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El incendio de la icónica catedral francesa es una muestra de la incapacidad del capitalismo decadente de preservar un patrimonio histórico de la humanidad.

Por Pablo Bordon

El incendio de Notre Dame, como hace poco tiempo el del Museo Nacional en Rio de Janeiro, o tantos otros patrimonios históricos destruidos por falta de mantenimiento o bombardeos, son solo una muestra de la decadencia del capitalismo y de sus gobiernos.

No se trata de un hecho que los revolucionarios debamos festejar –como creen algunos sectarios incurables, peor aun si lo hacen en nombre del trotskismo– simplemente porque se trata de un símbolo religioso. Los bolcheviques, cuando tomaron el poder, no demolieron templos o el propio Palacio de Invierno –símbolos del antiguo régimen zarista–, sino que los pusieron a disposición del Estado obrero, por tratarse de patrimonios históricos.

El patrimonio cultural o artístico no es de la burguesía imperialista sino que fue robado o está controlado por la clase dominante. Existe un patrimonio histórico que corresponde a la humanidad y que tiene un valor en sí mismo.

Esto no significa que debamos ignorar la hipocresía de Macron y de todos los gobiernos capitalistas que ahora lamentan la tragedia de Notre Dame, pero no tienen o tuvieron pudor para bombardear otros patrimonios culturales, incluso más antiguos, en Medio Oriente o, más atrás, en la misma Europa durante las últimas dos guerras mundiales.

Para muchos de estos monumentos, religiosos o no, no existieron gobiernos «civilizados» o magnates dispuestos a apoyar su reconstrucción, como la donación de más de 300 millones de dólares que ahora hacen algunos multimillonarios franceses en el caso de Notre Dame. Pero la hipocresía del imperialismo, siempre repulsiva, no debe ser motivo de conmemoración ante pérdidas culturales de tanta importancia.

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Debe ser motivo de denuncia del capitalismo imperialista, que en su brutalidad destruye todo a su paso. La clase trabajadora y los pueblos debemos luchar para evitar la destrucción de nuestro propio patrimonio. Para eso debemos derrumbar este sistema, sacar del poder a la brutalidad capitalista, y comenzar la construcción de la sociedad socialista, que colocará todos los patrimonios históricos y culturales al servicio de toda la humanidad.