corbyn fue electo [presidente del Partido Laborista], millones de trabajadores pensaron que había una nueva posibilidad de superar el apoyo de Blair al neoliberalismo. Los discursos de Corbyn eran diferentes, y muchos jóvenes, sindicalistas y activistas de barrios, sintieron eso – Pero la práctica no correspondió con las palabras. McDonnell insistía en ser amigable con los empresarios, manteniendo los bancos y la economía bajo el control capitalista. Por eso, no es de admirar que millones de trabajadores pensasen que los laboristas no podían implementar sus promesas.

Los parlamentarios laboristas de las áreas restantes, como Merseyside [región metropolitana de Liverpool], Gran Manchester, Londres y muchas grandes ciudades mantuvieron sus escaños. El odio a los conservadores y las diferencias relativas con las condiciones de vida de los trabajadores de las pequeñas ciudades fueron decisivos para ello.

Al negarse a luchar por un Brexit obrero y socialista y sugiriendo que un gobierno laborista podría implementar sus promesas sin desafiar a los bancos, las multinacionales y las instituciones financieras y sin la lucha de masas, Corbyn permitió que Johnson apareciese más aceptable en relación al Brexit.

Las promesas electorales del manifiesto de Corbyn sólo podrían ser aceptables si se vinculasen a la defensa de un Brexit socialista. Lo que también significaría aumentar concreta y permanentemente la solidaridad y la lucha con los trabajadores europeos. Solamente así el Brexit defendido por los conservadores podría ser derrotado. Sin esas condiciones, el slogan central de Johnson «voy a concretar el Brexit» conquistó a millones de trabajadores.

La concreción del Brexit  y la crisis de la  UE

El proyecto conservador del Bresit es un proyecto nacionalista de un imperialismo decadente y más sujeto a la influencia y presión de los EE.UU.  El proyecto se basa en el parasitismo, desindustrialización, ultraliberalismo, precariedad extrema, mayor desigualdad y un gran aumento de xenofobia y racismo.

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Johnson no tiene la intención de lidiar con los problemas apremiantes que las regiones obreras enfrentan, excepto para empeorarlos, y está buscando un acuerdo mínimo de salida de la UE.

El Brexit afectará el futuro de la UE, que ya está pasando por una crisis económica estructural, atrapada en el medio del enfrentamiento entre EE.UU y China. Eso causará un realineamiento de fuerzas en la EU. Una de las consecuencias son los roces entre Francia e a Alemania, que es el centro de la UE.

El ataque frontal de Macron a conquistas históricas de los trabajadores, como las jubilaciones, muestra que la guerra social se está profundizando en toda Europa – ese es el proyecto de la UE.

Una lucha creciente en Europa encabezada por los trabajadores franceses destaca la necesidad y mayor posibilidad de luchas unitarias de los trabajadores europeos: del sur, oeste, este y norte contra los gobiernos neoliberales de Europa y de la UE. Tales esfuerzos deben tener como estrategia los Estados Unidos Socialistas de Europa, incompatibles con la existencia de la EU capitalista. Al mismo tiempo, la clase trabajadora británica tendrá que luchar por su independencia contra la influencia y el control de los EE.UU, de la UE y  de China, con un programa internacional antirracista, de la clase trabajadora.

Laboristas: antiausteridad   solo de palabra

El 29 de octubre de 2019, la ISL escribió que Corbyn, “… no está intentando unir a los trabajadores en una lucha de masas en las calles. De hecho, con su política, el Partido Laborista ni  ganará la próxima elección.”[I]

La aceptación total por el ala derecha y por gran mayoría del ala izquierda del partido laborista, de un segundo referendo sobre el Bexit, selló su destino.

Nunca pensamos que Corbyn vencería, pero la enorme mayoría de Boris Johnson muestra que la bronca de clase contra la austeridad está creciendo y se convertirá en una fuerza en las calles si las bases sindicales y comunidades profundizan y amplían sus luchas contra los ataques que sufren del gobierno conservador.

No obstante, las luchas locales no comenzarán bajo la dirección laborista o de la TUC[6]. Corbyn siempre alegó que estaba en contra de la austeridad, Pero instruyó  a los Consejos laborista[7] a hacer cortes en los presupuestos, conforme a las directrices del parlamento conservador. Los dirigentes sindicales en tales áreas, en la mejor de las hipótesis, sólo hicieron débiles denuncias. En la práctica, el Partido Laborista expulsó a todo Consejero que hubiese votado contra los cortes presupuestarios, así lo hicieron con los cuatro que se opusieron a los cortes hace cuatro anos, y ellos fueron los últimos que hicieron eso. Desde entonces, todos los consejeros corbynistas votaron a favor de la austeridad conservadora.  No hubo críticas al programa socialdemócrata de Corbyn, y la gran mayoría de la izquierda impuso la autocensura y solo elogió a Corbyn.

El SWP inglés escribió un artículo después del resultado electoral publicado por su tendencia sindical UCULeft, que da su visión general: “Osamos Soñar: La victoria de Boris Johnson en la elección general significó un estremecimiento de miedo en todos los que osaron soñar que esa elección traería un gobierno liderado por Jeremy Corbyn.  Un gobierno considerado y progresista”. Sean Vernell, principal dirigente del   SWP en el sindicato UCU.

Así, aún después de la derrota de Corbyn, intentan mantener las ilusiones.

El Partido Socialista (SP) continúa proponiendo la tarea imposible de transformar el Partido Laborista, al mismo tiempo que hace críticas a Corbyn (repitiendo algunos de los puntos que la ISL plantea hace años). Ellos olvidan que dijeron que la «revolución Corbyn» podría abrir un camino obrero y socialista. Aún ahora piden que el Partido Laborista   se transforme en un real partido de los trabajadores, en el cual, es claro, ellos serían admitidos.

Ese abordaje vacío del SWP y del SP solo revela cuan próximos, y hasta mesclados políticamente,  están con la burocracia de izquierda del Partido Laborista y  de los sindicatos.

Corbyn fue a piquetes de huelga durante la elección, pero nunca defendió la profundización de la acción huelguística o una unidad de acción para las huelgas en curso. Los candidatos laboristas hablaron en las huelgas en diciembre, pero eso fue más para ganar votos que para construir el movimiento de masas. Un llamado general a la lucha de masas para acabar con la austeridad nunca fue realizado por el Partido Laborista ni por la dirección de la TUC, durante la elección. Pero se dieron huelgas locales y nacionales.

La ISL dijo, cuando Corbyn asumió la dirección, que la única manera de construir un verdadero movimiento de trabajadores combativos era dejar el Partido Laborista y construir un nuevo y democrático partido de trabajadores.  Esta cuestión fue levantada nuevamente cuando el ala derecha impuso la posición de quedar en la UE y el nuevo referendo. Corbyn podría haber respondido a ese ataque encabezando una campaña por un Brexit obrero y socialista, luchando contra el ala derecha y  rompiendo con el Partido Laborista al mismo tiempo que anulaba la aceptación de la austeridad por los Consejos laboristas.

No son sólo Corbyn y McDonnell los responsables. La gran mayoría de los corbynistas interrumpieron sus luchas contra la austeridad cuando Corbyn fue electo dirigente del partido, al tiempo que todos los consejeros corbynistas continuaron aprobando cortes presupuestarios.. Ellos aprobaron las PPPs y crearon un culto al héroe para Corbyn, difundido a través de su canto «Oh Jeremy Corbyn». Para muchos, el Partido Laborista era más importante que la clase trabajadora.

El Partido Laborista  no es un partido socialista

El pensamiento se desarrolló dentro de la burbuja creada  a  lo largo de muchos años en el  Partido Laborista y en los sindicatos. Todos lo ataques de los  últimos 40 años también ofrecieron nuevas posibilidades para organizar la clase, pero generalmente eso nunca fue hecho o fue interrumpido. Para la ISL, la lucha por la independencia de la clase trabajadora es primordial, pero fue retenida o desviada para el “puerto seguro” del laborismo. Repetidamente, los sindicatos abandonaron a los trabajadores. Cuando las minas, fábricas y usinas cerraron, sindicatos como el Sindicato Nacional de los Mineros podrían haberse organizado para enfrentar los problemas del desempleo y de los bajos salarios, pero, en general, la dirección abandonó a los trabajadores y sus comunidades.

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En el momento en que las luchas avanzaron y comenzaron a vencer, fue precisamente el momento en que las burocracias y sus amigos en la izquierda, abandonaban la batalla y, a veces ni siquiera entraban en la lucha. Tal fue el caso de la lucha contra el Poll Tax, encabezada por Militant (ahora Partido Socialista-SP) que disolvió el movimiento enseguida después de la maciza manifestación en Londres que desafió su control, o cuando la mayoría de los sindicatos no se movilizó contra la invasión a Irak [durante el gobierno de Tony Blair]. Después de 2008, cuando se dio la huelga general de los empleados públicos contra la reforma de las jubilaciones (noviembre de 2011), los trabajadores querían ampliarla pero duró solo un día. La mayoría de los grupos antiausteridad y anticortes que aparecieron de 2012 a 2015 entró en colapso (con pocas excepciones, como o Old Swan Against the Cuts en Liverpool) porque luchar contra la austeridad en la práctica significaba luchar contra Corbyn y  sus  seguidores.

El  apoyo de Corbyn a la mantención de un amplio “paraguas” laborista significó ceder a las posiciones como la de  Quedar en la UE, la imposición de la austeridad por los Consejos, rendirse al sionismo y negarse a dirigir la lucha de masas en la calles, mientras apoyaban la mantención de la base nuclear de Trident, armas nucleares y la OTAN.

Las promesas sobre las leyes antisindicales eran difusas,  fueron elaboradas por académicos de izquierda, como si las leyes antisindicales pudiesen ser  removidas una de cada vez. O la promesa de cerrar dos centros de detención de inmigrantes, mientras el ala izquierda laborista decía, en reuniones donde participaban trabajadores inmigrantes y solicitantes de asilo, que todos los centros de detención serían cerrados. En verdad eso significaba que ocho centros de detención serían mantenidos abiertos. O las promesas de nacionalizar las vías férreas, que hasta los dirigentes del sindicato ferroviario RMT apoyaban. Pero Corbyn solo prometió el fin de las concesiones cuando ellas terminasen legalmente. ¡Esa promesa llevaría 20 años para ser cumplida!

Muchos de los activistas y apoyadores del Partido Laborista exageraron estas promesas vacías. Para después de eso, descargar la culpa en los trabajadores, ese fue el pico más alto de la confusión y de la arrogancia de esos apoyadores.

¿Y ahora?

Sin duda, habrá un primer período de confusión, con los conservadores a la ofensiva y, al mismo tiempo, con ciertas expectativas entre los trabajadores que votaron en ellos esperando una mejora de su situación. Pero el gobierno conservador profundizará su guerra social contra los trabajadores, jóvenes y oprimidos.

El manifiesto electoral laborista defendía algunas medidas concretas por las que luchamos, como el salario mínimo de 10 libras/hora, universidades públicas gratuitas y el fin del brutal crédito universal[8].

El gobierno conservador de Boris Johnson anunció que está planeando introducir niveles mínimos de operación en el sector de transportes durante las huelgas y de apoyo a las empresas ferroviarias privadas. Eso significa que la base sindical y las comunidades de la clase trabajadora precisan apoyar la oposición sindical del RMT y exigir que todos los sindicatos tomen medidas contra esas leyes, incluyendo huelgas y que construyan una huelga general con todos los sindicatos para impedir ese ataque!

El retroceso laborista frente a los ataques sionistas[9] dio a Johnson una oportunidad mayor  de atacar. Durante la elección, él amenazó prohibir a cualquier órgano público (incluyendo los gobiernos municipales) del Reino Unido organizar el apoyo a la campaña internacional de boicot, desinversión, sanciones contra Israel (BDS).

La lucha de solidaridad palestina en el Reino Unido debe crear una lucha real para impedir que Johnson concrete esa amenaza.

Corbyn nunca actuó  como oposición en las calles. Un movimiento de ese tipo debe surgir para detener Johnson y construir una unidad de acción con comités de trabajadores, con las bases sindicales y de los barrios. Al mismo tiempo, debe crear solidaridad internacional con los huelguistas franceses y la lucha de masas y las situaciones revolucionarias del mundo, de Chile a Hong Kong.

El sindicato United Voices of the World (UVW) anunció una victoria el 16 de diciembre contra la tercerización en el hospital St Mary’s, en Londres –  conquistada con repetidas huelgas. Ellos muestran que la lucha inmediata es posible, necesaria y puede vencer.

Los conflictos de la clase trabajadora contra los intereses del capital en medio de una profunda crisis económica, aumentarán. Cuanto más esos conflictos sean preparados por la base, independiente del control de la dirigencia laborista y de la burocracia sindical, mayor la chance de triunfo. Apoyaremos nuevas alianzas basadas en la independencia de la clase trabajadora y en sus luchas, y exigiremos que los dirigentes sindicales tomen medidas, pero la acción de clase para obtener conquistas debe ser controlada por los trabajadores y sus decisiones democráticas.

Tony Blair intentó hacer del Partido Laborista un partido social-liberal, como otros partidos social-demócratas europeos.  Corbyn salvó este partido inculcando falsas esperanzas de socialismo, manteniendo el amplio “paraguas” laborista. Ahora, el ala derecha intentará concluir el proyecto de Blair para remover la influencia de la clase trabajadora y sindical dentro do Partido.

Pase lo que pase, la desconfianza hacia el laborismo continuará, por causa de las traiciones del partido y de la TUC desde los días de Thatcher y de la visión sectorial  y burocrática de la dirección sindical.

Hoy, algunos corbynistas están hasta culpando a la clase trabajadora y no a la  dirección reformista de izquierda,  por la elección perdida.

Lo que fue prometido concretamente por el Partido Laborista y consiguió millones de votos de los trabajadores ahora debe comenzar a ser conquistado, no en el debate parlamentario, sino en las calles. Tanto en el “Red Wall” cuanto en las áreas de votación laborista, el odio de los trabajadores a la austeridad es el mismo, así como son igualmente  contra el sistema de transporte privatizado y los servicios públicos en colapso.

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Para la ISL, la lucha parlamentaria debe estar al servicio de las luchas en las calles y en los lugares de trabajo. Queremos un partido que, como Lenin dijo en 1920 a los comunistas británicos, forzará al Parlamento a una lucha extraparlamentaria, minará y quebrará el Parlamento por dentro en favor de los consejos de trabajadores.

Nuevas luchas sindicales están planeadas  para enero, y  el apoyo a ellas debe ser difundido ampliamente por los activistas de base. Puede y debe haber un aumento de la acción organizada contra la austeridad, privatización y trabajo precario.

La  posibilidad de una solución reformista  se mostró muerta. Siempre dijimos que sólo  puede ser exitosa una lucha de masas de la clase trabajadora en las calles, contra los empleos precarios, vinculando los sindicatos a las comunidades y a  aquellos  que luchan contra la opresión puede ser exitosa. Mientras que cualquier triunfo en el Parlamento o en el Consejo debe ser usado para fortalecer esas luchas.

Durante esta elección, mientras las huelgas se mantenían en Francia por muchos días, Corbyn nunca mencionó el apoyo a la clase trabajadora francesa (o a cualquier otra lucha internacional de los trabajadores). Tenemos que quebrar ese modelo. Internacionalismo significa solidaridad activa, y no algo sobre lo cual hacer un discurso los días de fiesta o aún  ignorarlo.

Hasta los mejores parlamentarios laboristas subordinan toda lucha de clases al Parlamento. Para ellos, incluido Corbyn, el socialismo debe ser introducido por la reforma del capitalismo realizada por el Parlamento, un paso de cada vez.

Algunos trabajadores veían al Partido Laborista como un partido socialista; pero la pérdida de la elección general no es un golpe contra el socialismo. Es un golpe contra el reformismo, un golpe contra la socialdemocracia.

La ISL luchará en todos los tipos de alianzas y comités de trabajadores, de manera fraternal con otros grupos de izquierda que realmente deseen construir alianzas de la clase trabajadora en la lucha contra el gobierno, los empleadores, los Consejos o cualquier uno que oprima a la clase trabajadora. Pero cualquier alianza debe ser extremadamente combativa y hostil a aquellos que impiden el desarrollo de la  independencia de la clase trabajadora.

Después de la retumbante derrota del Partido Laborista   y la incapacidad orgánica de Corbyn y de la izquierda laboristas de presentar una alternativa real a la decadencia brutal del capitalismo, los trabajadores conscientes, la juventud oprimida y en dificultades precisan considerar la construcción de un partido revolucionario. La ISL es un instrumento para construir ese  partido. Somos un partido internacionalista y sección de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional.

Los trabajadores serán a vanguardia en este período. Decimos a todos los que se basan en la lucha de los trabajadores que el camino a seguir es la construcción de un partido revolucionario. Para aquellos que ven la necesidad de tal partido para ayudar en las luchas de los trabajadores, pedimos que consideren ingresar en la ISL.

  • ¡Luche por el salario mínimo de 10 libras por hora!
  • ¡Por el fin del trabajo precario!
  • ¡Contra el Crédito Universal, no a las sanciones!
  • ¡Igualdad para todos, luche para acabar con toda opresión!
  • ¡Lucha obrera y socialista por el fin de la austeridad!
  • ¡Por huelgas unitarias por la base. Por una huelga general contra la restricción a las huelgas!
  • ¡Ni xenofobia ni racismo. Los inmigrantes son bienvenidos!
  • ¡Nacionalización total bajo el control de los trabajadores y usuarios de los transportes, energía y de todos los servicios públicos y del comando de la economía!
  • ¡Apoyo a la lucha internacional de los trabajadores: Francia, Chile, Colombia, Líbano…!
  • ¡Construya la ISL y un partido revolucionario para combatir al gobierno!

[I] http://internationalsocialistleague.org/break-with-the-eu/

Notas:

[1] El  País Negro (Black Country) es una área del West Midlands, Inglaterra, al oeste de Birmingham y se refiere a una región de más de 1 millón de personas, cubriendo la mayoría de los cuatro distritos metropolitanos de  Dudley, Sandwell, Walsall y Wolverhampton. Se cree que el nombre se debe al humo negro de las chimeneas de las fábricas durante la Revolución Industrial.

[2] Poll Tax: impuesto instituido por Margaret Thatcher, que tuvo  el rechazo absoluto de la clase obrera.

[3] Asociaciones mixtas, público-privadas

[4] En el Reino Unido el mayor partido de oposición parlamentario tiene derecho de formar una “gabinete -sombra”, es decir que hace sombra al gobierno electo, proponiendo políticas alternativas en el parlamento.

[5] Sociedad Fabiana: movimiento reformista del Partido Laborista del fin del  siglo XIX (fundado en 1884).

[6] TUC: Central sindical controlada por los  laboristas.

[7] Consejos: formas de gobiernos municipales cuya política es definida por el partido mayoritario en el Consejo.

[8] Crédito Universal: una unificación de los subsidios a la población, que impone un limite y significa una reducción brutal de estos subsidios, como el auxilio para guardería, auxilio de vivienda,  seguro de desempleo, etc.

[9] El movimiento sionista confunde, conscientemente, el ataque a las políticas sionistas del Estado de Israel con  los ataques a los judíos. La dirección laborista retrocedió  de sus posiciones en relación a Palestina para apaciguar al movimiento sionista y garantizar sus votos.