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El gobierno de Macron en Francia se hizo una verdadera fábrica de las reformas reaccionarias: la profundización de la reforma laboral, la privatización del ferrocarril con el ataque a los derechos sociales de ferroviarios, el ataque contra el derecho al estudio en las universidades, la reforma anti-inmigrante muy grave…

Por: N. François

Las reformas de Macron encuentran las protestas masivas de los trabajadores y de la juventud. Cada vez, ellos vuelven a salir a las huelgas y a las calles, como en el tiempo del gobierno de Hollande. Pero, ¿por qué no han conseguido la victoria hasta ahora?

¿Puede ser por la fuerza particular del gobierno de Macron? Nada de eso. El gobierno de Macron es odiado por la mayoría de la población, y no solo por los trabajadores sino también por amplios sectores de las capas medias. De hecho, el gobierno es apoyado solo por la burguesía y por algunos sectores más privilegiados de la clase media. Además, el sistema parlamentario que durante decenas de años ayudó a la burguesía a canalizar las protestas en la vía muerta de las elecciones, se encuentra hoy en una profundísima crisis: el parlamento francés de hoy no merece siquiera el título de “hablador parlamentario” porque se convirtió en la línea automatizada de producción de las reformas antiobreras que también el propio Macron produce en forma de decretos.

¿Puede ser que el problema esté en que los trabajadores y los jóvenes son indiferentes? No. Aunque es verdad que el tamaño de las movilizaciones está lejos de las de 1968 e incluso de las de 1995, el descontento generalizado por todo el sistema es mayor, es global, y el potencial es objetivamente mayor pero falta la realización. En los últimos años se dan permanentemente huelgas en distintos sectores. Hoy los ferroviarios mantienen desde hace más de un mes una huelga “perlada” (discontinua, dos días de huelga, después tres días de trabajo) con una participación muy alta, en particular entre los conductores de trenes. En los días de huelga de 50 a 80% de los trenes no funcionan en distintas direcciones y redes. Existe el movimiento de huelgas de los correos. Muchas universidades en todo el país están atravesadas por las protestas de los estudiantes y de los profesores, llegando hasta la ocupación completa de algunas, como la Sorbona parisina, Nanterre, universidades de Toulouse, de Montpellier. El movimiento de las asambleas estudiantiles es aún más amplio, ellas obtuvieron la masividad que hace tiempo que no se veía, contando con algunas centenas y hasta miles de participantes. Existe voluntad para la confluencia de la lucha de los distintos sectores: las delegaciones estudiantiles vienen a la lucha de los ferroviarios; los ferroviarios y los correos van a las universidades; existen iniciativas de los órganos intersectoriales del movimiento, etc.

¿Puede ser que el problema esté en las represiones policiacas? Es verdad que el gobierno siempre intenta fortalecerlas. Pero son estas represiones hechas por la policía, con su baja eficacia, junto con el repudio masivo, lo que muestra su relativa impotencia. Por ejemplo, la intervención de CRS (policía antimotín) en la universidad de Nanterre (la cuna del Mayo del ’68) tuvo el efecto contrario, provocando la masificación de las asambleas; el rector que llamó a la CRS tuvo que justificarse de manera permanente durante una semana, expresando sus lamentos. Las manifestaciones que cuentan con decenas de miles de personas sufren ataques masivos con gases por parte de la policía, pero eso no reduce su masividad.

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Tampoco el problema está en las acciones de los grupos fascistas, aunque es verdad que esta ola de protestas sufrió algunos casos de agresión por parte de los grupos fascistas, como en la universidad de Montpellier donde los fascistas, apoyados por el rector, intentaron expulsar la ocupación estudiantil. En Nanterre, la ocupación estudiantil sufrió también una agresión “híbrida”: una noche, la universidad fue infiltrada por elementos lúmpenes que agredieron a los estudiantes y provocaron algunos destrozos. Todo esto muestra la necesidad de una disciplina en la ocupación, de la creación de los órganos de defensa. Pero son hechos aislados, que no forman el marco general.

No. El problema no está en la fuerza del gobierno ni en la depresión del movimiento ni en las represiones policiacas o las bandas fascistas. El problema principal está en los que dirigen el movimiento.

Es la burocracia de los sindicatos oficiales, en particular la más grande, la CGT, que divide conscientemente la lucha y evita la confluencia del movimiento huelguístico de distintos sectores. Es la burocracia, la que limita la “unidad de acción” por “días de acciones unitarias” aisladas, organizadas una vez por mes, de hecho sin continuación, con un carácter ritual y simbólico. En el ferrocarril, la burocracia de la CGT declara la huelga discontinua, en efecto, la “semihuelga”, para evitar la huelga real y continua que podría paralizar el sector y poner al gobierno contra la pared, y para que la decisión sobre el desarrollo no fuese tomada por los trabajadores en sus asambleas sino se quedara en manos de la burocracia misma.

La burocracia sindical no quiere luchar contra el gobierno patronal que hace la guerra contra los trabajadores. Desde el principio de la huelga de los ferroviarios, el 3 de abril, la burocracia sindical adoptó una posición sumisa, planteando como exigencia principal no la suspensión de la reforma del ferrocarril sino las negociaciones con el gobierno. Ella intenta asustar al gobierno con las consecuencias de la reforma para la burguesía misma y su Estado, por minar la “cohesión social” y el “poder adquisitivo”. Con estos “argumentos constructivos”, de hecho llama al gobierno a ser “razonable” y tomar la decisión en favor del “interés común”, del “progreso social”, y del “bien común”.

El 8 de mayo, en las negociaciones con la burocracia sindical, el gobierno afirmó que la ley antiobrera sobre ferrocarriles pasaría “en grosso” pero sería posible “finalizarla”, es decir, cambiar algo dentro de ella. La burocracia sindical y el PC y Mélenchon, instalados en el parlamento, preparan las “enmiendas” para aceptar la ley, como fue con el caso de la reforma laboral de Al-Komri. Así, todos ellos están preparando la nueva capitulación.

Mélenchon convoca sus propias manifestaciones entre los “días de acción”, para intentar capitalizar políticamente la protesta social. Él declara como objetivo de estas manifestaciones “hacer saber a Macron y a los medios económicos que le rodean, el mensaje claro de la determinación y de la voluntad de no ceder nada”. Y que el gobierno y la burguesía sean razonables. Mélenchon tiene problemas para capitalizar la protesta (por eso intenta manifestarse fuera de las acciones comunes), y su partido sufre la crisis; su apoyo a las agresiones policiacas contra el movimiento (“Estoy seguro de que la policía va a hacer lo que hay que hacer”, “nosotros trabajamos bien” [con ella], “le damos confianza”) no va a ayudar a Mélenchon en su tarea.

La necesidad de la huelga general es evidente para todo el movimiento. Pero el problema es que este está dirigido por traidores, de los cuales no se puede esperar nada salvo traición. Ellos hacen todo lo posible para que la huelga general no se concrete, y con su estrategia reformista utópica del “progreso social” sobre la base de las negociaciones con el gobierno burgués que está destruyendo las conquistas sociales, solo desgastan y desmoralizan el movimiento. Mientras los reformistas y los conciliadores, estos predicadores de la “cohesión social”, dirijan el movimiento, este siempre terminará en la derrota general, a pesar de algunos éxitos tácticos, frutos del coraje de las masas, conquistados contra la política de la burocracia.

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La dirección del movimiento por parte de la burocracia sindical es un gran problema. Pero la razón de esto no está en su supuesta enorme fuerza. Al contrario, esta burocracia no tiene autoridad ni confianza de las masas y constituye un objeto común de insultos. Antes, los aparatos de la burocracia sindical y del estalinismo controlaban las masas y así consiguieron desinflar en mayo 1968 un enorme movimiento de masas, pero hoy ya no tienen esta fuerza. Ellos siguen con el razonamiento de que “es mejor un sindicato burocrático que nada”, pero este argumento cada vez anda peor.

Entonces, los traidores que dirigen el movimiento no son para nada Heracles. Pero van a continuar dirigiéndolo mientras que no aparezca una dirección alternativa, una organización alternativa de la clase. Y la construcción de esta alternativa es vital.

En Francia, en el nivel sindical hay una organización que podría ser esta alternativa. Es el participante en la Red internacional, el sindicato Solidaires, en el que se concentran los activistas más combativos, incluso del ferrocarril y de la educación. Es posible construir esta alternativa. Pero una de las condiciones necesarias para avanzar en este camino es la denuncia implacable, abierta y clara para los trabajadores sobre las direcciones traidoras, antes que nada de la burocracia de la CGT, y dando la perspectiva socialista. Sin hacer esto, es la burocracia de la CGT la que va a continuar dirigiendo. Y aquí nos parece que hay un problema: Es que la dirección actual de Solidaires, bajo la consigna de la “unidad sindical” firma los llamados desmovilizadores de la burocracia de la CGT, que ponen como el objetivo principal las negociaciones con el gobierno y propagandizan las ilusiones de la “cohesión social” (cuando la burguesía desató la guerra contra los trabajadores), del proyecto del “progreso social” sin cuestionar el sistema burgués (cuando la burguesía y sus gobiernos en todo el mundo prueban que solo llevan la sociedad a la decadencia), del “interés común”, del “bien común” (cuando el gobierno defiende claramente los intereses comunes de los patrones contra los intereses comunes de los trabajadores y los pobres). Con esta misma consigna de “no romper la unidad sindical” no se hace la crítica pública y clara de la burocracia de la CGT. Todo esto es un obstáculo para el desarrollo de Solidaires como alternativa, que es tan necesaria. Esta política debe ser cambiada. Hay solo dos alternativas para Solidaires: o combatir duramente las tendencias siempre presentes a la adaptación a la burocracia de la CGT y a los fondos del Estado burgués y así continuar su construcción como sindicato combativo e independiente, contra la burocracia y por el socialismo, o Solidaires no podrá desarrollarse como la dirección alternativa clasista, independiente, y por el socialismo.

La lucha actual en Francia lleva de nuevo a la bancarrota las ideologías del anarquismo y del horizontalismo.

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Así, las ocupaciones estudiantiles, en el núcleo de los cuales se encuentran la fuerzas anarquistas, tienden a degenerar y lumpenizarse. Y también se hacen víctimas de su pacifismo cuando se quedan sin defensa frente a las agresiones de los enemigos del movimiento.

La ideología del horizontalismo se hace un obstáculo claro a la centralización del movimiento. De un lado, no puede garantizar la democracia interna, solo posible con la organización que tiene fronteras, discusiones reales, votación real. De otro lado, y ligado con lo precedente, es incapaz de resistir a las manipulaciones de los aparados burocráticos. Existen muchas iniciativas muy sanas para centralizar el movimiento, que salen de los círculos impregnados por las ideas de la organización horizontal, pero, a pesar de su buena intención, estas se mantienen numerosas, descentralizadas, dispersas, mientras el movimiento sigue siendo controlado por la burocracia centralizada de la CGT.

La ideología “sin partido” también muestra en la lucha en Francia su impotencia en las condiciones cuando el control sobre el movimiento es disputado por aparatos diferentes pero siempre centralizados, y por eso “eficaces”. Solo el partido revolucionario bien organizado y democráticamente centralizado puede darles la batalla y vencerlos dentro del movimiento, y el “apartidismo” les deja, de hecho, las manos libres a esos aparatos.

Hoy, en movimiento en el país hay tres frentes de la lucha.

Primero, la lucha por el desarrollo de las asambleas como herramienta contra la burocracia, para que sean los trabajadores quienes decidan democráticamente las cuestiones del desarrollo del movimiento.

Segundo, la lucha por la centralización del movimiento, para vencer la dispersión tan común para la cultura política francesa, fruto de que este país fue históricamente la “patria” de la revolución burguesa y la cuna de la “democracia de los ciudadanos”. La lucha por el desarrollo de los sindicatos independientes, por la superación de los problemas en Solidaires, está íntimamente ligado a la tarea de la centralización del movimiento.

Tercero, la lucha de los revolucionarios por la construcción del partido revolucionario, sin el cual no es posible vencer a los aparatos traidores reformistas.

¡Contra los traidores de la burocracia sindical y los partidos reformistas, que se arrastran frente el gobierno patronal de Macron suplicándole garantizar el “interés común” y paralizan el movimiento!

¡Por la huelga general para rechazar las reformas del gobierno de Macron!

¡Abajo este gobierno de los patrones! ¡Abajo el parlamento que muestra claramente su papel antiobrero y antipopular, y secunda a los patrones!

¡Por el gobierno de los trabajadores! ¡Por la revolución socialista!