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No hay República, no hay derecho a decidir, sin derrotar el 155

Boicot a las elecciones de Rajoy y la Monarquía

El Parlamento proclamó una República catalana ficticia. Pero el 155 ha sido muy real: ahora quién preside la Generalitat es Rajoy, con todas las funciones.

Puigdemont y Junqueras se han rendido sin luchar y entregan las instituciones sin resistencia. Además de su suerte personal, ahora sólo los preocupa que no se rompa “la máxima estabilidad y tranquilidad”.

Por Corrent Roig

Esto es una verdadera indignidad ante un pueblo que el 1-O se ganó el respeto y la admiración del mundo por su coraje y determinación, demostrando que cuando avanzamos es con la movilización y la autoorganización popular.

Rajoy ha convocado elecciones el 21 de diciembre para legitimar el 155, enterrar la República catalana y reconducirlo todo a las instituciones del régimen monárquico. Esta maniobra sólo puede triunfar con la complicidad de los dirigentes del movimiento soberanista, plenamente  dispuestos a participar del juego.

Ninguna confianza política en Puigdemont-Junqueras ni en ANC-Òmnium. Defenderlos incondicionalmente de la represión sí, pero ningún apoyo político.

No hay derecho a decidir ni República catalana sin derrotar el 155 y hacer fracasar las elecciones de Rajoy y la Monarquía. La gran tarea actual es impulsar el boicot a las elecciones del 155 con los que no están dispuestos a venderse.

Llamamos a la CUP a desvincular políticamente de Puigdemont-Junqueras, de ANC y Òmnium y ponerse al frente de la lucha por el boicot.

Si el proceso soberanista ha fallado es, sobre todo, por su desvinculación de las reivindicaciones obreras y populares. Es imposible triunfar si la lucha por la República catalana queda separada de la lucha por un programa de emergencia social

Llamamos a los sectores más conscientes y luchadores de la clase obrera, los que participaron del 1-0 y salieron a la huelga el 3-O, a dar un paso adelante y ponerse al frente de esta lucha, porque, una vez más, la historia ha demostrado que la República catalana o es de los trabajadores o no será. La burguesía catalana ha mostrado que, al final, su bandera es la cartera.

Una declaración de independencia ficticia

La ilusión provocada por la declaración de independencia del 27 de octubre apenas duró unas horas. La razón es sencilla: la proclamación de la República catalana no ha sido real sino ficticia.

Ficticia, en primer lugar, porque los diputados que la votaron no la querían. Puigdemont ya había hecho público el día anterior que había decidido rendirse, renunciando a la proclamación de la República y convocando elecciones autonómicas. Si no lo hizo fue porque Rajoy no le dejó ninguna rendija para una rendición “honorable”. La cara de los consejeros después de votar la declaración de independencia era la de un funeral.

Ficticia también en la forma. La fórmula con qué aprobaron la declaración de independencia era una “propuesta de resolución”, es decir, una propuesta sin valor jurídico que, encima, no han querido ni siquiera publicar al Boletín Oficial del Parlamento ni al Diario Oficial de la Generalitat. Incluso la parte que se puso a votación tampoco proclamaba explícitamente la República catalana sino “el desarrollo de la ley de transitoriedad”.

Ficticia porque el Gobierno y la mayoría parlamentaria han renunciado a toda resistencia real a la aplicación del 155. Han aceptado la derrota sin luchar y entregan las instituciones catalanas sin resistencia, empezando por los Mossos d’Esquadra. Cuando su director general y el mayor Trapero han sido cesados y el cuerpo puesto bajo órdenes del ministerio del Interior de Rajoy, han aceptado la destitución y Trapero incluso ha llamado a los Mozos a ser “leales y comprensivos” con el nuevo mando. También acatan el resto de ceses y el Gobierno no irá más allá de los recursos judiciales. Esta es la “oposición democrática a la aplicación del artículo 155” de la que habla Puigdemont.

La declaración de independencia ha sido, además, indecorosa: con votación secreta y con el presidente no queriendo dirigirse en la cámara. Después, cuando la gente celebraba en la plaza St. Jaume, Puigdemont tampoco quiso salir al balcón y ni siquiera dio la orden de descolgar la bandera borbónica de la fachada del Palau de la Generalitat. Todavía está allí.

Por supuesto, Junqueras no puede esconderse detrás de Puigdemont. Tiene la misma responsabilidad.

Lo que realimente preocupa a Puigdemont-Junqueras

Lo que realmente preocupa a Puigdemont y Junqueras, además de su suerte personal, es que se “rompa la normalidad”. El 28 de octubre, el día siguiente de la aplicación del 155, cuando el Gobierno ya estaba cesado, Puigdemont hizo un llamamiento desesperado a la calma, a “buscar la máxima estabilidad y tranquilidad”, a tener “paciencia, perseverancia y perspectiva” y no abandonar “nunca, nunca jamás, en ningún momento, una conducta cívica y pacífica”. Es la voz del entreguismo.

El mismo día, haciéndose eco del mensaje de Puigdemont, como correas de transmisión del Govern, ANC-Òmnium hacían un llamamiento donde decían: “Llenemos los bares (…) compremos ropa (…), vayamos a la montaña (…) Guardemos energías”.

En verdad, Junts pel Sí nunca han tenido una voluntad real de luchar por la proclamación y la defensa de la República catalana. Ya el 10 de octubre, el día de la independencia de los 8 segundos, traicionaron el mandato popular del 1-O y desobedecieron la ley del referéndum que ellos mismos habían aprobado. Su política, desde hace muchos años, siempre ha sido aprovechar la movilización social y un choque institucional controlado para negociar un pacto fiscal y un blindaje competencial dentro del régimen español.

El problema les surgió el 1-O, cuando lo que el Govern preveía como una protesta se convirtió en un levantamiento popular que, enfrentando una represión brutal, garantizó el referéndum y exigir el respeto de los resultados.

Ni el PdCAT ni ERC tienen ningún derecho a hacer el que están haciendo. Los días 1 y 3 de octubre, el pueblo de Cataluña ganó el respeto y la admiración del mundo por su coraje y determinación. No se merece unos dirigentes que se han sometido al mandato de la Europa del capital, los bancos y las patronales.

Un 155 muy real

Mientras el Parlamento aprobaba una declaración de independencia ficticia, el régimen heredero del franquismo aprobaba un artículo 155 muy real, eliminando la autonomía, cesando el presidente, el vicepresidente y todos los consejeros y asumiendo directamente desde Madrid todas las competencias de la Generalitat. La primera medida, una vez destituido el Gobierno, ha sido la toma de control de los Mossos d’Esquadra, acatada sin resistencia. Ahora, el orden público está en sus manos y bien pronto lo notaremos.

Ahora todas las facultades están en manos de Rajoy, que tiene la potestad de tomar, cuando quiera, las medidas que quiera. Ahora presentan una primera versión aparentemente “ligth” del 155, evitando atacar de entrada, de manera frontal, TV3 y Catalunya Ràdio y eludiendo de momento el enfrentamiento directo con la comunidad educativa. Esto, por supuesto, irá variando, sobre todo en cuanto a TV3 Y Catalunya Ràdio, según se acerquen las elecciones monárquicas del 21 de diciembre. En paralelo, la Fiscalía ya tiene listas las querellas por sedición o rebelión contra Puigdemont, Junqueras, los consellers, Forcadell y una parte de Mesa del Parlamento

La UE y sus gobiernos con el rey y Rajoy, a muerte contra el derecho a decidir

La UE y sus gobiernos han dado un apoyo imprescindible e incondicional al rey y a Rajoy. Han justificado y avalado la represión y el 155. La UE es un engranaje antidemocrático de la oligarquía financiera contra la clase trabajadora y los pueblos de Europa. Nuestros aliados son los trabajadores y los pueblos de Europa, nuestros enemigos, la UE y sus gobiernos.

PSOE-PSC, colaborador necesario y cómplice principal del rey y Rajoy

PSOE-PSC han demostrado que de socialistas y de obreros no tienen nada y que son, junto con el PP, uno de los pilares básicos del régimen monárquico. Son ellos quienes, con el PP modificaron el artículo 135 de la Constitución, han impuesto recortes, reformas laborales y de pensiones nefastas y se sientan a los consejos de administración de los bancos y las eléctricas. El “Somos la izquierda” de Sánchez duró hasta el llamamiento del rey. Van a las manifestaciones unionistas con la derecha y la extrema derecha. Al igual que algunos viejos estalinistas resucitados al efecto, como Francisco Frutos, ex secretario del PCE.

La burocracia de CCOO-UGT, otro cómplice necesario

Sosteniendo el Estado y el régimen que los alimenta y dándose la mano con la patronal, las confederaciones de CCOO-UGT se han alineado desde el principio con Rajoy, Sánchez y Rivera. No han movido ni un dedo contra la represión más allá de alguna cínica condena formal y alguna cínica apelación al diálogo. En Cataluña, se han dedicado a desmovilizar y a impedir una respuesta obrera a las empresas. Al final, los dirigentes catalanes y los estatales, juntos, han avalado el 155 y han llamado expresamente a acatarlo.

Unidos-Podemos y los Comunes

Iglesias-Garzón y los Comunes también han asumido una enorme responsabilidad. Se opusieron al referéndum en nombre de un referéndum pactado que sabían que era imposible. Después, cuando el Govern de la Generalitat lo convocó unilateralmente, le negaron legitimidad y no reconocieron los resultados del 1-O. Ahora, con el lema “ni DUI ni 155”, se han añadido al coro de los que declaran “ilegal” e “ilegítima” la República catalana. No ha movido un dedo en todo el Estado en solidaridad con el pueblo de Cataluña,

Coscubiela ha sido aplaudido de forma entusiasta por la bancada del PP y Ciutadans. Ahora Marta Ribas ha cargado la responsabilidad del 155 sobre los diputados que han votado por la República catalana. Colau ha estado implorando patéticamente durante semanas que no se proclamara la independencia. Ahora que ya tenemos el 155, no han dudado ni un segundo a meterse de cabeza en las elecciones de Rajoy.

Unidos-Podemos, junto con los Comunes, son ahora el ala izquierda del régimen monárquico.

Las elecciones del 21 de diciembre y las complicidades con Rajoy

Rajoy ha acompañado la anulación de la autonomía con la convocatoria de elecciones el 21 de diciembre. Esta es una maniobra fundamental, necesaria para legitimar el 155, enterrar la República catalana, derrotar políticamente el movimiento independentista y reconducirlo en los canales del régimen monárquico.

Pero si Puigdemont y Junqueras, PdCAT y ERC, ANC y Òmnium y los ayuntamientos independentistas rechazaran, en nombre del 1-O y de la legitimidad de la República catalana, las elecciones de Rajoy y organizaran el boicot, estas estarían condenadas al más absoluto de los fracasos, por mucho que participaran los Comunes de Ada Colau. La maniobra de Rajoy no puede triunfar sin la complicidad de los dirigentes del movimiento soberanista. Y es aquí donde reside el problema.

Aunque no han tomado aún postura oficial, Artur Mas, días antes de que Rajoy las convocara, ya se había pronunciado a favor de participar. Junqueras, de forma viscosa, también lo acaba de anunciar en la prensa. Los Comunes de Colau-Coscubiela, con el apoyo de Pablo Iglesias, ya están preparando las listas. E incluso la portavoz de la CUP ha hecho público, en contradicción con la posición defendida hasta ahora, que “dada la complejidad del momento”, no cierran la puerta a la participación.

Hay una operación en marcha por parte del independentismo oficial que presenta las elecciones del 155 como un “triunfo del independentismo” y como la gran ocasión de celebrar el plebiscito que el régimen hasta ahora no ha permitido. Hay quienes  ya claman por “defender las urnas” el 21-D.  Es una auténtica indignidad, la más clara manifestación de su renuncia a la lucha por la República catalana y de su voluntad de reconducirlo todo adentro del régimen monárquico.

Pero, incluso si las candidaturas, digamos independentistas, ganaran una mayoría de votos y escaños ya no sería para proclamar, defender y construir ninguna República catalana, sino para tratar de negociar una encaje favorable a los negocios. Pero incluso este “idílico” escenario es más que improbable porque la traición es tan grande que una parte importante del movimiento independentista no se va a dejar llevar como sumiso rebaño electoral por una dirección que ha perdido toda legitimidad, mientras la minoría españolista trabaja a bandera desplegada.

El papel y la responsabilidad de la CUP

La CUP tenía la obligación de decir la verdad sobre el fraude que se estaba cometiendo y no lo ha hecho. Por el contrario, se ha fotografiado detrás de Puigdemont y ha celebrado una declaración ficticia. Tampoco denunció la traición del 10 de octubre, el día de la República de los 8 segundos, e incluso se prestó a firmar una “declaración de independencia” sin valor jurídico que sólo sirvió para endulzar la traición. Una declaración que, además, asumía, entre otras cosas, “de manera unilateral” todas las normativas de la UE y los tratados internacionales de España, en primer lugar la OTAN. Tampoco podemos compartir la “comprensión” que  han manifestado ante el manso acatamiento de Trapero.

La CUP, antes del 155, había expresado de manera clara que ya no participaría en ningún otro parlamento autonómico. Ahora es el momento de ser consecuente con su compromiso y encabezar un movimiento popular por el boicot a las elecciones de Rajoy y la monarquía. Le llamamos a no prestar oído a los cantos de sirena de la traición por la que ya han entrado PdCAT y ERC. Sin su participación electoral, el régimen no podrá acabar de legitimar la maniobra, bordando la operación.

Llamamos a la CUP a desvincularse políticamente de Puigdemont-Junqueras, a romper cualquier supeditación política a ANC y Òmnium y a contribuir a levantar una nueva dirección que no acepte la derrota sin luchar y organice la resistencia real al 155, empezando por la organización del boicot.

La CUP tiene una gran responsabilidad con los CDR y le llamamos a no ceder a la tentación de convertirlos en una “marca blanca”, controlada burocráticamente y políticamente supeditada a ANC-Omnium. Los CDR tienen que ser, por el contrario, motor de reagrupamiento de las que queremos luchar, organismos democráticos de base con iniciativa propia y, ahora, un eje de la campaña por el boicot a las elecciones del 155.

No hay República catalana, no hay derecho a decidir, sin derrotar el 155 y boicotear las elecciones de Rajoy y la Monarquía

Lo primero es no otorgar ninguna confianza política a Puigdemont-Junqueras ni a sus correas de transmisión ANC -Òmnium. No dudaremos ni un segundo a defenderlos incondicionalmente de la represión vengativa de los herederos del franquismo, pero no les vamos a dar ningún apoyo político. Con ellos al frente la derrota es segura.

Las acciones simbólicas para “construir la República” sólo tienen sentido si son parte de una campaña popular por el boicot. No vaya a ser que sirvan para cubrir la campaña electoral del independentismo oficial, que ya ha renunciado a la lucha por la República. Del mismo modo, no tiene sentido perder energías al impulsar un proceso constituyente ficticio que no tiene ninguna viabilidad sin derrotar el 155, expulsar las fuerzas de ocupación y poner en pie la República, lo que ahora mismo significa luchar por el boicot.

La gran tarea actual es impulsar el boicot a las elecciones del 155. Hace falta que CDRs, el independentismo y ayuntamientos consecuentes así como los sectores sindicales, estudiantiles, izquierda política y movimientos sociales que luchamos por la República catalana, nos agrupamos y organizamos una gran campaña popular por el boicot.

El 1 y el 3 de octubre demostraron que sólo con la movilización y la autoorganización popular podíamos avanzar, del mismo modo que nos hace falta a avanzar en la  autodefensa colectiva. Junto al impulso del boicot, hay que unificar los diferentes sectores para resistir la implantación del 155 y preparar movilizaciones, incluidas huelgas sectoriales, en la perspectiva de una huelga general.

El proceso soberanista ha fallado por su desvinculación de las reivindicaciones obreras y populares Pero es imposible triunfar si la lucha por la República catalana queda separada de la lucha por un programa de emergencia social: derogación inmediata de las reformas laborales, fin de la precariedad, pensiones dignas garantizadas por los presupuestos, salario mínimo de 1000€, reversión de los recortes y privatizaciones, prohibición de los desahucios o derogación del 3+2 y la LOMCE, entre otras medidas.

La República catalana será de los trabajadores o no

Llamamos a los sectores más conscientes y luchadores de la clase obrera, los que participaron del 1-0 y salieron a la huelga el 3-O, a dar un paso adelante y ponerse al frente de esta lucha, porque, una vez más en la historia, se ha demostrado que la República catalana o es de los trabajadores o no será. La burguesía catalana ha mostrado hasta la saciedad que, al final su bandera es la cartera.

La unidad que necesitamos imperiosamente para todo, para defender el pan, el trabajo, el techo y el derecho a decidir, no se puede forjar apoyando,  por activa o pasiva al 155. Dejar pasar hoy esta intervención es ponerse la soga al cuello.

Olvidemos por un momento la República catalana: ¿qué pasaría si un Gobierno de la Generalitat resolviera que las pensiones se pagan íntegramente del presupuesto público o que en Cataluña dejan de regir las reformas laborales? La respuesta del gobierno central ya la sabemos, 155 y represión.

La lucha para construir y proclamar la República catalana tiene que ser instrumento para conseguir pan, trabajo, techo, igualdad y soberanía. Tiene que ser la punta de lanza, junto a los trabajadores del resto del estado, para acabar con este régimen monárquico heredero del franquismo y lacayo de la Unión Europea y la Troika.

Es así que podemos ganar sectores decisivos de la clase trabajadora a la lucha y obtener la solidaridad activa de los trabajadores del resto del estado y de Europa. La vida ha demostrado que la República catalana será obra de la lucha de los trabajadores y el pueblo o no será. Será su República o no será. Y así, será también la base de una unión libre de repúblicas libres.