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China enfrenta un proceso de reducción de crecimiento con el fin de los índices de dos dígitos del PIB. La crisis económica mundial comienza a afectar el modelo basado en la explotación intensiva de trabajadores con bajos salarios y en las exportaciones.


El gobierno chino intentó “saltar” la crisis económica inyectando U$S 586 mil millones en la economía y abriendo los cofres de los bancos estatales para créditos a intereses bajos, a partir de 2008, para incentivar el consumo interno. Con esto, el PIB fue mantenido en torno a 10%, pero a partir de 2011 este comenzó a sufrir sucesivas caídas, llegando a 7,6% en 2013. Hoy, las pesadas inversiones estatales no consiguen más que sustentar el crecimiento y son muchos los problemas que se acumulan.

El dinero en circulación creció hasta alcanzar U$S 15,6 billones en 2012, casi el doble del PIB, de U$S 8,3 billones (en los Estados Unidos, paraíso del mercado financiero, es la mitad). Las inversiones en la construcción civil empujaron la economía pero causaron una “burbuja” inmobiliaria con millares de viviendas sin compradores, aun cuando el precio de los inmuebles nuevos haya subido 14,7% en relación con 2012. Las alcaldías hincharon la “burbuja” con la construcción de emprendimientos de lujo en sociedad con empresas privadas. El resultado es una deuda municipal conjunta de U$S 1,7 billones en 2010, un valor mayor que el PIB de Rusia en aquel año. Otro sector que se aprovechó de los intereses bancarios bajos fue el de las empresas estatales, que en 2011 eran casi 145.000 con un patrimonio de U$S 14 billones. Estas aumentaron indiscriminadamente la producción para alcanzar las metas del PIB, generando superproducción de acero, cemento, carbón, entre otros. La producción de acero aumentó diez veces en doce años y los empresarios se quejan de la caída de la tasa de ganancia debido al exceso de capacidad productiva.

El resultado es una economía desequilibrada: mientras las exportaciones aumentaron 10,6% en el último año, otros índices cayeron. Uno de ellos es la parte del consumo interno en el PIB, que cayó de 4,3 a 2,5% en el segundo trimestre de 2013 (PIB de 7,5%). Se observa, también, la reversión de la tendencia de valorización del yuan, de 3% en 2013 a una pérdida de valor de 1% en los primeros meses de 2014, en una tentativa de amenizar las ganancias más bajas de los exportadores.

Los salarios aumentan
 
Por otro lado, los salarios de la clase trabajadora en general y, en particular, los de los 269 millones de trabajadores migrantes aumentaron. Dos factores influenciaron esto. El primero, las miles de huelgas que, aunque en ritmo menor, continúan quitando el sueño a los gobernantes. Según la organización China Labour Bulletin (CLB) entre mediados de 2011 y finales de 2013 se dieron 1.171 huelgas y protestas (números no oficiales, incompletos, ya que el gobierno chino no proporciona esta estadística). Cerca de 40% ocurrieron en industrias, algunas de ellas muy importantes, como las huelgas en la Honda y otras automotrices, y en la Foxconn, que arrancaron del gobierno aumentos generales de los salarios mínimos regionales del país.

En 2013 los salarios de los trabajadores urbanos aumentaron 8,6%, pero los trabajadores migrantes –la vanguardia de la lucha en China– consiguieron 14%, pasando a un salario mensual de U$S 426 (en la primera década de 2000 este era de U$S 150). No obstante, sus salaros aún están lejos de la media salarial de las ciudades, que es de U$S 680.

El otro factor es la reducción de la oferta de fuerza de trabajo debido al envejecimiento de la población, causado por la política de hijo único, y la reducción de la migración en 0,2% para las grandes ciudades industriales de la costa este.

El gobierno aprueba medidas para controlar la crisis
 
Es en este complejo escenario –caída del crecimiento, superproducción, reducción de la tasa de ganancia, aumento salarial, mercado financiero fuera de control– que en noviembre de 2013 el Partido Comunista de Cina (PCCh) aprobó medidas inéditas en el Tercer Plenario del 18° Comité Central. Debido a su importancia, la prensa oficial las comparó con aquellas tomadas en 1978 cuando fue aprobado el plan de reformas llamado “cuatro modernizaciones”, que cambió completamente el futuro del país, llevándolo a la restauración capitalista.

En un documento llamado Decisiones, el PCCh definió sus prioridades: el cambio en la relación entre los sectores estatal y privado, permitiendo que el “mercado” pase a tener un “papel decisivo” en la economía; las estatales paulatinamente pasarán a tener participación del capital privado, transformándose en “empresas mixtas”, y la introducción gradual de la propiedad privada de la tierra, que pone fin a la nacionalización vigente desde la revolución socialista de 1949.

Xi Jinping, secretario general del PCCh y presidente de China, defendió la necesidad de impulsar la economía, dando al mercado un “papel decisivo”: “Tanto la teoría como la práctica demuestran que la definición de inversiones por el mercado es el medio más eficaz para este fin. Es una regla general de la economía de mercado que el mercado decida la asignación de recursos”.

Para esto, es preciso cambiar el carácter de las estatales: “Las Decisiones proponen desarrollar una enérgica economía mixta”, con la “posesión cruzada de acciones y la composición del capital estatal con el capital colectivo (cooperativas privadas) y el capital no público (capital privado)”, afirma Jinping. Para atraer tal capital, las Decisiones garantizan que la propiedad privada es inviolable y Jinping alentó “a las empresas no públicas a participar de la reforma de las estatales y desarrollar empresas mixtas en las cuales el capital privado sea mayoritario”.

Los grandes cambios en el campo
 
A pesar de los evidentes avances en la industrialización del país, China aún es un país con 65% de la población registrada en domicilios rurales. Si tomamos en cuenta que 269 millones de migrantes con domicilio rural (hukou) trabajan en las ciudades, cerca de 700 millones de chinos viven en el campo en fuerte situación de penuria.

Según el viceministro Yang Zhiming, los salarios de los migrantes representan más de la mitad de los ingresos de las familias campesinas, lo que da una idea de lo poco que consiguen con su trabajo en el campo. El Subsidio Mínimo de Subsistencia (una especie de subsidio para alimentación) pagado a 54 millones de campesinos pobres (sobre un total de 100 millones) es de U$S 18 mensuales, que mal alcanza para comprar productos de la canasta básica.

Además, las tierras cercanas a las grandes ciudades frecuentemente son expropiadas, con indemnizaciones ridículas, para la construcción de proyectos inmobiliarios. Por eso el gobierno cuenta con el apoyo de los campesinos para la instauración de la propiedad privada de la tierra, porque estos recibirán títulos de propiedad de los 260 millones de lotes de tierra existentes, en lugar de los actuales contratos de concesión.

La propiedad privada de la tierra es fundamental para que el capital –principalmente el capital extranjero– se establezca y “críe raíces”. Las Decisiones afirman que “la transferencia del contrato de concesión a las grandes operadoras especializadas será estimulado” y los derechos de propiedad serán implantados en las áreas seleccionadas con el permiso de compra y venta de la tierra. Eso es, será formando un mercado inmobiliario rural que progresivamente transferirá la posesión de la tierra de las familias campesinas a las grandes empresas capitalistas y al agro-negocio internacional.

Centralización del poder
 
Cabe destacar también el aumento del control por el gobierno central y la centralización del poder en manos del presidente Xi Jinping. El plan de reformas será comandado por una comisión bajo la dirección del presidente. La reforma fiscal prevista centralizará los montos para las ciudades en los organismos centrales, y todas las comisiones locales para el combate a la corrupción serán dirigidas por miembros indicados por la alta cúpula. Eso dará a Jinping mejores condiciones de aplicación de su plan, pues posibilita quebrar las resistencias que con seguridad vendrán de los sectores del propio PCCh, como los dirigentes de los bancos y de las empresas estatales; los alcaldes, que perderán ingresos provenientes del negocio de la tierra; los jefes del sistema judicial, que hacen fortunas con la explotación de los “campos de reeducación por el trabajo” (previstos para acabarse); entre otros. La acusación de corrupción, por ejemplo, gravita sobre todos y el control de las comisiones por el gobierno central es un arma formidable para aplacar resistencias.

Por último, fue creado un Consejo de Seguridad Nacional, cuyo jefe es también Jinping, y cuyo principal objetivo será, según los analistas, la mantención del orden interno. Como dice el comunicado del PCCh: “lo más importante es mantener el liderazgo del partido… precisamos ser audaces y con pasos firmes”.

Perspectivas
 
El gobierno ya no puede resolver esta crisis con las medidas fiscales tradicionales, pues estas sólo agravarían la situación. De la misma forma que en Europa, es necesario atacar a la clase trabajadora y, en el caso de China, al campesinado. La venta de la tierra generará una nueva ola migratoria hacia las ciudades, presionando los salarios hacia abajo. Junto con eso, el relajamiento de la política de hijo único (con el permiso para tener dos hijos), también prometido, contrabalanceará el envejecimiento de la sociedad a largo plazo, mejorando la oferta de la fuerza de trabajo.

A su vez, la privatización de las estatales y su subordinación al “papel decisivo” del mercado harán que la clase obrera más tradicional (y más acomodada hasta ahora) de estas empresas pierda las conquistas que aún mantiene y pase a formar parte del “libre” mercado de trabajo, con la posibilidad de despidos en masa.

La entrada del capital extranjero en el sistema financiero chino causará la desvalorización de la moneda con la consecuente pérdida del poder adquisitivo, y la desnacionalización de la economía [provocará que] la semicolonización del país avance a grandes pasos. Este “ambicioso” plan, según el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Jacob J. Lew, fue exigido por los organismos del imperialismo como el Banco Mundial y el FMI. No es casual que, por primera vez, China haya conseguido una vacante en el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU.

Por otro lado, el ascenso de la clase trabajadora china continúa. Es probable que surjan luchas importantes próximamente, que necesitarán del apoyo de todas las organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores en todo el mundo.

Traducción: Natalia Estrada