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Tras la exitosa movilización del pasado 5 de diciembre, los transportes siguen casi paralizados y los sindicatos, y lo más importante sus bases, organizan nuevas protestas a partir de hoy martes, un día antes de que el primer ministro Édouard Philippe presente la “integralidad” de la reforma de las pensiones. Un anuncio que permitirá comprobar si el Gobierno francés retrocede o no.

Por Co.Bas, Estado español.

Estas movilizaciones de la clase trabajadora no solo son las protestas sindicales más importantes del mandato de Macron, sino también la movilización social más masiva desde las protestas de 2010 contra la reforma de las pensiones de Nicolas Sarkozy. Y es que estas pueden convertirse en unas fechas históricas en la resistencia a la ofensiva neoliberal contra las pensiones públicas, porque el actual sistema de pensiones francés por repartición —en el que las cotizaciones de los salarios más altos contribuyen para que los más modestos dispongan de unas pensiones justas— es una de las conquistas sociales más importantes desde la postguerra.

Una reforma de las pensiones que perjudica a la mayoría de los sectores, y por supuesto, favorece a las empresas.

El origen de estas protestas se debe a una de las medidas claves del proyecto neoliberal del macronismo: una reforma sistémica de las pensiones. El ejecutivo quiere transformar el actual modelo de 42 regímenes de cotización en un único sistema por puntos. Una medida revestida con un barniz de igualdad con la promesa de que “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”. Sin embargo, con su entrada en vigor, prevista para 2025, los futuros pensionistas percibirán una jubilación entre un 15% y un 23% más baja que la de sus conciudadanos que se jubilen ahora a los 64 años con el mismo perfil profesional, salario y años cotizados, según el colectivo ciudadano Réforme des Retraites (Reforma de las Pensiones).

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Las empresas serán las principales beneficiadas, ya que con esta medida se garantiza que no se incrementarán las cotizaciones sociales. También se establecerá una pensión mínima que equivaldrá al 85% del salario mínimo. Una medida que ya existe actualmente para los asalariados, pero que se ampliará para los campesinos, cuya pensión mínima es ahora de solo el 75% del salario mínimo.

Los más perjudicados serán los profesores, las enfermeras, las auxiliares de Sanidad, y sobre todo aquellos trabajadores de la función pública que tengan carreras ascendentes y que hasta ahora cobraban una pensión equivalente al 75% de sus últimos salarios. Por este motivo, los profesores, que empiezan cobrando salarios modestos, son uno de los colectivos más indignados. En cambio, otras profesiones de la función pública, como cargos técnicos de la administración, no saldrán tan perjudicados, ya que disponen de una menor evolución salarial.

No son solo las pensiones. Es el sistema.

Pero no se trata solo de evitar un golpe letal al sistema de pensiones públicas, sino que además, esta movilización confluye con la lucha contra la precariedad laboral y social de la clase trabajadora que inició el movimiento de los chalecos amarillos, por lo que estas movilizaciones son sumamente importantes. No es causalidad que la mayoría del pueblo francés las apoye. Según un sondeo del instituto Ifop, publicado este domingo en el Journal du Dimanche, el 53% de los franceses tiene una imagen positiva de la huelga. Un apoyo que ha aumentado seis puntos en la última semana. El 59% de los entrevistados responsabiliza al gobierno de la parálisis en sectores claves.

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Estos datos reflejan el fracaso, por ahora, de la estrategia macronista de querer dividir a los trabajadores. Es decir, acusar a los ferroviarios/as y a los trabajadores /as de la RATP de bloquear la economía por defender sus jubilaciones “privilegiadas”, que en realidad son unas condiciones dignas para unos empleos duros. “Están aumentando la presión sobre los trabajadores del privado para que no hagamos huelga”, explican los trabajadores.

“Esta convergencia entre los chalecos amarillos y el movimiento obrero tiene una fuerza explosiva”, defiende un delegado sindical del sector ferroviario en la Gare du Nord, rebautizada ahora como la “Estación del Norte la Roja”. “Para evitar que los dirigentes sindicales nos traicionen necesitamos que se produzca una coordinación entre todas las asambleas”.

De esta forma, se reivindica el rol fundamental de la base. Las decenas y decenas de asambleas celebradas para organizar estas protestas. Después de casi tres horas de intervenciones, la asamblea concluyó prácticamente con la única decisión de participar el sábado en la manifestación de los chalecos amarillos. “En las protestas del 5 de diciembre existe una influencia cada vez más fuerte de los chalecos amarillos”, defiende Patrick Farbiaz, presente el sábado en la manifestación, poco numerosa, en París en la que intentaron converger los indignados franceses, sindicatos y movimientos contra el precariado. “No solo el jueves bastantes manifestantes llevaban chalecos amarillos y se repitieron los mismos cánticos que en la revuelta del año pasado, sino que esta gilletjaunisation de las protestas se ve reflejada en la voluntad de autoorganizarse y protestar a través del bloqueo de la economía y nuevas formas de acciones”, añade Farbiaz, autor del libro Gilets jaunes: documents et textes (Chalecos amarillos: documentos y textos).

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Desde co.bas trasladamos todo nuestro apoyo a la lucha de la clase trabajadora francesa, y animamos a sus bases y al movimiento sindical a que prosigan la lucha hasta que el gobierno neoliberal de Macron retroceda en sus pretensiones de precarizar más aún la vida y el trabajo de las trabajadoras y los trabajadores.

Y lanzamos una última reflexión ante la situación de precariedad que vive la clase trabajadora, la joven y la más mayor, toda, en el estado español tras las aún vigentes y sucesivas reformas laborales de unos y otros, modificación express de la Constitución incluida: cuando veas las barbas de tu vecino cortar…