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En varios países, donde existen Estados totalitarios, bonapartistas y dictaduras, se forman burguesías a partir de las relaciones privilegiadas de la burocracia estatal con el aparato del Estado.

Por: Américo Gomes

El ejemplo que tenemos en América Latina es la “boliburguesía” venezolana. Pero en el continente africano eso ocurre con más frecuencia, pues se gestó en varios países una burguesía negra rentista, parasitaria, ligada al imperialismo, extremadamente corrupta y violenta.

Este tipo de burguesía se divide en camarillas que disputan el poder de tiempos en tiempos, eliminando a los adversarios, de forma violenta o no, sanguinaria o pacífica, dependiendo de la correlación de fuerzas. De cierta manera, observamos eso en el XIX Congreso del PC chino, con la consolidación del sector burgués de Xi Jinping; o en el golpe palaciego del príncipe heredero Mohamed ben Salam en Arabia Saudita, que derribó toda una oligarquía e instauró su propia autocracia, asesinando y encarcelando a dirigentes de los demás clanes, lo que se estima en más de 2.000 presos. Recientemente, ocurrió eso en Zimbabue.

Un golpe palaciego

El 6 de noviembre, Robert Mugabe, el más viejo presidente del mundo, con 93 años, despidió a su antiguo aliado, el vicepresidente Emmerson “Cocodrilo” Mnangagwa. El objetivo era privilegiar a su esposa Grace Mugabe y a la facción Generación 40 (G40) en la lucha por el poder.

No obstante, eso irritó a otro sector de la camarilla dirigente, y, apoyada por los inversores imperialistas, la elite militar dio un golpe, liderado por el jefe del ejército, general Constantino Chiwenga. Un golpe con aspectos tragicómicos.

El Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), principal partido de oposición, con posiciones de derecha y proimperialistas, apoyó el golpe. Pero, al día siguiente, los diarios mostraron a Mugabe, el general Chiwenga y los enviados de África del Sur en la “State House”, sonriendo mientras apretaban las manos unos de otros. Mugabe se negó a renunciar. Y se creó un impasse.

El fin de semana, miles fueron a las calles, incentivados por los golpistas, pidiendo la caída de Mugabe, pero, incluso así, los militares mantuvieron a las masas lejos de la “State House”, protegiendo a quien alegaban estar derrocando.

El domingo, la dirección del tradicional Unión Nacional Africana del Zimbabue – Frente Patriótico (ZANU-PF), entre canciones y danzas aprobó la remoción de Mugabe de la presidencia del partido, la expulsión de Grace y de 20 de sus asociados, y la nominación de Mnangagwa para sustituirlo, en lo que parecía ser el acto final para el gobierno de Mugabe después de 37 años, coincidiendo con la rabia popular contra este régimen dictatorial y corrupto.

Pero la crisis se transformó en caos cuando ese mismo día Mugabe hizo un discurso en red nacional de televisión en vivo, al lado de los “ex combatientes” (que apoyaban el golpe), anunciando que presidiría el próximo congreso. Según los generales presentes, Mugabe cambió el discurso que había combinado con ellos, en el que anunciaría su renuncia. La renuncia definitiva solamente se dio el martes 21 de noviembre.

Mnangagwa tomó posesión el viernes 24/11, prometiendo reembolsar a los agricultores blancos expropiados, y proteger la inversión extranjera en Zimbabue. Lo que cayó muy bien en los oídos de los inversores imperialistas y chinos, en particular.

Para completar la farsa del golpe, Mugabe obtuvo la recompensa de 10 millones de dólares, además de la promesa de que su salario, de 150.000 dólares mensuales, continuará siendo pagado por el resto de su vida. También habrá inmunidad para él y toda su familia. O sea, no pagará por ninguno de los crímenes cometidos mientras estuvo en la presidencia y su privilegios continuarán siendo mantenidos por la nueva camararilla dirigente. 

El problema es que en esta lucha por el poder, el sector de Mnangagwa fue obligado a buscar el apoyo del movimiento de masas para derrocar a Mugabe. La caída de Mugabe desencadenó esperanzas extraordinarias y centenas de miles de zimbabuenses fueron a las calles a efectivizarla y conmemorarla.

Combinado con la crisis económica institucional, eso puede llevar al pueblo a no aceptar simplemente un próximo gobierno dictatorial; además de eso, podría enviar olas para toda África, donde gobiernos dictatoriales como el de Yoweri Museveni de Uganda y Joseph Kabila de la República Democrática del Congo comiencen a ver que su reinado de terror puede estar llegando a su fin.

Las camarillas burguesas de Zimbabue

Mugabe, Chiwenga y Mnangagwa son veteranos de la guerra civil, forman parte de la ZANU-FP, y están en el poder desde la independencia en 1980. Mantienen el país en un caos económico y un régimen dictatorial y corrupto.

En la década de 1960, Mugabe se juntó a la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue (NAPU), de Joshua Nkomo. Fue preso en el gobierno del primer ministro Ian Smith, famoso por el lema “una Rodesia más blanca y brillante”. En la prisión, Mugabe rompe con Nkomo y forma la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU). Liberado en 1974, huyó para Mozambique y se juntó al Ejército de Liberación Nacional Africano del Zimbabue. Llega al poder después de una sangrienta guerra de liberación contra los racistas de la Rodesia, que costó más de 30.000 vidas.

Mugabe tiene un patrimonio de cerca de mil millones de libras, entre cuentas secretas en Suiza, Islas Anglo-Normandas y las Bahamas; castillos en Escocia; propiedades en Sandton y Johannesburgo; inmuebles en Malasia, Hong Kong, Singapur y Dubái. En Zimbabue es dueño de la estancia Omega Dairy, una de las mayores haciendas lecheras del sur de África, parte de las 14 estancias que tiene (incluso desafiando la Constitución, que limita la cantidad de tierras por propietario).

Su principal aliado era el jefe de seguridad, Emmerson Mnangagwa, que supervisaba las operaciones de vigilancia del CIO y la Quinta Brigada. Su apodo de “Cocodrilo” viene por su crueldad con los enemigos. Su facción es llamada “Lacoste”, compuesta por veteranos de guerra. Defiende un Estado liberal financiero, más ligado al imperialismo y al gobierno chino; quiere reformas de mercado libre, abriendo totalmente Zimbabue a los inversores internacionales. Por eso cuenta con el apoyo de la oposición, el MDC. Está directamente relacionado con la empresa de minería de diamantes Anjin, ligada a Anhui Foreign Economic Construction Company Ltda. de China.

Un país rico y en bancarrota

La minería representó 62% de las exportaciones totales en 2016. Totalizaría más de U$S 3,2 mil millones en ese año. Zimbabue fue el octavo mayor productor de diamantes del mundo, con 4,7 millones de quilates en 2014. En la producción de oro ya fue el sector líder por varios años, con producción superior a 24 toneladas; el Banco de Reserva espera que las entregas de oro alcancen 25 toneladas en 2017.

Explotados por gigantes globales de la minería, como Anglo Americana, BHP-Billiton, Anglo American Platinum, Impala Platinum, Aquarius Platinum y Anglo Gold Ashanti, la recaudación que podría ir al desarrollo del país fue canalizada para los policías, oficiales militares y funcionarios leales a Mugabe.

Mugabe siempre fue un gran autor de fraudes. En el año 2000, con un discurso “estalinista”, lanzó una reforma agraria “fast-track” que expropió a 4.000 agricultores blancos; sus tierras fueron entregadas a generales, oficiales del ejército y aliados políticos. La producción agrícola cayó en picada, el país pasó de exportador a importador de alimentos; los precios aumentaron; creció el mercado negro y la inflación. Los precios se duplicaban a cada 24 horas, la inflación mensual de 2008 llegó a 231.000.000%. El desempleo subió, los servicios públicos entraron en colapso y la economía disminuyó 18% en ese año. Zimbabue abandonó su moneda en 2009, haciendo las transacciones en dólares norteamericanos, rand sudafricano y otras siete monedas.

En 2010, Mugabe cambió el foco de las haciendas hacia las minas, ordenando que casi todos los mineros de diamantes interrumpiesen la actividad y abandonasen sus instalaciones. El plan era crear una entidad estatal para asumir las operaciones, pero el verdadero objetivo era entregar la explotación a las multinacionales.

Los mineros artesanales fueron masacrados por proteger desesperadamente los recién descubiertos campos de diamantes en Marange; se denuncia el asesinato de más de 200 de ellos. Los que fueron expulsados de la región aumentaron el desempleo, los que se quedaron fueron sometidos a trabajos forzados. Mientras, los burócratas de la ZANU-FP y Mugabe se benefician directamente de esta brutal explotación de centenas de personas, incluso niños.

Mugabe deja Zimbabue con deudas enormes, población empobrecida, desempleo de 90%, 72% de la población por debajo de la línea de pobreza, y con una de las mayores tasas de HIV del mundo. Carreteras caóticas, comunidades enteras sin electricidad, educación básica pobre, y una salud pública casi inexistente.

Apropiaciones de los generales

Con discursos «socialistas», hay una apropiación individual sistemática de las riquezas del país por los parte de los generales y auto-oficiales.

Desde 2008, en una estimación conservadora, diamantes por el valor de por lo menos dos mil millones de dólares fueron robados por la camarilla de Mugabe asociada a comerciantes internacionales del África del Sur, China, Dubái, India e Israel. Es el mayor saqueo de diamantes que el mundo vio desde Cecil Rhodes.

En 2011, un stock de 2,5 millones de quilates, valuado en cerca de 200 millones de dólares, desapareció misteriosamente.

En 2012, se exportaron a Dubái diez millones de quilates de diamantes de Marange por 600 millones de dólares –mitad del valor que debería haber sido–, en un esquema de manipulación de precios.

Zimbabue, un negocio de China

China es el mayor inversor extranjero del África, y el mayor socio de Zimbabue, con amplias inversiones en los sectores de la minería, la agricultura, la energía y la construcción. Las empresas chinas también se involucraron en servicios de telecomunicaciones, construcción, irrigación y energía. En 2015, China compró 28% de las exportaciones de Zimbabue.

La ligazón con altos oficiales del ejército de Zimbabue se remonta a la guerra civil y el entrenamiento en China de los comandantes de la ZANU. Hoy, esa ligazón es totalmente financiera. Para tener una idea, la empresa china de tabaco Tianze, establecida por China Tobacco Import & Export Corporation, concedió préstamos de cien millones de dólares sin intereses a los militares y funcionarios del Estado, para la producción de tabaco en las haciendas que quedaron bajo su administración cuando recibieron las tierras de los propietarios blancos en 2000. Zimbabue es el quinto mayor país exportador de tabaco en el mundo y China, que tiene el mayor número de usuarios de cigarros en la Tierra, compra anualmente 54% del tabaco de Zimbabue.

Los inversores chinos también compraron las haciendas confiscadas de sus antiguos propietarios blancos y que habían sido entregadas a los compañeros de Mugabe, quienes posteriormente las abandonaron.

En 2015, la empresa estatal Power Construction Corporation de China firmó un acuerdo de U$S 1,2 mil millones para expandir la mayor usina térmica de Zimbabue.

China abrió un préstamo médico de U$S 100 millones en 2011 y construyó un nuevo hospital en el Zimbabue rural. Financió y construyó el Colegio de Defensa Nacional de Zimbabue y ayudó a entrenar el Ejército de Liberación del Pueblo, además de los U$S 46 millones para construir un nuevo parlamento en Harare.

Cuando los Estados Unidos impusieron sanciones luego de las elecciones de 2002 en Zimbabue, China invirtió en más de 128 proyectos hasta 2012. Pekín bloqueó los movimientos del Consejo de Seguridad de la ONU para imponer un embargo de armas y restricciones al régimen.

Xi Jinping visitó Zimbabue en diciembre de 2015 y prometió $ 5 mil millones en ayuda directa adicional e inversión. El yuan chino o renminbi (RMB) fue adoptado como moneda legal en Zimbabue.

Luz verde para el golpe

China, con sus inversiones, negocios económicos y ayuda financiera, ha fortalecido los gobiernos dictatoriales y totalitarios en el África. En Zimbabue viene monitoreando las luchas internas en el régimen de Mugabe y la economía del país. Quedó realmente alarmada cuando Mugabe anunció la ley de “indigenización”, que alcanzaría a empresas chinas. Pekín alertó que era aliada de ZANU-FP; no los cambiaría por la oposición, pero no toleraría inestabilidad política y económica.

Por eso, cuando el general Constantino Chiwenga, jefe de las fuerzas armadas que mantiene contactos regulares con los chinos, se encontró con el ministro de Defensa de China, Chang Wanquan, en las últimas semanas, recibió luz verde para la intervención militar.

La luz verde fue dada también por Jacob Zuma, que mandó enviados especiales a Zimbabue, pues la empresa sudafricana Impala Platinum, que administra la mayor operación de minería en el país, Zimplats, también se había manifestado ya contra la Ley Indigenista, así como la Anglo Platinum, que controla la mina Unki en Shurugwi, en la provincia de Midlands, considerada una fortaleza del ex vicepresidente Mnangagwa.

La luz verde fue dada, además, por Israel, que en la década de 1970 abastecía armas y equipamiento militar al gobierno racista de Rodesia, pero ahora suministra armamento y vehículos de control de revuelta al gobierno de Mugabe. En 2015, las exportaciones de Israel para Zimbabue totalizaron U$S 7,14 millones, mientras Zimbabue exportó casi exclusivamente diamantes para Israel por U$S 13,8 millones en el mismo año, operación que fue denunciada por la Europe Solidaire Sans Frontières de financiar la limpieza étnica con la expansión de los asentamientos en Cisjordania.

Derrocar la dictadura de los generales

La clase trabajadora no puede confiar en ninguno de los bandos militares que disputan el poder. Tiene que construir su propio camino con sus organizaciones y su proceso de movilización para defender sus reivindicaciones.

Debe continuar en las calles y manifestar NINGÚN APOYO AL GOBIERNO DE MNANGAGWA y exigir ELECCIONES LIBRES YA para ASAMBLEA CONSTITUYENTE, con la creación de nuevos partidos de la clase trabajadora. Que pueda formar nuevas instituciones y NACIONALIZAR LA TIERRA, EXPROPIANDO A MUGABE Y SU CAMARILLA EN UNA REAL REFORMA AGRARIA. Así como la NACIONALIZACIÓN DE TODA INDUSTRIA DE MINERÍA, BAJO EL CONTROL DE LOS TRABAJADORES.

Las pugnas en Zimbabue

Cuando llegó al poder, Mugabe aprovechó a muchos miembros del aparato de seguridad de la Rodesia [antiguo nombre del país], que servían a los racistas y se hicieron devotos al nuevo gobierno, guerreros blancos de la Organización Central de Inteligencia (CIO). También buscó a China y Corea del Norte para que le proporcionaran tractores y técnicos, y, también, acuerdos militares. Entrenaron al ejército y suministraron armas. Los coreanos entrenaron y equiparon la Quinta Brigada del Ejército Nacional, que opera separada de las unidades regulares y que se tornó el ejército privado de Mugabe, utilizada para destruir las estructuras de la rival ZAPU y masacrar a sus ex aliados.

En todas estas pugnas, su principal aliado era el jefe de seguridad, Emmerson Mnangagwa, que supervisaba las operaciones de vigilancia del CIO y la Quinta Brigada.

Joshua Nkomo siempre fue motivo de desconfianza para Mugabe. Hizo concesiones y tentativas de conciliación, pero Mugabe se negó a darle el ministerio de la Defensa y lo incorporó como ministro sin cartera. En 1982, agentes dobles del África del Sur y de la Organización Central de Inteligencia, plantaron armas en estancias pertenecientes a la ZAPU, para acusarlos de tentativa de golpe de Estado. Mugabe declaró que: “la ZAPU y su líder, el Dr. Joshua Nkomo, son como una cobra en una casa. La única manera de lidiar eficazmente con una cobra es atacar y destruir su cabeza”. Con eso, designó a la Quinta Brigada para desencadenar la Operación Gukurahundi, que mató a más de 20.000 civiles de Ndebele, en la tentativa de destruir la ZAPU.

Luego de las masacres, en 1987 Nkomo consintió la absorción de la ZAPU en la ZANU, resultando en la ZANU-FP. Años después, Mugabe anunció una amnistía para todos los disidentes. Y Nkomo fue nombrado vicepresidente, sin ningún poder.

Traducción: Natalia Estrada.