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El día 4 de junio pasado, miles de personas salieron a manifestarse en Hong Kong. La convocatoria fue hecha como la tradicional “vigilia nocturna” con antorchas que se realiza cada aniversario de la represión realizada en la Plaza Tiananmen y se mantuvo a pesar de la prohibición de las autoridades locales y de la fuerte presencia policial.

Por Alejandro Iturbe

El motivo de fondo fue protestar contra la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional, a fin de mayo pasado, por parte del Congreso del Pueblo de Beijing. Esta ley (que luego veremos más profundamente) elimina en los hechos la autonomía relativa de la que goza el territorio. De esta forma, parece reanudarse el proceso de revolución democrática que se desarrolló a lo largo de la segunda mitad de 2019 y que había entrado en un impasse por la pandemia de Covid-19.

En ese período, la página de la LIT-CI publicó una serie de artículos, en los que se comenzó a esbozar una propuesta de programa de intervención, con todas las limitaciones que la distancia y la falta de inserción directa nos imponen.

El más importante de esos artículos es el primero (“Un proceso de movilización democrática que no se detiene”) [1]. En él, nos referimos a la historia de Hong Kong; hacemos un análisis de su economía y de su papel actual en este campo; abordamos la composición y las condiciones de vida de la clase obrera, de sus organizaciones sindicales y las huelgas; nos referimos al régimen político local, a sus instituciones y a los partidos políticos.

Definimos la lucha en curso como un proceso de revolución democrática contra el régimen dictatorial capitalista de Beijing. Este proceso ya había tenido un primer episodio en la llamada Revolución de los Paraguas en 2014, ante la comprobación de que el régimen chino no cumpliría el calendario electoral para la elección por voto directo del gobernador del territorio y de la totalidad del Consejo Legislativo[2]. Ahora se reanudaba contra la llamada Ley de Extradición.

Este proceso de revolución democrática focalizado en el territorio, le planteaba al régimen de Beijing un profundo desafío: no podía tolerarlo por el alto riesgo de que se expandiera al conjunto de China. Necesitaba imperiosamente derrotarlo, o por lo menos frenarlo, pero tenía la contradicción de no poder avanzar, por el momento, con una represión al estilo Tiananmen, por una combinación de factores nacionales e internacionales.

Al pueblo de Hong Kong le planteaba la contradicción de que resultaba imposible que consiguiera sus objetivos democráticos por sí mismo (las elecciones libres, el respeto y la profundización de su autonomía), sin avanzar hacia la expansión de la lucha democrática al conjunto de China y hacia la tarea de derrocar el régimen.

Las expectativas que muchos sectores tenían (y tienen) en los imperialismos “democráticos” occidentales para ayudarlos en esos objetivos eran una mera ilusión. Estos imperialismos critican y amenazan al régimen chino (y hasta adoptan sanciones contra él, como Trump) pero solo para chantajearlo, desgastarlo y reducirle los espacios internacionales. Hacen muy buenos negocios con ese régimen y, por eso, quieren mantenerlo (tal vez algo más suavizado). Una posición similar tienen los principales sectores de la burguesía del territorio.

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En los artículos siguientes, nos referimos a la radicalización de la lucha y de sus métodos, así como al papel de la juventud en esa lucha y en esa radicalización (al estilo de lo que después se iba a llamar “primera línea”)[3]. Vimos el ingreso de sectores de la clase trabajadora con sus métodos y organizaciones sindicales[4]. Y las amenazas del régimen, con un fuerte despliegue de tropas en la frontera[5] y el hecho de que esta amenaza no frenaba la lucha[6]. La lucha se profundizaba y, con ella, todas las contradicciones de la situación.

La pandemia produce un corte en el proceso

Con este marco, se inicia el 2020: en la propia noche de Año Nuevo hubo una importante movilización con enfrentamientos con la Policía[7]. Pero la dinámica se frenaría cuando comenzó a expandirse el brote de Covid-19 iniciado en Wuhan.

Hong Kong fue uno de los primeros territorios afectados por la pandemia. Sin embargo, a pesar de su proximidad con China continental y de sus características de alta concentración urbana, consiguió impedir la propagación exponencial del impacto del nuevo coronavirus.

El gobierno local implementó rápidamente medidas estrictas de “distanciamiento social», el cierre de escuelas y oficinas de gobierno consideradas no imprescindibles, utilizando el home office (una medida que luego aplicarían muchas empresas y bancos), la cancelación de grandes eventos, el cierre de cines y bares, etc.

Estas medidas y un sistema de salud sólido (que contaba con la experiencia de la llamada “gripe de Hong Kong” en 1968, y el control de la epidemia del SARS en 2007, hicieron que solo tuviera unos 1.000 casos de contagios registrados y solo 4 muertos. Una cifra proporcionalmente bajísima, no solo comparada con países como el Brasil y los EEUU, sino también con Argentina que aplicó medidas muy fuertes.

En mayo comenzaron a levantarse las restricciones, con la reapertura de escuelas, bares, cines, etc. Además, el gobierno local anunció el inicio de un plan para entregar mascarillas con filtro reutilizables a todos los habitantes del territorio[8].

Una economía muy golpeada

La economía de Hong Kong venía en retroceso, afectada por la guerra comercial entre China y EEUU y, fundamentalmente, por el proceso revolucionario: en 2019 el PIB se retrajo 1,2%, la primera recesión en 10 años[9]. La pandemia agravó y profundizó esta dinámica: en el primer trimestre de 2020, la economía cayó 8,9%, la mayor caída desde 1974[10].

Las autoridades locales esperan que el fin de las restricciones y una recuperación de la economía de China continental permitan comenzar a revertir la recesión. En abril, el gobierno local había lanzado un segundo paquete de 17.600 millones de dólares, que se sumó a uno previo de 37.000 millones. Esos paquetes estaban destinados a “ayudar” a las empresas y evitar despidos cubriendo por 6 meses 50% de los salarios de quienes ganan el salario mínimo de 1.150 dólares.[11]

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La Ley de Seguridad Nacional

Tal como ya señalamos, el Congreso del Pueblo chino aprobó la Ley de Seguridad Nacional, luego de tenerla “cajoneada” desde el año pasado. Aunque no se conoce todavía el texto completo, esta ley faculta al régimen de Beijing a liquidar los elementos de autonomía relativa de los que goza el territorio o, como mínimo, recortarlos al extremo.

Según Joshua Wong, uno de los activistas más conocidos de este proceso: «La nueva ley matará futuros movimientos democráticos, una vez que todas las protestas y otros llamados a la democracia serán calificados como una tentativa de subversión a la autoridad de China»[12]. El propio Wong cree que «Un nuevo cuerpo policial secreto probablemente sustituirá a… las fuerzas policiales de Hong Kong y lanzará prisiones secretas de todos los disidentes de la ciudad…”, endureciendo al extremo lo que ahora hace la policía de Hong Kong de modo más suave[13].

En estos días, además, el Parlamento de Hong Kong aprobó una polémica ley que prevé penas de hasta tres años de prisión para quien no respete el himno nacional chino. La nueva ley todavía debe ser ratificada por la jefa del Ejecutivo de Hong Kong.

El proceso se reanuda

Tal como sucedió el año pasado con la represión de la policía local y las miles de detenciones, o con la amenaza del Ejército chino en la frontera, la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional lejos de detener el proceso lo que hizo fue reencenderlo, como lo muestra la movilización del 4 de junio pasado. En la nota ya citada, Joshua Wong afirma: “No tengo dudas de que la nueva ley no va a conseguir parar las protestas en la ciudad”[14].

Por eso, opinamos que posiblemente estemos asistiendo a una reanudación del proceso revolucionario de 2019, ahora en condiciones más duras, con los márgenes cada vez más estrechos para ambos lados, en el marco de las contradicciones a las que nos referimos al inicio de este artículo. ¿Seguirá el régimen chino en el terreno de las amenazas o avanzará con dureza hacia la aplicación del contenido dictatorial de la ley aprobada? ¿Avanzará el movimiento de masas en la comprensión de expandir su lucha a China continental o jugará sus esperanzas en la ayuda del “¿Occidente” (es decir, a la presión de los imperialismos “democráticos”)?

Un sector del movimiento mantiene esas expectativas. El propio Wong dice: “Pido al mundo que apoye a Hong Kong una vez más”. Otros van en ese camino basados en un análisis más sofisticado: “La pregunta es si el mundo puede darse el lujo de entregarnos a China”, se pregunta Wilson Leung, fundador del Progressive Lawyers Group. Leung asume que Hong Kong perdió peso en la economía china, pero recuerda que gran parte de la inversión extranjera en China continúa pasando por la ciudad portuaria y principal centro financiero de Asia. “China quiere, hace años, hacer de Shanghái un centro financiero y de negocios. Hace una década pensaban que en 2020 alcanzarían esa meta, pero, hasta ahora, nada. Hong Kong tiene un sistema sólido y, por eso, continúa siendo importante para China y para el mundo”.[15].

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Es cierto que el gobierno Trump anunció, el mismo 29 de mayo, que va a abolir el estatus quo especial y las ventajas comerciales concedidas a Hong Kong desde 1997 y otras sanciones, porque ya no lo reconoce como región con autonomía respecto de China [16]. Pero esto parece más un paso en la guerra comercial con China que una medida que pueda tener algún efecto real sobre la situación política de la región.

Por su parte, los gobiernos europeos han guardado silencio hasta ahora y la jefa del Gabinete de la Unión Europea para Hong Kong y Macao, Carmen Cano de Lasala, se rehusó a hacer declaraciones al diario portugués Expresso (para la nota que hemos citado) [17].

Otra parte de los protagonistas de este proceso de revolución democrática, como vimos, había comenzado a radicalizar sus métodos y a sacar la conclusión de que el camino pasaba por profundizar la lucha. En los próximos meses, la realidad comenzará a responder estas preguntas.

Por nuestra parte, reiteramos nuestra solidaridad y nuestro apoyo a esta lucha democrática y la convicción de la necesidad de avanzar hacia una lucha del conjunto de los trabajadores y el pueblo chino para derribar el régimen dictatorial de Beijing.

Notas:

[1] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/hong-kong-proceso-movilizacion-democratica-no-se-detiene/

[2] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/estudiantes-de-hong-kong-desafian-a-la-dictadura-china/

[3] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/se-endurece-la-lucha-hong-kong/

[4] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/hong-kong-la-clase-obrera-entra-escena/

[5] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/ejercito-chino-despliega-tropas-la-frontera-hong-kong/

[6] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/pueblo-hong-kong-no-se-intimida-frente-la-amenaza-militar-beijing/ y https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/nueva-huelga-general-hong-kong/

[7] https://www.laizquierdadiario.com.uy/Hong-Kong-no-se-rinde-Comienza-el-2020-con-movilizaciones-y-enfrentamientos-con-la-policia

[8] https://economia.uol.com.br/noticias/bloomberg/2020/03/16/bloqueio-de-hong-kong-oferece-licao-a-paises-em-combate-ao-virus.htm y https://www.em.com.br/app/noticia/internacional/2020/05/05/interna_internacional,1144460/hong-kong-comeca-a-suspender-restricoes-por-coronavirus.shtml

[9] https://valor.globo.com/mundo/noticia/2020/02/03/pib-de-hong-kong-encolhe-12percent-em-2019-na-primeira-recessao-em-dez-anos.ghtml

[10] https://valor.globo.com/mundo/noticia/2020/05/04/pib-de-hong-kong-recua-89percent-no-1o-trimestre-em-meio-a-pandemia.ghtml

[11] https://valor.globo.com/mundo/noticia/2020/04/08/hong-kong-lanca-pacote-economico-de-us-176-bilhoes-por-pandemia.ghtml

[12] https://www.sabado.pt/mundo/detalhe/lei-de-pequim-matara-futuros-movimentos-em-hong-kong-avisa-ativista (en portugués en el original, traducción nuestra).

[13] Ídem.

[14] Ídem.

[15] https://expresso.pt/internacional/2020-06-06-Hong-Kong-nunca-mais-sera-a-mesma

[16] Ídem.

[17] Ídem.