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Fue “imposible” durante seis meses, pero el 10N obró el prodigio. En 24 horas Pedro Sánchez dio el SI, y junto a Pablo Iglesias anunciaron el gobierno de coalición.

Por A. L. Parras

Somos conscientes de la decepción que eso supuso entre los progresistas” dijo Sánchez refiriéndose al fallido intento de acuerdo PSOE-UP tras el 28A, una súbita conciencia sobrevenida a costa de perder 760.000 votos y después de que Vox capitalizara en las elecciones la reacción a las movilizaciones en Cataluña.

Los vocingleros de VOX, a los que dejaron una enorme autopista mediática, fagocitaron a Ciudadanos. La aritmética de una ley electoral antidemocrática, con 70.000 votos por diputado/a para VOX y 88.000 para U.P. o 122.377 para la CUP, por citar algún ejemplo, ha hecho el resto.

Volvieron a convocar elecciones porque hacía falta “un gobierno estable”, “un gobierno fuerte”, y aunque corrían el riesgo de repetir resultados sin lograr romper el bloqueo político, ya habían dejado entrever la Unión Europea, los próceres de la patria (Felipe González y Mariano Rajoy) y hasta Casado o el fulminado Rivera, que sí o sí habría nuevo gobierno.

Habrá que esperar unos días para poner en papel el “programa de gobierno”, leer la letra grande y la pequeña, y ver las caras nuevas en los ministerios, pero en lo sustancial el gobierno, lo llamen como lo quieran llamar, no será más que de “progreso” para los de siempre.

Un gobierno al compás del tamborín de la UE y la Monarquía

Este gobierno será, como hemos dicho en la campaña, un gobierno de la patria y el patrón. Un gobierno de coalición entre un PSOE que gobernó siempre para la banca, las multinacionales, al dictado de la Troika, devoto monárquico y nacionalista español; y un Unidas Podemos, que llegaron para acabar con el bipartidismo y el régimen del 78 y abrazaron, literalmente, al PSOE e hicieron de la Constitución del 78 su nuevo y revelador programa. De nada sirvió perder los círculos, caer en picado el 28A y seguir cayendo ahora perdiendo más de 650.000 votos. El objetivo era entrar, sí o sí, en el gobierno con 71 diputados/as o con 35 ¡objetivo cumplido!, pero para este viaje no hacían falta alforjas.

Los diez puntos genéricos anunciados para el “gobierno de coalición” no pasan de ser “significantes vacíos” que habrá que llenar de significado concreto, eso sí, bajo la implacable batuta de la Unión Europea.

Dice el preámbulo de su declaración: “Ambas formaciones comparten la importancia de asumir el compromiso en defensa de la libertad, la tolerancia y el respeto a los valores democráticos como guía de la acción de gobierno de acuerdo con lo que representa la mejor tradición europea”. Los titulares de los diarios anuncian que “Bruselas acoge con alivio el desbloqueo político en España. La continuidad de Calviño se ve como pieza clave para la credibilidad del posible Gobierno” (El País 12/11/19). “El frente económico tampoco parece inquietar demasiado en Bruselas, tras un principio de acuerdo de Gobierno de coalición que, de manera expresa, supedita las futuras medidas sociales «a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa». “Fuentes comunitarias apuntan que, en ese terreno, la continuidad de Nadia Calviño como ministra de Economía «sería la mayor garantía de que España seguirá en la misma senda presupuestaria que hasta ahora«. (Idem). ¡Más claro que el agua!

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El “gobierno progresista” tocará al compás del tamborín de una “tradición de la Unión Europea” que incluyó el cerco a Grecia cuando el pueblo griego intentó sacudirse el yugo de la deuda y los recortes; que 30 años después de la caída del Muro de Berlín, levantó en forma de leyes de extranjería, concertinas, CIES o campos de refugiados un gigantesco muro contra los trabajadores/as y pueblos que huyen del hambre que las multinacionales europeas generaron con el expolio de esos países y de las guerras que estos “demócratas” alentaron.

Una Unión Europea en crisis, que con un Brexit en la puerta y una recesión económica en la “locomotora alemana” no está para hacer experimentos ni con gaseosa, y ya avisó al gobierno en funciones de Pedro Sánchez que hay que recortar más el gasto público de nuevo, de más reformas del mercado laboral, de alentar los planes de privatización de las pensiones… y a la que el PSOE envió su “agenda del cambio” incluyendo la mochila austriaca.

Un programa de coalición que es más que esclarecedor para Cataluña: “Garantizar la convivencia en Cataluña: el Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución”. Es decir, del derecho a decidir, nada de nada y el referéndum pactado del que hablaba Podemos pasó al baúl de los recuerdos.

No es gratis defraudar a los trabajadores/as y el pueblo.

En la vida predicar no es dar trigo, y vender ilusiones sirve para un ratito. Mal que les pese, el derecho a decidir sigue ganando adeptos/as pese a que en Cataluña las elecciones se celebraron bajo una situación de excepción. Valga decir que el líder del partido más votado está encarcelado. Los partidos independentistas alcanzaron el 42,6%, y son mayoría en el 82% de los municipios catalanes. El porcentaje es mayor, llegando al 56%, si se considera la votación de los partidos favorables a un referéndum de autodeterminación. Pero el gobierno de progreso sólo ve un “problema de convivencia” y habla de fomentar “el diálogo en Cataluña”, eso sí, “siempre dentro de la Constitución”. Con esos mimbres no se hace otro canasto que no sea el de más represión y más presos.

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Con la Constitución en la mano, con esa que es la expresión del régimen del 78, la que legitima a la Monarquía, lo único que se puede lograr es seguir alentando el peor y más violento de los nacionalismos, el español.

Nosotros/as ni tenemos ni vamos a alentar la menor confianza en un gobierno patronal, españolista, entregado a la Troika y a la Monarquía. Fueron dos millones los/as votantes que del 28A al 10N dijeron “con nosotros/as no contéis” pese a una infame campaña de acusación de ser “instrumentos de la extrema derecha” quienes optaron por abstenerse o, como en nuestro caso, por votar nulo.

El combate a la extrema derecha no será de la mano de este nuevo gobierno sino pese a él. A los compañeros/as que hoy albergan esperanza en el gobierno Sánchez-Iglesias le decimos que respetamos sus ilusiones así no las compartamos. La vida dará o quitará razones, lo que si les decimos es que nosotros/as no vamos participar de instrumentalizar los organismos unitarios como la Coordinadora en Defensa del Sistema Público de Pensiones, ni ningún otro para paralizar la lucha, guardar en un baúl los programas reivindicativos, mientras se hacen declaraciones de palmeros del gobierno de coalición. Nuestra completa desconfianza en este gobierno de coalición nace de haber vivido 3 presidentes y 22 años de gobiernos del PSOE, del nefasto balance del gobierno de coalición entre PSOE e IU en Andalucía (2012-2015), de haber visto a Podemos dar la vuelta al calcetín de sus propósitos, desmontar la movilización del 15M y ahogar la rebeldía en el callejón antidemocrático de las instituciones que se heredaron del franquismo, comenzando por la Constitución del 78. Su acuerdo de programa ratifica de entrada más de lo mismo.

No es gratis defraudar a los trabajadores/as y el pueblo. Por el camino que se anuncia será inevitable, más pronto que tarde, el descontento con el nuevo gobierno. Si permitimos que la única oposición al gobierno sea la derecha, eso puede tener beneficiarios más que anunciados, PP y sobre todo Vox. Cuando se siembran ilusiones en un “gobierno de progreso” y se cosechan decepciones (como será con semejante programa y tradición) es cuando se le hace el juego a la extrema derecha y se le entregan los gobiernos en bandeja.

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Por eso, desde Corriente Roja nos declaramos desde ya oposición frontal desde la izquierda al gobierno. No contribuiremos a apaciguar las luchas obreras y sociales para conciliar con el gobierno, al contrario, defenderemos como siempre las reivindicaciones de la calle sin ningún “pero”.

Ahora no olvidemos eso de “Gobierne quien Gobierne,…”

Nosotros/as no somos escépticos vitales, pero ciframos nuestras esperanzas de cambio en la lucha de los trabajadores/as y el pueblo. Hong Kong, Ecuador o Chile son hoy la mejor prueba de que sí se puede, cuando se lucha. Nosotros no depositamos confianza ni apoyaremos otro gobierno que no sea el de los trabajadores y el pueblo.

Nuestra mensaje a todos los compañeros y compañeras luchadores/as que no comparten nuestra opinión, que miran con cierta confianza al nuevo gobierno de coalición, les decimos: vosotros/as tenéis confianza e ilusión en el nuevo gobierno, nosotros ninguna; vosotros/as creéis que la presencia de Unidas Podemos empujará al PSOE a la izquierda, nosotros/as que arrastrará a UP a la complicidad y tras ello a una nueva y dolorosa decepción que allana el camino a la extrema derecha… Pero vosotros/as y nosotros/as queremos derogar las reformas laborales; queremos que las pensiones se paguen desde los Presupuestos Generales del Estado, que ninguna pensión esté por debajo de los 1.084 euros, que haya medios materiales y económicos reales para combatir la violencia machista, que se cierren los CIES, que los pueblos tengan derecho a decidir y queremos la libertad de los presos/as catalanes, que la lucha por esas demandas que hemos levantado juntos/as en la calle no pare. Recordemos más que nunca eso de que ¡gobierne, quien gobierne, los derechos se defienden!