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“Consideramos necesaria una tregua en la lucha… esta retirada nuestra, camaradas, la consideramos honrosa pero indispensable. Al proletariado se le puede derrotar, pero vencer, jamás.”

Por: J. Hernando

Con estas palabras en su manifiesto, la clase trabajadora asturiana finalizaba su insurrección. Hace 85 años comenzaba una increíble insurrección en Asturies, con reflejos en otras zonas del Estado. Las masas de trabajadores estaban preparadas para dar la gran batalla. Los problemas que la República no resolvió, los llevaban de cabeza a una revolución social.

Un año atrás, en noviembre del 33, comienza el “bienio negro”, con la entrada de un nuevo gobierno ultraderechista. Al son de este peligro nace la Alianza Obrera (AO) en Barcelona por iniciativa del Bloque Obrero y Campesino. A esta se unirían el PSOE, la UGT e Izquierda Comunista, el grupo trotskista, entre otras organizaciones. La AO era un espacio declarado de unidad de acción de los trabajadores “para mantener intactas todas aquellas ventajas conseguidas hasta hoy, y que representan el patrimonio más estimado de la clase trabajadora”. En semanas se extendían a Asturies y Madrid. Los anarquistas no participaban, porque rechazaban su “carácter político” (a excepción de Asturies, donde la CNT sí se unió). Tampoco los estalinistas.

El papel del PSOE se resumía en intentar cabalgar la ola revolucionaria, intentando que no estallara de manera abierta. Integraban la AO por la enorme presión popular para pasar a la acción, pero trataban de capar el carácter revolucionario de la movilización, y si podían, la evitaban. El PSOE jugaba al despiste prometiendo la revolución, pero llamando a la calma esperando el momento adecuado. La entrada de la ultraderecha de la CEDA al gobierno el 4 de octubre hizo imposible retener más a las masas, que comenzaron una huelga general desde Madrid. El PSOE, ante los hechos consumados, declaró la huelga general, eso sí, “pacífica”.

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El día 13 el PSOE desconvocaba la huelga que había tenido un seguimiento ejemplar. Sin embargo, en Asturies, las cuencas mineras iniciaron la madrugada del 4 al 5 de octubre un levantamiento totalmente insurreccional. Desde Mieres se proclama la República Socialista. Se atacan los puestos de la guardia civil y de asalto, con pocas armas y mucha dinamita (gajes del oficio), se toman tres fábricas de armamento y se llegan a fabricar los primeros tanques en España.

La insurrección se escapaba de las manos del PSOE. Cuando los insurrectos llegan a Uviéu, una desbandada de dirigentes del PSOE se da “a la fuga” y el mando es rápidamente tomado por los trabajadores, que gobiernan desde sus organizaciones y la AO. Con su llamamiento a la calma, el PSOE logra dejar aislada a la comuna asturiana, y el general Franco al mando de la represión desata toda la fuerza del ejército republicano-burgués contra los trabajadores asturianos, que llega a bombardear Xixón. La represión desata una auténtica masacre, con 3.000 asesinados y 40.000 obreros son hechos presos. La insurrección aguanta heroicamente hasta el día 18.

A pesar de su derrota, la Revolución de Asturies legó importantes enseñanzas al proletariado español, sentando el precedente para la Revolución de 1936 contra el golpe de los generales. Especialmente, la certeza de que frente al fascismo la lucha es a muerte. Pero también el carácter traidor y conciliador de las organizaciones obreras reformistas.

Por último, queremos destacar el papel de la AO a modo de organismo de frente único para la acción. Y que llegado el momento de la Revolución, tuvo capacidad para llegar a conformar un gobierno obrero con la participación de las distintas tendencias políticas y sindicales existentes.

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Evidentemente, hoy vivimos una situación diferente de aquella, pero, como entonces, el frente único, la necesidad de unidad para luchar y la independencia organizativa y política de la clase trabajadora son igualmente necesarias. Hoy no tenemos ninguna “Alianza Obrera”, es por ello un deber para los y las revolucionarias dar pasos en esa dirección. Como por ejemplo impulsar sindicatos combativos, unitarios y democráticos; tratar de coordinar las luchas obreras entre ellas, y con los movimientos sociales o populares. Y construir desde ese tipo de coordinación un programa reivindicativo común que apunte a la superación del capitalismo.