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1/ Ni la más salvaje represión, ni las concesiones de Macron han logrado acabar con el movimiento de los chalecos amarillos.

El anuncio gubernamental del aumento de la tasa de los carburantes fue solo la gota que colmó el vaso de la cólera popular. Fue la espoleta de una protesta espontánea explosiva, extendida a lo largo del país y apoyada masivamente por la población. Lo que comenzó como una rebelión contra la subida del impuesto a los combustibles, ha derivado en una escalada de luchas y manifestaciones radicalizadas y brutalmente reprimidas y en un amplio listado de reivindicaciones.

2/ Estas reivindicaciones, poco articuladas y algunas escasamente definidas, incluyen reclamaciones económicas y sociales como el aumento general de salarios y su indexación, la mejora de las pensiones y de los servicios públicos o la restauración del impuesto sobre las grandes fortunas. Incorporan exigencias políticas contra la Vª República, vista por los chalecos amarillos como una máquina antidemocrática que se burla de la voluntad popular. Es el caso de la exigencia de limitación del sueldo de los políticos, la supresión del Senado o el más reciente de los “referéndum de iniciativa ciudadana” (RIC). Y, por supuesto, en un lugar destacado, la dimisión de Macron.

3/ Es un movimiento profundo que hace frente a un largo proceso de degradación social que afecta a amplias franjas de la población francesa. Tiene su fuerza principal en la provincia, fuera de París, y está compuesto, ante todo, por trabajadores con bajos salarios y precarizados, en su mayoría de pequeñas empresas y sectores no sindicalizados, junto a pensionistas y sectores pauperizados de la pequeña burguesía. Cuenta con una fuerte presencia femenina. Antes de las vacaciones académicas navideñas se incorporaron a la lucha los estudiantes de secundaria de los distritos y barrios populares. A diferencia de 1968, el movimiento no ha arraigado hasta el momento, en la universidad (a pesar de inicios de lucha en diciembre) y tampoco en las fábricas, por el freno criminal de la burocracia sindical, cómplice de Macron. Tampoco se ha hecho fuerte en los suburbios de las grandes ciudades.

4/ Una de las características del movimiento, que explica la fuerza con la que surgió, es la falta de control por parte de los aparatos políticos y sindicales y la tendencia a tomar las cosas directamente en sus manos, unida a su resistencia a delegar en representantes que no controlan y a entablar negociaciones tramposas por arriba al estilo de las de la burocracia sindical.

Los chalecos amarillos desconfían profundamente del entramado institucional de la Vª RepúblicaDesconfían de los partidos políticos que les mienten una y otra vez y les dicen que la alternativa es votarlos en las siguientes elecciones. No se sienten representados por la burocracia sindical, que se ha dedicado a reventar la lucha del movimiento obrero durante décadas y ha sido el cómplice necesario de los ataques neoliberales contra los derechos sociales y laborales. El movimiento de los chalecos amarillos muestra el desgaste y la crisis de los mecanismos de dominación de la democracia burguesa.

No han esperado a las elecciones para salir a la lucha y no han dudado en asumir de manera resuelta los métodos de acción directa, frente a los métodos derrotistas de la burocracia sindical y la sumisión a las instituciones. Y han resistido la violencia policial, desbordando ampliamente su dispositivo durante dos fines de semana en el centro mismo de París.

5/ La movilización consiguió romper la resistencia de Macron, obligándole a renegar públicamente de sus planes y a renunciar a sus solemne compromiso de no ceder a la presión social.

Las concesiones, aún siendo parciales y algunas hasta tramposas (como la subida de 100 € del salario mínimo) quebraron la imagen de omnipotencia del poder y dieron confianza al movimiento, que comprobó que “la lucha paga”. Los chalecos amarillos lograron en un mes lo que la movilización controlada por la burocracia sindical no conseguía en muchos años.

Esta es una de las lecciones importantes de la lucha para los explotados y oprimidos: si es firme, consecuente y masiva, si se basa en la voluntad de la base y no se deja manipular ni desarmar por la burocracia, los trabajadores ganan y “la lucha paga”.

6/ El movimiento de los chalecos amarillos dibuja las primeras señales de un cambio profundo. Muestra que la situación de crisis que vive actualmente el capitalismo, marcada por una profunda y creciente polarización social, está preñada, también en Europa, de la posibilidad de cambios abruptos que incluyen la irrupción violenta de masas en la escena política. En Francia, tras la derrota de la reforma laboral y la de los ferroviarios, ambas provocadas por la traición de la burocracia sindical, nadie esperaba que el anuncio de la subida de los impuestos de los combustibles diera lugar al actual estallido social.

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7/ Las características del movimiento nos indican también que no estamos ante una protesta social más, sino ante un movimiento que se enfrenta abiertamente con el poder político y cuestiona globalmente el régimen y hasta el propio sistema. Un movimiento que arraiga en las capas más hondas de la sociedad, y sufre, al mismo tiempo, una doble carencia: la de un programa coherente para construir un nuevo régimen político y social y la de una dirección, incluso minoritaria, que le ayude a avanzar en este camino.

8/ El movimiento de los chalecos amarillos refleja la quiebra histórica de los aparatos sindicales tradicionales del movimiento obrero así como la de la izquierda política, incluido el nuevo reformismo de La France Insoumise, surgido de la bancarrota del viejo partido socialista y estalinista.

La burocracia sindical ha sido (en paralelo a la brutalidad policial) el principal muro de contención del poder burgués ante el movimiento de los chalecos amarillos. En cuanto al aparato dirigente de la France Insoumise (muchos de cuyos militantes participan en el movimiento) limita su horizonte al marco institucional parlamentario y su objetivo último no va más allá de capitalizar electoralmente la movilización.

No debería resultar extraño en estas circunstancias que, en sus aspiraciones a un cambio radical, los chalecos amarillos hayan reivindicado, en el espíritu de los “sans-culottes”, la gran revolución francesa de 1789-94 y no hayan levantado la bandera roja y cantado la Internacional, sino La Marsellesa y la bandera tricolor (que el imperialismo francés ha empapado tantas veces en la sangre de obreros y pueblos colonizados).

9/ El papel de la burocracia sindical ha sido criminal, en particular el de la CGT, debido a su especial responsabilidad. Desde el principio su objetivo ha sido aislar a los chalecos amarillos e impedir a cualquier precio su confluencia con los obreros de las fábricas y el movimiento obrero organizado. Por su parte, la burocracia estudiantil no se ha comportado mejor.

Las burocracias sindicales comenzaron presentando a los chalecos amarillos como un movimiento reaccionario vinculado a la extrema derecha y a sectores patronales. Después, a pesar de que el curso de los acontecimientos les impidió sostener esta infamia, han mantenido la misma política de aislamiento y desprecio hacia ellos y de apoyo a Macron.

Cuando Macron se hallaba completamente desbordado, las burocracias acudieron a su llamada de auxilio, presentándose a unas pretendidas “negociaciones” a espaldas del movimiento y suscribiendo el 6 de diciembre unindecente comunicado intersindical en el que legitimaban a Macron, avalaban la salvaje represión gubernamental y denunciaban la legítima violencia defensiva de los chalecos amarillos. Más tarde, la dirección confederal de la CGT convocó una “jornada de lucha”, por supuesto sin huelga, el día 14 de diciembre, contrapuesta a la convocatoria de los chalecos amarillos del día siguiente. La jornada fue, como era de esperar, un completo fracaso pero la dirección del sindicato dejó clara una vez más su oposición a los chalecos amarillos.

La infame política de traición de las burocracias sindicales ha provocado un fuerte repudio y resistencia en la base y en diferentes seccionales de la CGT, que han llamado a unirse a los chalecos amarillos. Ha llegado la hora de reconstruir sobre nuevas bases el movimiento sindical francés, apoyándose en estos sectores de CGT, en una mayoría de Solidaires (que se negó a firmar el miserable comunicado intersindical del 6 de diciembre y finalmente llamó a participar en el “acto Vº” del 15 de diciembre) y en la oposición surgida en las otras centrales.

10/ El movimiento de los chalecos amarillos dejó sin argumento a todos aquellos que lo presentaron como una creación de la extrema derecha. Su composición, las reivindicaciones sociales y democráticas que ha ido asumiendo, su resistencia a delegar su representación, su funcionamiento democrático de base, sus enfrentamientos con las fuerzas policiales, impiden ninguna identificación con la extrema derecha.

El Rassemblement National de Marine Le Pen, por supuesto, busca influir en el movimiento, al tiempo que encauzarlo (boicoteó por ejemplo el Acto Vº del 15 de diciembre), con el objetivo de capitalizarlo electoralmente. Es una batalla en curso que debe ser librada y cuyos resultados van a depender de la influencia que ganen los sectores del movimiento obrero y juvenil que se sumen a la lucha.

11/ El movimiento de los chalecos amarillos enfrenta varios límites fundamentales. El primero de ellos es la no confluencia con los obreros de las fábricas y otros sectores sindicalizados. Sin esta confluencia no es posible paralizar el país, incorporando a su vez a la juventud y los suburbios de las grandes ciudades. Y si no se paraliza el país mediante una huelga general indefinida y reconducible, no se puede echar a Macron, comenzar a conseguir reivindicaciones sustanciales y abrir una vía a un cambio revolucionario de la sociedad.

12/ El segundo límite es la debilidad en la organización y coordinación del movimiento. Ha tenido éxito en hacer fracasar las maniobras del Gobierno para crear una representación amañada y artificial y llevar a cabo negociaciones tramposas. Pero necesita avanzar sustancialmente en su organización democrática y coordinación. Una organización basada en asambleas y controlada por ellas, delegados y delegadas con mandato imperativo y revocables en cualquier momento, constituyendo la base de una coordinación a escala local, departamental y nacional. El llamamiento de la asamblea de Commercy a una “asamblea de asambleas” es una iniciativa que va en este camino necesario.

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La confluencia con los obreros de las fábricas y otros sectores del movimiento obrero organizado y la juventud de los liceos y universidades, si avanza, obligará asimismo a dar nuevos pasos en la organización democrática de quienes se vayan incorporando a la lucha y en la coordinación de la lucha común.

13/ El tercer límite es el programa, lo que no debe extrañar dado el carácter espontáneo del movimiento, su heterogeneidad y el hecho de que esté compuesto en gran medida por sectores hasta ahora desorganizados, sin experiencia sindical o política previa. Por supuesto, desde la reivindicación inicial contra el aumento de las tasas sobre el combustible hasta el momento actual, el progreso ha sido muy notable, al incorporar todo un cuadro de exigencias económicas, sociales y políticas. Sin embargo, el movimiento se encuentra lejos de tener un programa articulado y coherente y menos aún una perspectiva estratégica.

Las conquistas económicas y sociales sólo pueden ser parciales y efímeras mientras no se expropien los bancos y las grandes empresas, se pongan bajo control del pueblo trabajador y comience una planificación democrática de la economía. También parece claro que ninguna reivindicación sustancial podrá lograrse sin echar antes a Macron. Y todo ello nos lleva al problema del poder político. ¿La solución está en nuevas elecciones en el marco de la Vª República para elegir otro presidente diferente de Macron? ¿Qué y a quién ponemos en lugar de a Macron y los suyos? ¿Cómo podemos garantizar que sea la clase obrera y el pueblo trabajador quien controle las riendas del poder y que se avanza de manera firme en el cumplimiento de las reivindicaciones?

14/ El Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC), que ha tomado fuerza en los últimos tiempos, es visto por sectores de los chalecos amarillos como la gran palanca para asegurar el cumplimiento de la voluntad popular. Es verdad que si hoy existiera esa posibilidad legal, un referéndum popular podría restablecer, por ejemplo, el impuesto sobre las grandes fortunas o incluso desalojar a Macron del sillón presidencial. Por otro lado, aportaría elementos democratizadores frente al bonapartismo de la Vª República.

Pero también debemos ser conscientes de que el RIC, en el cuadro de la Vª República y de la institucionalidad burguesa, no es garantía de que se imponga la voluntad popular, como muestran los casos de Suiza o Italia, pues el poder sigue en manos del capital financiero, de los aparatos de Estado y gestores políticos a su servicio. Ahora, además, existe el riesgo de que Macron y su gobierno utilicen la trampa de unas “negociaciones” sobre el RIC (ya sugeridas por el ministro Bruno Le Maire) para eliminar la reivindicación de Fuera Macron y dividir y neutralizar el movimiento.

15/ Desde una perspectiva estratégica, la única garantía de un cambio verdadero es que el poder pase a manos de un Gobierno de los Trabajadores surgido de nuevas instituciones, es decir, de una red de asambleas y comités populares levantandos en los lugares de trabajao y vida del pueblo.

Avanzar en la organización y la coordinaci´n democrática del movimiento de los chalecos amarillos así como en su confluencia con los obreros de las fábricas y otros sectores sindicalizados y juventud escolarizada, no sólo es necesario para derrocar a Macron sino también para crear las bases d eun nuevo poder verdaderamento democrático y popular.

16/ Todos esos límites mencionados se podrían resumir en uno: el retraso en la formación de una dirección revolucionaria alternativa que, desde el seno de los chalecos amarillos, el movimiento obrero y la juventud, oriente estratégicamente el movimiento para superar dichos límites y avanzar en el camino del poder.

Hemos señalado antes papel de la burocracia sindical como el principal muro de contención contra el movimiento de los chalecos amarillos y también hemos mencionado el rol de La France Insoumise, que no ofrece una alternativa real porque no llama a la base sindical a la rebelión contra la burocracia, no cuestiona la institucionalidad burguesa, no pretende expropiar al gran capital ni romper con la Europa del capital (la UE y el euro).

En cuanto a buena parte de la extrema izquierda francesa, al principio rechazó el movimiento, en medio de sospechas de que estaba manipulado por la ultraderecha (fue, por ejemplo, la posición oficial inicial del NPA, aunque no la de sus portavoces Poutou y Besancenot, que manifestaron su simpatía). Después, en general, se ha mantenido distanciada, en una mezcla de adaptación al cuadro de la izquierda oficial y de elitismo intelectual. En nuestra opinión, si alguien ha defendido desde el principio forma coherente una posición revolucionaria en Francia, ha sido la Tendencia Claire del NPA.

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17/ Si el movimiento de los chalecos amarillos refleja una necesidad, es ante todo la de dar pasos en la construcción de una organización revolucionaria que, para serlo, ha de ser internacional, porque no hay solución a la crisis en Francia si no es en el marco de la lucha por romper con la Unión Europea y dinamitarla y construir unos Estados Unidos Socialistas de Europa. El papel de Francia en esta batalla es decisivo.

18/ El movimiento de los chalecos amarillos ha surgido de las entrañas de la sociedad francesa, respondiendo a una crisis profunda del capitalismo francés. Un capitalismo imperialista en decadencia en el centro de una Europa capitalista en declive. Un capitalismo que pretende jugar un papel como gran potencia imperialista que no se corresponde, sin embargo, con su fuerza económica real. Un capitalismo que, para lograrlo, se aferra al imperialismo alemán y a la UE y carga duramente contra su clase obrera y su pueblo.

Pero los chalecos amarillos se han alzado y han puesto contra las cuerdas al presidente de los ricos. Han hecho retroceder a Macron, cuya mayor bandera era que jamás cedería a las presiones de la calle. Al año y medio de su elección, la gran esperanza del capitalismo francés y europeo, Macron, ha tenido que ceder y ha sido duramente golpeado y deslegitimado. Y con él la Vª República francesa.

El lugar central de Francia hace que el movimiento de los chalecos amarillos impacte con fuerza en la crisis de la UE, al tiempo que estimula al movimiento obrero y popular del continente a la lucha masiva y a la acción directa.

19/ El discurso de fin de año de Macron muestra que no está dispuesto a arrojaar la toalla y que va a usar todas las armas a su alcance para revertir la situación. Por eso reivindicó sus contrarreformas (laboral, ferrocarriles,…) y prometió seguir acometiendo en estos próximos meses sus planes contra las prestaciones de desempleo, la reforma de las pesniones y la de la función pública.

Para ganar es necesario poner en marcha un plan de acción conjunta entre los chalecos amarillos, los sectores sindicales combativos que los apoyan y la juventud estudiantil . Un plan que, yendo más allá de los “Actos” de los sábados, defina una plataforma con las reivindicaciones más sentidas y organice un plan de movilización con huelgas, manifestaciones masivas y bloqueos, hasta echar a Macron.

En estas primeras semanas y meses de 2019 vamos a ver cómo avanzamos en este camino: si el movimiento consigue autodefenderse de la represión, si evita las trampas de Macron y su gobierno y los intentos de institucionalizarlo, si logra avanzar en su organización y en su programa, si avanza la confluencia con los obreros de las fábricas, sectores del movimiento obrero organizado y la juventud estudiantil, que ha anunciado movilizaciones tras el reinicio de curso. Vamos a ver si, al calor de esta batalla, se va configurando un embrión de dirección revolucionaria y una alternativa sindical a la burocracia.

Por nuestra parte, vamos a difundir y apoyar en nuestros países la lucha de los chalecos amarillos, porque su triunfo es también el de la clase obrera y los pueblos de Europa, el nuestro.

 4 de enero de 2019

PdAC (Partito di Alternativa Comunista – Italia)

Corriente Roja (Estado español)

Em Luta (Portugal)

LCT (Ligue Communiste des Travailleurs – Belgique)

ISL (International Socialist League – Great Britain)