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Hace meses venimos asistiendo a un debate público sobre si las personas trans debemos tener derecho a la autodeterminación de nuestro género. Decimos “debate público” pues es precisamente desde la izquierda institucional donde se está alentando el posicionamiento transfóbico que pondría un dique a nuestros derechos como personas trans.

Por Luis Ramos

El debate comienza con IU y su reciente expulsión del Partido Feminista de España por sus declaraciones transfóbicas (con el que IU contaba desde 2015). Pasa también por la convocatoria rupturista con la Comisión 8M de la Asamblea “Abolicionista” de Madrid por su intransigencia a aceptar a mujeres trans (esta asamblea cuenta con dirigentes de la burocracia sindical como de la Coba, secretaria de igualdad de UGT).

Por último nos encontramos con el reciente comunicado interno del PSOE, firmado por sus principales dirigentes y por su Secretaría de Igualdad en el que, a pesar de no haberse aprobado por cauces orgánicos, se insta a todos sus cargos a no reconocer el derecho a la autodeterminación de género en pos de la supuesta conservación de la categoría jurídica “mujer” recordándonos demasiado este último argumento al de las “denuncias falsas” con el que arremete la derecha más rancia contra la legislación en materia de violencia machista.

La Proposición de Ley Trans en torno a la que se articula la falsa polémica que abandera el PSOE fue presentada por Podemos en 2018 gracias a la presión del movimiento. Ésta le sirvió al partido en cuestión una foto en la puerta del Congreso pues la propuesta cayó inmediatamente en el olvido, hasta día de hoy. Esta ley facilitaría la autodeterminación de género a las personas trans eliminando el requisito del diagnóstico psiquiátrico y los 2 años de hormonación para hacerla efectiva. El PSOE, falsamente preocupado por la vulneración de la categoría jurídica “mujer” arremete contra esta demanda histórica del movimiento, a pesar que la propuesta de ley, ya caducada por la inacción de UP, establece que “La rectificación de la mención relativa al sexo registral y, en su caso, el cambio de nombre, no alterará la titularidad de los derechos y obligaciones jurídicas que pudieran corresponder a la persona con anterioridad a estas inscripciones” por lo que la falsa polémica quedaría zanjada.

En el comunicado se critica a la “teoría queer” acorde a la cual se “niega la existencia del sexo biológico” y “la desigualdad que se mide y se construye en base a este hecho”. Para empezar, aclararemos que la “teoría queer” no es una, si no una serie de elaboraciones de varios/as autores/as que tienen en común la crítica a la construcción social del género en base, precisamente, al sexo biológico, y la relación que tiene el género con la heterosexualidad como norma.

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Tanto las teorías queer como el feminismo radical (del que el feminismo transfóbico se reivindica) tienen en común el análisis del género como una construcción social que parte del sexo y ambas fallan en dar respuesta a cómo superar las opresiones que este sistema ideológico entraña: el feminismo radical contrapone la categoría “hombre” a la de “mujer” como si se tratase de dos clases sociales enfrentadas en un patriarcado que sería ahistórico y que por tanto, para combatirlo (abolir el género) no habría que tener en cuenta las clases sociales que genera el sistema de producción capitalista tal y como afirmamos las/os marxistas. El ahistoricismo del patriarcado también está presente en las teorías queer, estas simplemente fallan en dar una respuesta concreta a la problemática, proponiendo a lo sumo “performar” el género para caricaturizarlo.

Desde la postura marxista el género, efectivamente, se construye sobre una realidad material que es la capacidad reproductiva y la consecuente división sexual del trabajo; esto da lugar a la comprensión social del sexo como binario, a pesar que sabemos científicamente que no lo es pues la variedad de los componentes que conforman el sexo biológico (cromosomas, nivel de hormonas, genitales), es demasiado amplia y diversa como para dividirlo en dos categorías herméticas. Entonces, las identidades sociales y binarias “hombre” o “mujer” se asignan a los cuerpos sobre los que se generan esas expectativas sociales, que entrañan una estructura opresiva.

El feminismo transfóbico, al que parece alinearse el PSOE, cree entonces que solo puedes socializar como mujer si tienes unas determinadas características sexuales, contradiciéndose en la afirmación del feminismo radical del que se reivindica, por la que el género es un constructo social, como efectivamente es, pues el feminismo transfóbico cree que es imposible que alguien con un cuerpo que socialmente se asigna a la categoría “hombre” pueda construir su identidad a partir de la categoría “mujer”, con la que todos/as tenemos contacto desde que nacemos, independientemente de nuestros genitales.

Es precisamente aquí donde radica la raíz de nuestra opresión: la transfobia surge como un castigo social por encarnar un género que no se nos ha asignado, por lo que nuestra mera existencia cuestiona el sistema ideológico que delimita las categorías de género en hombre o mujer y que las contrapone mediante la ideología machista, afectando a todo el colectivo LGTBI y dividiendo a la clase trabajadora.

El PSOE, ignorando todo este análisis material que se basa en algo incuestionable (la existencia de las personas trans a lo largo de la historia) declara que el género es una categoría opresiva a abolir como si este no se impusiese tanto a las personas trans como a las cis (“conformes” con su género asignado) por lo que, según este comunicado, sólo el sexo podría definir las políticas diferenciadas del Estado.

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Parte del PSOE se declara así como “abolicionista del género” al igual que se viene declarando abolicionista de la prostitución, ignorando, como parece que lo hace, que el 62% de las 2.609 víctimas mortales trans, contabilizadas según datos oficiales (siempre pobres en esta cuestión) entre 2009 y 2017 a nivel mundial, eran mujeres trans que se dedicaban a la prostitución. Esta cifra de mujeres trans asesinadas que se dedicaban a la prostitución llega al 88% en Europa (de las cuales el 43% eran migrantes).

Nos preguntamos cómo se puede ser abolicionista del género y de la prostitución si se pretende excluir del ámbito público a las que, precisamente por su género y, muchas de ellas por su condición de migrantes, se ven arrastradas a la cruel industria prostituyente.

Tenemos que recalcar el papel del PSOE y sus políticas en el marco de la fortaleza racista que es la UE. Fue el PSOE quien en los años 80, con Felipe González a la cabeza, impuso la Ley de Extranjería, esa ley que niega la legalidad de las personas por su color de piel convirtiéndolas en ciudadanos de segunda y fomentando así las redes de trata y prostitución que se aprovechan de las mujeres más vulneradas, en este caso, por el Estado Español.

¿Abolicionistas de la prostitución? ¿Qué ha hecho el PSOE durante sus años de legislaturas para acabar con el negocio de los burdeles? Absolutamente nada, porque que el Estado Español sea el segundo “consumidor” de prostitución es un negocio demasiado jugoso como para anteponer las vidas de las mujeres pobres, migrantes y trans (estas últimas, falsas mujeres para un sector del PSOE).

¿Feminista? ¿Plantea el PSOE la depuración del sistema judicial franquista y machista que ve “abusos” donde hay violaciones? ¿Dónde quedan los recursos del 75% de ese flagrante Pacto de Estado contra la violencia machista que no se ha llevado a cabo? Esos recursos están en los bolsillos de la banca europea y del IBEX35 que en la presente crisis como en la de 2008 son los grandes ganadores de la política de rescates y de la priorización del pago de la deuda, una deuda que llaman pública porque la pagamos todos/as los/as trabajadores/as pero que proviene de la especulación privada de los grandes explotadores.

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El PSOE no gobierna para las mujeres de clase trabajadora, sean mujeres cis o trans, el PSOE gobierna contra nuestras vidas e intenta dividirnos en nuestra lucha contra la despiadada opresión machista, racista y transfóbica a la que somos sometidas las mujeres trabajadoras y precarias.

¿Qué podemos esperar de la minoría “más progresista” de este gobierno de coalición supuestamente “progresista”? Entendemos la esperanza que guardan sectores del activismo en UP pero desde Corriente Roja desconfiamos de las políticas parlamentarias que dependen de intereses partidarios en cuando lo que está en juego son nuestras vidas.

Por eso llamamos a todo el activismo y a las organizaciones de trabajadores/as a construir un movimiento de base que combata la opresión que las mujeres y LGTBI sufrimos bajo este sistema capitalista que explota internacionalmente a la clase trabajadora en su conjunto.

Exigimos al PSOE la retirada de sus declaraciones transfóbicas ¡Derecho a la autodeterminación de género sin trabas! ¡YA!

¡Reversión de todos los recortes en Educación y Sanidad!:

Aumento del gasto sanitario e implantación de medidas para la despatologización de las identidades trans.

Aumento del gasto en educación para implantar en el currículum escolar
Educación Sexual y en valores de igualdad y para poner en marcha protocolos
específicos que prevengan el acoso escolar por LGTBIfobia


¡No pagaremos con más recortes! ¡No al pago de la deuda!

¡Creación de empleo público! Políticas en el ámbito laboral que contemplen cupos especiales de empleo y formación que nos posibiliten un trabajo digno, alejado de la violencia mortal de la
prostitución.