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La xenofobia crece en Europa.

Por Alejandro Iturbe

La noticia impacta y, a la vez indigna. Taher es un estudiante sirio de 25 años que salió de su país por la violenta guerra civil en curso. Obtuvo asilo en Alemania y, en junio pasado, se instalo en la pequeña ciudad de Freital, de 40.000 habitantes (en Sajonia, cerca de Dresde, al este del país).

Siria vive, desde hace cuatro años una cruel guerra civil. El eje central de la misma es la lucha de las “fuerzas rebeldes” contra la dictadura de Bashar al-Assad. Como un componente especial, está lucha del pueblo kurdo de Rojava y, complicando aún más el panorama, partes del país son controladas por el reaccionario “califato” del Estado Islámico que ataca a kurdos y “rebeldes”. Es una guerra civil en la que tenemos “lado”: apoyamos a los “rebeldes” y a los kurdos contra el régimen de al-Assad y contra el Estado Islámico.

Pero sabemos que este tipo de lucha es muy cruel y dolorosa para quienes no intervienen directamente en ella y comprendemos que muchos huyan del país para escapar de su horror. El gobierno alemán ha abierto un cupo muy restringido para refugiados de Siria, Libia, Palestina y otros países.

Otros migrantes, mientras tanto, no huyen de guerras sino del hambre y la miseria que el capitalismo imperialista provoca en sus países y buscan el “sueño europeo” viajando desde África en frágiles y sobrecargadas barcazas. O vienen desde el viejo “este europeo” que se derrumba luego de la restauración del capitalismo. Pero no son bien recibidos por los gobiernos que, en medio de la crisis económica ya no necesitan nueva “mano de obra barata”, los declaran “ilegales” y los persiguen de modo permanente.

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La crisis económica, al mismo tiempo, empuja sectores de la población europea hacia la xenofobia y el racismo que se expresa de modo cada vez más violento, alentados por organizaciones de extrema derecha. En Alemania, entre enero y junio de este año, se contabilizaron 202 ataques a residencias de refugiados, la misma cifra que en todo el año anterior.

La pequeña ciudad de Freital tomó recientemente la delantera en este tema, luego que se realizaron varias violentas manifestaciones contra la aceptación de 280 refugiados (en su mayoría, sirios y libios) en un viejo hotel de la ciudad, al grito de “extranjeros criminales” y “cerdos”. Fueron impulsadas por la organización Frigida, centralizada desde la ciudad de Dresde. Luego de ellas, Taher declaró a la prensa: “Quiero volver a Siria, tengo más miedo en Alemania que en mi país” (http://www.guatevision.com/quiero-volver-a-siria-tengo-miedo-en-alemania)..

Para ser justos, debemos agregar que también hay manifestaciones impulsadas por un colectivo contra la xenofobia que se enfrentaron varias veces con las llamadas por Frigida.

Un portavoz del ministerio del Interior dijo que “nos comprometemos enérgicamente para que estos sucesos [las manifestaciones xenófobas, NdR] no se reproduzcan más”. Pero pocos confían en una acción enérgica de las autoridades que “parecen desarmadas”.

En realidad, no se puede esperar demasiado de la acción de un gobierno que, en la Unión Europea, endurece cada vez más la legislación contra los inmigrantes “ilegales” y poco o nada ha hecho contra estos ataques xenófobos en los últimos años. Un gobierno que sólo acepta algunos refugiados como una acción “políticamente correctamente” muy restringida para encubrir su política de fondo. Como un dato adicional de la situación europea, cabe señalar que el Concejo de Londres está por votar una ley que declara “delito” alquilar una vivienda a inmigrantes “ilegales”.

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En muchas ocasiones, hemos afirmado que el capitalismo imperialista en su extrema decadencia es cada vez más cruel e inhumano y degrada y destruye todos los valores positivos del ser humano. Aquí exponemos una muestra más. Es decir, la eliminación de lo que debería ser una premisa básica de la humanidad: la fraternidad y la disposición a ayudar a los más débiles y necesitados transformando esto en su opuesto, en violencia y rechazo.