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Hace ya más de una semana que el Gobierno de Sánchez impuso el Estado de Alarma en el Estado Español como medida de urgencia para detener la crisis del coronavirus.

Por Lucía, de Corriente Roja

El confinamiento generalizado que está dejando de lado a miles de trabajadores que siguen yendo a sus puestos de trabajo poniendo en riesgo sus vidas, el colapso que está sufriendo la sanidad pública por los recortes y la falta de recursos, los ERES y ERTES que están afectando a cientos de familias de clase trabajadora, y la incertidumbre en la que estamos los jóvenes precarios y trabajadores, no solo en el Estado español sino de todo el mundo, pone de manifiesto una vez más que los Gobiernos en este sistema capitalista sólo tienen una forma de enfrentar las crisis: a costa de las vidas de la clase obrera y las clases populares.

Es momento de reflexionar cómo y para quién se enfrentan estas crisis. Un ejemplo claro es el confinamiento que llegó tarde: cuando ya era evidente que el coronavirus era un riesgo tangible en Europa que se estaba cobrando vidas en Italia, aún se tardó una semana entera en llamar a la cuarentena. ¿Por qué? Las fábricas que aún siguen sin cerrar a pesar de la crítica situación en la que estamos nos pueden dar una pista: se priorizaron los beneficios de las empresas que querían retrasar la cuarentena lo máximo posible para retrasar las consecuencias negativas que esta tendría en sus cuentas.

Una semana tarde en aplicar el confinamiento generalizado-que aún sigue sin serlo-se ha cobrado en el momento de escribir este artículo ya más de 2000 vidas, y más de 30.000 casos sólo en el Estado Español. Enfrentar esta crisis tarde significa que muchas de esas muertes y casos se podrían haber evitado. Esta pandemia nos deja ver una clara conclusión: cuando la solución a los problemas de esta magnitud se deja en manos de Gobiernos al servicio de las grandes empresas y multinacionales, las medidas llegan tarde, son insuficientes y perjudican a la clase trabajadora.

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¿Y las medidas para la emergencia climática?

Cómo se está enfrentando la crisis del coronavirus nos hace recordar y sacar similitudes respecto a las insuficientes medidas contra la crisis ambiental. Muchos podrán pensar que la razón por la que se está atendiendo esta crisis con tanta inmediatez es simplemente por su urgencia. Pero si siguiéramos ese razonamiento no se entendería por qué no se atiende de la misma forma la crisis ambiental: sólo en Barcelona, de 2010 a 2018 están contabilizadas más de 3000 muertes por la contaminación en el aire; las catástrofes naturales, acrecentadas por el cambio climático, se cobran miles de vidas cada año, y la misma ONU da datos de que en el 2018 se cuentan como 62 millones las personas afectadas por fenómenos naturales, asociados la mayoría con eventos climáticos extremos.

Los datos no mienten: la crisis ambiental es un problema con magnitudes y consecuencias bestialmente superiores a la crisis del COVID-19. De hecho, esta pandemia es un problema que se acrecienta por los daños en los ecosistemas causados por el cambio climático. Entonces, ¿por qué no está recibiendo la misma atención que este virus? Porque el coronavirus amenaza de manera inmediata la estabilidad necesaria para continuar la producción en los principales sectores de la economía imperialista. El coronavirus lo pueden enfrentar con despidos masivos temporales y cubriendo con subvenciones públicas sus posibles pérdidas económicas. Pero la crisis ambiental es imposible de parar con medidas temporales. No bastaría con parar la producción un par de meses por un confinamiento, habría que cambiar de raíz todo el sistema de cómo y cuánto se produce, y para qué.

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Ahora, con la saturación que está viviendo la sanidad pública, se deja entrever que la industria está completamente mal enfocada. En vez de estar produciendo más EPI’s para las trabajadoras de la salud o sectores de riesgo, de fabricar más ventiladores respiratorios o de construir más hospitales, tenemos una economía capitalista centrada en producir cada vez más pero no en lo que realmente se necesita.

Lo que el COVID-19 nos está dejando ver es que el problema de fondo de este sistema es que se produce por el beneficio de unos pocos, y no en función de las necesidades de la mayoría de la población. Cuando hablamos de “cambio del modelo productivo”, nos referimos precisamente a esto. Un sistema que produce desmesuradamente generando miles de emisiones y que además es incapaz de paliar la desigualdad en el mundo, no solo destruye los ecosistemas y provoca la crisis climática, sino que es una sentencia a muerte para los y las trabajadoras, y los más pobres de esta sociedad.

Es por eso por lo que las soluciones no pueden hacerse esperar más: una semana tarde en llamar al confinamiento se llevó cientos de muertes, ¿cuántas muertes se llevará por delante la grave crisis ambiental que nos espera por llegar? No llevamos una semana de retraso, llevamos años y años. Las consecuencias de esta tardanza serán devastadoras y las sufriremos los de siempre.

Ya estamos viendo que los Gobiernos son incapaces de resolver las crisis sin el beneplácito de la patronal y sin perjudicar a las clases populares. No podemos dejar que esta crisis la resuelvan a su manera, los trabajadores y trabajadoras, al igual que estamos parando y haciendo huelga en nuestros puestos de trabajo para enfrentar la crisis del coronavirus y salvar nuestras vidas, tenemos que ponernos a la cabeza de luchar contra la crisis ambiental, haciendo huelga, peleando con uñas y dientes porque nuestras vidas también estarán en juego entonces.

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La clase trabajadora en su conjunto, los sanitarios, los obreros, los trabajadores de supermercados, nos estamos dando cuenta que este sistema funciona gracias nosotros y no gracias a los empresarios y a los banqueros. Somos nosotros quiénes producimos, quiénes hacemos funcionar la sociedad. Es por eso por lo que somos los que tenemos que luchar porque las fábricas produzcan para nuestro bien, que los hospitales privados se incauten al servicio de la pública, los que tenemos que expropiar todo para ponerlo al servicio de la mayoría de la población.

¡MEDIDAS REALES YA PARA DETENER LA CRISIS DEL COVID-19 Y LA EMERGENCIA CLIMÁTICA!

SI EL GOBIERNO NO PONE SOLUCIONES, ¡TOMEMOS EL CONTROL DE LA PRODUCCIÓN PARA PONERLO AL SERVICIO DE LAS NECESIDADES DE LA CLASE TRABAJADORA y la sostenibilidad ambiental!