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¿Cómo surgió?

Cuando Emmanuel Macron llegó al poder, anunció la eliminación de impuestos a las empresas más grandes y los franceses más ricos. Al mismo tiempo anunció un alza en el precio de los carburantes que impactó a los que dependen completamente de su automóvil. Luego de 30 años y en nombre de las doctrinas liberales de la Unión Europea, los diferentes gobiernos han buscado destruir los servicios públicos. Resultado: en los campos, los pequeños pueblos y las periferias ya no hay ni hospitales, ni correos, ni escuelas, ni estaciones, ni buses.
Esos son los habitantes que se movilizaron de manera espontánea. Son los que ocupan masivamente las rotondas, los peajes y las carreteras, y desfilan en las calles de todas las ciudades de Francia. El chaleco amarillo se convirtió rápidamente en el emblema del movimiento puesto que es obligatorio tener uno en cada carro.

¿Quiénes son?

Es importante señalar que el movimiento de los Chalecos Amarillos se formó por fuera de un sindicato o un partido. Por eso los Chalecos Amarillos no son ni un grupo ni una organización sino un movimiento.

Personas que votaron a la extrema derecha o a la extrema izquierda se encontraron con las mismas reivindicaciones y se alejaron de lo que los dividía para concentrarse en su lucha común: la injusticia fiscal y social.

Eso es parte de la fuerza del movimiento: que cubre una parte muy grande de la población francesa, más allá de sus opiniones políticas. Estas personas no serán más las mismas, han sido profundamente renovadas. La fortaleza de este movimiento fue de reunir a una población dividida alrededor de intereses comunes y que en su naturaleza son progresistas y humanistas.

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¿Cuáles son las reivindicaciones principales en el movimiento al día de hoy?

Las reivindicaciones pasaron de cuestiones económicas a otras en esencia políticas. El referéndum de iniciativa popular es emblemático: los ciudadanos podrán exigir una votación nacional para pronunciarse sobre tal o cual decisión del Estado.

Igualmente podrán revocar a un político electo si lo consideran incompetente. En pocas palabras: los Chalecos Amarillos exigen que los ciudadanos estén mucho más implicados en el gobierno del país, con una democracia directa, participativa y descentralizada… Estas reivindicaciones a veces me recuerdan a la Comuna de París.

¿Cómo ve usted la participación de las organizaciones de derecha en este movimiento?

Tanto las organizaciones de derecha como las de izquierda han sido excluidas de los Chalecos Amarillos. Hay que comprender el rechazo profundo de los Chalecos Amarilllos al sistema político francés, lo cual le da originalidad y talvez un sabor pre-revolucionario a su combate. Sin embargo pienso que la identidad de este movimiento se encuentra claramente a la izquierda: justicia fiscal, justicia social, más servicios públicos, erradicación de la extrema pobreza, y más democracia…

¿Existe la autoorganización de los trabajadores al día de hoy? ¿Hay una aparición de nuevas organizaciones?

Se están constituyendo asambleas populares de Chalecos Amarillos en todo el país. El 27 de enero 75 delegaciones se reunieron en Commercy para una “asamblea de asambleas populares” y redactaron un llamado a todos los chalecos amarillos. Aunque aún es difícil juzgar el impacto real sobre el movimiento, estas asambleas son los primeros indicios de una organización política concreta.

Hay que entender la ruina sindical en la que se sitúa Francia. Con el fin de pasar sus políticas liberales, los gobiernos sucesivos se ensañaron en debilitar a los sindicatos. Estos últimos no representan más que una pequeña parte de los trabajadores y tienen una mala reputación. Todo debe reconstruirse, y estas asambleas populares son un brillante ejemplo porque se hacen por fuera del sistema.

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¿Cómo ve la situación actual del movimiento?

La situación actualmente es extraña. Por un lado la represión policial inédita que llevó a miles de arrestos y centenas de heridos y las leyes “liberticidas” zambullen al país en una incertidumbre que no era vista desde mayo de 1968. Del otro lado, los Chalecos Amarillos están cada vez más motivados y se movilizan más, desfilando masivamente en todas las ciudades de Francia cada sábado. El llamado a la huelga general indefinida el 5 de febrero debe ser seguida de cerca. El movimiento se está reinventando. Tengo la sensación de estar viendo la Historia suceder.

¿Cómo cree que esto va a continuar?

Muy sinceramente, ¡no tengo ni idea! Las cosas por el momento van demasiado rápido, está la sensación de que todo puede colapsar brutalmente o al contrario acelerarse.

Por el contrario, creo que este sistema está a punto de desfallecer. Y mientras el pueblo se organiza demuestra tener una gran inteligencia colectiva que llena enormemente de esperanza.

¿Piensa que Macron podría conformarse con esas reivindicaciones o al contrario podría renunciar?

Macron es un ex banquero de negocios. Tiene una visión ultra-liberal de la economía, un gran desprecio por la clase y una política interior teñida de autoritarismo. Está sostenido por todo el sistema Francés… La represión policial inédita que ordenó sobre los Chalecos Amarillos demuestra muy claramente su determinación  de quedarse en el poder. Se aprovecha de la parte de la población francesa asustada por la inestabilidad y la violencia y de la debilidad de la oposición para preservar el poder.

¿Considera que la solidaridad internacional y la unidad de las luchas en curso son importantes?

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¡Más que nunca! Los Chalecos Amarillos deben ser apoyados de igual manera que a los Kurdos de Rojava o sus luchas en Argentina!

El apoyo de una parte de la izquierda argentina es muy sentido en Francia…

  • Thomas Laurent es periodista de  SPREAD Media