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La tentativa del gobierno de “izquierda” de Hollande – Valls, de prohibir la manifestación del 23 (y 28) de junio contra la reforma laboral, muestra su voluntad de quebrar el movimiento, hacer pasar a cualquier precio la reforma en los intereses del capital financiero francés y continuar imponiendo a los trabajadores y al pueblo francés un nuevo nivel de la explotación con otras [nuevas] reformas de turno.

Por: N. François

Pero el repudio masivo a la reforma laboral, la popularidad muy baja del gobierno y, lo más importante, las movilizaciones y las huelgas hacen esta tarea muy difícil. Y la prohibición de la manifestación echa más leña al fuego, con el riesgo del agravamiento de la situación.

La burocracia sindical y los reformistas políticos se quedan encerrados entre la presión de fuerza del gobierno y la resistencia de los miles de trabajadores indignados, sin posibilidad de retroceder abiertamente frente al gobierno en esta situación de prohibición de la manifestación. En esta situación de sándwich, la burocracia intenta intimidar al gobierno por el escenario posible de agravamiento –al que los dos le temen– para defender su papel del colchón, que protege al gobierno y a los patrones de las acciones de los trabajadores y de las masas.

Así, el dirigente de la CGT, Martínez, dijo que la «manifestación estática» propuesta por el gobierno en lugar de la caminata, es “aún más peligrosa” para el gobierno porque representa una concentración más compacta y incontrolable de decenas de miles de personas, con dificultades para desviarlas y contenerlas.

Melenchón dijo que había que permitir la manifestación para “bajar la temperatura”. Es esa su preocupación principal: enfriamiento de la lucha de clases.

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En esta situación, el gobierno ha propuesto por fin la caminata con un trayecto ridículo, desde la Plaza de la Bastilla hasta… la Plaza de la Bastilla, pasando alrededor de los espacios aguados del Arsenal, con longitud de solo 1 km.

De un lado, este retroceso del gobierno muestra su miedo al movimiento y al pueblo, su debilidad, la falta de correlación de fuerzas para simplemente imponer su voluntad y la posibilidad de derrotarlo. Y es bueno. Pero al mismo tiempo hay que decir claramente que esta propuesta del gobierno es ridícula y se queda en el marco de la prohibición de la manifestación normal. La manifestación normal es prohibida. Peor aún, el trayecto de la manifestación lleva la intención de dividir la manifestación por las aguas del Arsenal y representa una configuración muy desfavorable para los manifestantes y ventajosa para las aventuras agresivas de la policía. La diferencia con la prohibición “pura” es solo que el gobierno permitió una pequeña válvula para evitar la concentración estática masiva y imprevisible y cedió a la burocracia sindical un pequeño espacio para mantener la dirección.

Esta farsa tenía que ser rechazada por las direcciones sindicales. Pero la burocracias se agarraron a esta migaja arrebatada al gobierno, aceptando su propuesta completamente represiva.

No se pueden tolerar las reglas autoritarias impuestas por el gobierno como si fuese una manifestación normal y actual, como de costumbre, porque la situación no es como de costumbre. Aunque las burocracias sindicales van a actuar, de esta manera, presentándola como un éxito. Hay que ser consciente de que el gobierno nos prohíbe manifestar, es una agresión flagrante contra las libertades democráticas, esto evoca un tendencia muy grave y exige una respuesta.

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Es una razón para que seamos aún más en las manifestaciones. Y lo más importante, hay que generalizar las huelgas contra la reforma laboral y el curso libertino del gobierno. Las direcciones sindicales tienen que llamar claramente a las huelgas renovables y simultáneas.

¡Con las huelgas y en las calles derrotemos los ataques del gobierno!

Abajo la reforma laboral.

Abajo las agresiones contra el movimiento social.

Abajo el gobierno capitalista y libertino de Hollande -Valls.

Por el gobierno de los trabajadores.