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La perspectiva de un movimiento masivo envolviendo directamente el mundo del trabajo.

Por: Tendencia ARC del NPA

El número de manifestantes es el doble o el triple en relación con las de las “grandes” movilizaciones de los últimos diez años, 806.000 personas de acuerdo con el gobierno y hasta el doble de eso de acuerdo con lso sindicatos.

Las tasas de huelguistas eran la mayoría en varios sectores: SNCF, RATP, Educación…[1] Ellas también fueron importantes en algunas empresas como la EDF [electricidad de Francia] (44% del personal en huelga). El impacto en la economía y en el mundo del trabajo también fue sentido por cuenta de las acciones de bloqueo: fueron bloqueados siete de las ocho refinerías francesas y doce depósitos de petróleo.

La huelga fue renovada en la SNCF, en la RATP, en la Air France, en la Biblioteca Nacional de Francia; en un cierto número de escuelas y en algunos [otros] lugares, la elección de Comités de Huelga y Asambleas Generales (AG) interprofesionales con un número de participantes, [lo] que pueden constituir una masa crítica de entrenamiento para convencer a los trabajadores que dudan en unirse en la lucha contra la reforma de la previsión o hasta más.

Esta batalla ocurre cerca de un año después del surgimiento del movimiento Chalecos Amarillos, que reorganizó las cartas y restauró la confianza de muchos que no creían más en la fuerza de la lucha colectiva y en la capacidad de vencer, después de años de reveses sociales. Los Chalecos Amarillos mostraron que podríamos hacer retroceder –un poco– al poder, y principalmente asustar a los poderosos, con la condición particular de mostrar determinación y radicalidad. Esta vez son los sindicatos, cuyas direcciones son frecuentemente criticadas con dureza –por los Chalecos Amarillos, pero también a menudo por sus propias bases, que dirigen el movimiento que se inicia–. Los Chalecos Amarillos, la mayoría de los cuales inicialmente pensaba que podrían derrotar a Macron dispensando las estructuras sindicales, decidieron involucrarse en la perspectiva de una huelga general ilimitada a partir del 5 de diciembre y participar del movimiento de todas las formas posibles. En un año, las relaciones entre sindicatos y Chalecos Amarillos mejoraron bastante, lo que permite esa reaproximación, a pesar de la desconfianza en relación con las direcciones de las Confederaciones.

Ayer, 5 de diciembre, vimos una fuerte participación de grandes batallones sindicales, especialmente la CGT, pero también, es verdad (en menos grado, debido a los números), del Solidaires y de Force Ouvrière. Ayer hubo más de 2.000 llamados de huelga en toda Francia, de todos los sectores y todas las centrales sindicales combinadas.

Pero es necesario, por lo menos en muchos lugares, derrotar la pequeña guerra conducida por las boutiques (tiendas) sindicales, para fortalecer la huelga más próxima de los colectivos de trabajo. Por ejemplo, en Brest, la burocracia de la CGT optó por favorecer una procesión masiva de la CGT en el evento, en lugar de permitir que colegas de las mismas empresas y administraciones se encontrasen hombro a hombro. Claramente, estamos siendo testigos de la voluntad de los aparatos sindicales de mantener el control del movimiento para que la huelga no se les escape.

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Un ejemplo concreto y muy lamentable de la búsqueda por hegemonía se verifica con la doble manifestación programada para el sábado 7/12, en París. Por un lado, los Chalecos Amarillos, por otro, aquel organizado por la CGT… luego del primero, y no programado para converger con el primero. Podemos ver aquí que, a pesar de la mejora en el relacionamiento Chalecos Amarillos/sindicatos, todavía hay un largo camino por recorrer…

Para permitir que la huelga se extienda y haga retroceder al poder, es necesario trabajar para la convergencia de las luchas y hacer de ella una huelga intersectorial. Es también una manera de nivelar hacia arriba los diferentes niveles de concientización y combatividad entre los sectores. Esa necesidad es bien comprendida por la mayoría de los huelguistas de los sectores más avanzados (RATP y SNCF), que frecuentemente piden, en sus asambleas generales, la intervención de huelguistas de otros sectores. Por ejemplo, el segundo día de la huelga, y a pedido de ellos, los huelguistas de París-Est buscaron y obtuvieron el apoyo militante de los huelguistas de la RATP, del hospital próximo (St. Louis), del sector cultural, y de la Educación Nacional en huelga. Es claro que es necesario multiplicar esos intercambios y el apoyo mutuo entre los sectores.

Pero también es necesario, para escapar de la voluntad de los dirigentes sindicales de controlar el movimiento –aquellos que lideran las luchas de derrota en derrota por años–, multiplicar las estructuras de autoorganización: asambleas generales soberanas, elecciones de comités de huelga responsables frente a las Asambleas Generales y revocables, para ir a un comité central de huelga en cada sector en lucha y a nivel interprofesional. Esta es la perspectiva que debe darse.

Pero, en esta fase, aún es necesario masificar el movimiento para garantizar que los huelguistas del jueves 5/12 que retomaron el trabajo el día 6, vuelvan a atacar nuevamente los días 9 y 10/12, y esta vez permanezcan en huelga. Eso es perfectamente comprendido por los sectores activistas más avanzados y movilizados, en la SNCF, RATP, Educación, etc.

Los dirigentes sindicales se reunieron esta mañana (6/12) y decidieron por un nuevo avance el martes 10/12. Es absolutamente necesario, en todas las Asambleas Generales de huelga y en las estructuras sindicales, presionar a las direcciones para garantizar el llamado a la huelga ilimitada. Es claro que la dirección sindical mayoritaria está negándose a eso, pero todavía debe ser exigido –así como es necesario exigir que ellos exijan claramente el retiro definitivo del proyecto Macron-Delevoye, y que se nieguen categóricamente a participar del simulacro de la “Concertación”. También debemos criticar todo lo que va en dirección opuesta en sus discursos y en sus actitudes. Y eso no es contradictorio sino complementario con el énfasis en la autoorganización de la lucha.

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El desarrollo de la autoorganización es, por lo tanto, una necesidad en la cual debemos insistir, especialmente para impedir la lógica divisionista de los pequeños y grandes aparatos. Pero el desarrollo de la democracia de base es, sin embargo, lleno de dificultades, incluyendo:

  • la falta de hábito de estructuras colectivas para la toma de decisión, lo que lleva a definiciones poco claras de reivindicaciones y acciones (o simplemente la dificultad de tomar decisiones colectivas debido a la tendencia a delegar, en un actitud no militante, etc.);
  • la dificultad, en mucho lugares, de tener lugares de toma de decisión colectivos; y muchas veces debemos anunciar la responsabilidad sindical en este punto (recusas no admitidas, como la “Maniobra” en Brest, por ejemplo);
  • la falta de hábito [propio] de las prácticas de un movimiento rígido: en particular, organizar equipos rotativos en establecimientos y empresas, mientras hace años los trabajadores están acostumbrados a esperar por consignas sindicales para entrar en manifestaciones, las órdenes venidas “de arriba”;
  • la falta de hábito en sintetizar entre diferentes niveles de madurez política: algunas plataformas de la Asamblea General plantean múltiples reivindicaciones o avanzan políticamente mucho, mientras estamos en una fase del movimiento en que debemos centralizar el foco en luchar contra el retiro puro y simple de la reforma, que no impide evocar una articulación con las demás demandas, ni siquiera un proyecto político, desarrollando, de manera más propagandista, la idea de que un gran movimiento permitiría extender las aspiraciones además de las jubilaciones, pero que es necesario movilizarse inicialmente con el eslogan del retiro para involucrar el máximo de personas en la batalla;
  • la necesidad de crear cajas/fondos de huelga y circular, para llenarlos lo más rápido y ampliamente posible.

Al respecto, la cuestión de los fondos de huelga aparece como una necesidad para apoyar a los sectores más movilizados, pero también oculta una contradicción: no se puede dejar que donar dinero para apoyar la huelga de los otros sectores lleve al impasse de una huelga por procuración. Ese fue particularmente el caso en 1995, cuando los trabajadores del sector privado apoyaron (en pensamiento y financieramente) la huelga del sector público. La existencia de bancos de huelga debe ser presentada para dar confianza a los colegas que dudan en involucrarse en una huelga fuerte.

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Para concluir, recordemos los ejes principales de lo que nos parece una orientación correcta en el estadio actual. Continuar convenciendo para masificar la huelga; trabajar para la convergencia de luchas y sectores movilizados; continuar llamando a los dirigentes sindicales y exigirles que rompan públicamente con el diálogo social y se unan con brazo de hierro al nivel del conjunto de los sectores de la economía, para bloquear y tirar a la basura el proyecto Macron-Delevoye.

Además, debemos explicar repetidamente que la tentativa de Macron de retener nuestras jubilaciones, y atrás de él los capitalistas franceses, que quieren transformar a Francia en una sociedad puramente ultraliberal ¡pero para quien ella no será nunca liberal lo suficiente!, es [de] todo el capitalismo, que debe ser arrojado a la basura, destruyéndolo para sustituirlo por una sociedad y una economía solidaria y ecológicamente viable, animadas por un poder democrático de los trabajadores y las trabajadoras.

[1] La SNCF (Société Nationale des Chemins de fer Français) es una de las principales empresas públicas francesas. Tiene un doble actividad, por un lado es una empresa ferroviaria encargada de la explotación comercial de los servicios de transporte ferroviario de pasajeros y mercaderías y, por el otro, se encarga de la explotación y el mantenimiento de la red férrea nacional francesa, a través del SNCF Réseau.

Por su parte, la RATP es la empresa que explota el transporte común a París y la región parisina, con las líneas de metros y ómnibus.

Traducción del original en francés para portugués: Reinaldo Chagas
Traducción del portugués: Natalia Estrada.