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La juventud de Hong Kong continúa afluyendo hacia el centro financiero de la ciudad, que permanece ocupado.

Este martes, los estudiantes exigieron la renuncia del Jefe Ejecutivo de Hong Kong (gobernante nombrado por un colegio electoral) y dieron un plazo de 24 horas para Leung Chun-ying.

Según Maio Tang, un estudiante de 21 años, “es tarde demás para que el gobierno [de Leung] preste cuentas al pueblo, por eso queremos uno nuevo”.

Minutos antes del fin del plazo, en la medianoche del miércoles, a través de altoparlantes instalados especialmente para ese fin, Leung Chun-ying dijo que no tenía intención de dejar el cargo, pero que mandaría al secretario en jefe para que se reuniera con los manifestantes.

La declaración del gobernante fue recibida con silbidos estruendosos, pero significó un primer retroceso del gobierno que, ante el aumento del número de manifestantes y el avance de sus reivindicaciones, está semiparalizado.

La exigencia de renuncia fue seguida por una amenaza de los estudiantes: la ocupación de los edificios de la sede de gobierno, si no fuesen atendidos. Leung advirtió que habría consecuencias graves si hacían eso, pero prefirió abrir una puerta para el diálogo. Los estudiantes, por su parte, no intentaron atravesar las barreras de protección de la sede de gobierno, puestas por la policía luego del fin del plazo, aun cuando estén preparados para enfrentar la represión.

Distribuyen toallas para protegerse los ojos y hasta equipos caseros, como escudos, para enfrentar a la policía. También distribuyen panfletos sobre qué hacer si alguien fuese preso, con un número de emergencia para consejo jurídico. Claramente está surgiendo una dirección de masas al calor del combate.

Leung, por su parte, se prepara para una larga ocupación de las calles centrales y usa la táctica del diálogo, evitando una represión más dura, como ocurrió de manera desastrosa en los primeros días de la protesta. Ya el gobierno central en Pekín, a través del ministro de Relaciones Exteriores de China, que está en Washington, afirma que no va a tolerar “actos ilegales que violen el orden público”.

También alertó a los gobiernos extranjeros que no interfiriesen en “asuntos internos de China”. Esas declaraciones, por sí solas, dan la dimensión de la preocupación del gobierno chino con esta ola de protestas, que es el mayor desafío a la dictadura del PCCh desde la revuelta de la Plaza Tiananmen [1989].

El mayor desafío de Pekín

No es sólo la ocupación del centro financiero por los estudiantes y la exigencia de elecciones libres y directas para el gobierno de la ciudad, que, por sí solo, pone los pelos de punta a la dictadura china, sino que ahora el movimiento exige la caída del gobierno, lo que coloca en cuestión la disputa por el poder.

Además, la dinámica del movimiento puede tornarse incontrolable y alcanzar a sectores de trabajadores. El primero de ellos ya se manifestó. El sindicato de profesores de Hong Kong emitió una nota de apoyo firmada por cerca de 500 académicos en la que afirma que “el plan de China para permitir que algunos multimillonarios escojan quién va a gobernar Hong Kong es antidemocrático… Va a consolidar un sistema feudal corrupto donde los oligarcas tienen todo el poder y los trabajadores son exprimidos entre el costo de vida prohibitivo y la ganancia de una pequeña y poderosa elite”.

Esas primeras notas de solidaridad pueden convertirse en acción práctica, como el inicio de huelgas de trabajadores, lo que pondría al gobierno central en una situación aún más delicada.

La lucha por libertad en China

El mayor problema es que la continuidad del movimiento en Hong Kong puede extenderse hacia el resto de China y desafiar el poder no sólo en Hong Kong sino también el del Partido Comunista. Y eso sería intolerable para la dictadura.

Por eso, los medios controlados por el gobierno (y sólo existen esos…) llenan sus páginas de editoriales y noticias sobre los actos de vandalismo provocados por los estudiantes “fuera de la ley, mientras la internet es censurada y cualquier site que traiga otros puntos de vida es sacado del aire.

Pero es imposible impedir esto por completo, principalmente por la lengua y las fronteras comunes. Así, en las regiones más próximas a Hong Kong, cerca de dos decenas de personas ya fueron detenidas por expresar apoyo a las protestas.

La policía actúa rápidamente cuando se comparten artículos y fotografías sobre las manifestaciones. Aquellos que no han sido detenidos dicen que fueron amenazados de prisión si continuaban divulgando noticias sobre las protestas.

Varios detenidos participaron de la campaña “Quedar pelados por Hong Kong”, en la que los participantes cortan sus cabellos y divulgan sus cabezas rapadas en las redes sociales, en solidaridad.

Son acciones aún tímidas e iniciales pero que tienen un potencial para ampliar el mayor desafío que haya sufrido esta dictadura desde 1989.

Traducción: Natalia Estrada.

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