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Con el pase al grupo mixto y los anuncios de nuevas fuerzas políticas, como Galicia en Común, la gira de ANOVA cara septiembre y la propuesta de Villares de otra organización, se formaliza lo que era un hecho, la ruptura de En Marea.

Por Corrente Vermella

En la rueda de prensa de Villares donde hacía un balance de la ruptura, y aunque puede tener mucha razón en la deslealtad con la que actuaron desde Podemos (no era ninguna novedad) y la incoherencia de ANOVA, no va hasta el final en su evaluación: Podemos actuó como lo hizo por motivos políticos, con unos objetivos bien claros, sacar la lucha de la calle, institucionalizarla y laminar cualquier opción que hubiera sonado rupturista con el régimen.

Un balance político es un aprendizaje para el futuro: si una organización que surge como “espacio rupturista con el régimen” se convirtiera en parte de ese régimen -porque ese y no otro es el centro del problema- a su desaparición es una consecuencia inevitable: está traicionando sus orígenes. Y ahora tenemos a unos procurando un encaje en el gobierno del PSOE como Podemos, otros defendiendo algo que no saca ninguna conclusión política del fracaso de estos años; y unos terceros navegando entre ambas opciones sin romper con el ADN que provocó esta situación: el electoralismo y el institucionalismo.

Porque este es el fondo del problema. Tanto AGE como después las “mareas”, y Podemos a nivel estatal, surgieron de uno de los grandes acontecimientos políticos de los años de la crisis, el 15M, cuando cientos de miles de personas rompen con los partidos del régimen, nombradamente con el PSOE, al calor de la revueltas árabes, del levantamiento obrero y estudiantil de Wisconsin, … de la traición del PSOE cuando lanza la guerra social contra los trabajadores / as, asumiendo las directivas de la Unión Europea y la Troika.

Entre el 2011 y el 2014 asistimos en el Estado Español a un gran ascenso de la lucha social masiva, obrera y popular; con huelga generales, movilizaciones sectoriales como las “mareas” en defensa de los servicios públicos (sanidad, educación, etc.), la lucha contra los desahucios, que ponen contra las cuerdas no solo a la justicia sino también el sector financiero, etc., etc. Este ascenso culmina con las Marchas de la Dignidad del 22M del 2014, que junta cientos de miles de personas en Madrid bajo el lema “pan, trabajo, techo y dignidad”.

Poco después, el rey Juan Carlos, acosado por la corrupción, tiene que dimitir (abdicar), abriendo una crisis sin precedentes en el Régimen del 78: el heredero directo de Franco para garantizar lo “atado y bien atado”, tiene que dejar la Jefatura del Estado para buscar continuidad a un régimen en horas bajas. Su abdicación abre una nueva puerta en la lucha, la exigencia de un referéndum “monarquía o república”.

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En ese momento de crisis social y política amplios sectores de la sociedad en lucha hallan en el llamado “mover ficha” de diciembre del 2013 un canal para expresar su malestar con la situación. El llamado “mover ficha” se transforma en un partido, Podemos, que presentara como la “nueva política” que dicen recoger a las exigencias del 15M, del “le llaman democracia y no lo es”, etc., prometiendo luchar por abrir un proceso constituyente que de solución a las exigencias sociales.

Este fenómeno estatal de Podemos, tiene sus expresiones nacionales; y en la Galicia tras las huellas de AGE, y a lo largo del 2014 y 2015 surgen un montón de reuniones, asambleas abiertas, etc., hacia la constitución de organismos de “unidad popular”; hasta el BNG se suma a esta lógica. El final cristaliza en dos candidaturas, el BNG se mantiene y En Marea que ven a sustituir la AGE.

Pero todas ellas tienen el mismo ADN, el electoralismo. Fían la fuerza de la respuesta social a su expresión electoral e institucional, a conseguir puestos en los parlamentos, en los ayuntamientos, en las diputaciones, … Como si este fuera un nuevo comienzo; mas olvidando lo fundamental, los parlamentos, los ayuntamientos y ya no digamos a las diputaciones, no solo son parte del estado burgués en general, sino que son instituciones de un régimen, el del 78, heredero del franquismo. Y como no podía ser de otra manera, ellas también son herederas del franquismo.

Poner las esperanzas de “cambio” en unas instituciones diseñadas para lo contrario, y poner la movilización y organización independiente de la población trabajadora en función del número de cargos públicos, era hacerle un flaco favor a las necesidades sociales. Lo único que podía resultar era el debilitamiento de la movilización y organización social independiente del estado, fuera la que fuera la institución, y el fortalecimiento de las fuerzas políticas de la derecha, incluido el PSOE. Con lo que pocos contaban era que ese fortalecimiento diera vida a un partido tan reaccionario como VOX.

El Régimen del 78 va de la Jefatura del Estado hasta el último ayuntamiento, y de él hacen parte los partidos institucionales, los sindicatos mayoritarios, etc.; era todo este entramado institucional lo que de una manera confusa se rechazaba en el 15M del 2011, bajo el lema “le llaman democracia y no lo es”; no entender esto es la llave que llevó al fracaso de la “nueva política”, que terminó reintegrando la fuerza social desatada ese año dentro de los marcos del régimen. Ahora vemos a Podemos suplicar un pacto con el gobierno del PSOE, cuando el 15 M las calles se cansaron de gritar, “PSOE-PP, la misma mierda es”.

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No es la primera vez que un proceso de lucha social masiva remata en el charco del electoralismo; la Transición española es el máximo ejemplo de cómo la fuerza social de la clase obrera, de los estudiantes, de las mujeres, del vecindario, … fue llevada al pantano de las elecciones en el 77. Y todas las aspiraciones de ruptura con el régimen de Franco quedaron en lo que hoy vivimos, un régimen administrado por los herederos de Franco, con Felipe VI la cabeza.

La participación en unas elecciones nunca pueden ser un fin en sí mismo, sino que son parte de una lucha mucho más profunda, la que enfrenta las formas políticas, los regímenes de los que el capital dotara para mejor explotar y oprimir, que en el Estado Español llamara “Régimen del 78”. No tener en cuenta esta relación de que las elecciones son parte de la lucha política y no al revés, lleva inexorablemente la claudicar a las instituciones del estado.

Bien, el debate concreto es de cómo encarar el futuro, uno, como tras el desastre de estos años de experiencia institucional reconstruimos el espíritu que dio origen a AGE, el bloque rupturista con el Régimen del 78, y lo que se deriva de esto delante del 25 de Xullo y las elecciones gallegas del año que viene: ¿no se debería recoger la idea de una candidatura rupturista con el régimen? En Marea murió, es hora de lanzarse a la construcción de un movimiento bajo esa propuesta rupturista.

Pero el 15 M tenía otro contenido, más social y también confuso, que fue traicionado por aquellos que desde la “noticia política” se arrogaron el papel de sus portavoces. El 15 M no solo gritó contra el Régimen del 78 y sus partidos, sino contra el carácter de la crisis, cuando se levantó las consignas, “no son las personas, es el sistema”, o “abajo la dictadura de los mercados”.

Con estas propuestas, aunque sin mucha claridad se apuntaba que el simple recambio en las personas que gestionan el sistema no llegaba; que había que ir más allá. Las fuerzas políticas que como En Marea simplificaron los lemas, defendieron que con el relevo de los corruptos por personas honradas, llegaría el “cambio” o bien se confundieron o bien traicionaron las luchas; el resultado fue que todo quedó dentro de los marcos de las instituciones con un retroceso en la movilización social y sus objetivos.

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Para el futuro se hace imprescindible, delante de los ataques se vienen -no hay más que ver la composición de la nueva dirección política de la UE, una neoliberal alemana del Partido Popular Europeo, la ex del FMILagarde y el ministro de asuntos exteriores, J Borrell-, nuevos recortes, nuevas reconversiones industriales, más limitaciones en los derechos democráticos, hay que poner en el centro de las luchas de los direitos laborales, sociales y políticos.

Mas, aprendamos del pasado: las instituciones del Régimen del 78, como la Unión Europea, no sirven para enfrentar estos ataques y no son reformables desde dentro, cualquier política que levante la menor ilusión en que es posible un “cambio sin luchar contra sus estructuras políticas, sólo conduce a la desmovilización social y, de últimas, al reforzamiento del enemigo de clase y sus partidos.

El programa que se levante tiene que tener como principios fundamentales la independencia total de las instituciones y las empresas, la democracia en la toma de decisiones y la confianza solo en la movilización social, a partir de los métodos de la clase obrera, huelgas y manifestaciones. El 15 M apuntaba, su manera, en este camino, y este es lo que tenemos que retomar, sacando todas las lecciones precisas de estos años de confianza del “cambio” desde las instituciones.