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La ocupación del centro de Hong Kong sufre un debiltamiento y es incierta una abertura de negociaciones con el gobierno.

Luego del auge de participación popular del último fin de semana (4-5 de octubre), que llegó a cerca de 200.000 personas en los momentos pico, la ocupación de las áreas centrales de Hong Kong sufre un vaciamiento y apenas unas centenas de manifestantes mantienen sus campamentos y algunas barricadas.

Esta gran participación no se restringió a los estudiantes, toda vez que miles de trabajadores comenzaron a participar de la ocupación después que el Jefe Ejecutivo de Hong Kong, Leung Chun-ying, hiciera una declaración por la TV donde dijo que serían tomadas “todas las medidas necesarias” para restaurar el orden el lunes (6/10), de forma que toda el área central fuese liberada.

Con el desastroso resultado de su acción, que fue como tirar combustible para apagar un incendio, tuvo que volver a manifestarse afirmando que la fecha propuesta no era un ultimato y que estaba dispuesto a buscar un “diálogo sincero” sobre la reforma electoral, pero volvió a pedir que la población retornase a sus casas.

El cansancio después de varios días de ocupación, durmiendo en barracas y bajo una intensa presión debido a la represión policial y, luego que esta cesó, de los miembros de la pandilla llamada Tríade –una especie de mafia local, que cobra protección de los comerciantes–, hicieron que muchos dejasen el centro.

Pesó también el hecho de que los trabajadores que entraron en la lucha precisaban volver al trabajo. Principalmente porque, a pesar de un llamado inicial de la Confederación Sindical de Hong Kong (que no está alineada con el gobierno central de Pekín) para una huelga general, nada se hizo en ese sentido. Los profesores lanzaron un manifiesto con centenas de firmas pero el sindicato, que es el más grande la ciudad, tampoco llamó a ninguna acción práctica de apoyo.

Aún así, algunas centenas de manifestantes desafiaron las órdenes del gobierno y permanecieron en sus barracas en la principal región de ocupación, Admiralty, donde queda la sede de gobierno, y en número menor en Mong Kok, el área donde fueron atacados por la pandilla.

El lunes, las escuelas reabrieron normalmente y los empleados públicos no fueron impedidos de volver al trabajo después de varios días de bloqueo de la sede de gobierno. Pero por la noche, después del trabajo y de la escuela, miles vuelven todos los días al centro para engrosar la ocupación.

Negociaciones donde nadie negocia 

La situación actual, no obstante muy favorable al gobierno, continúa en un impasse, ahora involucrando la abertura de negociaciones.

Ambas partes –gobierno de un lado y la Federación de Estudiantes más el movimiento “Occupy Central”, de otro– ya hicieron ofrecimientos mutuos de abrir negociaciones, pero estas aún no ocurrieron.

Lau Kong-wah, subsecretario de Asuntos Constitucionales, dijo que el gobierno concordaba con múltiples ruedas de negociación, conducidas sobre la base de la igualdad.

Los estudiantes también concuerdan con negociar y en su pauta está la exigencia de que sean aceptadas “candidaturas independientes” [civil nominations] para las elecciones de 2017.

El hecho de que el gobierno acepte negociar en igualdad de condiciones muestra su fragilidad, principalmente porque la ocupación sufrió un gran vaciamiento. Por otro lado, saben que la ocupación es apenas una “medida” de descontento de la población con su gobierno. En investigación hecha en 2010, más de la mitad de los entrevistados mostraron descontento con el último Jefe Ejecutivo. Si esta fuese repetida hoy, este porcentaje aumentaría mucho. No sólo por la lucha por demandas democráticas sino por el empeoramiento de las condiciones de vida de la población.

El primer encuentro se dio el domingo por la noche, pero no avanzó, pues el gobierno no concordaba en ampliar las discusiones más allá de la “Ley Básica” permitida, es decir, más allá de lo que era dictado por el gobierno del Partido Comunista de China.

En resumen, el gobierno acepta negociar, pero no quiere –o no puede– aceptar ninguna de las reivindicaciones de la otra parte.

El martes se hizo otra apelación y una nueva rueda estaba propuesta para el día 10/10. Sin embargo, en entrevista colectiva el día anterior, [los estudiantes] prometieron comenzar “otra ola de desobediencia civil” y exigieron nuevamente la realización de elecciones libres en 2017.

Joshua Wong, líder del movimiento Schoolarism [Escolaridad], que en 2012 consiguió impedir un proyecto de reformar curricular hecho por Pekín, dijo que una nueva huelga estudiantil podría ser realizada, y diputados pan-demócratas afirmaron que pedirían el impeachment [acusación] del Jefe Ejecutivo y el bloqueo de las cuentas del gobierno.

La respuesta de las autoridades fue la cancelación de la negociación del día siguiente, afirmando que los líderes del movimiento “minaron los esfuerzos para un diálogo constructivo”. El impasse continúa, pero ahora condimentado con nuevas denuncias.

Una dictadura que clama por “democracia”

El Partido Comunista de China (PCCh), a través de su órgano People’s Daily continúa atacando al movimiento, afirmando que “usa métodos ilegales para conseguir el objetivo político de violar la Ley Básica”.

Según el PCCh, “contra la voluntad de la mayoría de Hong Kong, el movimiento ilegal dirigido por algunos políticos de cabeza caliente, interrumpió el funcionamiento normal de los principales centros comerciales de Hong Kong”.

Por fin, defiende la represión policial diciendo que “usar métodos legales para manejar acciones ilegales es la mejor defensa de la ley y también una poderosa defensa de la democracia”, y emite su concepto de democracia: “La existencia de algunas personas que están incitando actividades ilegales y exigiendo sus ‘elecciones por sufragio universal genuinas’, cuyo centro es garantizar que sus representantes, incluso aquellos que se oponen al poder central, puedan tornarse candidatos para Jefe Ejecutivo”.

No se trata de más palabras; la presentación de candidatos de oposición es imposible, pues es una “cuestión de principio”, innegociable. Para el PCCh es muy claro: democracia es cuando yo mando y ustedes obedecen…

No es sólo por el voto

Es claro que la “cuestión de principio” mencionada por el PCCh no es el derecho o no de presentar candidatos, sino sí su mantención en el poder, que ciertamente sería cuestionado en elecciones libres en Hong Kong, y probablemente también en China.

No por la fuerza de un candidato de oposición sino por causa de lo que Pekín representa para Hong Kong, más allá de la falsa ideología pregonada por el propio PCCh sobre que China vive en el comunismo. La opresión sentida en cada rincón de la ciudad es traducida por una de las sociedades más desiguales del mundo.

En Hong Kong, uno de cada cinco habitantes vive bajo el límite de pobreza. No hay reajuste salarial de acuerdo con la inflación, lo que lleva a pérdidas salariales de 15% desde 2000, y el salario mínimo, que sólo fue introducido en 2010, es [el equivalente] de R$ 8,5 por hora, menos de la mitad que en Estados Unidos. No hay derecho a la negociación salarial, no hay seguro de desempleo ni jubilación. Y los precios de la vivienda están entre los más altos del mundo, motivado por la llegada en masa de nuevos ricos venidos de China para vivir o para comprar artículos de lujo.

Con la transformación de Hong Kong en centro financiero y puerta de entrada para la abertura de fábricas en China, es grande la preocupación de Pekín con una posible desestabilización social en la ciudad. El propio PCCh alertó sobre la posibilidad de “fuga de capitales” hacia otros centros más estables. Hay mucho más en juego que una cédula en la urna electoral.

Traducción: Natalia Estrada.