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Otra reunión de la Comisión Europea para no discutir del COVID 19 y las medidas para frenarlo ya; sino para ver quién se lleva la parte del león de la reconstrucción tras el desastre económico generado.

Por Roberto Laxe

Si hace un mes el representante holandés hizo campaña electoral, con insultos xenófobos contra el sur europeo (todo para justificar su rechazo al plan español, italiano y francés, de unos eurobonos que homogeneizaran la carga de la deuda); ahora la batalla se centra en si los fondos que se inyecten a los países que están sufriendo un mayor impacto económico por la pandemia deben ser subvenciones directas (sin obligación de reembolsarse) o préstamos, tal y como defiende un grupo de países encabezado por Holanda y Alemania.

Merkel ha afirmado que apoyaría el plan español de inyectar 1.5 billones de euros en la economía europea si se «rescata a la banca» a través de la creación de un “banco malo”, donde irían entre 1.5 y 2 billones de activos de la banca alemana y holandesa. No se puede olvidar nunca que a estas alturas de la película de la crisis del 2007 / 2008, todavía nadie conoce el agujero real que abrieron en el Deustche Bank los “activos tóxicos” que detonaron esa crisis y que forzaron el “rescate” (eufemismos de desmantelamiento y saqueo) griego.

Por su parte, la deuda pública y privada holandesa es muy superior a la española; las empresas y familias de los Países Bajos tienen una deuda privada del 270% del PIB, lo que hace un total del 322% del PIB. Mientras en el Estado Español es del 155%, junto con la deuda pública hace un total del 252%. En Holanda, la deuda pública es más baja porque, por ejemplo, el sistema de pensiones es privado, en Fondos de Inversiones, que especulan con la deuda pública de otros estados para mantener el nivel de vida de sus jubilados y jubiladas.

Además, cualquier paso que se dé en el camino de unificar Europa en la política fiscal es un torpedo a la línea de flotación del carácter de paraíso fiscal de Holanda, que supone, según cifras del gobierno italiano, un trasvase de recursos anual de 9 mil millones de euros del sur al norte. Si sumamos ambas cifras, el pago de los intereses de la deuda pública a los fondos de pensiones del norte de Europa y el trasvase de beneficios empresariales a través de la ubicación de la sede social en Holanda, nos da que es el sur de Europa el que financia al norte; no al revés.

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Y ahora quieren, para aceptar el plan de inversión de 1.5 billones, la creación de un “banco malo” donde meter otros tanto de activos que, se supone, serán tan tóxicos como las “hipotecas subprime” que detonaron la crisis en el 2007.

El calvinismo siempre fue muy hipócrita. Tenían grandes ventanales para alardear de su “austeridad privada”, y los gobernantes holandeses, como buenos herederos señalan los indudables “vicios públicos” del sur, deuda, despilfarro del dinero público, etc… para ocultar que sus “privadas virtudes” están, en realidad, tan viciados como los del sur. Ellos, que van de “buenos gestores” necesitan un “banco malo” (público, of course!) para tapar sus desaguisados financieros privados.

Mientras discuten de si rescatamos de nuevo o no a los bancos, las poblaciones sufren, están confinadas y no ven una salida real al túnel, pues la única solución definitiva es el descubrimiento de una vacuna que las inmunice. Algunos se han apuntado a la “inmunidad de grupo”, pero eso es como jugar a la lotería con una enfermedad que se desconoce, por falta de datos y tiempo, si genera inmunidad o no al que la ha pasado. Además, se ha detectado que puede dejar secuelas en los pulmones de los afectados.

En vez de discutir de que esos 1.5 billones de euros (es mucho dinero, todo lo que produce el Estado Español y Portugal juntos, por ejemplo) se destinen a tomar medidas de barrera que permitan a las poblaciones hacer una vida relativamente normal, sin miedo al contagio; en vez de aplicarla a la investigación de la vacuna, todo lo que se les ocurre es enfrentarse sobre si rescatamos a los bancos o solo rescatamos a las empresas que van a ver como caen sus beneficios de manera exponencial.

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La UE, por enésima vez, evidencia lo que es; un grupo de mercaderes que, sobre la salud de la población trabajadora, sólo discute sobre quién se va a llevar la parte del león de los beneficios y / o de las ayudas. Si es a través de prestamos, ya se sabe quién ha ganado, los bancos y entidades financieras del norte de Europa (fondos de pensiones e inversiones incluidos); si es a través de subvenciones, las empresas del sur que no tendrán que devolver el dinero que les llegue.

Dinero que no sale de la nada… No es darle a la máquina y basta. Ese dinero sale de la clase obrera, de sus condiciones de trabajo, de sus servicios públicos, de sus condiciones de vida (vivienda, alimentación, etc…); porque una vez se pongan de acuerdo sobre si “préstamos o subvenciones”, vendrá la segunda parte, cómo se financia todo eso. Y volverán los recortes y la austeridad, el techo de gasto y de déficit establecidos en las leyes constitutivas de la Unión Europea; el “no se pueden pagar las pensiones” porque no hay dinero; el “son necesarias reformas estructurales del mercado de trabajo”, etc…

El problema de fondo no es una discusión entre dos posiciones enfrentadas por el vértice, la del norte y la del sur; para nada. El quid de la cuestión es que ambas admiten la misma lógica, se haga lo que se haga, lo pagarán los de abajo. Porque hacerlo de otra manera sería cuestionar el Tratado de Masstricht y de Lisboa, donde se establecen las bases constitucionales de la Unión Europea, que prohíben taxativamente que la deuda privada de empresas y bancos se contabilicen como “deuda” respecto al PIB…, son “vicios privados” que al final se pagan con lo público (privatizaciones y reformas laborales).

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Un Tratado que obliga a los estados a endeudarse con la banca y los “agentes” financieros privados, a crear moneda no “dándole a la máquina”, sino a través de la emisión de deuda pública en los mercados. Deuda que los bancos y “agentes” financieros compran con el dinero prestado por el BCE a tipos de interés bajísimos (poco más del 0% en los últimos años) y que ellos prestan a los estados a tipos casi de usura (Grecia llegó a pagar el 18% de interés). Negocio redondo.

Como no podía ser de otra manera, las discusiones entre “galgos o podencos” no pueden cuestionar esta esencia capitalista e imperialista de la Unión Europea; por lo que, resuelvan lo que resuelvan, no va a quedar otra vía a la clase obrera y los pueblos del viejo continente que luchar por otra Europa, que ponga los inmensos recursos financieros, técnicas y científicas al servicio de las necesidades sociales, que ahora mismo es parar ya la pandemia de COVID 19.