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Tras las elecciones surge una pregunta que hay que analizar para saber hasta qué punto están dispuestos a llegar con Vox. Durante meses, desde abril hasta hoy, los medios -que son los portavoces oficiosos (el oficial es el gobierno) de los intereses de los grandes capitales- se han dedicado a alimentar a Vox como si no hubiera un mañana.

Por Eusebio López

Hace cinco años alimentaron a Podemos, con el objetivo manifiesto de reconducir a la jaula del parlamentarismo la movilización social que desde el 15M no había dejado de crecer, con el pico máximo de la marcha a Madrid del 22M. movilización social que había llevado a la dimisión / abdicación del que ahora es rey emérito. Se asustaron tanto que tuvieron que reconducir la situación, sacando a la gente de las calles con la ilusión del voto, de que votando podrían cambiar las cosas. Cinco años después el balance no puede ser más demoledor en todos los sentidos, no hemos avanzado ni un pelo, y la movilización, salvo momentos puntuales (8M, pensionistas o Catalunya) ha pasado a un segundo plano.

Una vez conseguido esto; ahora viene la segunda parte de la película, porque aunque consiguieron encauzar la fuerza social en el «minuto de oro de la democracia» que es el voto; la crisis del régimen, causa última de este cirio, se mantiene. No han conseguido salir del agujero en que metieron a la sociedad en el 2007, cuando estalló la crisis económica que todavía sufre la población trabajadora, y una nueva recesión ya está en las puertas. ¿Alimentar a Vox no será una medida preventiva para amenazar con el palo, si no se aceptan la medidas que los gobiernos van a aplicar?

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El problema de alimentar a Vox en el Estado Español no es que sea de extrema derecha homologable a los Le PenSalvini, etc., el problema es que la extrema derecha española tiene sus raíces en el franquismo y falangismo (el fascismo español, para entendernos), en las instituciones que se han heredado de la dictadura, con el ejército, la monarquía y la Audiencia Nacional al frente.

Por ello Vox no es la extrema derecha del sistema democrático burgués como son los Salvinis y demás; sino una organización que tiene en su código genético el rechazo de esa democracia, incluso burguesa. Sin embargo, no deja de moverse en un momento político distinto al que dio origen a los fascismos de entreguerras: aunque hay grandes movilizaciones sociales, la expropiación de la burguesía no está en el orden del día y el imperialismo apuesta por salidas autoritarias, represivas, pero no por salidas directamente fascistas. El fascismo es un grado superior en el enfrentamiento de clases, como decía Trotski, es la “utilización de métodos de guerra civil contra la clase obrera”, con base de masas. Es cuando la burguesía renuncia a gobernar ella misma a través de sus representantes políticos, y recurre a los elementos más marginales y violentos de la sociedad para destruir todo resquicio de organización obrera y democrática.

Ahora que está de moda, por el filme de Amenabar, «Mientras dure la guerra», la diferencia entre las salidas autoritarias y el fascismo, es la diferencia entre Unamuno y Millán AstrayUnamuno apoyó inicialmente el golpe de Franco, pensando que iba a ser un “correctivo” autoritario a la clase obrera en lucha. Lo que se encontró fue el salvajismo fascista encarnado en el “muera la inteligencia” de Millán Astray. Hoy la burguesía está más por salidas a la “Unamuno” que a las de Millán Astray. Pero Vox enraíza con Millán Astray; que no tengan que salir los que han alimentado a Vox diciendo “venceréis pero no convenceréis”.

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Por ello, en las condiciones españolas es abrir una puerta muy peligrosa que la clase obrera y los pueblos del estado tendrán que enfrentar, yendo a la raíz del problema, la pervivencia de las estructuras del régimen franquista en las que enraíza. Por eso, cualquier gobierno que se dé, sea el PSOE-UP con apoyo de los independentistas y nacionalistas, sea la gran coalición PPSOE, no servirán de freno de nada, pues son parte de ese mismo régimen. La lucha contra el crecimiento de Vox es la lucha por romper con el régimen que le da cobijo.