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Francia, conocida por muchos como el país de la moda, desde noviembre de 2018 fue tomada por una vestimenta que está llamando la atención del mundo: los chalecos amarillos.

Por: Herbert Claros

Jóvenes y trabajadores tomaron las calles usando los chalecos para luchar por mejores condiciones de vida. Pero, a diferencia de las grandes movilizaciones en Francia, estas explotan en las ciudades del interior.

Tradicionalmente, chalecos amarillos son usados por los europeos como un accesorio de seguridad en las rutas. Si un automóvil se rompe, el conductor usa el chaleco para llamar la atención de los otros conductores. En las manifestaciones, ocurridas inicialmente en rutas y autopistas, la vestimenta ganó un nuevo sentido: dar identidad colectiva a los manifestantes.

Pero, ¿por qué los franceses fueron a la calles esta vez?

Las movilizaciones comenzaron para reivindicar la reducción del precio de los combustibles. El 29 de mayo de 2018, Priscilla Ludosky, ex bancaria que se hizo emprendedora en venta de cosméticos, de la ciudad de Seine-et-Marne, creó una petición en internet (plataforma Change.org) titulada: “¡Por una baja en los precios en los surtidores de combustibles!”

Como la casi totalidad de este tipo de peticiones, en un primer momento hubo un número insignificante de firmas. Priscilla pasó el verano publicando la petición en su página de Facebook, a fin de llamar más la atención de sus seguidores y recoger más firmas.

El 10 de octubre, ella anunció bajo forma de desafío, que una radio local prometió transmitir su petición si llegaba a reunir 1.500 firmas. El desafío se cumplió en menos de 24 horas, lo que le valió a Priscilla una invitación para hablar sobre la petición en la radio, el 12 de octubre. El mismo día, un site de noticias locales de Seine-et-Marne publicó un nuevo artículo que Priscilla había posteado en su página de Facebook y que fue seguido por 50.000 personas. En ese momento, la petición y la apelación por la baja en los combustibles “viralizó” en las redes sociales. Después de la repercusión, se creó un evento en Facebook: “¡Todos juntos el 17 de noviembre de 2018 por el bloqueo nacional de cara al alza de los combustibles!”. A partir de esa fecha, las movilizaciones se extendieron por las ciudades de Francia.

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Pero este fue solo el estopín de un proceso de movilización que trajo a escena otros problemas sociales en Francia. La cuestión del precio de los combustibles es, en realidad, la expresión de una crisis social que vive el país a partir de los planes de austeridad adoptados por sucesivos gobiernos desde la crisis económica de 2008.

Como ejemplo, el efecto del aumento del costo de vida se puede observar en los recortes de dinero para los trenes. Como la mayoría de esas regiones no dispone de servicios públicos como hospitales e incluso escuelas y universidades, las personas que usaban automóvil como medio de transporte tuvieron que usarlo todavía más para ir a lugares a los que antes llegaban en tren. Con el aumento del precio de los combustibles, las personas vieron comprometidos sus ingresos.

Otros factores como la precarización del trabajo, el desempleo y la rebaja general de las condiciones de vida llevaron a jóvenes y trabajadores franceses e inmigrantes a las calles.

La movilización y la represión del gobierno Macron

Las movilizaciones han ocurrido todos los sábados desde noviembre, y la mayoría fue fuertemente reprimida por la policía, con muchos heridos y con detenciones arbitrarias. El gobierno apostó a que luego de las fiestas de fin de año el movimiento disminuiría, pero no fue eso lo que ocurrió.

Además de que las manifestaciones continuaron, en algunas regiones los chalecos amarillos ganaron un importante carácter organizativo al basar las decisiones y pauta de reivindicaciones en asambleas populares de barrios y ciudades.

Los días 12 y 13 de enero, en la ciudad de Commercy, ocurrió una Asamblea Nacional de los Chalecos Amarillos, que reunió a delegados electos en asambleas locales. Eran dos delegados por localidad, siempre un hombre y una mujer. La asamblea nacional aprobó una pauta de reivindicaciones y la continuidad de la lucha directa contra el gobierno y un llamado a la Huelga General.

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Las centrales sindicales CGT y Solidaires llamaron a la Huelga General para el 5 de febrero. Hubo muchos bloqueos de rutas y, en la madrugada del día 5/2, militantes sindicales y activistas de los chalecos amarillos hicieron importantes piquetes por las ciudades y bloqueos en universidades. Las manifestaciones fueron una de las mayores de los últimos meses y demostraron la necesidad de que el movimiento sindical organizado haga un constante llamado a la movilización.

Las expresivas movilizaciones de los Chalecos Amarillos ganan más poder con el avance de la autoorganización en asambleas populares y al lado de los sindicatos. El propósito es dar continuidad al proceso de movilización para derrotar a Macron y los planes de ajuste que precarizan cada vez más las condiciones de vida de los trabajadores y de la juventud.

Es deber del movimiento sindical y popular alrededor del mundo cercar esas movilizaciones de solidaridad. La lucha de los trabajadores franceses es un ejemplo de movilización contra los planes de austeridad y los gobiernos serviles a grandes bancos y corporaciones.

* Herbert Claros es miembro del Sectorial Internacional de la CSP-Conlutas. Recientemente estuvo en Francia representando a la Central y la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas en una serie de palestras sobre el Brasil y la llegada de Jair Bolsonaro y la ultraderecha al poder.

Traducción: Natalia Estrada.