Compartir

En el contexto de un 2019 lleno de movilizaciones exigiendo medidas para frenar el cambio climático, y en el que la preocupación por la grave crisis ambiental se ha extendido, sobre todo entre las y los más jóvenes, el pacto PSOE-UP puede ser un alivio para muchos/as de las y los compañeros/as con quienes hemos estado luchando codo con codo estos meses en las calles. Frente a los anteriores gobiernos, que negaban la importancia de tomar medidas hacia una “transición ecológica”, este refleja las principales demandas del movimiento: potenciar las energías renovables, poner encima de la mesa la necesidad de un “nuevo modelo energético”, la “economía circular” como horizonte, planes de movilidad y transporte sostenible, o planes de protección de los ecosistemas naturales, entre otros.

Buenas intenciones para el 2050 no es suficiente

Es necesario poner medidas urgentes sobre estas problemáticas, y es por eso por lo que, a tod@s l@s que os sentís escuchados/as por la preocupación del nuevo Gobierno hacia la crisis ambiental, os invitamos a profundizar en las medidas que se plantean y cómo se plantean. La mayoría de las medidas no tienen fecha -o al menos año- de aplicación, y los objetivos que se fijan para alcanzar la mayoría de ellas tienen como límite el 2050. Según un análisis publicado en el Breakthrough National Centre for Climate Restoration por David Spratt, en 2050 ya sería más que tarde para tener los objetivos cumplidos, ya que muchos estudios apuntan a que para esas fechas la temperatura global habrá aumentado casi 3ºC, lo que destruiría grandes ecosistemas y provocaría el exilio de miles de millones de personas de sus territorios -afectad@s por los fuertes cambios ambientales.

Lea también  ¿Gobierno feminista o políticas de cara a la galería?

Por otro lado, en una legislatura de 4 años plantear fechas de aplicación u objetivos para 2040 o 2050 suena demasiado parecido a las declaraciones de las cumbres internacionales del clima, que redactan buenas intenciones a aplicar en un futuro incierto, y que nunca terminan llevándose a cabo. Es una incoherencia plantear medidas que ni si quiera sabes si tú mismo podrás estar para aplicarlas.

Se habla de instaurar el “residuo cero” a través del desarrollo del “ecodiseño y la ecoinnovación”, sin mencionar que este tipo de avances suelen producir aumentos de la productividad y de la producción, ya que tienden a aplicarse sin poner límites al “crecimiento”, como se da en este caso.

Tampoco se recoge ninguna limitación al turismo desenfrenado a pesar de sus implacables efectos: Barcelona y Palma son las ciudades portuarias más afectadas por la contaminación que producen los cruceros en Europa; el 26% de las basuras marinas que se encuentran en el litoral español proceden del uso turístico de nuestras costas; 1.597 millones de toneladas de CO2 corresponden a las emisiones de transporte en el sector turístico a nivel mundial.

Otro caso sería el del “plan de movilidad sostenible”. La “financiación al transporte público” no puede quedarse solo en esas palabras: ¿qué pasa con los bonos de transporte público que no paran de subir de precio por todo el Estado? ¿Cómo casa esto con las medidas que impiden la entrada de los vehículos menos respetuosos con el medioambiente en las principales ciudades? Si las restricciones a l@s trabajadores/as para llegar con nuestros coches a nuestros puestos de trabajo están vigentes desde el 1 de enero, entonces, las facilidades para que esto no nos afecte negativamente deberían aplicarse cuanto antes, ¿no?

Lea también  La crisis del coronavirus y su impacto en los cuidados

Tampoco podemos dejar atrás las promesas en cuanto a “una generación de electricidad 100% renovable para 2050” o la deseada “bajada de la factura”. Ambas medidas suponen, de una forma u otra, intervenir sobre las grandes compañías eléctricas. Nos preguntamos cómo podrá hacerlo este Gobierno, cuadrando el círculo, al mismo tiempo que asegura el crecimiento empresarial y sin cuestionar la economía capitalista.

Los estudios científicos no dejan lugar a dudas: la lucha por detener la crisis ambiental es más urgente que nunca. No podemos permitir planes inconcretos y sin medidas claras inmediatas. Tampoco que este nuevo Gobierno no tome la responsabilidad por las promesas que hace: puede ser que los resultados de ciertas medidas no se vean hasta 2040, pero para que eso sea mínimamente probable hay que comenzar ya a aplicarlas.

¡Este año continuemos con las movilizaciones de 2019! ¡Por medidas reales YA para parar la crisis ambiental!