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En la tarde de hoy, la policía libanesa usó bombas de gas y balas de goma para dispersar una manifestación frente al Banco Central del país. Los manifestantes respondieron con piedras y fuegos de artificio. Bombas de gas fueron arrojadas de vuelta y varias fachadas y cajeros electrónicos fueron destruidos, y algunos bancos están siendo ocupados. Desde ayer, las calles están siendo bloqueadas con barricadas y neumáticos en llamas. “La revolución está volviendo”, gritan los manifestantes.

Por: Jorge Mendoza, 14/1/2020.-

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Las protestas en el Líbano comenzaron en octubre del año pasado luego de una tentativa del gobierno de tasar comunicaciones por aplicativos como Whatsapp. Ese fue el estopín para expresar una rabia que se acumulaba contra un largo y profundo proceso de retroceso de los servicios básicos y por el desgaste de los partidos del régimen involucrados en innumerables casos de corrupción. Un ejemplo de eso fue la incapacidad del gobierno de reaccionar contra los incendios que destruyeron selvas libanesas porque el dinero para el mantenimiento de la flota de helicópteros había sido desviado.

Foto tomada de Instagram, de Bilal Hussein: bilalhusseinz

Meses de protestas

En el curso de este proceso, el entonces primer ministro Saad Hariri renunció al cargo, aunque permanece como interino. Frente a esta crisis, fracasaron todas las tentativas de formar un nuevo gobierno. Ni el parlamento consiguió dar una respuesta de emergencia a las reivindicaciones populares.

Para empeorar la situación, la libra libanesa sufrió una fuerte desvalorización (cerca de 60%), principalmente en el mercado paralelo. La población ya comienza a sentir los efectos de la inflación en una de las peores crisis económicas del país en décadas. Eso ha llevado a una corrida a los bancos para sacar dinero. Se estima que los depósitos bancarios se redujeron a 50%. Los bancos reaccionaron tasando los retiros en dólares y limitando movimientos financieros hacia el exterior. La población acusa a los bancos de apropiarse de sus reservas, ya que ahora están obligados a negociar en libras libanesas.

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Entienda

Desde la guerra civil libanesa (1975-1990), los principales cargos del régimen son distribuidos de acuerdo con los grupos religiosos del país. El presidente de la República debe ser cristiano maronita; el primer ministro debe ser musulmán sunita; y el presidente del parlamento, musulmán chiita. Cada uno de esos cargos acaba siendo controlado por señores de la guerra (de difícil comparación, pero algo como el “coronelismo” brasileño, solo que formado durante la guerra civil) y sus apadrinados. Desde octubre, sin embargo, cuando las protestas comenzaron, la población pide el fin del régimen sectario y la formación de un gobierno independiente.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.