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Junio puede haber sido la primera señal de que la crisis económica mundial hizo un “aterrizaje forzado” en China, contrariando todas las expectativas de que la reducción del crecimiento chino sería “suave” y controlado por la dictadura. Como ya aconteció diversas veces en la

historia, el sistema capitalista con sus crisis cíclicas es más fuerte que las dictaduras (y las democracias) que intentan controlarlo.



 “Es una crisis económica como fue la de Estados Unidos, exactamente igual", dijo Wang Ting, operador de un casino clandestino en Fugu, cerca de Shenmu. "No hay dinero, todo el mundo queda en casa sin empleo, no hay cómo la economía pueda recuperarse."



Fruto de ese pánico, la bolsa de Xangai (la mayor de China) cayó 5,3% durante dos días consecutivos, aunque se haya recuperado después. Sin embargo, desde febrero, la caída es de cerca de 20%.



Por otro lado, el gobierno chino se apresuró en divulgar una nota a través de la agencia Xinhua afirmando que “hay amplia liquidez en China y el reciente aumento de la tasa de intereses en el mercado financiero fue resultado de sesgos causados por la especulación generalizada en los negocios y en la financiación en negro”.



De hecho, la liquidez (o dinero en circulación) del mercado financiero chino es la mayor del mundo. En 2012, el suministro amplio de dinero (M2) en el mercado era de US$15,6 billones, mientras el PIB el mismo año fue de US$8,3 billones, es decir, una relación M2/PIB del 188% (en los EEEUU, paraíso del mercado financiero, la relación es del 57%).



Lo que el gobierno no consigue explicar es que los “distorsiones” que llevaron a la especulación fueron causadas por él mismo con su política de estímulos a intereses bajos y crédito fácil, por un lado, y de control de los préstamos efectuados, por otro. Esto llevó a la “superproducción” de dinero y, a la vez, a su desaparición repentina del mercado. Una crisis clásica de superproducción, como Marx ya explicaba en el Manifiesto Comunista, pero del cual los “comunistas” del PC de China se olvidaron completamente. Se olvidaron, también, de explicar cómo la financiación en negro (shadow banking), un negocio ilegal, es capaz de causar “distorsiones” libremente bajo de la nariz de la dictadura.



La financiación en negro o shadow banking

 
La financiación obscura [1] es un conjunto de operaciones ejecutadas en un mercado paralelo de financiación, que no figuran en los balances de los bancos. Los bancos estatales hacen préstamos a intereses bajos a los gobiernos municipales que quieren desarrollar proyectos inmobiliarios de lujo. Cuando son préstamos de riesgo, sin garantía de retorno, el gobierno central del PCCh, en Beijing, impide que sea lanzado en la contabilidad de los bancos, aunque admita el negocio. Estos “venden” los pagarés de los préstamos a las compañías aseguradoras, que las transforman en paquetes más pequeños con el nombre de “wealth management products”, vendidos con promesas de altos intereses a inversores del mercado paralelo. Finalmente estos “productos” llegan al consumidor final, los pequeños inversores.

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Otro hecho rutinario es las empresas estatales (controladas por el PCCh) toman préstamos en los bancos a intereses bajos y aplican el dinero en el shadow banking, con retorno a intereses mucho más altos, en vez de aplicar en el sector productivo.


El esquema es muy parecido al que causó la explosión de la “burbuja” inmobiliaria en EEUU (el mercado de derivativos) lo que da toda razón al operador del casino clandestino. En China no hubo una explosión semejante porque hubo intervención del gobierno en los bancos afectados, aunque no admita. La Bloomberg News afirmó que el Banco Central inyectó US$ 8.200 millones en el Banco Comercial e Industrial de China (el mayor del mundo) para evitar su quiebra.



El sistema ya existe hace algún tiempo, pero creció tanto a punto de ser responsable por la mayoría de los préstamos hechos hoy en China. Entre 2010 y 2012, la financiación en negro se duplicó, siendo responsable por US$ 6 billones (69% del PIB) en préstamos, según el JP Morgan Chase. El financiamiento en negro es, en realidad, una cara “obscura” de la financierización de la economía china, la misma que ocurre en todas las economías capitalistas.


Ciudades quebradas

 
Mientras el boom del mercado inmobiliario alimentó esta red con la venta de inmóviles a precios en las alturas, garantizando ganancias fabulosas a la burguesia que, así, podía recurrir al financiamiento en negro a intereses más altos, pues no consiguen hacerlos en los bancos estatales, todo corría bien.


Pero hoy China es más conocida por las ciudades fantasmas, centenares de centros comerciales de lujo inútiles y millones de inmóviles vacíos, que por sus edificios futurísticos. Los negocios pararon, las ventas desbarrancaron y con ellas los precios. Miles de constructoras que tomaron préstamos a intereses altos en el mercado paralelo cerraron las puertas y no pagaron sus préstamos, hasta que el mercado quedó paralizado en junio, por la aparente falta de dinero. 

Pero no sólo las constructoras fueron afectadas. Los ayuntamientos quedaron con deudas altíssimas, sin retorno en sus negocios inmobiliarios.



El periodista Keith Bradsher del New York Times da el ejemplo de la ciudad de Shenmu, en Mongolia, una región desértica, pero floreciente debido a las minas de carbón de la región.



Según él, “las tiendas de artículos de lujo vendían hasta US$500.000 por día, el club de nuevos ricos Fortune Garden se hizo famoso por comprar una cama de maderas preciosas por US$1 millón para que usen sus socios y los automóviles de marca BMW y Audi eran las más comunes en las calles”.



“Ahora, las principales tiendas de moda están desiertas, las reservas anticipadas en los restaurantes de lujo se redujeron 97% y la entrada de mármol del Fortune Garden Club está cerrada. Todas, excepto una concesionaria de vehículos de la ciudad cerraron. Shenmu y ciudades próximas, como Ordos y Fugu, están a la vanguardia de problemas más amplios que están comenzando a afectar toda la economía china.”

 

La ciudad de Ordos, citada por Bradsher, necesitó tomar un préstamo para pagar los salarios de sus trabajadores. La deuda de la ciudad, debido a los emprendimientos inmobiliarios quebrados, llegó a US$ 39.000 millones, mientras los ingresos del municipio son de US$ 6.100 millones.



La deuda de los gobiernos locales, en 2010, fue estimada en US$ 1,8 billones (25% del PIB), pero, en consonancia con el ex-ministro de las finanzas Xiang Huaicheng, esta deuda debe exceder los US$ 3,3 billones actualmente. Las quiebras de las ciudades chinas, como aconteció con Detroit, es una realidad.



Economía real en declive

 

La acumulación de capital ficticio, demostrada por la “amplia liquidez” existente, con el total de dinero en circulación (la M2 representa todo tipo de dinero: papel moneda, crédito, títulos e, inclusive, capital ficticio) siendo casi el doble del PIB es, por sí sólo, una enorme deformación de la financierización del capital, pero tiene bases reales.



La economía china vive una situación de superproducción que ya ocurría antes del inicio de la crisis, en 2007. En 2008, con el paquete de estímulos del gobierno, de US$ 586.000 millones, la situación se agravó. Todos los sectores primarios de la economía aumentaron la producción para alimentar el ramo más favorecido: la construcción civil.



Las minas de carbón, para producir energía y para las siderúrgicas, que suministran para las empresas de transformación. Las industrias de cemento, proveedores directos para la construcción civil. Y, por fin, la propia construcción civil, con su superproducción de inmuebles.



El ejemplo del carbón sirve para todos los demás ramos: los precios cayeron a la mitad en los últimos 3 años. De las 90 minas de Shemu, sólo 9 empresas estatales continúan operando, pero con perjuicio. El gobierno finalmente reconoció la grave situación y emitió una instrucción para que más de 1.400 compañías de 19 ramos industriales cortaran el exceso de capacidad productiva, este año.



La casi quiebra del sistema financiero (en realidad, existe una quiebra real, pero sostenida por el gobierno a un costo no divulgado) fue acompañado del anuncio de la caída del crecimiento del PIB en el segundo trimestre de 2013. De 7,7% (7,9% en el periodo octubre-diciembre/2012) en el primer trimestre a 7,5% en el segundo.


Además de la reducción, el prometido cambio en el “patrón de consumo” no vino. Según Capital Economics, de 7,5% de crecimiento del PIB, 5,9% vinieron de las inversiones del gobierno. Ocurrió un aumento en relación al primer trimestre, que fue del 2,3% (en 7,7%), y el mayor desde 2010. La contribución del consumo cayó del 4,3% a 2,5%. Y las exportaciones líquidas tuvieron una contribución negativa por primera vez en un año (i.e., reducción de las exportaciones).


Es decir, no sólo el “patrón” continuó siendo el de inversiones estatales en detrimento del consumo familiar, sino que la participación de estas inversiones en el PIB aumentó. Por eso, aunque a China consiga alcanzar su meta de crecimiento del 7,5% este año (lo que puede ser conseguido por el control estatal de las grandes empresas), el modelo de crecimiento económico adoptado (inversiones estatales y exportación) no se sostiene más, debido a la continuidad de la crisis económica en los países imperialistas.



El gobierno promete reaccionar abriendo el sistema financiero al imperialismo

 

Pero, a veces, “hay males que vienen para bien”… al menos para el imperialismo. Las primeras medidas del nuevo gobierno de Xi Jinping para controlar la crisis de junio fueron relajar el control sobre las tasas de intereses (apostando a su reducción a partir de los mecanismos de “libre competencia” del mercado), y la apertura de la construcción de carreteras de hierro para pequeñas empresas de construcción civil, para evitar una quiebra generalizada.



El imperialismo aplaudió, pero quiere más. Exigen la apertura general del sistema financiero, con la liberación para inversiones extranjeras. Xi Jinping quiere hacer una experiencia en Xangai, el principal centro financiero del país, pero aún encuentra resistencia de los bancos estatales, que perderían mucho con la entrada de los bancos privados de los países imperialistas.


Pero la resistencia debe ser quebrada, no sólo por la presión del imperialismo, sino por la propia realidad económica. Según el primer ministro Li Keqiang, defensor de la apertura total del mercado, “es una revolución autoimpuesta, que va a requerir un sacrificio real, y va a ser doloroso”. Él sólo no explica quién será “realmente” sacrificado, pues la apertura del sistema financiero al imperialismo traerá enormes ganancias a los capitalistas chinos, extranjeros y al imperialismo. Más una vez, los sacrificados serán los trabajadores. Podrá ocurrir una privatización “con características chinas” de los bancos y de las estatales que restaron, causando miles de despidos. 

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En la próxima reunión del Comité Central del PCCh, en octubre, serán tomadas decisiones a ese respeto. Sin embargo, como siempre acontece, será en las negociaciones entre las varias facciones internas del partido y el ejército que se definirán tales decisiones, de modo que ya habrán sido tomadas antes de la apertura de la misma reunión. 




[1] – Financiamiento em negro es una traducción libre del término inglés “shadow banking”, para indicar que son negocios hechos “en las sombras”.