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Si una idea ha sido obsesiva en las dos últimas campañas electorales de Iglesias es que UP tenía que entrar, como fuera, al Gobierno Sánchez. Una obsesión compartida por IU-PCE y los Comunes de Ada Colau. Era condición -decían- para que el PSOE hiciera políticas «progresistas».

Por Víctor Alai

Claro que ese razonamiento implicaba correr un tupido velo sobre las «puertas giratorias» entre el PSOE y el Ibex 35, su alianza con el PP para el 155 y para reformar el artículo 135 de la Constitución o sus contrarreformas de pensiones y laboral.

Cubriendo al PSOE ya antes de empezar a gobernar

El problema es que, al contrario de las proclamas de UP, su presencia en el Gobierno va a ser una muleta y una cobertura de izquierda del PSOE. Desde que se conoció la sentencia del TJUE sobre Junqueras, ningún dirigente de UP ha abierto la boca para reclamar su liberación y denunciar la arbitrariedad de la JEC y del Supremo.

Tampoco han dicho una palabra ante el nombramiento de Escribá como ministro de Seguridad Social cuando este personaje está por retrasar la edad de jubilación, aumentar el periodo de cotización y mantener el «factor de sostenibilidad».

Y tenemos la reacción rabiosa de los representantes de UP en los movimientos sociales contra la huelga general vasca del día 30 de enero en defensa de unas pensiones dignas y los derechos sociales.

La culminación de un acelerado proceso de integración

La entrada de UP en el Gobierno culmina un acelerado proceso integración de su aparato dirigente en la casta tan criticada. Iglesias es todo un «hombre de Estado». Podemos se creó levantando la bandera del 15M y las Mareas para luego desmantelar el movimiento e integrarlo en las instituciones del régimen y relegitimarlas. Del manifiesto inicial, «Mover Ficha», no queda ni una coma.

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La Constitución que antes impugnaban es ahora «un cinturón de seguridad y casi un programa de gobierno para un gobierno de izquierdas», a decir de Iglesias (entrevista de 7 de enero en diario.es). Pero esta Constitución sigue siendo la misma que hace cuatro años. La misma que en 1978 legitimó la continuidad de los aparatos estatales franquistas sin depuración alguna: ¿Puede entenderse el comportamiento del aparato judicial sin tener esto en cuenta? Es la Constitución que puso bajo tutela militar la sacrosanta y forzada unidad de España y preservó el poder económico de la oligarquía y el peso de la Iglesia. Pablo Iglesias sabe que los artículos sociales que reivindica con tanto ardor son papel mojado porque no obligan legalmente a nada. Porque su cumplimiento efectivo choca con los derechos de propiedad de los grandes empresarios que -estos sí- son legalmente intocables y cuentan con un aparato judicial reaccionario a su disposición. Todo eso sin contar con el artículo 135 que fija el pago de la deuda pública a los banqueros como «prioridad absoluta» del Estado.

Las correlaciones de fuerza lo justifican todo

Iglesias justifica todo en nombre de la correlación de fuerzas. El ejemplo más sangrante es Tsipras, que en julio de 2015 traicionó vilmente al pueblo griego para convertirse en su verdugo a cuenta de la UE. Pera para Iglesias, como «el mundo y la política tienen que ver con correlaciones de fuerzas», lo que hizo Tsipras era «lo único que podía hacer».

Miembro de la escuela de Tsipras, Iglesias se pone ya la venda antes de la herida y proclama que el Gobierno debe «avanzar en una dirección razonable, que reconoce que las democracias están limitadas y estamos todavía muy lejos de poder democratizar la economía y poder disciplinar democráticamente a grandes poderes económicos descontrolados, que van a seguir teniendo un enorme poder y van a obligar a todos los gobiernos, empezando por el nuestro, a negociar y a ceder en muchas cosas porque así son las correlaciones de fuerzas.»

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Iglesias también «reconoce la correlación de fuerzas» en el conflicto catalán. Por eso ha acordado aceptar sin chistar lo que diga Sánchez. Por eso, Asens (Comunes) se niega a defender un referéndum y la amnistía para «no generar frustración» (programa 324 de TV3, 8 enero)

Lo sorprendente es que, en estas circunstancias, Iglesias hable de «convertir a nuestra patria en un referente europeo de justicia social y de creación de nuevos derechos. Y un referente mundial también, en el que toda la izquierda del mundo va a mirar al próximo gobierno».