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Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden

La primera constatación de los resultados es la persistencia de la grave crisis de gobernabilidad que estuvo en la base de la repetición electoral. Las elecciones no resolvieron el problema. Es algo de lo que nos alegramos porque el gobierno que venga, sea el que sea, tiene ya el programa marcado por la UE y las empresas del Ibex 35 y va a lanzar una nueva ola de ataques contra el pueblo trabajador. Por eso, cuanto más débil esté mejor será para todos nosotros/as.

Por Corriente Roja

La prensa destaca que el PP ha ganado las elecciones. Pero su victoria ha sido pírrica, no sólo porque no se ha resuelto el problema de gobernabilidad, sino porque, a pesar de que gana cerca de 700.000 votos (más de la mitad a costa de CIUDADANOS) lo hace perdiendo tres millones de votos respecto a 2011 y con un partido corroído por la corrupción, desacreditado y enfrentado a la gran mayoría de la población.

El PSOE, que era el otro pilar del régimen, sigue cayendo, obteniendo el peor resultado desde la transición, con una nueva pérdida de 106.000 votos y de 5 diputados (dos de ellos en Andalucía, donde experimentan un claro retroceso). Su triste consuelo es el gran batacazo de la coalición Unidos Podemos que -tras haber dado oxígeno al PSOE entregándole gobiernos autonómicos y municipales- pierde más de un millón de votos, quedándose con la sonrisa congelada, sin “sorpasso” y con una batalla interna que recién empieza.

El batacazo de Unidos Podemos

Echenique “no se explica” el batacazo recibido y otros dirigentes de Podemos se muestran decepcionados de “la gente”, a la que achacan la culpa de sus resultados. Pero las responsabilidades están en otro lado y la explicación de los resultados no es tan complicada. El gran retroceso se ha dado, ante todo, en los barrios obreros y populares, en los que se ha concentrado la abstención (1,2 millones que dejaron de votar), superando en muchos casos el 4% y llegando hasta el 7% o más. Esta abstención es la muestra más palpable del desengaño hacia una coalición cuyo eje era constituir un gobierno con el PSOE y cuyos dirigentes se han presentado como “hombres de Estado”, defensores del orden y “patriotas”, como admiradores de Zapatero (el del artículo 135 y la reforma laboral), como gente que acepta la Monarquía, que es respetuosa con los dictados de la UE y la troika, amistosa con los grandes empresarios, partidaria de la OTAN y de la continuidad de las bases americanas y hasta admiradora de Santa Teresa de Jesús. Una coalición para la que el referéndum catalán y, en general, el derecho de autodeterminación, se convirtió en puro artificio electoral.

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Hay que destacar en especial la caída del voto a Unidos Podemos en los lugares donde tenía responsabilidades de gobierno municipal, cuya gestión fue convertida por Iglesias en bandera electoral. En barriadas madrileñas como Vallecas, la caída de voto a Unidos Podemos supera el 20%. Madrid capital, con 105.000 votos menos, y la Comunidad de Madrid, con 217.000 menos, es donde Unidos Podemos ha sido castigado más severamente.

Del mismo modo, hay que señalar la fuerte caída en los lugares donde la votación a la candidatura IU-UP fue más fuerte en diciembre. Muchos electores no quisieron ceder su voto a Unidos Podemos, que daba la espalda a buena parte de los puntos que IU-UP y Garzón habían defendido en la anterior campaña electoral…para abandonarlos el mismo día de las elecciones, en nombre de gobernar con el PSOE y, más tarde, entregarse a Podemos con armas y bagages. Fue el abandono del programa lo que motivó la ruptura de los compañeros y compañeras que participamos en diciembre en la candidatura IU-UP desde “Sindicalistas por la Unidad Popular” porque para ese viaje no hacían falta alforjas. Los resultados electorales, lejos de aliviar la enorme crisis de IU, la acentúan y la lleva a un futuro incierto.

En Cataluña, con un abstención que ha crecido un 5%, En Comú Podem, la candidatura asociada a Unidos Podemos y encabezada por Ada Colau, también ha retrocedido, perdiendo cerca de 80.000 votos. Uno de los factores que explican este retroceso es, además de la decepción ante la gestión del gobierno de Ada Colau, la actitud, mano a mano con Podemos, ante el referéndum catalán, que quedó abandonado en aras de la búsqueda de un pacto de gobierno con el PSOE y de componendas parlamentarias imposibles en las Cortes españolas. No es extraño que quien haya ganado votos en Cataluña sea Esquerra Republicana (30.000), desplazando al frente del soberanismo, a Convergència, el partido de Artur Mas y del President Puigdemont.

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Los resultados de Unidos Podemos en Euskal Herria, responden ante todo al hundimiento de Bildu, la coalición de la izquierda independentista, plenamente institucionalizada, que ha entrado en una profunda decadencia, sin que la presencia de Otegi detenga la deriva.

El próximo gobierno

Los resultados electorales no indican un giro a la derecha, como se nos quiere hacer creer desde determinada izquierda. Lo que marcan es una situación de crisis política e inestabilidad en un momento en que el próximo gobierno debe ejecutar una nueva ola de ataques a la clase trabajadora y enfrentar una situación catalana en la que la presión por un referéndum unilateral va a ser cada vez mayor.

Celebradas las elecciones del 26J, los amos, es decir, la UE y el Ibex 35, ya han dejado claro que “se acabó la diversión” y que esta vez habrá gobierno y no unas terceras elecciones. Su gran problema es que el nuevo gobierno que se acabe formando sufrirá una gran inestabilidad. La “gran coalición” enmascarada a la que están abocados, con la investidura de un gobierno presidido por el PP con la abstención del PSOE, será un gobierno débil, con un PSOE desgarrado por las luchas internas.

Sólo hay un camino: recuperar la movilización obrera y popular y plantar cara a la UE y al Ibex 35, tomar el ejemplo de lucha de Francia

El ciclo que se abrió con el 15M, las huelgas generales, la marcha minera, las mareas, el movimiento antidesahucios…fue institucionalizado y neutralizado a partir de las elecciones europeas. Como consecuencia, el régimen y sus partidos, que estaban contra las cuerdas, han logrado una cierta estabilización.

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No hay otro camino para el cambio social que retomar la lucha por un plan de emergencia social que, sin duda, nos va a obligar a enfrentarnos a la UE, que no es sino un instrumento del capital financiero para acabar con nuestros derechos.

Ahora que han dispuesto nuevos ataques, que le corresponderá aplicar al nuevo gobierno que surja, es hora de recuperar la confianza en nuestras propias fuerzas, siguiendo el ejemplo de la clase trabajadora y la juventud francesa. Es hora de recuperar el camino de las luchas, comenzando por el apoyo a los jornaleros/as andaluces, amenazados con la cárcel; a los trabajadores del transporte público de Barcelona y Madrid; a los que organizan en sus empresas candidaturas para enfrentar los planes de la patronal y a la burocracia sindical; a las movilizaciones por la libertad de Alfon y todos los presos por luchar.

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