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El mes de noviembre podría haber sido mucho más caliente para la clase trabajadora en Inglaterra. Todas las votaciones de huelga hechas por los sindicatos fueron aprobadas y el sentimiento de los trabajadores era claramente de lucha, como quedó demostrado por los propios resultados y por huelgas parciales de sectores que se preparaban para huelgas nacionales, como los profesores –que hicieron un día de huelga en la región norte y otro en la región sur del país–; los bomberos, con un día nacional de huelga; los empleados de universidades, con un fortísimo día nacional de huelga el 31 de octubre, donde se realizaron piquetes y marchas de centenas en las principales universidades del país.

 Huelgas locales victoriosas

Varias huelgas locales, realizadas durante los meses anteriores, mostraron toda la combatividad de los trabajadores, que arrancaron victorias importantes, aunque parciales, pues mostraron el rumbo a seguir.

En Somerset, 110 trabajadores de Correos de la Central de Distribución de Bridgwater hicieron ocho días de huelga victoriosa contra la sobrecarga de trabajo y la tentativa de quiebra de ítems del acuerdo colectivo nacional hecho por el Sindicato de los Trabajadores de Comunicaciones (CWU), en relación con la salud y la seguridad, los niveles salariales y la tercerización.

En la Universidad de Liverpool el resultado favorable a la huelga en la votación hecha por la rama local del Sindicato de los Trabajadores de las Universidades (UCU) fue suficiente para obligar a la administración a volver atrás en su tentativa de flexibilizar el contrato de trabajo de 1.800 trabajadores.

En una pequeña fábrica de componentes para la industria aeronáutica en Liverpool, la Fowler & King, los 50 obreros de producción fueron a la huelga contra el congelamiento salarial impuesto por el patrón desde 2008. Aun cuando son obreros especializados, recibían poco más que el salario mínimo, pero consiguieron doblegar al patrón después de seis días de huelga, y obtuvieron un acuerdo de recomposición salarial hasta 2015.

La victoria más emblemática, sin embargo, fue en Wigan, obtenida por los trabajadores de la fábrica de panes Hovis. Además de contar con el apoyo efectivo de la población local y de activistas y estudiantes de la región, que se desplazaban hasta las puertas de la fábrica para participar de los piquetes en las frías madrugadas, la huelga tuvo como eje el fin de los llamados contratos de cero-hora. Los 210 trabajadores, afiliados al BFAWU (Sindicato de Panaderos y de Alimentos Similares), no sólo acabaron con estos contratos sino que consiguieron la abertura de 24 vacantes permanentes y el fin de las tercerizaciones.

Todo eso indicaba que noviembre marcaría la primera derrota de la política de austeridad del gobierno de coalición Conservador/Liberal (Con-Dem).

 La política de austeridad del gobierno

Los principales objetivos de los ataques del gobierno Con-Dem son los inmigrantes, las familias que dependen de los servicios sociales y los empleados públicos. El déficit de presupuesto es de 120.000 millones de libras en 2013-2014 y está previsto caer 43.000 millones de libras hasta 2017-2018, lo que significa, según una investigación de la Resolution Fundation, que el próximo gobierno –electo en 2015– tendrá que cortar sus gastos en 3,8% al año, comparado con el actual corte de 2,4%.

Además, el ministro de Hacienda (Chancellor), George Osborne, afirmó en la reciente Conferencia de los Tories [conservadores] –que fue recibida con una protesta de 50.000 manifestantes en las calles de Manchester– que la austeridad puede continuar hasta 2020. Los cortes llevan a cerca de 500.000 personas a los Food Banks (comedores populares gratuitos), a la “pobreza de combustible” que impide a una de cuatro familias calentarse de manera adecuada, y a desalojos por falta de pago del alquiler debido a la odiada Bedroom Tax (impuesto a los dormitorios)1, que retira parte del subsidio a la vivienda.

Este año, el gobierno está proponiendo el congelamiento salarial para los empleados públicos y, para los próximos años, un reajuste máximo de 1%, contra una inflación media de 2,5%. El plan para 2015 prevé un corte de 11,5 mil millones de libras, lo que incluye la reducción de 9,5% en el ítem “trabajo y jubilación”. Los trabajadores privados sufren con pérdidas salariales –cerca de 1,5% por año desde el inicio de la crisis económica– y la proliferación del increíble contrato de cero-hora que alcanza ya, según algunas investigaciones, a seis millones de trabajadores sin jornada de trabajo establecida y sin ningún derecho social.

El Labour Party [Partido Laborista], eterno aliado del capitalismo, dice apenas que el gobierno va “muy lejos, muy rápido”. Y, Ed Miliband ya declaró que va a aceptar el plan de cortes para 2015-2106, en caso de ser electo nuevo primer ministro…

 Las huelgas de noviembre y su desmonte

Ya estaban convocadas las huelgas de profesores por los sindicatos representativos del sector, el NUT y el NASUWT, de los bomberos (FBU), de los trabajadores de Correos (CWU) y de las Universidades (UCU, Unison y Unite), todas para noviembre. Los motivos eran diversos: entre los bomberos, por el fin de la jubilación especial; sobre los trabajadores de Correos existía la amenaza de la privatización del Royal Mail; para los empleados de universidades y profesores se ofrecía apenas 1% de reajuste, además de la implementación de un esquema salarial descentralizado para los profesores, basado en el desempeño escolar y determinado por el director de cada escuela. Pero, en todos los casos, el enemigo es sólo uno: el gobierno de los Tories.

Además, ocurría una disputa en la refinería de Grangemouth, que procesa 200.000 barriles diarios de petróleo y abastece 70% de la gasolina que se consume en Escocia, además la del norte de Inglaterra y parte de Irlanda. La empresa Ineos suspendió a uno de los delegados sindicales de la refinería, Stephen Deans, y el sector aprobó la realización de una huelga de dos días, el fin de las horas extras y la trabajo a reglamento contra la suspensión. Antes de la fecha marcada, sin embargo, la empresa realizó un lockout y, debido a la falta de reacción del sindicato Unite, lanzó un ultimátum donde exigía el congelamiento salarial por tres años, el fin de la jubilación integral y una moratoria de tres meses en las huelgas.

En la asamblea del 21 de octubre, 665 trabajadores –2/3 de los presentes y más de la mitad de los efectivos– no aceptaron el chantaje patronal y rechazaron la propuesta. El día 25, el dueño, Jim Ratcliffe, anunció el cierre permanente de la refinería.

En lugar de organizar al sector para la lucha, hacer un llamado a la solidaridad nacional, poner al gobierno contra la pared con la exigencia de nacionalización de la refinería, Len McCluskey, secretario general del Unite, viajó a Grangemouth para anunciar la aceptación de la propuesta con un adicional: la prohibición de huelgas, que era de tres meses, pasó a ser de tres años. Frente a la peor de las derrotas, sin lucha, el sector recibió el acuerdo el mismo día 25 y no tuvo alternativa a no ser el alivio por no perder el empleo.

Pero no fue la primera derrota sin lucha. En junio, el CWU realizó una votación consultiva donde 96% estuvo contra la privatización del Royal Mail. Sin embargo, aun con la privatización en camino por el gobierno, el sindicato sólo inició la votación efectiva de la huelga –que era sólo por el acuerdo colectivo– en setiembre, con fecha de huelga para después del día del lanzamiento de las acciones del Royal Mail en la Bolsa. Ese día, 11 de octubre, en un acto que reunió cerca de 200 trabajadores, el secretario general del CWU, Billy Hayes, afirmó: “¿Está todo acabado? No para nosotros. Nosotros vamos a luchar por nuestros miembros, no importa quien sea el dueño”. Así, una de las pocas estatales existentes, muy lucrativa, fue privatizada sin que el TUC –la central única inglesa– y los sindicatos levantasen un solo dedo en contra.

Dos semanas después, la huelga de 24 horas convocada para el 4 de noviembre fue cancelada por el mismo Billy Hayes que había prometido “luchar por sus miembros”. La cancelación ocurrió debido a la abertura de negociaciones con los nuevos patrones, que incluirían protección legal del empleo y mejoras salariales. Pero, también, un acuerdo sobre “proceso alternativo para la solución de disputas”, que señala la prohibición de huelga, y un acuerdo por separado para el plan de jubilación, que sólo puede significar más ataques, siguiendo el ejemplo de Grangemouth.

La huelga de los profesores, a su vez, fue cancelada por dos sindicatos del sector, con base en los mismos argumentos: negociaciones con el gobierno. El problema es que el secretario de Educación ya había firmado que no abriría mano del sistema descentralizado de meritocracia [desempeño] para reajustes salariales, que es el principal ataque al sector.

Así, una a una, con la honrosa excepción –aún– de los empleados de Universidades, las huelgas fueron desmontadas y el frío de noviembre alcanzó la combatividad de los trabajadores. La burocracia sindical de Inglaterra presta así otro inestimable servicio al decadente imperialismo inglés, ayudando a mantener inmune el plan de austeridad del gobierno y el Labour Party, que podrá continuar engañando a los trabajadores con sus promesas electorales, con vistas a una victoria en 2015. 

Sin democracia obrera no habrá victoria

Todo ese proceso de desmonte fue realizado tranquilamente por la burocracia sindical. Por un lado, aún no hay una situación de luchas en Inglaterra que lleve a la movilización independiente de los trabajadores contra sus direcciones. Por otro, no hay el menor indicio de democracia obrera en la gran mayoría de los sindicatos ingleses.

Las decisiones no son tomadas en asambleas; los trabajadores sólo son llamados para oír las decisiones de los jefes. Las cancelaciones de las huelgas no fueron votadas sino anunciadas por la dirección sindical.

Pero hay una cuestión más profunda: la ley antisindical de Inglaterra, introducida por el gobierno de Margaret Tatcher y mantenida hasta hoy, a pesar de que ya hubo varios parlamentos con mayoría del Labour Party.

En resumen, la ley exige una votación por correo de los afiliados del sindicato. Existen varios plazos para que la votación sea validada por los fiscales del gobierno y esto permite que los patrones se preparen con mucha anticipación: la huelga sólo puede comenzar después de diez días del anuncio del resultado.

Fue eso lo que permitió el lockout en Grangemouth antes del inicio de la huelga y la fecha de la privatización del Royal Mail con la anticipación necesaria. Es claro que el principal factor aquí también continúa siendo la colaboración de la burocracia sindical. En todos los congresos sindicales son aprobadas mociones contra la ley antisindical, pero no hay una sola campaña que movilice a los trabajadores por su revocación.

Así, en un país en el que las propias libertades democráticas burguesas son escasas, pues no se vota para presidente ni en la cámara alta (House of Lords), la clase obrera no tiene ninguna libertad para organizarse y luchar. La ley antisindical es una intromisión directa de la burguesía en la organización obrera y una garantía más para la eternización de la burocracia.

El fracaso de la izquierda inglesa

Los dos principales partidos de la izquierda inglesa –el SWP y el SP (CWI)– demostraron en estos acontecimientos todos los errores de capitulación a la burocracia sindical que hace años vienen cometiendo.

Según uno de los principales dirigentes del SWP, Alex Callinicos, su partido evita el oportunismo y el sectarismo en su política en relación con la burocracia sindical gracias “particularmente, al uso de la táctica de frente único” (The politics of the SWP crisis). Es en nombre de esa táctica que participan como un grupo dirigente en varios organismos de frente único, como el People’s Assembly, sin haber dado nunca ninguna batalla concreta contra la política de la burocracia del Unite  denunciado sus errores en la práctica, para no… acabar con el frente único.

Así, algunos días antes de la rendición en Grangemouth, su periódico no hacía ningún alerta contra la política equivocada del Unite, cuando era ya evidente que sus dirigentes no estaban dispuestos a enfrentar a la empresa. Por ejemplo, no denunciaron la aceptación de la moratoria de huelgas por tres meses. Apenas después de la traición su periódico, Socialist Worker, hizo una crítica correcta, aunque demasiado tarde: la derrotada ya estaba consumada.

Lo mismo ocurrió en relación con la privatización del Royal Mail. El Socialist Worker reprodujo las palabras de Billy Hayes –de que no importa el propietario– sin ninguna crítica a la falta de acción contra la privatización. Como si no hubiese diferencia entre propiedad estatal y privada. Al final, el sindicalista prometía luchar. Cuando el retroceso total de la huelga del 4 de noviembre fue anunciado, un nuevo artículo da cuenta de varias declaraciones de activistas descontentos, pero el SWP se recusa a decir claramente cuál es la política del CWU. Tal vez porque, como dice la última frase del artículo: “El CWU dijo que la disputa no acabó y la votación de huelga fue extendida hasta el 20 de noviembre”. El SWP no aprendió nada con Grangemouth…

El Socialist Party (SP) navega en las mismas aguas. En nombre de mantener la alianza con los sindicatos tenidos como de izquierda en su paraguas electoral, el TUSC, en la tentativa de traer a otros, se niega a llegar a la conclusión obvia de que la burocracia sindical debe ser combatida con todas las fuerzas si queremos liberar a la clase trabajadora.

Así, el artículo en que hace muchas críticas correctas a la conducción de la movilización en Grangemouth, aun con su estilo típico de dar consejos a los sindicalistas, el SP continúa creando ilusiones en la burocracia, por ejemplo cuando afirma que “el TUCS (o TUC escocés) debería llamar inmediatamente a un ‘consejo de guerra’ de los sindicatos y delegados del movimiento sindical para planificar una campaña de solidaridad de masas”. El TUC, la nata de la burocracia sindical, en guerra contra el capital…

Pero es aún peor, luego de la tamaña traición, el SP llama a Unite a “dejar el Labour y construir un nuevo partido obrero de masas”. ¿Será un convite para ingresar en el TUSC, como ya fue hecho varias veces? Tal vez, en caso de que McCluskey decida entrar en el TUSC, sus “errores” puedan ser perdonados. 

1 En Inglaterra, la tasa de impuesto aumenta conforme la cantidad de cuartos destinados a dormitorios en la vivienda.

Traducción: Natalia EstradaHulegas locale