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Este artículo de 1993, del archivo de Bill Hunter, ayuda a entender cómo el estalinismo colapsó y por qué. Publicamos este artículo como parte de la contribución de la Liga Socialista Internacional (ISL) a la campaña internacional de los 100 años de la Revolución de Octubre.

De: Bill Hunter

Gorvachov, que se tornó secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1985, comenzó la Perestroika y la Glasnost, proclamando la “reestructuración” y la “abertura”, e introdujo cambios profundos en la práctica económica, en los asuntos internos, y en las relaciones internacionales del país.

Los cambios fueron hechos para defender la burocracia y sus privilegios en una situación económica cada vez más desesperada. Inmediatamente, fuerzas desencadenadas revelaron que la burocracia se tornaba una elite restauracionista.

Ya no era posible hablar –en realidad, ya no era posible desde hacía mucho tiempo–, como Trotsky hizo antes de la guerra, de las tres alas de la burocracia: la derecha, incluyendo a los fascistas; la izquierda; y el centro.

En las últimas dos o tres décadas, esa burocracia como un todo fue forzada a vincular la economía soviética más estrechamente a las relaciones imperialistas mundiales, lo que significó un dominio creciente del mercado mundial y financiero imperialista.

Para entender lo que ocurrió en Rusia en la década del ’80, se debe partir de La revolución traicionada, de Trotsky, de los documentos de la Oposición de Izquierda y del “Programa de Transición”. El “Programa de Transición” declara: “o la burocracia, volviéndose cada vez más órgano de la burguesía mundial en el Estado obrero, derrumba las nuevas formas de propiedad y lleva el país de vuelta al capitalismo, o la clase obrera destruye a la burocracia y abre el camino al socialismo”.

¿No son esas las alternativas que forman la base para la comprensión de la Unión Soviética en la década de 1980?

Eso es algo con lo que teníamos acuerdo ya en 1982, en las “Tesis de Fundación de la Liga Internacional de los Trabajadores”, que apuntaron que la burocracia estaba conduciendo al Este europeo y a la Unión Soviética a la semicolonización. Había conexiones cada vez más dominantes del imperialismo con la Unión Soviética a través, entre otras cosas, del FMI y el Banco Mundial.

Elizabeth[1] (camarada de la LIT que viajó de la Argentina a Polonia en el inicio de la década de 1990) mostró eso cuando habló de su estadía en Polonia. El gobierno de Walesa, desde que tomó posesión, solo acentuó el proceso que haya había iniciado Gierek[2]. En realidad, el proceso de restauración capitalista se inició antes de las revueltas de 1989-1990, como podemos ver con los procesos en curso en China, Vietnam y Cuba.

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Este es el otro lado de la ecuación en el “Programa de Transición”: o la clase trabajadora destruye a la burocracia o la burocracia abre los brazos al imperialismo.

La clase obrera solo está en el inicio del desarrollo de su fuerza independiente como clase organizada.

Pero, sobre todo, en este período antes y después de 1989-1990, los restauradores e imperialistas no fueron capaces de desarrollar una clase capitalista estable [en Rusia y en el Este, ndt], debido a la explícita, así como potencial, resistencia de la clase trabajadora.

La destrucción de todas las conquistas de la Revolución Rusa todavía tiene que ser decidida en la lucha. Y esa ecuación conflictiva planteada en el “Programa de Transición”, fue tornándose aún más decisiva, desde la década de 1970.

La incapacidad de la clase trabajadora de asumir el liderazgo significa que una gran parte de la burocracia fue capaz de ajustarse y hasta incluso juntar a las fuerzas de la “democracia”.

Eso no significa que ellos fueron capaces de llevar a cabo sus planes para preservar sus privilegios sobre una base capitalista.

La misma cuestión de lucha entre las fuerzas de la clase obrera y las fuerzas de la restauración existen. La cuestión no está decidida. La cuestión es desarrollar un programa y ayudar a la clase trabajadora en su lucha de clase independiente –bajo el control de los trabajadores, en defensa de las conquistas sociales, contra la privatización, y así en adelante–.

Estalinismo o internacionalismo

No se puede construir una Internacional, a menos que se comience con la contribución que hizo el trotskismo como una fuerza coherente –en verdad, la única fuerza– que organizó y luchó por el internacionalismo proletario en los últimos setenta años.

La cosa notable sobre el movimiento trotskista y Trotsky es que solo ellos construyeron sobre la base del internacionalismo.

Ellos continuaron como comenzaron, por el internacionalismo bolchevique y la revolución permanente, contra el socialismo en un solo país.

El movimiento de “izquierda”

Todo lo que es llamado movimiento de “izquierda” –esto es, las personas del movimiento socialista mundial que se consideraban a la izquierda del estalinismo o reformismo– fueron golpeados por la evolución del imperialismo y la caída del estalinismo en el final de la década de 1980. No solo ellos, sino también el movimiento trotskista.

Del colapso de la Unión Soviética explotó, por ejemplo, una teoría que fue tomada como una certeza por la ‘izquierda’ y por los estalinistas, y que penetró insidiosamente en las filas trotskistas, principalmente entre los mandelistas [cuya corriente es conocida como SU, ndt].

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Fue la teoría de que el desarrollo de circunstancias objetivas y la relación de fuerzas conducirían inevitablemente a China y a la Unión Soviética, con todos sus defectos, a una evolución inevitable hacia un nivel de igualdad con las potencias capitalistas, y después las superarían.

La mayor parte del pensamiento político de estos sectores estaba basado en esta idea, cediesen o no a la crítica anti-estalinista. A pesar de denunciar al estalinismo, ellos creían profundamente que la esperanza para el futuro estaba en su evolución.

El colapso de estalinismo dejó a todo ese sector en crisis y llevó a la confusión política, paralizando a la “izquierda” y algunos sectores del trotskismo, dejándolos vulnerables a la ofensiva ideológica burguesa contra el marxismo.

Todos los movimientos que se dicen trotskistas pasaron por una crisis en la última década, reflejando la crisis del imperialismo y del estalinismo y el final de la etapa de la pos Segunda Guerra.

La división en Militant[3] no fue solo debido a su giro empírico de salida del Partido Laborista sino que estuvo ligada a los eventos internacionales y a una insuficiencia de las viejas políticas en relación con el estalinismo. Un documento de la mayoría de Militant decía que los “marxistas” creían que no podría haber una restauración de las relaciones capitalistas en la Unión Soviética.

Es la vieja conclusión del pensamiento objetivista, de que sería tan imposible para la Unión Soviética volver al capitalismo como para un bebé volver al útero.

Bill Hunter conversando con Martin Ralph de la ISL y Cecilia Toledo del PSTU-Brasil, en su vivienda de Liverpool, en 2011.

Revolución Permanente

El Programa de la Revolución Permanente es un pilar absoluto para la construcción del movimiento internacional del futuro.

La revolución permanente no es una afirmación de la revolución en todos los lugares. Es una guía estratégica para nuestra época, cuando solo bajo el liderazgo del proletariado la revolución democrático-burguesa puede ser realizada tornándose permanente, y la revolución proletaria solo puede ser permanente tornándose parte de la revolución mundial.

Eso no quiere decir que en el camino para la construcción de la Cuarta Internacional no haremos alianzas con sectores que tal vez no tengan claridad o no tengan certeza sobre la revolución permanente, pero que quieren construir una Internacional revolucionaria.

Nosotros entramos en la lucha por la Internacional juntos, porque intentamos probar que nuestra tradición y la política que se desprende de eso nos da la más firme y mejor guía para llevar a la clase trabajadora a la resolución de sus problemas.

No obstante, aprendemos con nuestra intervención y podemos aprender con las personas con quienes intervenimos. Nosotros aprendemos la mejor manera de luchar por nuestros principios, y el “Programa de Transición” es una guía estratégica para llevar a la clase obrera al poder y hacer el puente entre la falta de conciencia proletaria y las tareas presentadas por las condiciones objetivas. El puente no es un puente de propaganda sino un puente de lucha. Esto es lo que la turbulencia y el sufrimiento de los años ’80 y ’90 nos dicen. Esto es lo que el colapso del estalinismo y la crisis en todos los ex países coloniales nos muestra. Los gobernantes no conducirán una revolución democrática con éxito, solamente la clase trabajadora en la lucha por la Revolución de Octubre puede liderarla y concluirla.

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Notas:

[1] Elszbieta Yezerska [Elizabeth], conocida cariñosamente por Polaca, falleció el 12 de febrero de 2016 a los 80 años, luego de una larga e intensa militancia para construir el partido revolucionario en Argentina y en el mundo.

[2] Edward Gierek, secretario general del PC polaco entre 1970 y 1980, inició la “abertura” del país a la entrada del capital financiero, a través de préstamos del FMI. Cayó en el inicio del proceso revolucionario que crearía el Sindicato Solidaridad, bajo el comando de Lech Walesa. En diciembre de 1981, el nuevo secretario general, el general Jaruselski, dio un golpe de estado que proscribió a Solidaridad. En 1989, un acuerdo entre Jaruselski y Walesa, promovido por el imperialismo y la Iglesia católica, dio lugar a elecciones generales en el país. Walesa fue el candidato y se tornó presidente en 1990.

[3] Militant – sección del CIO (Comité por una Internacional Obrera) en Inglaterra, hoy Partido Socialista (SP).

Traducción del original: Marcos Margarido.

Traducción del portugués: Natalia Estrada.