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El último 30 de marzo ocurrió el acto número 19 del Movimiento de los “Chalecos Amarillos”. Y hoy, 6 de abril, se inicia la Segunda Asamblea de las Asambleas, de este movimiento, con más de mil delegados de más de 200 delegaciones de todo el país, lo que demuestra que este movimiento no acabó y que vive sí un nuevo momento.

Por: Asdrúbal Barboza

Muchos analistas internacionales y brasileños publicaron que Macron era el rey del diálogo, cuando elaboró la política maniobrera del “Diálogo Nacional” para intentar sofocar las manifestaciones[1], lo que directamente no es verdad.

El gobierno Macron ha adoptado una posición terrorista de extrema violencia estatal contra los manifestantes, causando daños materiales y lesiones corporales. Los números, del propio Ministerio del Interior, demuestran eso: 8.400 personas presas, 7.500 puestas bajo custodia policial; de estas, 1.800 ya condenadas y otras 1.500 están a la espera de juicio; 316 órdenes de prisión. El primer ministro francés, Édouard Philippe anunció que no amnistiará “de ninguna manera”, pues “cualquier degradación, cualquier agresión, será castigada”.

El símbolo de esta acción represiva del Estado es el ex boxeador Christophe Dettinger, acusado de agredir a policías y condenado, por eso, a un año de prisión y otros 18 meses de libertad condicional, sumadas a la pena de prohibición de entrar en París durante seis meses. El pedido de la fiscalía era de tres años de prisión.

Las secuelas físicas y las mutilaciones causadas por esta represión fueron constatadas en casi 2.000 heridos, 202 heridos en la cabeza, 21 perdieron al menos un ojo y cinco tuvieron amputadas las manos. Una muerte: la señora Zineb Redouane, de Marsella, de 80 años.

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Represión contra manifestaciones garantizadas por derechos constitucionales. Lo que demuestra la crisis de la democracia burguesa en Francia, que comienza a aparecer en otros países de Europa.

Violencia esta que nunca fue inédita, ha sido impetrada por los imperialistas de los países europeos centralmente contra sus colonias y particularmente en África; basta recordar los baños de sangre que promovieron en este continente. Y que actualmente, en sus propios países, promueven en los barrios populares, por ejemplo, las recientes agresiones en los barrios del norte de París así como en los disturbios de 2005, contra suburbios que rodean la ciudad y que cuentan con alto desempleo y un gran número de inmigrantes, o la represión a los habitantes de los barrios de Jamaica y Cova da Moura, en Lisboa.

La necesidad de autodefensa del movimiento

Esta discusión debe ser encarada de frente, incluso en esta II Asamblea, pues los trabajadores deben poner a la orden del día la necesidad de organizar su autodefensa contra los ataques del Estado, en estos momentos en que el poder existente no toma más en cuenta la integridad física y la vida de los que protestan contra él.

Cuando el Estado pone en peligro la vida de los que están en las manifestaciones, es necesario organizarse para protegerlos. Cuando el Estado no asegura el mínimo de los derechos democráticos, como el derecho de manifestación, de reunión y o el de huelga, la organización de autodefensa se convierte en un recurso vital para nuestra clase.

La autodefensa no se limita al uso de la violencia para defenderse, sino que es la necesidad de organizarse para sobrevivir. Incluso con prácticas de solidaridad, autoorganización para desplazamientos, y el cuidado mutuo. Eso es fundamental para crear un cuerpo colectivo o el “nosotros políticos” para garantizar no solo la conciencia política, sino también la seguridad física, para resistir en el momento en que la represión, por la violencia, busca impedir las protestas [2].

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En ese sentido, la autodefensa es una acción fundamental para evitar la intimidación de las manifestaciones. Pues con la violencia estatal-policial el gobierno Macron, así como otros gobiernos nacionales en otros países, busca intimidar a los manifestantes haciendo que los trabajadores tengan miedo de manifestarse.

En Francia, la mayoría de los chalecos amarillos son de la clase trabajadora, del proletariado, abandonados progresivamente por el capitalismo y por el proyecto de la Unión Europea, y que hoy buscan organizarse para defender sus derechos. Vamos a acompañar las deliberaciones de la Asamblea que comienza ya, en el sentido de que ella aporte la necesidad de unificación del conjunto de la clase trabajadora de Francia y de Europa, no solo para defender sus derechos sino para avanzar hacia una sociedad sin explotación.

Buen trabajo a nuestros hermanos franceses.

Notas:

[1] Fernando Eichenberg, especial para O Globo; Clovis Rossi, Contra el odio, es preciso conversar.

[2] Opinión compartida por Elsa Dorlin en el artículo “Gilets jaunes. «La question de la violence révèle une crise démocratique historique en France»”, professora de filosofia social y política, y autora del libro “Se défendre. Une philosophie de la violence”.

Traducción: Natalia Estrada.