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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó a Corea del Norte con “fuego y furia que el mundo jamás ha visto”, el día 8 de agosto. Tres días después, él volvió decir que el ejército norteamericano estaba “con el dedo sobre el gatillo”, para atacar y que Kim Jong-un, dictador norcoreano, se arrepentiría de amenazar a su país. Ahora habla de “respuesta militar fuerte”.

Por Marcos Margarido

Esto sucedió después de que Corea del Norte, un país asiático localizado al sur de China cuya capital, Pyongyang, se ubica cerca de 1300 km de Tokio, hizo pruebas con misiles balísticos, esto es, de largo alcance, que pueden alcanzar el territorio de Estados Unidos.

Más allá de eso, ese pequeño país asiático, con una población de 25 millones de habitantes, ya lanzó 5 bombas atómicas, también en pruebas, y dominó la tecnología de miniaturización, lo cual implica que es capaz de construir pequeñas bombas nucleares con alto poder de destrucción.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), también aprobó sanciones económicas contra Corea del Norte, prohibiendo la compra de productos de ese país que pueden reducir en un tercio sus ganancias por exportación.

Kim Jong-un, famoso por sus declaraciones pomposas, respondió amenazando con crear un “sobre de fuego” en vuelta a Guam, una isla en el Océano Pacífico ocupada por una base naval norteamericana. Esto es, que va a destruirla con misiles balísticos.

El origen de los conflictos

¿Cómo estos dos países llegaron a este enfrentamiento? Los Estados Unidos existen como la nación moderna desde hace siglos, y es hoy el país más poderoso del mundo. Ya Corea del Norte fue fundada en 1948, y aunque tuviera tradiciones milenarias, es infinitamente más débil. Para tener una idea, en el 2013 la renta por habitante de EEUU era de 44 mil dólares, y la de Corea del Norte de 500 dólares, 88 veces menor.

Por eso, los Estados Unidos siempre tuvieron un desarrollo capitalista. Hoy, la mayoría de las grandes multinacionales que dominaban la economía mundial son norteamericanas y las familias más ricas del mundo viven en ese país.

Corea del Norte surgió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón fue derrotado y expulsado de la península coreana, que ocupaba desde el inicio del siglo XX. Continuó una enorme movilización de la clase obrera del Norte, el corazón industrial del país, que ocupó las fábricas, fundó sindicatos y comités populares por todo el territorio. Estaba creado, así, un estado obrero, es decir, un estado donde los trabajadores tenían el poder, y las fábricas y las tierras son propiedad del Estado.

No obstante, esta movilización se dio bajo la dirección de un partido controlado por la Unión Soviética que, 10 años después de la victoriosa revolución de 1917, pasó a ser gobernado con puño de hierro por Stalin, que impuso el fin de la organización de la clase obrera en comités de gobierno (los soviets) y de su democracia.

Lo mismo se dio en la Corea obrera; desde su surgimiento, los consejos y los sindicatos pasaron a ser controlados por el partido dirigente, el Partido Comunista de Corea.

Además de eso, el Sur estaba ocupado por tropas norteamericanas y una dictadura militar apoyada por los EE.UU. promovió una masacre gigantesca contra la población que luchaba por la independencia del país. Los sindicatos y las huelgas fueron consideradas ilegales y los comités populares desmontados, y la Ley Marcial fue instaurada. Un estado de guerra permanente se impuso. Apenas en un ataque de la policía surcoreana, durante una conmemoración popular recordando la expulsión de Japón, 60 mil personas fueron presas.

Hasta que la guerra de hecho ocurrió, entre 1950 y 1953, la península coreana quedó definitivamente dividida entre Corea del Norte y Corea del Sur. Al sur, un país capitalista gobernado por una dictadura que duraría más de 30 años y que sobrevivía gracias a la ayuda económica y militar de los Estados Unidos. Al norte, un estado obrero, gobernado por un partido bajo el control de la URSS.

El fin del estado obrero

Corea del Norte se desarrolla de forma acelerada por 10 años seguidos. Entre 1953 y 1963, el PIB del país crece 15% al año, con la construcción de un complejo industrial enfocado en la producción de armamentos. Pero la producción de bienes de consumo, o sea alimentos, fue relegada a un segundo plano. La producción de alimentos a finales de los años 50 aún era menor que antes de la guerra de Corea.

Sus principales socios comerciales eran China, donde también había sucedido una revolución victoriosa en 1949, y la Unión Soviética. Pero la restauración del capitalismo en estos países, a partir de la década de 1970, trajo un problema para Corea del Norte. La Unión Soviética, transformada en Rusia y China, pasa a exigir el pago de sus productos en dólares y no más en mercadería norcoreana, como había acontecido hasta entonces.

Corea del Norte entra en una crisis económica muy grande, y la falta de alimentos causa la muerte por hambre de más de 500 mil personas en la década del 90. Pero el dictador Kim Il-sung, que cada vez más se apoyaba en el ejército para gobernar en lugar de buscar el apoyo de los trabajadores para salir de esa situación, abre el país para el retorno de los capitalistas.

Kim Il-sung abre la economía para la inversión extranjera, con la formación de empresas mixtas, crea zonas francas bajo control de grandes multinacionales, y hasta vende islas a empresarios chinos para la explotación turística.

Es el comienzo de la restauración capitalista de Corea del Norte, profundizada cuando Kim Jong-Il, hijo de Kim Il-sung, asume el poder. En 2002, es creado el Distrito Industrial de Kaesong, administrado por la Hyundai, el control de precios es abandonado, y el dinero de la población es confiscado con la desvalorización de la moneda.

Así, el estado obrero deja definitivamente de existir y pasa a tener una economía capitalista con algún control del estado y bajo una dictadura que es pasada de padre a hijo.

El nuevo dictador asume el poder
En 2012, Kim Jong-Il muere y su hijo, Kim Jong-un, asume. Este estableció un política de “desarrollo paralelo”  de la economía y del programa nuclear. Es decir, la economía queda en manos de los capitalistas, que pagan impuestos y hasta hacen donaciones generosas al gobierno para facilitar sus negocios, en tanto que el gobierno invierte cada vez más en el programa nuclear.

Actualmente,  existe un gran desarrollo de la construcción civil en la capital Pyongyang, donde rascacielos modernos están siendo construidos por empresas privadas, cuyos dueños son testaferros de miembros del Partido Comunista, ahora llamado Partido de los Trabajadores.  Los propios miembros del partido en el poder están convirtiéndose en grandes capitalistas bajo la protección del Estado.  Mientras eso ocurre, los trabajadores reciben 30 dólares por mes en promedio, mientras el costo de la vida es el doble de ese monto. estado.

La presencia de la economía capitalista es tan grande que cerca del 40% de la población del país está envuelta en algún tipo de negocio privado, como patrones o como empleados. Solo en el mercado negro existen cerca de 1,1 millón de trabajadores.

El programa nuclear

El resultado de esa política es la existencia de una nación nuclear que no consigue acabar con el hambre de su pueblo. Pero a pesar de todo lo descrito arriba, no podemos olvidar por un minuto que el mayor peligro de extinción nuclear que la humanidad enfrenta hoy proviene de los Estados Unidos, no de Corea del Norte.
El país coreano comienza producir bombas, y se estima que tenga al menos 10 ojivas, sin tener aún medios confiables capaces de transportarlos. Pero se estima que EE.UU. tenga 7650 ojivas, distribuidas en varios países, como Alemania y Turquía con submarinos nucleares y plataformas de lanzamiento prontos para destruir varias veces la Tierra.

Los Estados Unidos son el único país que ya lanzó bombas atómicas, arrasando las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, causando más de 200 mil muertes al fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón ya se había rendido.

Para mantener el monopolio de amenaza nuclear, el imperialismo norteamericano intenta impedir que países como Irán y Corea del Norte desarrollen tecnología propia, un derecho democrático de cualquier país del mundo, que permiten que aliados serviles como Israel desarrolle sus armas sin cuestionamiento.

En una de las pocas declaraciones públicas Kim Jong-un dijo que “las potencias extranjeras no son las únicas con el monopolio de la supremacía nuclear y sus amenazas apoyadas en bombas atómicas acabaran”.

Ahora, el poderío nuclear de los países imperialistas parece ser incomparable, es correcto decir que es urgente quebrar ese monopolio nuclear para que los países más débiles tengan sus medios de defensa contra los ataques de esas potencias. Por eso, sin dar ningún apoyo político a Kim, defendemos el derecho de su país a desarrollar y probar armas nucleares con el objetivo de autodefensa. Y estaremos del lado de Corea del Norte, mismo que sea el de una dictadura, contra cualquier ataque que Trump desate contra aquel país.

Por eso, para asegurar el desarrollo nuclear seguro para la humanidad, es necesario que la clase obrera tome el poder en estos países e instaure el socialismo basado en consejos obreros.  Toca a los trabajadores norcoreanos la misión de derrumbar al dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, y al presidente democrático de Corea del Sur, Moon Jae-in, para reunificar la península  coreana y devolver su país a su pueblo, como parte de la lucha por el socialismo en todo el mundo.

Traducción: Cristian González