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Se cumplen 70 años de la Revolución China. El régimen de Beijing lo festejó con un impresionante desfile militar, exhibiendo modernos armamentos, rodeado de símbolos comunistas y banderas rojas. ¿China es un país comunista como afirman muchos medios occidentales y diversas organizaciones de izquierda?

Alejandro Iturbe

El 1º de octubre se cumplieron 70 años del momento en que las fuerzas comunistas de base campesina, encabezadas por Mao Zedong, derrotaron al ejército burgués del general Chiang Kaishek y tomaron el poder. Fue una gran revolución triunfante que luego daría origen a un nuevo Estado obrero y a una economía de transición al socialismo, en el país más poblado de la tierra. Por eso, lo consideramos uno de los procesos de la lucha de clases más importantes del siglo XX [1].

Desde el inicio, fue un estado obrero burocratizado, dominado por el régimen dictatorial del Partido Comunista estalinista y su cúpula. Dentro de él, Mao jugaba el papel de “árbitro supremo” entre las distintas fracciones del partido. Era un régimen político sin ninguna libertad democrática real para los trabajadores. Durante quince años, el maoísmo fue parte del aparato estalinista mundial, hegemonizado por la burocracia de la URSS. Pero, en la década de 1960, se produce una ruptura entre ambos sectores y el maoísmo (manteniendo su matriz estalinista) pasó a construir su propio aparato político mundial [2].

A pesar del carácter burocrático y dictatorial del Estado obrero, la economía planificada centralmente dio frutos muy importantes. Entre los más destacados están, sin dudas, el haber acabado con el hambre y, también, con las enfermedades fruto de la pobreza crónica. Hubo también avances muy grandes en educación y en la eliminación de los rasgos más retrógradas de la opresión femenina (como la costumbre de obligar a las niñas a vendar sus pies para evitar que crecieran). Al mismo tiempo, la infraestructura de servicios y comunicaciones mejoró notablemente y también se inició un proceso incipiente de industrialización.

Pero estos avances partían de una base atrasadísima (que seguía siendo esencialmente agraria) y, al mismo tiempo, chocaban con dos obstáculos que les ponían límites infranqueables. En primer lugar, la concepción estalinista (adoptada por el maoísmo) de que era posible construir el “socialismo en un solo país”. Una idea que ya Marx (en el siglo XIX) había combatido y que, en un país tan atrasado como China, resultaba aún más imposible.

El segundo obstáculo era que la economía era planificada centralmente, pero de modo totalmente burocrático y arbitrario por la cúpula del PC que, en muchas ocasiones, planteaba objetivos delirantes. Así ocurrió durante el llamado Gran Salto Adelante (1958-1961) donde se impulsó la creación de un millón de “mini-acerías” en las granjas campesinas. El metal obtenido era de pésima calidad y prácticamente inservible, lo que significó una gran pérdida de esfuerzo, trabajo y materiales. O con la “colectivización forzada” del campo (realizada en esos mismos años, según el modelo estalinista ruso de los años 30) que provocó millones de muertes por hambre.

Como consecuencia de estas profundas contradicciones, la economía planificada sufría grandes oscilaciones, y el aparato burocrático chino y su cúpula fueron siempre muy inestables, con choques y desplazamientos permanentes entre las distintas fracciones que lo componían (por ejemplo, durante la llamada Revolución Cultural) [3].

La restauración capitalista

A finales de la década de 1960 e inicios de la de 1970, la economía del estado obrero chino estaba en una situación de estancamiento. Con este marco de fondo, y el debate sobre cómo enfrentar esta situación, Mao muere en 1976 y se acentúa al extremo la lucha entre las fracciones [de la burocracia]. Finalmente, en 1978, triunfa el sector de Deng Xiao Ping que fusila a los principales líderes de sus oponentes (conocidos como la Banda de los Cuatro).

Deng expresaba la fracción más de derecha de la burocracia e inicia el proceso de restauración capitalista en el país, asociado al imperialismo estadounidense (en 1979, Deng realiza el primer viaje de un líder comunista chino a EEUU y se entrevista con el entonces presidente Jimmy Carter). Un hecho simbólico de la restauración fue que, ya a finales de 1978, la Coca Cola anuncia su proyecto de instalar una planta de producción en Shangai.

Deng aplicó dos medidas centrales. La primera fue la eliminación de las comunas agrarias de producción, que fueron reemplazadas por el llamado ‘sistema de responsabilidad familiar’ que autorizaba a las familias a vender directamente las cosechas y lucrar con ellas. Los sectores más dinámicos y favorecidos comenzaron a acumular pequeños capitales, a procurar nuevas explotaciones agrarias (a partir de la aprobación del derecho de arrendamiento por 30 años y de la autorización de transferencia de estos derechos) y también a invertir en pequeñas empresas comerciales e industriales, originando así una incipiente burguesía rural.

Al mismo tiempo, a lo largo de dos décadas, esto significó la expulsión de millones de campesinos que perdían su base de sustento y alimentación, y debían emigrar a las grandes ciudades para buscar empleos como asalariados. Se calcula que este proceso afectó a más de cien millones de personas (que se sumaron a una migración preexistente, consecuencia de la colectivización forzada). Se formó así un inmenso y dócil ‘ejército industrial de reserva’ que aceptaba bajísimos salarios y fue la base social que permitió las grandes inversiones y la rápida industrialización.

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La segunda medida fue la creación de cuatro ‘zonas francas’ para inversiones en ciudades de la costa sur, con el objetivo inicial de fabricar productos baratos (textiles y vestido, radios y metalurgia pequeña) destinados al mercado interno. Pero rápidamente esa producción comenzó a exportarse y a competir con la de los llamados “tigres de Asia”.

Una combinación histórica inédita

La restauración capitalista en China tiene un rasgo común y uno diferenciado con el proceso que se dio en la ex URSS y en el Este de Europa. El elemento común es que la restauración es llevada adelante por el propio Partido Comunista (en el caso ruso, fue dirigida por Mikhail Gorbachov). El elemento diferente es que en la URSS y en los países del Este europeo, poco después, la movilización de masas derribó al aparato estalinista restaurador (el símbolo de este proceso fue la caída del Muro de Berlín). En China, ese proceso de masas triunfante pos-restauración no se dio (dicho sea de paso, tampoco se ha dado en Cuba).

Se produce así una combinación histórica inédita: el propio aparato estalinista que había dirigido la revolución y la construcción del Estado obrero burocratizado no solo restaura el capitalismo, sino que continúa en el poder después de haberlo hecho. Solo que ahora ya no defiende las bases económico-sociales del Estado obrero, sino que está al servicio del capitalismo imperialista.

Desde el punto de vista formal y de su funcionamiento, el régimen y su aparato continúan siendo los mismos: burocráticos y dictatoriales, disfrazados detrás de las banderas rojas y el lenguaje ‘socialista’. Pero su contenido social ahora es totalmente diferente; ahora está al servicio de una economía capitalista hasta la médula. Bastaría ver, por ejemplo, la cantidad de cuadros importantes y miembros de la dirección del PCCh que son burgueses o pertenecen a familias burguesas.

En China se da entonces lo que los brasileños llaman “el peor de los mundos”: una sangrienta dictadura de matriz estalinista junto con una de las expresiones más feroces y explotadoras del capitalismo actual. Es sobre esta base que llegaron las grandes inversiones imperialistas y, asociada con ellas, el surgimiento de una burguesía nacional china. Un proceso que pega un salto a partir de la derrota de la lucha contra el régimen que tuvo como escenario a la Plaza Tienanmen, luego de una feroz represión, en 1989 [4].

La “fábrica del mundo”

China tuvo así un gran desarrollo industrial y se transformó así en lo que se ha llamado la “fábrica del mundo”. Pero no como potencia dominante sino como país subordinado, en un modelo de acumulación capitalista dominado por los capitales imperialistas, especialmente los estadounidenses. Baste ver, por ejemplo, la relación entre las empresas Apple (EEUU) y Foxconn (China) [5].

En el marco de ese modelo de acumulación, la burguesía china y el régimen de Beijing comienzan a buscar un cierto desarrollo autónomo en el campo de la tecnología de celulares a través de la empresa Huawei. Es lo que está en el fondo de la guerra comercial-tecnológica que ha iniciado el gobierno de Trump con gran impacto desestabilizador en el comercio mundial [6].

La clase obrera

China posee hoy la segunda economía del mundo. La base de ese crecimiento ha sido el altísimo nivel de explotación de clase obrera del país. Según datos de las propias estadísticas oficiales, en China, hay alrededor de 500 millones de asalariados [7]. Dentro de ese total, el estudio informa que 29,3% de la fuerza laboral total trabaja en “industria, construcción y energía”. Esto significa que hablamos de un proletariado industrial de más de 260 millones de personas (engloba la industria privada y las empresas del Estado nacionales, provinciales y municipales con actividades industriales, de construcción y de producción de energía).

Una clase obrera que el régimen de Beijing se ha encargado de “dividir para reinar”. En primer lugar, entre los trabajadores del Estado (con mejores salarios y condiciones laborales) y los de las empresas privadas. En segundo lugar, a través un salario mínimo mensual diferenciado, según las regiones del país: varía va desde 166,40 dólares en la provincia de Anhui hasta 350,20 en Shangai [8]. [Nota: utilizaremos el nombre yuan para la moneda, aunque a nivel interno se utilice el renminbi de valor equivalente pero no convertible]. Finalmente, la más grande de las divisiones: el houkou, el pasaporte interno requerido para trasladarse desde el interior hacia las ciudades de la costa y que determina el acceso a la vivienda, salud y educación. Los trabajadores que requieren el houkou son tratados de hecho como extranjeros y deben aceptar siempre peores salarios y condiciones laborales.

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En las industrias más avanzadas, como las terminales automotrices, los salarios pueden llegar a 728 dólares mensuales como en la planta de la General Motors, con una semana laboral de 6 días por 12 horas de trabajo diario [9]. En el pico de la pirámide, están los trabajadores de la Huawei que pueden superar los 900 dólares [10].

A este panorama, cabe agregar la prohibición de organizar sindicatos que no pertenezcan a la FNSC (Federación Nacional Sindical China – ACTFU por sus siglas en inglés), controlada por funcionarios del partido en las empresas del Estado y por gerentes y supervisores en la industria privada.

También están prohibidas las huelgas y los activistas que las encabezan están condenados a ser despedidos e, incluso, encarcelados. A pesar de ello, se producen de modo permanente, por diversos motivos. Según un informe de la organización China Labour Bulletin, con sede en Hong Kong (https://clb.org.hk/ ), entre 2014 y 2016, hubo 6.700 huelgas y protestas en diferentes puntos del país [11].

La lucha de Hong Kong

Un proceso muy importante que se está desarrollando en China, desde hace varios, es la de lucha, por reclamos democráticos atacados por el régimen de Beijing, de los trabajadores y el pueblo de Hong Kong, al que le hemos dedicado numerosos artículos en este site [12]. Esta lucha representa una gran amenaza y una muy fuerte contradicción para un régimen dictatorial.

REUTERS/Tyrone Siu

La dictadura china ha intentado derrotarlo a través de la dura represión de las fuerzas policiales locales, pero no lo consigue. Subió su nivel de amenazas al instalar tropas del ejército chino en la ciudad de Shenzhen, localizada a 27 km del centro del territorio, con soldados transportados en camiones y vehículos blindados [13]. Como respuesta lo trabajadores y el pueblo de Hong Kong redoblaron la lucha.

Si bien las profundas contradicciones que le presenta al régimen de Beijing una alternativa de una acción militar directa, la dejan, hasta ahora, en el plano de la amenaza, un ingreso de tropas del ejército chino para reprimir al pueblo de Hong Kong es una posibilidad cada vez más real.

Sobre el desfile militar

Volvamos ahora al espectacular desfile que se realizó en el aniversario de la revolución. ¿A quién iba destinado ese despliegue de poderío militar?

Es evidente que uno de los destinatarios era Trump y el imperialismo estadounidense para mostrarles que sería una locura para ellos intentar cualquier aventura militar contra China. Si esta hipotética situación llegase a producirse no tendríamos ninguna duda en defender a China contra la agresión imperialista.

Pero esta hipótesis está muy lejos de la realidad actual. Por una combinación de razones de la realidad política mundial y del propio imperialismo, Trump ni siquiera puede desarrollar actualmente una acción militar contra Venezuela [14].

Para nosotros, ese desfile militar tiene hoy como objetivo principal amenazar a los trabajadores y a las masas chinas, y especial a la lucha democrática de Hong Kong. El mensaje del régimen de Beijing es: “tenemos poderío suficiente para hacer nuevamente (corregida y aumentada) una represión como la que hicimos en Tienanmen”.

¿Qué es China actualmente?

Podemos ahora responder claramente a la pregunta inicial: China es un país capitalista hasta la médula gobernado por un régimen dictatorial controlado por el Partido Comunista, que intenta esconder esta realidad detrás de banderas rojas y símbolos de izquierda. Esto genera una gran confusión entre muchos trabajadores del mundo.

Una confusión que es alentada por los medios occidentales. Una parte, ataca desde la derecha, como un reportaje de Euronews, y les dice a los trabajadores: “ven, eso es el comunismo, una dictadura sin libertades democráticas” [15]. Otra parte, reivindica el proceso de este supuesto “socialismo” tan bueno para el capitalismo, como hace la BBC británica [16].

Lo más grave, sin embargo, es que numerosas organizaciones de izquierda aún reivindican a China como “socialista”; hablan de una continuidad desde la revolución de 1949 hasta ahora y la presentan como la potencialidad del “socialismo” para enfrentar al imperialismo. Otras corrientes que se buscan identificarse con un tardío nacionalismo burgués la definen como capitalista, pero como una muestra de un hipotético desarrollo capitalismo autónomo y antiimperialista.

La política de las organizaciones que hablan de China “socialista” es doblemente criminal. Por un lado, presentan como “socialismo” una sangrienta dictadura que garantiza uno de los niveles de súper-explotación más altos del mundo. Frente a esa identificación, millones de trabajadores en el mundo dicen: “si eso es el socialismo, yo no lo quiero”.

Además, es totalmente falso que China hoy juegue un papel progresivo y antiimperialista en el mundo. La política exterior del régimen de Beijing es profundamente reaccionaria o directamente contrarrevolucionaria.

Por un lado, las numerosas empresas chinas con inversiones en el exterior actúan igual que las multinacionales imperialistas: sobreexplotan a los trabajadores para extraen plusvalía, saquean recursos naturales y también envían gran parte de sus ganancias a la casa matriz. Basta ver, por ejemplo, su papel en la industria minera de Perú, de la que poseen casi el 40% o su accionar en el petróleo y la minería venezolana. No tienen ningún problema en invertir en países con gobiernos de derecha o de extrema derecha, como el de Macri en Argentina o el de Bolsonaro en Brasil. Por el otro, son parte del accionar contrarrevolucionario para sostener sangrientas dictaduras y regímenes represores como hacen en varios países de África y en Venezuela [17].

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Es decir, no solo ensucian el nombre y las banderas del socialismo, sino que acaban reglándole al imperialismo y a sus agentes nacionales las banderas de las libertades democráticas, que estos utilizan las utilicen con total hipocresía para confundir y engañar a los trabajadores y a las masas.

Algunas consideraciones finales

Por todo lo que hemos expuesto, actualmente en China, para los trabajadores y las masas, hoy está planteada la necesidad de una nueva revolución. Una revolución cuya tarea inmediata es derribar al régimen dictatorial de Beijing. Es decir: ¡Abajo la Dictadura!) para obtener libertades democráticas como el derecho de formar organizaciones políticas por fuera del PCCh, la libertad de prensa, el derecho de organizar sindicatos independientes, el fin de la represión a los trabajadores y las masas y la libertad a los presos políticos y sindicales. Un proceso en el que la lucha actual de Hong Kong puede jugar un papel muy importante.

Para nosotros, esta primera tarea, esencial en el momento actual, es parte de una lucha más profunda y debe continuarse con ella: una nueva revolución obrera y socialista. Una revolución que lleve a los trabajadores y las masas al poder y que construya un nuevo Estado obrero chino. Sin las profundas deformaciones burocráticas que tuvo el proceso de 1949, dirigido por el maoísmo-estalinismo, sino basado en organismos democráticos de los trabajadores y las masas.

Tal como hemos señalado, hoy en China existe una inmensa clase trabajadora y, dentro de ella, un gigantesco proletariado industrial. Entonces no sería un proceso de base campesina, como el de 1949, sino que estaría apoyado en un desarrollo industrial mucho más avanzado y en el mayor proletariado del mundo.

Detrás de su aparente fortaleza, el régimen de Beijing está montado sobre un polvorín del que solo hemos visto sus primeras chispas. Cuando explote, el mundo se conmoverá con ello y su influencia será inmensamente superior a la ya muy importante que tuvo la revolución de 1949.

Notas:

[1] Para conocer más sobre este proceso recomendamos leer el libro de Nahuel Moreno  Las Revoluciones China e Indochina en:  https://www.marxists.org/espanol/moreno/obras/06_nm.htm

[2] Sobre este y otros conceptos ver https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/certezas-e-interrogantes-que-plantea-la-crisis-economica-en-china/

[3] https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/pdac-italia/la-revolucion-cultural-una-revolucion-politica-abortada/

[4] Ver subtítulo “Un hecho clave: la derrota de Tienanmen” en el artículo citado en la nota [2]

[5] Ver subtítulos “El modelo capitalista chino” y “Un capitalismo dependiente atípico” en el artículo citado en la nota [2]

[6] Sobre este tema ver https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/armas-de-guerra/

[7] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/01/130129_china_trabajadores_mj

[8] https://www.china-briefing.com/news/salarios-minimos-en-china-2018-19/

[9] Datos extraídos de CHEN, Vincent/CHAN, Anita; Regular and Agency Workers: Attitudes and Resistance in Chinese Auto Joint Ventures; Revista China Quarterly 224 (Marzo 2018) en: https://www.researchgate.net/publication/322520102_Yiu_Por_Vincent_Chen_and_Anita_Chan_Regular_and_Agency_Workers_Attitudes_and_Resistance_in_Chinese_Auto_Joint_Ventures_China_Quarterly_March_2018_no_224 y https://www.elfinanciero.com.mx/tech/100-celulares-por-hora-y-mejor-salario-que-en-mexico

[10] http://www.china.org.cn/english/2002/Nov/48588.htm

[11] Sobre estas huelgas, recomendamos leer el informe “China: las huelgas y protestas obreras continúan a pesar de la caída de la producción industrial” en https://www.cetri.be/IMG/pdf/China_las_huelgas_y_protestas_obreras_continuan-1.pdf y el artículo https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/brazos-cruzados-maquinas-paradas/

[12] Ver esta serie en https://litci.org/es/?s=Hong+Kong

[13] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/ejercito-chino-despliega-tropas-la-frontera-hong-kong/

[14] Sobre este tema ver el artículo “Los dilemas del imperialismo” en la Revista Correo Internacional 21, Editora Lorca, San Pablo, Brasil, mayo 2019.

[15] Ver por ejemplo, el siguiente video: https://youtu.be/WTEMhV3lyJA

[16] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-49898646?fbclid=IwAR3G4UskbOrdJHHaRpkMY6Tgvpf03cRpPq1-r5-Wdf7AuIR2DxLYjMPyAZs

[17] Sobre este teme los artículos “El nuevo papel de China en África” en la Revista Correo Internacional 19, Editora Lorca, San Pablo, Brasil, marzo 2019  y “Es progresivo el papel de China y Rusia” en la revista citada en la nota [14]