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A día de hoy, el COVID 19 ya ha contagiado a más de 25.000 personas y se ha cobrado la vida de más de 1.300. Parece que la curva de expansión del virus no hace más que crecer en nuestro país.

Parecía ayer cuando creíamos que el coronavirus sólo se cebaría con la población china selectivamente por su “supuesta falta de higiene” y sus costumbres “anómalas”.

Era sólo enero cuando medios como El Confidencial o la BBC publicaban titulares como “¿por qué China es una fábrica incontrolable de epidemias?” o “Coronavirus en China: ¿por qué los brotes infecciosos se están volviendo cada vez más comunes?”

Parecía ayer cuando creíamos que la falta de medios para salvar a todos, el control de movimiento, el cierre de fronteras, el confinamiento y el tener que ir a trabajar bajo un Estado de Alarma o excepción sólo afectaba a los refugiados en la frontera greco-turca, a los palestinos de la franja de Gaza o a las centenas de personas que intentan cruzar la valla cada día.

Ayer, cuando nos creíamos la ficción que Europa era una burbuja sanitaria donde las y los «suertudos» que hemos tenido el azar de nacer aquí tendríamos la salud asegurada mientras mirábamos por encima del hombro “a los pobres” que se iban contagiando por el COVID19 que se iba expandiendo por medio oriente.

Hasta que llegó a Italia, y luego aquí, al Estado Español cuando empezó a amenazar la vida de los nuestros.

Y así, si alguna conclusión sacamos de esta crisis es que si el miedo que estamos sintiendo a nuestra muerte o a la de un familiar nos hace plantearnos salir huyendo de la ciudad en la que vivimos o, como en la mayoría de los casos, alertar de la importancia de “quedarnos en casa”, por lo menos podríamos intentar hacer el ejercicio de entender aquello de “nadie se sube a un barco si la tierra que pisa es más segura”.

Hoy, el día Internacional de la eliminación de la discriminación racial, en plena emergencia sanitaria desgraciadamente se ha revelado un aspecto aún más tóxico que se manifiesta en cualquier tipo de tragedia: el racismo.

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Se busca chivo expiatorio

La ultraderecha y los medios de comunicación sensacionalistas, principales responsables de que esta ideología contagiosa se propague, no han perdido el tiempo en seguir difundiendo mentiras para que culpemos al migrante de esta crisis, y lo que es peor, de los muertos que dejará por el camino.

Solo hay que escuchar cómo Ortega-Smith ante su contagio dice orgulloso “mis anticuerpos españoles derrotarán a los malditos virus chinos».

O cómo el Presidente de Vox Girona publicó en twitter un estado que dice “los pobres de las pateras…mira este vídeo y cuando vayas a comprar revisa bien lo que coges” acompañado de un vídeo/bulo de un grupo de chavales en Costa de Marfil, repito en Costa de Marfil, bebiendo botellas de alcohol en un supermercado y dejándolos de nuevo en una estantería.

O medios de comunicación como mediterráneodigital.com culpan a todo un pueblo con el siguiente titular: “Gitanos con Coronavirus se niegan a seguir los protocolos de Sanidad y expanden el Covid-19”

Dicen, publican y difunden cualquier cosa, con que el chivo expiatorio seamos los inmigrantes.

Si sumamos el miedo e incertidumbre de los trabajadores y el pueblo a un virus desconocido y los discursos de odio mencionados a la institucionalización y perpetuación del racismo como los CIE, las vallas, las deportaciones o la Ley de Extranjería decretados por el Gobierno, de supuesta izquierda, no nos tiene por qué extrañar el resultado final: palizas en varias ciudades de Europa, como en Madrid contra un joven estadounidense de origen chino culpándole del coronavirus, aumento del acoso escolar racista y el aumento redadas racistas bajo el estado de alarma.

Nos ha tocado el palito más corto

Las trabajadoras domésticas, la gran mayoría de ellas migrante, siguen exigiendo que el Gobierno firme sin éxito el convenio 189 para que puedan tener derecho, entre otras cosas, a la prestación por desempleo como el resto de trabajadores, que hoy sufren, además del miedo al virus, a no llegar a fin de mes cada minuto que pasa.

Miles de trabajadoras se exponen al coronavirus que pueda tener su empleador/a y a las multas policiales de hasta 300 € por no contar con el certificado de desplazamiento para seguir yendo a trabajar si no han sido despedidas todavía, como denuncia la plataforma de trabajadoras del hogar SEDOAC.

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Además, entre el paquete de medidas económicas del gobierno no hay ni una mención a las más de 630.000 empleadas del hogar y su situación laboral tan precaria.

Por último, no nos podemos olvidar de que ahora que nuestros mayores están bajo amenaza biológica, ellas son las que en muchas ocasiones son parte de “los servicios esenciales” que cuidan a los nuestros y como a las y los sanitarios, deberíamos exigir la dignificación de su puesto de trabajo. También a los cientos de inmigrantes trabajadores que son celadores de hospitales, jornaleros y cajeras de supermercado.

La Ley de Extranjería deja entre la espada y la pared a miles de personas. Como a los manteros que no tienen derecho a cotizar y como denuncia el Sindicato de Manteros “si no vendemos no cobramos”, dejando en situación de total abandono, si se podía más, a este colectivo o a los miles de inmigrantes y solicitantes de asilo que, por la paralización de las administraciones, se ha paralizado también la concesión de la autorización de trabajo en tiempos tan difíciles como estos.

Por último, no podíamos dejar de mencionar la situación de insalubridad a la que están expuestos los presos por migrar en los CIEs. Hasta seis personas duermen en una misma celda, durante el tiempo en el patio pueden concentrarse más de cien y los trabajadores policiales de los centros van y vuelven. Éstos fueron algunos de los motivos por los que se amotinaron en el CIE de Aluche el pasado 17 de marzo.

El coronavirus mata porque no se invierte en nuestra sanidad: la pública

Hace unos días hicimos una cacerolada contra el Rey porque sabemos que con el dinero oculto del “emérito” se pueden quintuplicar los 30 millones destinados a investigar el Covid19. Y si le sumáramos los más de 65000 millones de euros que nos costó el rescate bancario quizá ya nos estaríamos vacunando.

Por desgracia, la salud de los trabajadores de la Mercedes-Benz, la de los jornaleros, la de nuestras abuelas pensionistas y la de los miles de despidos o afectados por los ERTES estos días no es la prioridad la prioridad económica del país.

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Además, si añadimos que hoy por la sobresaturación en el sistema sanitario las UCI plantean un triaje de los pacientes según “su valor social”, se evidencia todavía más que la mayoría de trabajadoras y trabajadores del país seremos los más afectados por este virus.

Por ello, hoy reivindicamos más que nunca que la mejor vacuna contra el racismo y al virus es la solidaridad entre nosotras, las trabajadoras, para empezar a luchar juntas para exigir al gobierno:

¡Concesión inmediata de autorizaciones de trabajo y residencia para todas!

¡Ratificación del Convenio 189!

¡Medidas económicas de emergencia para los colectivos más vulnerables durante la crisis del COVID19!

!Cierre de los CIEs ¡liberación de todas y todos los presos ya!

¡Ni una persona en situación de calle! ¡plazas de acogida para todas ya!

¡Stop deportaciones!

¡Derogación de la ley de extranjería!

¡Sanidad pública, gratuita y de acceso universal de todas y para todas!