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Después que los metalúrgicos alemanes realizaran una ola de huelgas con mucha fuerza, la IG Metall, sindicato nacional del sector, consiguió un acuerdo que puede ser considerado un avance, pero bastante parcial, con la federación de empleadores de la Südwestmetall.

Por: Américo Gomes

Las huelgas involucraron a casi un millón y medio de obreros de 97 empresas, que realizaron paralizaciones parciales de hasta 24 horas, en las industrias automotrices, aeroespacial y astilleros. Costaron a los fabricantes de automóviles, proveedores de piezas y empresas de ingeniería casi 200 millones de euros (249 millones de dólares) en ingresos perdidos, afectando a grandes empresas como Daimler, BMW (BMWG.DE) y Airbus (AIRG.DE), y a decenas de proveedores menores.

El acuerdo negociado por la IG Metall fue conseguido solamente para los metalúrgicos de la región de Baden-Württemberg, cubriendo a 900.000 trabajadores en las industrias de metales y electricidad, restando todavía los tres millones de metalúrgicos que hay en el país. Es verdad que localizados en una importante región industrial que alberga importantes fábricas y usinas industriales como la de los automóviles Daimler AG y la Bosch, y con posibilidades de extenderse a toda Alemania.

El acuerdo prevé un aumento salarial de 4,3% en abril, que en términos anuales equivale a 3,5% (de acuerdo con Commerzbank), por debajo del 6% reivindicado, y otros pagos distribuidos en 27 meses: € 100 en el primer trimestre de 2018 y, a partir de 2019, un monto fijo adicional de € 400; estos valores fijos pueden ser postergados, reducidos o cancelados si las condiciones económicas empeoran. De cualquier manera es una conquista, ya que en enero la patronal ofrecía 2% y un pago único de € 200. Fue la lucha la que forzó este acuerdo.

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Además, los trabajadores con por lo menos dos años de servicio tendrán permiso para reducir su semana de trabajo de 35 a 28 horas, con disminución de salario, por un período de entre 6 y 24 meses, si justifican que necesitan cuidar de niños, parientes enfermos o ancianos.

Las empresas sintieron el golpe y anunciaron el acuerdo como “compromiso soportable, pero con elementos dolorosos”.

Pero consiguieron, en compensación, el derecho de contratar a nuevos trabajadores en jornadas de 40 horas semanales, en lugar de la obligatoriedad de 35 horas, conquistada en la huelga de 1984. Además, el sindicato se comprometió a pedir a los trabajadores que voluntariamente aumentasen sus horas semanales hasta 40 y con eso recibirían más. De hecho, posibilitando [el aumento] de la jornada para aumentar la producción, cuando haya crecimiento de la demanda.

“Los empleados tienen más oportunidades de reducir sus horas de trabajo, mientras las empresas obtienen más opciones para aumentar el volumen de horas de trabajo”, dijo Stefan Wolf, presidente de la entidad patronal. Reiner Dulger, presidente de Gesamtmetall: “Hoy, establecimos las bases para un sistema de tiempo de trabajo flexible para el siglo XXI”.

Del lado del sindicato, el presidente de la IG Metall, Jörg Hofmann, vio el acuerdo colectivo como un “marco para el camino hacia un mundo trabajador moderno y autodeterminado”. Para él, por mucho tiempo, la flexibilidad en el horario de trabajo era un privilegio de los empleadores, y ahora los trabajadores pueden hacer lo mismo.

REUTERS/Kai Pfaffenbach

La semana de 28 horas, de manera como fue acordada, puede ser encarada como un arma para atacar la semana de 35 horas. Pero también puede ser una conquista y un avance, pero solo si los metalúrgicos continúan luchando, como en 1984, por una disminución nacional de la jornada, sin reducción de salarios.

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Con la disposición de lucha de los metalúrgicos alemanes y el crecimiento económico que vive Alemania se podría negociar un acuerdo mucho mejor; el año pasado la economía creció en una tasa récord superior a la mayor de 2011, y el desempleo está en su nivel más bajo desde la reunificación en 1990. Lamentablemente, no fue lo que hizo la dirección de la IG Metall.

La huelga de los metalúrgicos alemanes se suma a la de los metalúrgicos polacos, las huelgas de profesores, obreros de la Pirelli y trabajadores de Alitalia, en Italia, y a las movilizaciones en Francia, en el continente europeo. Lamentablemente, la burocracia sindical alemana no permitió que la fuerza del proletariado industrial alemán, con su gran movilización, arrancase de la patronal todo lo que era posible.

Traducción: Natalia Estrada.